- Las crecidas recientes del río Manzanares han permitido nuevos avistamientos de nutria en el tramo madrileño, especialmente en la zona de El Pardo.
- La especie estuvo ausente durante décadas por la contaminación y el deterioro del cauce, y su regreso se interpreta como un indicador de mejora ecológica.
- La renaturalización del río desde 2016, con apertura de compuertas y recuperación de la vegetación de ribera, ha favorecido el retorno de fauna sensible.
- Los episodios de lluvias intensas facilitan el desplazamiento de nutrias desde zonas mejor conservadas, aunque su presencia en la capital sigue siendo puntual.

Las últimas semanas de lluvias intensas han disparado el caudal del río Manzanares y dejado una estampa poco frecuente en Madrid: una nutria nadando en plena capital, en el entorno de El Pardo. La escena, breve pero llamativa, ha sido captada en vídeo y difundida en redes sociales, reabriendo el debate sobre el estado real del río madrileño y la evolución de su fauna, como otros avistamientos urbanos.
El avistamiento ha generado especial interés porque se trata de una especie que llegó a considerarse extinguida en la Comunidad de Madrid durante décadas por la contaminación y la degradación del cauce. Aunque su presencia sigue siendo esporádica, cada nueva imagen de este mamífero semiacuático en el Manzanares se interpreta como una señal de que la recuperación ecológica del río va tomando forma.
Un avistamiento que confirma la presencia de la especie
El nuevo vídeo fue compartido por la plataforma ambiental Jarama Vivo a través de su cuenta en la red social X (antes Twitter). En las imágenes se ve al animal deslizándose por el agua y buceando entre remolinos generados por el aumento del caudal, hasta que desaparece en una zona más profunda del río.
Junto a la grabación, la entidad ha subrayado que las últimas crecidas del Manzanares han vuelto a poner de manifiesto el papel clave de la dinámica fluvial. «La dinámica fluvial es necesaria para mejorar los ríos y la biodiversidad asociada al cauce y sus riberas», recordaba la plataforma, insistiendo en que los episodios de lluvias intensas pueden favorecer el desplazamiento de fauna entre tramos antes más aislados.
La nutria europea, especie autóctona en la península Ibérica, está muy ligada a ríos, arroyos y embalses con buena calidad de agua y abundancia de peces. Su carácter esquivo y sus hábitos mayoritariamente crepusculares y nocturnos hacen que los encuentros directos sean raros, más aún en entornos urbanos como el tramo madrileño del Manzanares.
Por eso, ver un ejemplar en pleno corazón de la capital sigue siendo una escena excepcional. Aunque en los últimos años se han detectado huellas, excrementos y otros indicios de su presencia en distintos puntos del río, las grabaciones como la difundida ahora continúan siendo contadas y se siguen con lupa desde el ámbito científico y ecologista.

Un símbolo de la recuperación del Manzanares
La historia de la nutria en Madrid está íntimamente ligada a la del propio río. Durante buena parte del siglo XX, el Manzanares fue sinónimo de contaminación y vertidos y escasa biodiversidad. La construcción de presas, la canalización del cauce y la presión urbanística contribuyeron a fragmentar su hábitat, empujando a la especie hasta casi desaparecer de la región.
A lo largo de décadas, la nutria llegó a darse por ausente en el tramo urbano del río y su reaparición se consideraba poco más que una quimera. La situación comenzó a cambiar a mediados de la década pasada, cuando diferentes colectivos ecologistas empezaron a reclamar una transformación profunda del modelo de gestión del Manzanares.
En 2016, Ecologistas en Acción presentó un proyecto de renaturalización con el objetivo de recuperar la dinámica natural del cauce y frenar el deterioro del ecosistema fluvial. El plan, que planteaba retirar obstáculos y modificar la gestión de las presas, contó con el respaldo del Ayuntamiento de Madrid, que destinó alrededor de 1,2 millones de euros a estas actuaciones.
Una de las medidas más relevantes fue la apertura progresiva de las compuertas de las presas urbanas. Esto permitió que el río dejara de funcionar como una sucesión de láminas de agua estancadas y recuperara, al menos en parte, su régimen de caudales y su capacidad para transportar sedimentos y moldear el lecho.
Con el paso de los años, el efecto de estas intervenciones se hizo visible: la vegetación de ribera comenzó a expandirse, aparecieron islas fluviales, se diversificaron las orillas y aumentó la presencia de aves, peces y pequeños mamíferos asociados al río. La Confederación Hidrográfica del Tajo ha venido destacando una mejora apreciable en la calidad del agua y en los indicadores de biodiversidad en distintos tramos del Manzanares.

