Muerte masiva de palomas en Montería: qué se sabe y por qué preocupa

Última actualización: 24 enero 2026
  • Cientos de palomas aparecieron muertas o agonizando en el parque de la calle 27, frente a la Catedral de Montería.
  • Las primeras hipótesis apuntan a un posible envenenamiento masivo, aunque se analizan también enfermedades y otros factores ambientales.
  • Más de 130 aves fueron recogidas, algunas enviadas a necropsia y otras trasladadas a centros de atención de fauna para su evaluación.
  • Autoridades locales y ambientales activaron protocolos de salud pública y pidieron a la ciudadanía no manipular los animales ni sus cadáveres.

muerte masiva de palomas en Montería

La muerte masiva de palomas en el parque de la calle 27 de Montería, situado justo frente a la Catedral de la ciudad, ha desatado inquietud entre vecinos, comerciantes y visitantes, y recuerda otros casos que también están siendo investigados, como investigan la muerte de palomas en el parque Independencia. La escena, con decenas de aves sin vida y otras todavía agonizando en uno de los puntos más concurridos del centro histórico, ha generado un fuerte impacto social y numerosas preguntas sobre lo ocurrido.

En cuestión de horas, la zona pasó de ser un lugar habitual de paseo y alimentación de aves a un escenario acordonado por autoridades ambientales, sanitarias y de policía, que activaron protocolos de emergencia para recoger los cadáveres, rescatar los ejemplares vivos siguiendo métodos y consideraciones sobre la captura de palomas y abrir una investigación técnica orientada a esclarecer el origen de la mortandad.

Un hallazgo que enciende las alarmas en pleno centro de Montería

Durante la mañana de un viernes de enero, transeúntes y comerciantes que se encontraban en el parque de la calle 27 comenzaron a notar algo inusual: palomas inmóviles sobre el suelo, muchas de ellas con signos de agonía. En poco tiempo se constató que no se trataba de unos pocos ejemplares, sino de un número considerable de aves afectadas de manera casi simultánea.

El parque, que suele estar lleno de vida gracias a las palomas que los residentes y turistas alimentan a diario, se convirtió en un punto crítico, pese a las campañas para no alimentar a las palomas. Los primeros avisos a las autoridades llevaron a la rápida llegada de equipos técnicos, que empezaron a contabilizar los animales y a organizar su recolección ordenada para evitar riesgos sanitarios y la pérdida de evidencias para el análisis posterior.

De acuerdo con los reportes oficiales preliminares, en la primera intervención se registraron en torno a 130-136 palomas muertas, además de varios ejemplares que aún respiraban pero presentaban claros síntomas de afectación neurológica. Estos datos, aunque pueden variar ligeramente según la fuente, confirman que se trata de un evento inusual y de gran magnitud para la ciudad, algo que evidencia el impacto de las palomas en la salud pública.

La presencia de aves agonizantes, con trastornos del sistema nervioso, llevó a los expertos a prestar especial atención a los signos clínicos observados en el lugar del suceso, ya que pueden ofrecer pistas decisivas sobre la causa de la mortandad, especialmente en lo referente a posibles intoxicaciones o enfermedades infecciosas, y subrayan el papel de las palomas como indicadores ambientales.

palomas muertas en parque urbano

Actuación de las autoridades: investigación, necropsias y protocolos de seguridad

Tras la alerta ciudadana, se desplazaron al parque equipos de la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge (CVS), la Policía Ambiental, el equipo de Zoonosis de la Secretaría de Salud municipal, representantes de la Personería, funcionarios del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y miembros de la Fiscalía General. La coordinación interinstitucional se consideró clave desde el primer momento.

En el operativo inicial se procedió a recoger los cuerpos de las palomas fallecidas y a rescatar los ejemplares que seguían con vida. Según los partes técnicos, unas siete aves vivas fueron trasladadas al Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre (CAP) en Lorica para someterlas a observación veterinaria y pruebas diagnósticas. Este seguimiento busca identificar lesiones internas, presencia de toxinas o signos de enfermedad sistémica.

