- Identificado en Bangladesh un orthoreovirus pteropino (PRV) en cinco pacientes inicialmente sospechosos de Nipah.
- Los casos presentaban síntomas respiratorios y neurológicos graves tras consumir savia cruda de palmera datilera.
- El hallazgo revela un nuevo virus zoonótico de murciélagos que puede confundirse clínicamente con el Nipah.
- Expertos piden ampliar la vigilancia y el diagnóstico diferencial en Asia y reforzar la preparación en Europa.
Una serie de investigaciones recientes ha puesto el foco en un nuevo virus similar al Nipah detectado en murciélagos de Bangladesh, después de que varios pacientes con síntomas muy parecidos a los de este patógeno dieran negativo en las pruebas específicas. El agente implicado es el orthoreovirus pteropino (PRV), un virus zoonótico transmitido por murciélagos frugívoros que, hasta ahora, apenas se tenía en cuenta como causa de enfermedad grave en humanos.
El hallazgo ha encendido las alarmas en la comunidad científica internacional porque los cuadros clínicos se confundían con infecciones por el virus Nipah, uno de los patógenos con mayor letalidad y potencial pandémico. Aunque los casos se han detectado en Bangladesh, las autoridades sanitarias europeas siguen estos datos muy de cerca, ya que cualquier virus capaz de saltar de animales a personas y producir cuadros neurológicos y respiratorios severos es considerado una amenaza potencial para la salud pública global.
Cómo se descubrió este nuevo virus similar al Nipah
El punto de partida fue la investigación de cinco pacientes ingresados en hospitales de Bangladesh entre diciembre de 2022 y marzo de 2023, todos ellos con síntomas compatibles con el virus Nipah: fiebre alta, vómitos, cefaleas intensas, fatiga marcada, salivación aumentada y signos neurológicos como desorientación, convulsiones o dificultades para caminar y respirar.
Todos compartían un antecedente clave: habían consumido savia cruda de palmera datilera, un producto dulce muy popular en zonas rurales del país durante el invierno y que desde hace años se conoce como una de las vías principales de contagio del Nipah. Esta savia es consumida tanto por personas como por murciélagos frugívoros, lo que favorece la contaminación con saliva, orina o heces de murciélagos.
Pese a este contexto tan típico de Nipah, las pruebas de laboratorio mediante PCR y serología resultaron negativas para este virus en todos los pacientes. Las muestras de frotis faríngeo y los cultivos virales se conservaron, y fue solo cuando se aplicaron técnicas de secuenciación viral de alto rendimiento y de captura cuando se detectó el verdadero responsable: el orthoreovirus pteropino.
En tres de los casos, los científicos lograron incluso cultivar el virus en laboratorio, confirmando que no se trataba de restos inactivos, sino de infecciones activas por PRV. Este resultado coloca al nuevo virus en la lista creciente de patógenos zoonóticos de murciélagos detectados en humanos en Bangladesh y obliga a reconsiderar qué se está incluyendo exactamente bajo la etiqueta de “caso sospechoso de Nipah”.

Casos graves con síntomas respiratorios y neurológicos
Los cinco pacientes fueron identificados dentro del programa nacional de vigilancia del virus Nipah en Bangladesh, desarrollado por el Instituto de Epidemiología, Control de Enfermedades e Investigación (IEDCR), el Centro Internacional de Investigación de Enfermedades Diarreicas (icddr,b) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. Este sistema centinela lleva años monitorizando miles de casos de encefalitis y enfermedad respiratoria aguda con sospecha de Nipah.
En el grupo descrito, todos los pacientes presentaban fiebre acompañada de síntomas neurológicos y/o respiratorios severos. Varios fueron diagnosticados inicialmente de encefalitis, y al menos un caso pediátrico se catalogó como convulsiones febriles. Cuatro personas mejoraron lo suficiente como para recibir el alta a las dos o tres semanas, pero el seguimiento posterior mostró que el cuadro no terminaba ahí.