De especie ausente a indicador ecológico
En este contexto de renaturalización, la nutria se ha convertido en uno de los mejores termómetros del estado del río. Se trata de un depredador situado en lo alto de la cadena trófica, que necesita disponer de una población estable de peces, anfibios y otros pequeños vertebrados para alimentarse, así como orillas con vegetación densa donde refugiarse y criar.
Su regreso, aunque todavía puntual, se interpreta por parte de especialistas y organizaciones ambientales como una prueba de que el Manzanares ha ganado calidad ecológica respecto a décadas anteriores. No significa que todos los problemas estén resueltos —el río sigue arrastrando episodios de contaminación y vertidos—, pero sugiere que algunos tramos ofrecen ya condiciones mínimas para que esta especie vuelva a utilizar el cauce.
No es la primera vez que este mamífero semiacuático da señales de vida en la capital. En junio de 2019 se produjo un avistamiento considerado histórico: el biólogo de la Universidad Complutense de Madrid Francisco José García documentó la presencia de una nutria a la altura del Puente de los Franceses, muy cerca del antiguo estadio Vicente Calderón.
Aquel registro fue especialmente relevante porque llevaba cerca de medio siglo sin constancia fiable de la especie en ese entorno, tras décadas en las que la contaminación había barrido prácticamente cualquier rastro de fauna sensible. Las imágenes de 2019 se difundieron como un pequeño hito ambiental para la ciudad y reforzaron la apuesta por continuar con las medidas de renaturalización.
Desde entonces, distintos colectivos han ido informando de indicios de presencia de nutria en varios puntos del Manzanares, tanto aguas arriba como en zonas más próximas al casco urbano. Sin embargo, los expertos insisten en que todavía es pronto para hablar de una población estable y consolidada en la capital; por ahora, los datos apuntan más bien a individuos que utilizan el río de manera esporádica, moviéndose entre tramos con mejores condiciones.
El papel de las crecidas y la dinámica natural del río
Las últimas lluvias, que han elevado notablemente el caudal del Manzanares, han tenido un papel determinante en este nuevo avistamiento. Los temporales intensos provocan crecidas que conectan zonas antes más aisladas, arrastrando sedimentos, troncos y materia orgánica, y generando un mosaico cambiante de hábitats a lo largo del cauce.
En estas circunstancias, animales habituados a tramos más tranquilos y mejor conservados del río pueden desplazarse río abajo en busca de nuevos territorios. Es lo que podría haber ocurrido con la nutria registrada ahora cerca de El Pardo, una zona donde el río mantiene todavía un carácter más natural en comparación con los tramos completamente urbanos.
Para colectivos como Jarama Vivo, este tipo de episodios sirven para recordar que la dinámica fluvial no es un problema a controlar, sino un proceso imprescindible para la salud del río. Las crecidas, dentro de ciertos márgenes, son fundamentales para renovar hábitats, redistribuir nutrientes y favorecer la diversidad de especies ligadas al ecosistema fluvial.
Esa visión contrasta con una percepción todavía extendida que asocia cualquier aumento del caudal con un riesgo inmediato. En paralelo a la imagen positiva que deja la nutria en el Manzanares, las mismas lluvias han obligado a activar avisos por posibles desbordamientos en otros ríos de la cuenca del Tajo, como el Jarama, el Alberche o el Henares, donde se han puesto en marcha los protocolos de emergencia ante niveles de agua elevados.
Este doble escenario deja claro que la gestión del agua debe equilibrar la seguridad frente a inundaciones con la necesidad de mantener ríos vivos. En el caso del Manzanares, buena parte del debate gira ahora en torno a cómo seguir avanzando en la recuperación ecológica sin perder de vista las limitaciones propias de un cauce fuertemente urbanizado.
Un río que mejora, pero sigue bajo vigilancia
A pesar de los avances, el Manzanares arrastra aún una reputación ligada a la contaminación y la degradación ambiental. Estudios recientes de universidades europeas han señalado la presencia de restos de fármacos y otros contaminantes emergentes en distintos ríos del continente, y el Manzanares figura a menudo entre los cauces más presionados por la actividad humana.
Las actuaciones de renaturalización han reducido parte de esa carga y mejorado la oxigenación y la estructura del hábitat, pero siguen produciéndose episodios de mala calidad del agua vinculados a vertidos puntuales, periodos de baja circulación o problemas en la red de saneamiento. Todo ello limita la capacidad del río para sustentar poblaciones estables de especies exigentes como la nutria.
En este sentido, organizaciones ecologistas y expertos coinciden en que el retorno de la nutria debe interpretarse con cautela: es una señal positiva, pero no definitiva. Consideran que es necesario mantener un seguimiento continuado de la especie, reforzar el control de vertidos, mejorar los sistemas de depuración y garantizar que la gestión de las presas siga favoreciendo un régimen de caudales lo más natural posible.
También se apunta a la importancia de preservar y ampliar las zonas de ribera con vegetación autóctona, que sirven tanto de refugio para la fauna como de filtro natural frente a contaminantes. Estos espacios funcionan además como corredores ecológicos, conectando el Manzanares con otros ríos y arroyos de la región y facilitando el movimiento de animales entre distintos ecosistemas.
La implicación ciudadana se ha convertido en otro factor relevante. Cada vez son más frecuentes las iniciativas de ciencia ciudadana y las campañas de voluntariado centradas en limpieza de riberas, observación de aves o seguimiento de especies que ayudan a recopilar información valiosa sobre el estado del río. Muchos de los avisos sobre nutrias y otras especies sensibles llegan precisamente a través de personas que pasean por las orillas y comparten lo que ven.
La aparición reciente de una nutria en el Manzanares se suma a un conjunto de señales que apuntan a un cambio de tendencia en este histórico río madrileño. Tras décadas de degradación, las políticas de renaturalización y la presión social en favor de un cauce más vivo están empezando a dar frutos visibles, aunque todavía quedan retos importantes por delante.
Más allá de la anécdota del vídeo viral, la imagen de este mamífero deslizándose por las aguas de un río que hace no tanto se consideraba casi muerto resume bien el momento actual: el Manzanares ya no es únicamente un canal gris y domesticado, pero tampoco un ecosistema plenamente recuperado. Entre ambos extremos, la presencia intermitente de la nutria actúa como un recordatorio de lo que se ha avanzado y de todo lo que aún queda por hacer para consolidar su regreso y convertirla, algún día, en una vecina habitual de las riberas madrileñas.