Paralelamente, al menos cinco cadáveres fueron enviados a un centro especializado en necropsias, donde se realizarán estudios patológicos completos. Las necropsias incluyen análisis de órganos, tejidos y contenido digestivo, así como pruebas específicas para descartar patologías como encefalitis, enfermedad de Newcastle u otros procesos infecciosos capaces de provocar muertes rápidas en aves urbanas.

El resto de los cuerpos que no se destinaron a exámenes de laboratorio fueron manejados como residuos biológicos de riesgo y dispuestos mediante incineración, siguiendo las normas de bioseguridad. Esta medida pretende minimizar cualquier posible impacto sobre la salud pública y evitar que animales domésticos u otras especies entren en contacto con los restos.

Funcionarios de salud y medio ambiente insistieron en la importancia de que la ciudadanía no manipule por su cuenta las aves muertas ni las que muestren síntomas extraños. El contacto directo puede entorpecer la investigación, deteriorar las pruebas recogidas y, en determinados escenarios, suponer un riesgo sanitario si se confirmara la presencia de agentes zoonóticos.

investigación por muerte de palomas

Hipótesis sobre las causas: el envenenamiento, principal línea de investigación

Aunque los resultados de laboratorio aún son necesarios para emitir conclusiones definitivas, la mayoría de los indicios iniciales apuntan a un posible envenenamiento masivo. Tanto profesionales del Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre de la CVS como responsables de Gestión Ambiental han señalado que los trastornos neuromusculares observados en las aves son compatibles con la exposición a sustancias tóxicas.

Entre las posibilidades que se barajan se encuentra el uso de raticidas u otros agroquímicos mezclados con el alimento que habitualmente consumen las palomas en el parque. Según explican los técnicos, al tratarse de animales muy acostumbrados a ingerir restos de comida y granos que les ofrecen los ciudadanos, bastaría con que alguien introdujera un producto tóxico en estos alimentos para que, en poco tiempo, se produjera una mortandad simultánea de gran cantidad de ejemplares.

Algunos responsables ambientales no descartan que pueda tratarse de la acción de una o varias personas del entorno que consideren a las palomas una molestia por ensuciar tejados, plazas o mobiliario urbano. Este tipo de actuaciones, además de estar fuertemente rechazadas desde el punto de vista ético, podría constituir un delito de maltrato animal, como casos que han sido denunciados en otras localidades (caso de maltrato registrado en Ocaña), por lo que las autoridades han insistido en la necesidad de formular las denuncias correspondientes si aparecen indicios concretos sobre los autores.

Con todo, las entidades responsables subrayan que los análisis de laboratorio serán los que determinen con precisión qué sustancia intervino y en qué concentración, o si existe algún otro factor concurrente. De ahí que se estén tramitando pruebas de toxicología, estudios histopatológicos y test específicos para enfermedades víricas, con el fin de descartar por completo otras causas posibles.

Hasta el momento, los exámenes preliminares de los cuerpos no han revelado signos visibles de enfermedades zoonóticas, es decir, patologías transmisibles de animales a humanos. No obstante, los expertos recomiendan mantener la cautela y esperar a disponer de informes concluyentes antes de descartar por completo cualquier implicación para la salud pública.

Impacto ecológico, bienestar animal y respuesta política

El episodio ha tenido también una fuerte dimensión simbólica y política. El alcalde de Montería, Hugo Kerguelén García, manifestó públicamente su rechazo ante la muerte masiva de palomas y remarcó el compromiso del gobierno local con la protección de la vida y el bienestar animal. En sus declaraciones, recalcó que la administración no tolerará acciones que atenten contra el equilibrio ambiental de la ciudad.

Desde la Alcaldía se ha insistido en la necesidad de investigar a fondo lo ocurrido y depurar responsabilidades si se confirma que la mortandad obedece a un acto intencional. El mensaje institucional busca, por un lado, tranquilizar a la población y, por otro, lanzar una señal clara de que este tipo de hechos no quedarán impunes.

