El mercurio sigue acumulándose en los osos polares del Ártico pese a los esfuerzos globales

Última actualización: 18 junio 2025
  • El mercurio se sigue acumulando en especies árticas como los osos polares, a pesar de la disminución de emisiones.
  • Las corrientes oceánicas arrastran contaminación heredada hacia el Ártico, prolongando el problema durante siglos.
  • El mercurio afecta la salud de la fauna y de las comunidades indígenas que dependen de estos animales.
  • La regulación internacional es insuficiente frente a la persistencia del mercurio en el ecosistema polar.

osos polares y mercurio

En las inhóspitas regiones del Ártico, los osos polares enfrentan una amenaza silenciosa que crece año tras año: la contaminación por mercurio. Aunque en las últimas décadas se han realizado importantes esfuerzos internacionales para frenar las emisiones de este metal pesado, los niveles detectados en la fauna ártica, lejos de disminuir, continúan aumentando de manera alarmante.

La presencia persistente de mercurio en el ecosistema ártico no solo afecta a los animales, sino que también repercute directamente en la salud de las comunidades indígenas, cuya subsistencia depende en gran medida de especies como el oso polar, las focas o ciertos peces. Esta situación preocupa tanto a científicos como a gobiernos, quienes ven cómo el problema persiste a pesar de las regulaciones implementadas en distintos puntos del planeta.

¿Por qué sigue aumentando la contaminación de mercurio en los osos polares?

contaminación en osos polares por mercurio

Los resultados de investigaciones recientes, lideradas por científicos daneses de las universidades de Aarhus y Copenhague y publicados en Nature Communications, señalan un fenómeno inesperado: aunque las emisiones atmosféricas globales de mercurio han bajado desde los años setenta, la fauna ártica muestra un preocupante incremento en la acumulación de este contaminante.

Según estos estudios, el motivo principal reside en que el mercurio arrojado a la atmósfera décadas atrás sigue viajando hasta el Ártico a través de corrientes oceánicas como la de Irminger. El metal puede permanecer en la atmósfera solo un año, pero cuando llega al agua marina, su vida útil se alarga hasta trescientos años. Es decir, la reducción actual de emisiones apenas tiene efecto inmediato en la región polar, ya que el mercurio emitido por grandes potencias hace más de un siglo todavía está en tránsito.

Esta realidad explica por qué los niveles presentes en los osos polares y sus presas han multiplicado hasta por 30 los valores preindustriales. El mercurio, clasificado como neurotoxina, se ha convertido así en una amenaza generacional para los depredadores tope del Ártico.

Un problema que afecta a la cadena alimentaria y la salud humana

fauna ártica y mercurio

Para comprender el alcance del problema, los expertos han analizado más de 700 muestras de tejidos de osos polares, focas, peces y turba recogidas en Groenlandia durante los últimos cuarenta años. Gracias a técnicas de huellas isotópicas, se ha podido rastrear la procedencia y las rutas que sigue el mercurio hasta el Ártico, revelando diferencias notables según la región y el tipo de corriente oceánica que predomina.

La contaminación no afecta solo a los osos polares, sino que se propaga a lo largo de la cadena trófica mediante un proceso conocido como biomagnificación. Dicho de otra manera, los animales que se encuentran en la cúspide alimentaria (como los osos polares o las ballenas dentadas) acumulan cantidades muy superiores de mercurio en comparación con los eslabones inferiores.

Esta acumulación supone un riesgo serio para la salud, ya que el mercurio pone en peligro el sistema inmunológico, la reproducción y las funciones sensoriales de los animales. Las comunidades indígenas del Ártico, cuya dieta incluye carne de mamíferos marinos, también se ven expuestas a los efectos nocivos de este metal, especialmente en el caso de mujeres embarazadas y niños pequeños.

Las limitaciones de la legislación internacional y el desafío futuro

A pesar de la entrada en vigor de normativas como el Convenio de Minamata promovido por la ONU, que persigue reducir la contaminación por mercurio, los resultados en el Ártico son lentos y limitados. La razón principal es la extrema longevidad del mercurio en el medio marino y el tiempo que tarda en llegar desde regiones emisoras como China hasta Groenlandia, que puede ser de hasta 150 años.

Por tanto, la mejora en los niveles de mercurio en ecosistemas tan vulnerables como el ártico solo será perceptible tras varias generaciones. Mientras tanto, los científicos subrayan la necesidad de mantener y fortalecer los sistemas de monitorización regionales para evaluar y anticipar los cambios en la contaminación y sus efectos sobre la fauna y la salud de las personas.

La combinación de regulaciones internacionales, la monitorización activa y una mejor comprensión del transporte del mercurio en el entorno natural será clave para mitigar este problema a largo plazo. El reto continúa, pero la concienciación global y la ciencia pueden marcar la diferencia para el futuro de los osos polares y sus ecosistemas.

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