- Cercas eléctricas se instalaron para evitar el acceso de osos a zonas sensibles durante el G7 en Canadá.
- El operativo de seguridad incluyó drones, cámaras térmicas y perros entrenados para controlar la vida silvestre.
- La amenaza de osos pardos en la región de Kananaskis fue considerada un riesgo real para los líderes mundiales.
- Las autoridades optaron por no divulgar información concreta por seguridad, pero confirmaron medidas excepcionales.

Durante la última cumbre del G7 celebrada en las Montañas Rocosas de Canadá, la protección de los líderes internacionales incluyó no sólo medidas ante potenciales riesgos humanos, sino también una importante estrategia para evitar encuentros con osos presentes en la región de Kananaskis. Este despliegue de seguridad hizo uso de tecnología avanzada y barreras físicas para mantener a raya a la fauna local, especialmente a los osos pardos y negros que habitan en la zona.
Diferentes mandatarios, como Donald Trump, Giorgia Meloni y Emmanuel Macron, estuvieron protegidos por un operativo singular que contempló tanto la vigilancia permanente como la prevención de incidentes con animales salvajes. Cercas eléctricas, drones, cámaras térmicas y perros especialmente adiestrados constituyeron parte del arsenal de medidas instalado en torno a los enclaves donde se desarrollaba el evento.
Una estrategia tecnológica integral para la protección
Uno de los elementos más destacados del dispositivo ha sido la colocación de cercas eléctricas alrededor de las zonas con mayor afluencia de personas y especialmente en puntos donde podrían acumularse restos de comida o llamativos para la fauna. Estas barreras, de más de dos metros de altura, dotadas de corriente, se han mostrado especialmente útiles para impedir la entrada de osos en áreas críticas y reducir el riesgo de encuentros fortuitos entre animales y personas.
La región en la que ha tenido lugar la cumbre alberga una población importante de osos. De hecho, según fuentes oficiales, en Kananaskis habría alrededor de 65 ejemplares solo de oso pardo. Algunos de ellos han mostrado comportamientos agresivos, lo que llevó a cerrar ciertas áreas en fechas previas al evento tras detectar a una hembra con dos crías merodeando por la zona.
Supervisión constante a través de tecnología avanzada
Además de las cercas eléctricas, las autoridades recurrieron a drones y cámaras térmicas para vigilar de forma continua la actividad de los animales. El objetivo era doble: anticipar movimientos de la fauna salvaje y actuar con rapidez en caso de detectar ejemplares acercándose peligrosamente a las áreas donde se encontraban los representantes internacionales.
Los perros policía adiestrados en gestionar situaciones con osos reforzaron la seguridad junto a los equipos humanos, prestos a intervenir en caso necesario. Según Sheena Campbell, portavoz del Ministerio de Seguridad Pública de Alberta, los drones permitieron una monitorización en tiempo real del entorno natural, alertando de la presencia no sólo de osos, sino también de otras especies como pumas, alces o ciervos.
Una preocupación real por la presencia de osos
Las autoridades remarcaron el nivel de riesgo que implica la presencia de osos pardos y negros en los alrededores. Una alerta de osos se encontraba activa en varias áreas cercanas al evento, como el campo de golf situado bajo el hotel donde se alojaron los líderes. Estas alertas no son infrecuentes en la región y, en esta ocasión, se mantuvieron vigentes debido al aumento de avistamientos y conductas inusuales por parte de algunos animales.
El hermetismo respecto a los detalles concretos de las medidas, manteniendo la confidencialidad por motivos de seguridad, no impidió que salieran a la luz algunos datos sobre la magnitud y sofisticación del operativo. Se sabe, por ejemplo, que la combinación de barreras físicas y vigilancia tecnológica ha sido fundamental para evitar incidentes, minimizando cualquier contacto directo entre los asistentes a la cumbre y los animales salvajes.
El uso de cercas eléctricas y tecnología de vigilancia para hacer frente a la presencia de osos durante el G7 en Canadá ha puesto de manifiesto cómo en eventos internacionales de alto nivel se presta cada vez más atención a los riesgos que puede suponer la fauna autóctona. El caso de Kananaskis evidencia la necesidad de conjugar la protección de las personas con el respeto a la vida silvestre, adaptando las estrategias de seguridad a las particularidades de cada entorno.