El oso pardo regresa a las sierras del noroeste ibérico

Última actualización: 28 febrero 2026
  • Estudios científicos confirman 85 registros de oso pardo entre 2012 y 2025 en sierras del noroeste ibérico.
  • La presencia se considera ya estable en zonas de León, Zamora y áreas limítrofes de Ourense.
  • El regreso del oso impulsa el turismo de naturaleza y nuevas oportunidades económicas rurales.
  • La especie sigue en peligro y su retorno refuerza las obligaciones de protección dentro de la Red Natura 2000.

oso pardo en el noroeste iberico

Tras más de siglo y medio sin noticias suyas en buena parte del noroeste peninsular, el oso pardo ha vuelto a instalarse en las sierras del noroeste ibérico. No se trata de un simple avistamiento aislado, sino de un conjunto sólido de registros que apuntan a un regreso duradero del gran plantígrado a unas montañas de las que desapareció hace unos 150 años.

Este retorno, documentado con rigor científico, no solo tiene un enorme peso ecológico, sino también social y económico para comarcas rurales de León, Zamora y el entorno de Ourense. Las zonas de alta montaña que durante décadas apenas se mencionaban por la despoblación o la falta de oportunidades empiezan ahora a sonar también como territorio osero.

Un estudio que certifica el regreso del oso pardo

estudio sobre el oso pardo en el noroeste iberico

La confirmación del regreso del oso pardo a estas montañas llega de la mano de un trabajo científico publicado en las revistas Quercus y Actualidad Jurídica Ambiental. En él, un equipo de especialistas recopila y analiza 85 citas de oso pardo registradas entre 2012 y 2025 en áreas donde no existían referencias modernas de la especie.

El estudio está firmado por Carlos Javier Durá Alemañ, José Vicente López‑Bao, Javier Talegón Sevillano, María González Granados, Lara Naves Alegre y José Antonio Sánchez Zapata. Este grupo de investigadores ha trabajado durante años reuniendo evidencias y contrastando cada registro para descartar errores o confusiones con otros animales.

Las citas proceden de avistamientos directos de ejemplares, huellas verificadas sobre el terreno, daños en colmenares, imágenes de fototrampeo y testimonios tanto de vecinos como de agentes medioambientales. Todo ello conforma una base de datos robusta que permite hablar ya de recolonización y no de visitas esporádicas.

Según explica Durá, investigador Ramón y Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el patrón de registros y la repetición de indicios en los mismos enclaves indican que la presencia del oso en estas sierras «es estable y no meramente ocasional». Es decir, los animales no solo pasan, sino que utilizan la zona de forma recurrente.

La primera cita recogida en el marco de este trabajo se remonta a 2013, en Vega del Castillo (Zamora). A partir de ese momento se fueron sumando nuevos rastros, fotografías y testimonios que, con el tiempo, han dibujado un mapa cada vez más claro de la vuelta del oso pardo al noroeste ibérico.

Dónde ha vuelto el oso pardo: nuevas sierras oseras

habitat del oso pardo en el noroeste iberico

Las nuevas evidencias se concentran en varias comarcas de montaña del noroeste peninsular. La Cabrera, en la provincia de León, y las sierras vecinas de La Carballeda y Sanabria, en Zamora, aparecen como núcleos especialmente relevantes en esta recolonización, junto con zonas limítrofes de Ourense.

En el caso leonés, el estudio menciona con frecuencia localidades como Valdavido, Truchillas, Encinedo o Saceda, donde se han sucedido rastros y observaciones a lo largo de los últimos años. En el lado zamorano, destacan municipios de La Carballeda y de la comarca de Sanabria, tradicionales territorios de montaña que ahora vuelven a compartir paisaje con el gran plantígrado.

En Ourense, los investigadores detectan indicios consistentes de asentamiento en áreas contiguas a estas sierras, aunque el número de citas es menor que en León y Zamora. Aun así, el patrón conjunto muestra una expansión clara de la especie hacia el suroeste de su núcleo cantábrico principal.

Todo apunta a que estas montañas del noroeste ibérico han recuperado las condiciones necesarias para acoger de nuevo al oso pardo: suficientes zonas arboladas y de matorral, alimento disponible y tranquilidad relativa como para que las hembras y los jóvenes puedan desplazarse y asentarse.

Los autores del estudio subrayan que esta recolonización llega después de que la especie estuviera al borde de la desaparición en España en los años 70, cuando se calculaba que apenas quedaban unos 40 ejemplares. Hoy se estima que la población española de oso pardo no supera los 400 individuos entre los Pirineos y la Cordillera Cantábrica, por lo que cada nueva zona ocupada tiene un peso especial para su futuro.

Una especie en expansión que sigue en peligro

El regreso del oso pardo a estas sierras se interpreta como una señal positiva dentro del delicado estado de conservación de la especie en España. Pese a la lenta recuperación de las últimas décadas, el oso continúa catalogado como especie en peligro de extinción y su situación requiere una vigilancia constante.

Desde el punto de vista europeo, se trata de una especie prioritaria cuya conservación es una obligación para los Estados miembros. Tal y como recuerda Durá, la normativa comunitaria insiste en la necesidad de asegurar un «estado de conservación favorable», lo que implica no solo proteger a los ejemplares actuales, sino también garantizar que la población pueda expandirse y ocupar nuevos territorios adecuados.

La expansión hacia comarcas como La Cabrera, La Carballeda o Sanabria encaja con ese objetivo. Que el oso llegue a lugares donde llevaba siglo y medio ausente indica que los esfuerzos de conservación han empezado a dar frutos, aunque los expertos insisten en que el trabajo está lejos de haber terminado.

