Los osos polares cambian su dieta para sobrevivir al deshielo del Ártico

Última actualización: 3 marzo 2026
  • Algunas poblaciones de osos polares han ganado peso pese a la fuerte pérdida de hielo marino en el Ártico.
  • El cambio de dieta hacia renos, aves y carroña en lugares como Svalbard permite compensar en parte la falta de focas.
  • La resiliencia observada no es una adaptación genética y podría ser solo una solución temporal ante el deshielo.
  • La especie sigue clasificada como vulnerable y afronta amenazas adicionales como hidrocarburos, tráfico marítimo y tensiones geopolíticas.

Oso polar cambiando su dieta por el deshielo

Desde hace décadas, el oso polar se ha convertido en uno de los iconos más visibles del cambio climático, asociado a imágenes de hielo en retroceso y animales cada vez más delgados. La reducción del hielo marino obligaba a estos grandes depredadores a recorrer enormes distancias a nado para encontrar alimento, algo que ponía en riesgo tanto su supervivencia como la de sus crías.

Sin embargo, en pleno avance del calentamiento global, nuevos estudios han detectado un fenómeno llamativo: algunas poblaciones de osos polares, lejos de adelgazar, han aumentado de peso y mejorado su condición física. La explicación no está en una mutación milagrosa, sino en un cambio radical de su menú, con una dieta más variada que ya no depende solo de las focas.

Un símbolo del cambio climático que se resiste a desaparecer

Durante años, el relato dominante pintaba un escenario casi unidireccional: menos hielo, menos focas, osos más delgados y menos crías. En buena parte del Ártico esta sigue siendo la realidad, y por eso la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza mantiene al oso polar en la categoría de especie «vulnerable» dentro de su Lista Roja.

Organizaciones conservacionistas como WWF recuerdan que estos mamíferos dependen del hielo marino para cazar. Pueden resistir largos periodos sin alimentarse, pero la temporada en la que acceden a sus presas clave se ha ido acortando: el hielo se derrite antes en primavera y se forma más tarde en otoño. Esa ventana de caza cada vez más reducida genera cuadros de desnutrición, especialmente en el sur de su área de distribución y entre las hembras con crías.

Las estimaciones actuales sitúan la población mundial entre 22.000 y 35.000 osos polares, con importantes diferencias regionales en número, estado físico y capacidad reproductiva. En zonas como la bahía de Baffin o la bahía de Hudson, en Canadá y Groenlandia, la pérdida de hielo ha ido acompañada de osos más delgados y de menos nacimientos.

En estos lugares, el mecanismo es claro: al disponer de menos tiempo sobre el hielo, la caza de focas se reduce, disminuye la ingesta de energía y se resiente tanto el peso como la capacidad de sacar adelante a las crías. De ahí que una parte creciente de los ejemplares muestre peor condición corporal y una reproducción más limitada.

Svalbard: donde los osos polares engordan mientras el hielo se pierde

Osos polares cambian su dieta por el deshielo del Ártico

En este contexto, ha sorprendido el caso de Svalbard, un archipiélago noruego en pleno mar Glacial Ártico. Allí, donde el hielo marino está retrocediendo a toda velocidad, los científicos han comprobado que muchos osos no solo se mantienen, sino que han ganado masa y grasa corporal desde el año 2000.

Un estudio del Instituto Polar Noruego, publicado en la revista Scientific Reports, analizó datos recopilados entre 1992 y 2019. El equipo revisó 1.188 registros de medidas corporales de 770 osos polares adultos, además de información detallada sobre el número de días sin hielo en la región.

Durante ese periodo, el número de días sin hielo aumentó en torno a 100 días, una pérdida especialmente intensa si se compara con otros sectores del Ártico. En el mar de Barents, frente a Noruega y Rusia, se han registrado incrementos de hasta 2 °C por década en ciertas zonas, al tiempo que el hábitat helado desaparece a más del doble de velocidad que en otras áreas donde viven osos polares.

Pese a este escenario, tras una primera caída de la condición física a finales de los años noventa, los datos muestran que los osos de Svalbard han mejorado su estado corporal en las dos décadas siguientes. Lo sorprendente no es solo que se hayan estabilizado, sino que sus reservas de grasa han crecido mientras el hielo iba a menos; cuánto pesa un oso polar ayuda a contextualizar esos cambios.

