Ciudades en jaque por la superpoblación de palomas

Última actualización: 5 septiembre 2025
  • La expansión de las palomas en áreas urbanas se acelera por la ausencia de depredadores y la abundancia de refugios y comida, con riesgos sanitarios asociados.
  • Ayuntamientos refuerzan la prohibición de alimentarlas, aplican multas y despliegan campañas y medidas físicas para dificultar el anidado.
  • Control reproductivo y vigilancia sanitaria: Vitoria-Gasteiz implanta un palomar de gestión; Málaga licita censos, análisis veterinarios y capturas selectivas.
  • Se ensayan soluciones como halcones urbanos en Binéfar, mientras los “trucos caseros” muestran eficacia limitada.

Palomas en entorno urbano

La presencia de palomas en los núcleos urbanos se ha disparado en varias ciudades españolas, donde encuentran refugio, comida y huecos para nidificar en fachadas, azoteas o cornisas. La falta de depredadores naturales en estos entornos y su enorme capacidad para reproducirse han hecho crecer colonias que, en algunos casos, ya se consideran problemáticas.

Este aumento arrastra impactos en salud pública y convivencia. Expertos en medicina preventiva advierten de que heces y plumas pueden vehicular zoonosis como psitacosis o salmonelosis, además de provocar alergias y albergar parásitos. Los colectivos más vulnerables son las personas inmunodeprimidas, mientras que el ruido y la suciedad agravan el malestar vecinal.

Alarma demográfica en las grandes urbes

Bandos de palomas en ciudad

En el área metropolitana de Barcelona, la colonia urbana supera las 100.000 palomas, una cifra que ilustra la magnitud del fenómeno: son más que los habitantes de municipios cercanos como Cornellà. Baix Llobregat y L’Hospitalet destacan como zonas de expansión, favorecidas por una trama urbana repleta de huecos aprovechables para posarse y anidar.

La especie se ha habituado al entorno humano hasta el punto de moverse por la ciudad sin apenas temor. Este comportamiento, unido a la alta tasa reproductiva en primavera y verano, explica por qué las poblaciones aumentan a gran velocidad si no se interviene de forma sostenida.

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Desde los servicios de salud pública se recalca que el reto no es la presencia de un ave aislada, sino la acumulación de individuos en colonias descontroladas. El objetivo de las administraciones, por tanto, es contener el crecimiento para evitar que los riesgos sanitarios y las molestias se disparen.

Prohibido alimentarlas: campañas, multas y barreras físicas

Medidas municipales contra palomas

La primera pauta que repiten los ayuntamientos es clara: no dar de comer a las palomas. Alimentarlas incrementa la supervivencia de los pollos y eleva el tamaño de los bandos. Por eso, ordenanzas municipales prohíben esta práctica y contemplan sanciones para los infractores, con especial vigilancia durante la época de cría.

Municipios como los del entorno barcelonés están reforzando la pedagogía puerta a puerta: agentes cívicos informan a quienes alimentan a estas aves e insisten en los motivos sanitarios y de convivencia. Si el aviso no surte efecto, entra en juego la policía local y el régimen sancionador. Paralelamente, se realizan mapeos periódicos para localizar puntos de nidificación y concentración.

En paralelo, comunidades de propietarios y comercios instalan elementos antiposamiento y redes en huecos críticos. Eso sí, el mantenimiento es clave: en València, las redes deterioradas del Tinglado 2 han atrapado a decenas de palomas, generando una situación indeseable tanto por bienestar animal como por insalubridad de los cadáveres en altura. El episodio ha reabierto el debate sobre la responsabilidad de conservar correctamente estas barreras.

Cuando la presión es muy alta, los consistorios combinan estrategias: desde capturas autorizadas hasta el uso de pienso anticonceptivo en algunos municipios, mientras que otros optan por limitarse a métodos no letales como la gestión de nidos para reducir la reproducción.