El estudio destaca que, para consolidar este proceso, es imprescindible mantener medidas de protección frente a la caza ilegal, el veneno y otras amenazas, así como contar con una gestión forestal y cinegética compatible con la presencia del oso. El cambio climático, la alteración del hábitat, incluidos los incendios forestales o el incremento de infraestructuras también figuran entre los factores a vigilar.

Los científicos señalan que la especie continúa siendo vulnerable: cualquier retroceso significativo, ya sea por mortalidad directa o por deterioro de su hábitat, podría frenar o incluso revertir la recolonización de estas sierras del noroeste, sobre todo si afecta a hembras reproductoras.

Impacto social y económico: turismo, miel y economía rural

Más allá del plano estrictamente ecológico, el regreso del oso pardo está reconfigurando la manera en que muchos pueblos de montaña miran a su entorno. Para los autores del estudio, la presencia de esta especie emblemática puede convertirse en un motor de desarrollo rural si se gestiona con cabeza.

Un ejemplo que se cita con frecuencia es el de Somiedo, en la Cordillera Cantábrica, que ya se ha consolidado como «territorio osero» y destino de turismo de naturaleza. El modelo se basa en atraer visitantes interesados en la observación de fauna, el senderismo y los paisajes bien conservados, lo que genera ingresos para alojamientos, restaurantes y otros negocios locales.

Los investigadores consideran que comarcas como La Cabrera o Sanabria podrían seguir una senda similar, adaptada a su realidad. La clave estaría en impulsar una oferta turística centrada en la calidad de los ecosistemas y el paisaje de alta montaña, sin caer en masificaciones ni en actividades que puedan generar molestias al oso.

La presencia del plantígrado también está dando lugar a iniciativas curiosas en el ámbito productivo. En La Cabrera, por ejemplo, algunas empresas apícolas han empezado a comercializar miel destacando que procede de colmenas ubicadas en zonas visitadas ocasionalmente por osos. Estas explotaciones utilizan pastores eléctricos y otras medidas de protección para evitar daños, pero al mismo tiempo aprovechan el «sello osero» como garantía de entorno natural y biodiversidad.

Convivencia con las actividades tradicionales y educación ambiental

La vuelta del oso pardo también plantea retos relacionados con la convivencia con las actividades humanas, especialmente en sectores como la ganadería extensiva y, muy en particular, la apicultura. Los investigadores reconocen que hay «muchas incursiones» en colmenares, un problema que puede generar tensiones si no se afronta con medidas preventivas eficaces.

Entre las soluciones que se recomiendan figura de forma destacada la instalación de pastores eléctricos, contenedores anti-osos y cercados adecuados en los colmenares, así como la adopción de otras barreras físicas que desanimen al oso a acercarse. Estas medidas, ya aplicadas en otras zonas oseras de la península, han demostrado reducir de forma notable los daños.

Junto a la protección de colmenas y ganado, el estudio subraya la importancia de reforzar la educación ambiental en los pueblos del entorno. Explicar qué supone tener osos cerca, qué riesgos reales hay y cómo actuar ante su presencia es clave para evitar alarmas innecesarias y fomentar una actitud más tranquila.

Los expertos recuerdan que, en caso de encuentro con un oso, la recomendación básica es mantenerse quieto, no hacer aspavientos ni gritar y seguir siempre las pautas difundidas por las administraciones y entidades especializadas. La mayoría de los encuentros se resuelven sin incidentes si no se provoca al animal ni se le acorrala.

En paralelo, los investigadores insisten en transmitir que el oso no tiene por qué suponer un lastre para otros sectores económicos. Bien gestionada, su presencia puede convivir con el aprovechamiento forestal, la ganadería o el turismo tradicional, siempre que se introduzcan ajustes y medidas de prevención allí donde sea necesario.

Red Natura 2000 y nuevas obligaciones de protección

La recolonización de estas sierras por parte del oso pardo no solo tiene implicaciones ecológicas y sociales, sino también consecuencias legales y de planificación territorial. Al ser una especie prioritaria para la Unión Europea, su presencia activa una serie de obligaciones en torno a la protección de sus hábitats.

Los investigadores señalan que la llegada del oso a comarcas como La Cabrera, La Carballeda, Sanabria y el entorno del Teleno obliga a revisar cómo están configurados los espacios incluidos en la Red Natura 2000, la red europea de áreas protegidas. En muchos casos, estos territorios no estaban pensados inicialmente para acoger a la especie, dado que llevaba más de siglo y medio ausente.

El estudio propone considerar estas zonas como áreas estratégicas para el futuro del oso pardo en la península y plantea que Castilla y León debería avanzar en la incorporación o ampliación de espacios protegidos que tengan en cuenta esta nueva realidad. La idea es asegurar corredores de desplazamiento y refugios adecuados para las distintas fases del ciclo vital del animal.

La revisión de la Red Natura 2000 y de otras figuras de protección no se plantea solo como un trámite burocrático. Según los autores, es una herramienta clave para garantizar que la expansión del oso no se frene por falta de hábitat seguro o por la proliferación de infraestructuras que fragmenten el territorio.

En este contexto, el «renacer» del oso pardo en el noroeste ibérico se interpreta como una oportunidad para reforzar la conservación de ecosistemas de montaña que, además de albergar al plantígrado, mantienen una gran biodiversidad y prestan servicios esenciales, como la regulación del agua o la protección frente a procesos erosivos.

El cuadro que dibujan los datos es el de una especie que, tras rozar la extinción en España, empieza a recuperar parte de los territorios que perdió hace casi dos siglos. Su regreso a las sierras del noroeste ibérico se ha convertido ya en un símbolo de la capacidad de estos paisajes para sostener de nuevo una fauna exigente, al tiempo que abre un debate sobre cómo combinar conservación, desarrollo rural y protección legal en una misma hoja de ruta.

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