El investigador principal, Jon Aars, admite que ver una mejoría en la condición física durante una pérdida tan marcada de hielo marino fue un hallazgo inesperado. En Svalbard, el hielo retrocede a un ritmo aproximado de cuatro días por año, más del doble que en otras regiones árticas, lo que convierte a este archipiélago en un laboratorio particularmente exigente para la especie.

Un menú mucho más variado: renos, aves, huevos y carroña

La clave de esta aparente contradicción está en la comida. Según el estudio, los osos polares de Svalbard han cambiado de dieta. Siguen cazando focas cuando pueden, pero ya no dependen exclusivamente de ellas: han incorporado a su alimentación renos, huevos de aves, focas comunes y carroña de morsas.

Al reducirse la plataforma de hielo, cada vez más osos pasan el verano y parte del otoño en tierra firme. Allí aprovechan recursos que antes tenían un papel secundario en su dieta. Se ha observado, por ejemplo, que saquean nidos de aves marinas y se alimentan tanto de renos como de animales muertos arrastrados por las corrientes o abandonados por otros depredadores.

En el este de Svalbard, los científicos han detectado que más hembras adultas se quedan cerca de las colonias de aves durante la temporada de cría, lo que les permite acceder de forma relativamente fácil a huevos y pollos. Esta estrategia reduce la dependencia directa del hielo, aunque implica un esfuerzo distinto y una forma nueva de buscar alimento.

En palabras de Jon Aars, la explicación más razonable es que los osos polares de Svalbard han sido capaces de compensar el menor acceso al hielo marino aprovechando oportunidades alternativas de alimentación y demostrando una gran flexibilidad ecológica. En otras palabras: se han vuelto más oportunistas y han empezado a explotar al máximo lo que encuentran en tierra.

Esta flexibilidad alimentaria ha permitido que, al menos por ahora, la pérdida de hielo no se haya traducido en un deterioro generalizado de su peso. Pero los investigadores insisten en que no se trata de una transformación profunda de la especie, sino de un ajuste de comportamiento ante un entorno que cambia a toda velocidad.

No es una mutación milagrosa: cambio de dieta, no cambio genético

El biólogo Andreas Fahlman, de la Fundación Oceanogràfic de València, subraya que no estamos ante una adaptación genética, sino ante una respuesta conductual a un problema inmediato: la falta de hielo para cazar focas como antes. Los osos, explica, han modificado lo que comen, pero eso no significa que la nueva dieta sea necesariamente mejor para ellos a medio y largo plazo.

Desde su punto de vista, el incremento de peso debe interpretarse como un dato positivo para la conservación en Svalbard, pero no como una señal de que la especie esté «recuperándose» de forma general. Lo que vemos, insiste, son indicios locales de resiliencia que conviene estudiar con calma y sin sacar conclusiones optimistas en exceso.

Otros expertos que no han participado directamente en la investigación, como John Whiteman, científico de Polar Bears International, coinciden en esta cautela. Valorando los resultados, apunta que la condición corporal solo es una pieza del puzle: para saber si una población está realmente en buena situación hay que mirar también a la supervivencia de las crías, las tasas de natalidad y el tamaño total del grupo.

El propio equipo de investigación reconoce que el estudio no analizó de forma detallada parámetros como la supervivencia de cachorros o la dinámica poblacional completa. Una buena capa de grasa puede ayudar a pasar el invierno, pero no garantiza por sí sola una población estable o en crecimiento.

De hecho, los científicos insisten en que mantener el peso no significa que la pérdida de hielo no tenga consecuencias. La capacidad de los osos de Svalbard para ajustar su dieta podría depender de condiciones locales muy concretas —como la presencia de colonias de aves o de renos— que no se dan en otras regiones del Ártico. Y nadie puede asegurar cuánto tiempo podrán seguir compensando la falta de hielo si el deshielo continúa o se acelera.