Meses después del ingreso, tres de los pacientes seguían refiriendo fatiga persistente, problemas para respirar y dificultades para caminar o mantenerse orientados. En uno de ellos, el deterioro neurológico continuó de forma lenta pero constante hasta causar la muerte en 2024, más de un año después del episodio agudo.
Esta evolución contrasta con la idea previa de que las infecciones por PRV en humanos cursaban, por lo general, con síndromes respiratorios leves, como se había visto en brotes de Malasia, Indonesia o Vietnam. Los investigadores plantean que, al centrarse ahora en casos graves de encefalitis y neumonía, podrían estar dejando fuera un número desconocido de infecciones más leves o incluso asintomáticas que pasarían desapercibidas.
Además, el análisis genético sugiere que el virus podría haber experimentado cambios en su secuencia que aumenten su transmisibilidad o virulencia, aunque de momento esta hipótesis necesita más datos. Lo que sí parece claro es que el PRV puede causar enfermedad grave en personas sin patologías previas evidentes.

Qué es el orthoreovirus pteropino y por qué preocupa
El orthoreovirus pteropino (PRV) pertenece al género Orthoreovirus, dentro de la familia Reoviridae. Son virus de ARN bicatenario segmentado, sin envoltura, con diez fragmentos genómicos que pueden reordenarse entre distintas cepas. Este mecanismo de “barajado” genético facilita la aparición de variantes con propiedades biológicas nuevas, como mayor capacidad de infectar humanos.
Los murciélagos frugívoros, en particular los zorros voladores del género Pteropus, actúan como reservorios naturales de PRV. El virus no es totalmente desconocido: se aisló por primera vez en 1968 a partir del corazón de un murciélago en Australia y, desde entonces, se han identificado cepas emparentadas en distintos puntos del sudeste asiático y Oceanía, así como infecciones humanas esporádicas, generalmente leves.
El estudio realizado en Bangladesh llevó a cabo un análisis filogenético de las secuencias obtenidas de los pacientes, que mostró una clara relación con orthoreovirus detectados previamente en murciélagos de Indonesia y Australia, como el virus de la Bahía de Nelson. Algunos segmentos del genoma aparecían vinculados a variantes que en el pasado se habían asociado a pequeños episodios de transmisión entre personas, un aspecto que los expertos consideran especialmente sensible desde el punto de vista de la salud pública.
Paralelamente, otro trabajo apoyado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos rastreó la fuente probable de contagio hasta murciélagos capturados en la cuenca del río Padma, en zonas cercanas a donde vivían los pacientes. Se encontraron orthoreovirus pteropinos genéticamente muy similares, lo que refuerza la conexión entre la fauna silvestre y los casos humanos.
Los científicos implicados en la investigación insisten en que este hallazgo demuestra que el riesgo asociado al consumo de savia cruda de palmera datilera va mucho más allá del Nipah. El PRV se suma así a una lista ya amplia de virus de murciélagos que pueden saltar a las personas, entre ellos el propio Nipah, Hendra, Marburgo, rabia o coronavirus parecidos al SARS-CoV-1.

Savia cruda de palmera datilera: un punto crítico de contagio
La savia cruda de palmera datilera ocupa un lugar central en la epidemiología tanto del Nipah como de este nuevo virus similar en murciélagos de Bangladesh. Durante el invierno, su recolección y consumo forman parte de la vida cotidiana en muchas comunidades rurales, mientras que los murciélagos acuden a los mismos árboles para alimentarse.
En este contexto, la savia puede contaminarse con saliva, orina o excrementos de murciélagos que portan distintos virus. En el caso del Nipah, la Organización Mundial de la Salud y otras agencias llevan años advirtiendo de que esta bebida tradicional es una de las principales vías zoonóticas de transmisión. Los nuevos estudios muestran que el PRV podría seguir exactamente la misma ruta.
En la investigación en Bangladesh no se disponía de muestras de savia recogida en los lugares donde vivían los pacientes, por lo que no se pudo demostrar de manera directa la presencia del virus en el alimento. Sin embargo, el hecho de que los cinco casos vivieran en zonas distintas, sin contacto entre sí, pero compartieran el consumo reciente de savia cruda, apunta con fuerza a una exposición común a este producto.