Para muchos vecinos, el suceso ha puesto sobre la mesa el debate sobre cómo se gestiona la fauna urbana y qué papel desempeñan las administraciones en el control poblacional de especies como las palomas. Aunque a menudo son consideradas animales domesticados y no fauna silvestre, su presencia masiva en plazas y parques plantea retos de limpieza, salud y convivencia que no pueden abordarse mediante soluciones drásticas o peligrosas para el propio entorno, como se detalla en ciudades en jaque por la superpoblación de palomas.

En este contexto, las autoridades ambientales han recordado que existen herramientas legales y técnicas para el manejo responsable de poblaciones de aves urbanas, que van desde campañas de sensibilización hasta medidas de control éticas y reguladas. Ejemplos de enfoques éticos y sostenibles pueden consultarse en iniciativas como la propuesta de Cádiz sobre un plan ético y sostenible para gestionar palomas. Cualquier intento de “resolver” el problema mediante venenos u otros métodos ilícitos, insisten, no solo es reprochable, sino también potencialmente peligroso para otras especies, mascotas e incluso personas.

De confirmarse el envenenamiento, el caso se sumaría a otros episodios registrados en distintos lugares, tanto en América Latina como en Europa, donde la presencia de palomas en León ha generado debates similares sobre gestión y convivencia. Esto refuerza la importancia de tratar la gestión de la fauna con criterios científicos, legales y de bienestar animal.

Vigilancia ciudadana, salud pública y lecciones para otras ciudades

Más allá de la investigación inmediata, la muerte masiva de palomas en Montería se ha convertido en un recordatorio de la importancia de la vigilancia ambiental y la colaboración ciudadana. Fueron los propios vecinos y comerciantes quienes primero advirtieron la situación y dieron aviso a las autoridades, lo que permitió una respuesta relativamente rápida para contener los posibles riesgos.

Los equipos de salud y medio ambiente han reiterado el llamamiento a la población para que informe de cualquier hallazgo de animales muertos o con comportamientos anómalos en espacios públicos. Esta comunicación temprana, señalan, resulta esencial para detectar episodios de mortalidad inusual y activar protocolos de alerta que puedan evitar que un problema localizado vaya a más.

En el ámbito de la salud pública, por ahora no se han reportado consecuencias directas sobre la población humana asociadas al episodio, pero las autoridades mantienen cierta prudencia. El análisis de aguas, suelos o posibles fuentes de alimento contaminadas es una tarea prioritaria en este tipo de situaciones para garantizar que no existan residuos tóxicos accesibles para otros animales o para las personas.

Lo ocurrido en Montería ofrece también aprendizajes extrapolables a otros entornos urbanos, tanto en Colombia como en Europa, donde la presencia abundante de palomas en plazas y parques es algo habitual. La experiencia demuestra que la prevención pasa por revisar la gestión de residuos, el control de plagas y el uso de biocidas, así como por campañas que desaconsejen el uso de venenos caseros o sustancias no autorizadas en espacios públicos.

En última instancia, episodios como este ponen de relieve hasta qué punto la salud de la fauna urbana está estrechamente ligada a la calidad ambiental y al bienestar de la ciudadanía. Lo que afecta de forma drástica a un grupo de animales en una plaza puede ser la punta del iceberg de problemas más amplios en la gestión de la ciudad y su entorno.

La fuerte mortandad de palomas registrada en el corazón de Montería ha actuado como una llamada de atención sobre la fragilidad de los equilibrios urbanos, el papel que desempeñan las aves como indicadores ambientales y la necesidad de abordar los conflictos de convivencia con soluciones legales y respetuosas. A la espera de que los análisis de laboratorio confirmen si hubo envenenamiento y se identifique la sustancia implicada, las autoridades mantienen activos los protocolos de vigilancia y piden a la ciudadanía prudencia, colaboración y respeto hacia unos animales que, aunque a veces pasen desapercibidos, forman parte del paisaje cotidiano y de la propia salud de la ciudad.

muerte de palomas en el Parque Independencia
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