Control reproductivo y vigilancia sanitaria: palomares de gestión y protocolos

Gestión de palomares urbanos

Vitoria-Gasteiz ha licitado un proyecto piloto de 42.627 euros para instalar y gestionar un palomar municipal durante 16 meses, con control reproductivo mediante sustitución o pinchado de huevos y un punto de vigilancia sanitaria. La ciudad contabiliza en torno a 10.700 palomas en el casco urbano y unas 11.500 en todo el término municipal, concentrándose más del 90% en el interior de la capital.

El consistorio advierte de que el conteo urbano, realizado en otoño, podría estar ligeramente inflado por la presencia de jóvenes del año, a diferencia del censo primaveral que solo computa adultos. Por comparación metodológica, la proyección arroja contrastes: Donostia estimaría unas 24.600 frente a 3.600 reales; Pamplona rondaría 11.000 frente a 8.075 previos; y Barcelona superaría 37.900 frente a estimaciones locales de 57.000.

La distribución interna también cuenta: Arriaga/Lakua concentra cerca del 14,6% (aprox. 1.500), la Zona Rural Este ronda el 13% (1.600) y el Casco Viejo, pese a su alta densidad, no llega al 5% por su menor superficie. En paralelo, Málaga ha activado un contrato de 65.436,18 euros que exige censos anuales, análisis veterinarios y actuaciones programadas y bajo demanda.

  • Censos con tamaño, densidad y puntos clave (alimentación, dormideros, nidificación), mapeados por distritos.
  • Controles sanitarios aleatorios por especie (ectoparásitos, parásitos internos y zoonosis como Newcastle, gripe aviar, Salmonella, histoplasmosis, psitacosis o criptococosis).
  • Medidas de control ajustadas al ciclo reproductivo y atención a avisos ciudadanos (respuesta de 48/24/12 horas según urgencia).
  • Recursos expertos: responsable técnico (veterinario o biólogo) y dos técnicos de fauna, vehículo para traslado de animales y gestión SANDACH.
  • Para palomas y tórtolas, jaulas trampa en puntos estratégicos y retirada frecuente de ejemplares capturados.

Mientras Vitoria-Gasteiz descarta los piensos anticonceptivos por su posible impacto en otras especies, otras ciudades se decantan por ese recurso en programas acotados, lo que evidencia la diversidad de enfoques dentro del marco legal y de bienestar animal.

Halcones urbanos y la limitada eficacia de los “trucos caseros”

Halcones y control de palomas

Binéfar ha apostado por la introducción de halcones peregrinos como medida disuasoria frente a palomas y estorninos. Dos pollos criados con el método de hacking comenzaron a volar en verano y se espera que regresen en la próxima temporada para asentarse como pareja reproductora; la hembra porta anilla con GPS para conocer sus desplazamientos.

La simple presencia de estas rapaces desordena los bandos y reduce su confianza, actuando como depredador natural allí donde no lo había. No obstante, conviene recordar que su efecto es disuasorio y complementario, y que el control poblacional requiere de programas estables y sostenidos en el tiempo.

Entre la ciudadanía circulan soluciones rápidas como CDs colgantes, globos plateados, canela, cayena o búhos de plástico. La experiencia acumulada por ornitólogos sugiere que, si no hay riesgo real, las aves acaban habituándose a casi cualquier artilugio, por lo que su eficacia suele ser limitada y temporal.

En este contexto, los municipios están combinando medidas estructurales (barreras, palomares de gestión, revisiones sanitarias) con actuaciones puntuales en puntos de conflicto, siempre bajo criterios técnicos y de bienestar animal.

La gestión de las palomas urbanas avanza hacia estrategias integrales que suman educación, prevención, control reproductivo y seguimiento sanitario. Las diferencias entre ciudades —desde multas por alimentar hasta palomares municipales, capturas o uso de rapaces— responden a contextos y prioridades diversas, pero comparten una idea central: reducir la presión de las colonias sin perder de vista la salubridad y la convivencia.