Los autores del trabajo subrayan que el problema no se limita a un solo país: las prácticas culturales que implican el consumo de productos crudos de origen vegetal o animal, sin medidas de higiene suficientes, pueden facilitar la aparición y expansión de virus emergentes. Desde una perspectiva europea, el riesgo actual de contagio por esta vía es muy bajo, pero los brotes recurrentes en Asia son una señal de alerta sobre cómo los cambios en el uso del suelo, la deforestación y la presión humana sobre los ecosistemas incrementan la frecuencia de estos saltos interespecie.
En la región surasiática, se han reforzado las recomendaciones clásicas: evitar la ingesta de savia cruda, hervirla antes de consumirla, proteger los recipientes de recolección con cubiertas que impidan el acceso de murciélagos y desechar frutas con signos de mordeduras. Son medidas relativamente sencillas que pueden reducir notablemente la exposición al Nipah y al PRV.

Más allá del Nipah: diagnóstico y vigilancia en un mundo conectado
El virus Nipah se encuentra en la lista de patógenos prioritarios de la OMS por su alta letalidad, la capacidad de causar encefalitis y neumonía graves y la ausencia de tratamientos específicos o vacunas autorizadas. Se calcula que su tasa de mortalidad puede oscilar entre el 40 % y el 75 % según el brote y los recursos sanitarios disponibles.
Con ese telón de fondo, el descubrimiento de un virus de murciélagos en Bangladesh que produce un cuadro clínico prácticamente indistinguible del Nipah ha llevado a los expertos a pedir un cambio de enfoque. Consideran que centrarse solo en este patógeno puede llevar a infradiagnosticar otros virus emergentes que se comportan de forma similar, como el PRV.
Los investigadores proponen que, en regiones donde el Nipah es endémico o se detectan brotes recurrentes, se incorpore el orthoreovirus pteropino en el diagnóstico diferencial de pacientes con encefalitis, enfermedad respiratoria aguda severa o síndromes febriles de origen desconocido. Esto implicaría incluir PRV, junto con Nipah y otros virus de murciélagos, en los paneles de pruebas y en las estrategias de vigilancia genómica.
La experiencia de Bangladesh muestra también el valor añadido de las tecnologías de secuenciación por captura viral, capaces de detectar de forma agnóstica el material genético de cientos o miles de virus a la vez, incluso cuando las PCR convencionales para un patógeno concreto son negativas. Este tipo de herramientas, ya disponibles en centros de referencia de Estados Unidos y otros países, podrían desempeñar un papel relevante en Europa para identificar agentes inesperados en casos graves sin causa clara.
Desde la óptica europea y española, el riesgo inmediato de importación de PRV se considera muy bajo, especialmente porque, de momento, no se ha demostrado una transmisión sostenida entre personas. Aun así, los episodios de Nipah y otros virus zoonóticos en Asia han llevado a varios países de la región a reforzar controles preventivos en aeropuertos y sistemas de alerta temprana, algo que la Unión Europea suele aplicar con protocolos de cribado y notificación rápida cuando se detectan amenazas sanitarias emergentes en otras regiones.
En conjunto, la aparición de este nuevo virus similar al Nipah en murciélagos de Bangladesh actúa como recordatorio de que la frontera entre las enfermedades “exóticas” y la salud pública global es cada vez más difusa. Aunque hoy el foco de la transmisión esté lejos de Europa, la interconexión de los viajes internacionales, el cambio climático y la presión sobre la fauna silvestre hacen que estos hallazgos se sigan de cerca desde los sistemas de vigilancia epidemiológica europeos.
Todo apunta a que el orthoreovirus pteropino será, a partir de ahora, un nombre recurrente en los informes de vigilancia de virus de murciélagos: un patógeno emergente que puede dar la cara con cuadros muy parecidos al Nipah, que se transmite probablemente a través de la misma savia de palmera datilera y que obliga a ampliar la mirada más allá del virus ya conocido para anticipar mejor los riesgos de futuras emergencias sanitarias.