Seguimiento científico y nuevas herramientas de estudio

Para aclarar qué está ocurriendo realmente, los investigadores apuestan por un seguimiento a largo plazo y cada vez más detallado de las poblaciones de osos polares. En los últimos años, el desarrollo tecnológico ha facilitado métodos menos invasivos y más precisos.

Tal y como explica Andreas Fahlman, hoy es posible implantar dispositivos en los osos durante varios meses para estudiar sus reservas de grasa y registrar los cambios de peso con mayor exactitud. Estos dispositivos permiten combinar datos fisiológicos con información sobre movimientos, rutas de caza y uso del hábitat.

Además, se está generalizando el uso de drones para evaluar la condición corporal de los animales desde el aire, lo que ayuda a reducir el estrés de las capturas y aporta una visión más amplia de cómo se distribuyen los individuos en el terreno. Este tipo de monitoreo resulta clave para entender si el cambio de dieta es un fenómeno puntual o un patrón que se extiende a otras áreas.

El objetivo final es disponer de series de datos suficientemente largas y completas como para poder responder a preguntas esenciales: ¿se mantiene el tamaño de las poblaciones? ¿Se están reduciendo los nacimientos? ¿Hay diferencias marcadas entre regiones con acceso a nuevas fuentes de alimento y otras donde la oferta en tierra firme es mucho menor?

La respuesta a estas cuestiones será fundamental no solo para la conservación del oso polar, sino también para comprender mejor hasta qué punto algunas especies pueden adaptarse, al menos temporalmente, a un clima cambiante.

Amenazas que van más allá del hielo

Aunque el cambio de dieta de los osos de Svalbard aporta un rayo de esperanza, las amenazas que enfrenta la especie siguen siendo múltiples. La más evidente es el propio retroceso del hielo marino, que reduce de forma estructural el hábitat del oso polar en todo el Ártico.

Pero hay otros factores que se suman al impacto climático, como contaminantes (el mercurio en los osos polares) y la expansión de la explotación de gas y petróleo en la región introduce nuevos riesgos: desde posibles derrames de hidrocarburos hasta el aumento de la perturbación humana en zonas que antes estaban prácticamente aisladas.

A esto se añade el incremento del tráfico marítimo en rutas árticas, favorecido precisamente por el deshielo. Más barcos implica más ruido, más emisiones y un mayor riesgo de accidentes que puedan afectar tanto a los osos como a sus presas. El Ártico, antaño remoto, se ha convertido en un espacio con un interés económico y geoestratégico en auge.

En el plano político, las tensiones entre potencias interesadas en los recursos y rutas del Ártico —con ejemplos como el debate sobre el futuro de Groenlandia o los movimientos de Rusia y China en la zona— añaden una capa adicional de complejidad. Estas dinámicas pueden condicionar las políticas de protección del hábitat y la gestión de las actividades industriales en la región.

Una de las pocas noticias claramente positivas es que la caza furtiva ha disminuido notablemente gracias al Acuerdo Internacional para la Conservación del Oso Polar, firmado en 1973, que puso fin a la caza comercial de la especie. Aun así, el equilibrio sigue siendo frágil, y cualquier relajación en las medidas de protección podría traducirse en nuevos retrocesos.

Todo este conjunto de amenazas hace que, aunque algunas poblaciones concretas estén mostrando una notable capacidad de ajuste, el futuro del oso polar continúe siendo incierto en un Ártico que se calienta con rapidez.

La imagen que dibujan los estudios recientes es compleja: mientras en áreas como Svalbard los osos polares han logrado mantener e incluso aumentar su peso cambiando su dieta hacia renos, huevos de aves y carroña, en muchas otras regiones la pérdida de hielo se traduce en animales más delgados, menos crías y mayor vulnerabilidad. Esta combinación de resiliencia local y deterioro global muestra que la especie es capaz de adaptarse en cierto grado, pero también que esa capacidad tiene límites y depende de las condiciones específicas de cada zona, por lo que el mantenimiento del hielo marino y la reducción de presiones adicionales siguen siendo cruciales para su supervivencia a largo plazo.

osos polares más gordos y sanos en el Ártico de Noruega
Artículo relacionado:
Osos polares más gordos y sanos en el Ártico de Noruega: qué hay detrás de este cambio inesperado