Valencia endurece las sanciones por alimentar palomas para frenar la sobrepoblación urbana

Última actualización: 28 mayo 2026
  • Las multas por dar de comer a las aves en la vía pública oscilan entre los 750 y los 3.000 euros según la gravedad.
  • El censo actual registra más de 32.000 ejemplares, superando el umbral de equilibrio recomendado por los expertos.
  • El plan municipal combina el uso de pienso esterilizante, palomares ecológicos y sistemas disuasorios en edificios.
  • Barrios como Patraix, Nazaret y el Distrito Marítimo son considerados puntos calientes de alta concentración.

Palomas en una plaza de Valencia

Caminar por las plazas valencianas y lanzar unas migas de pan a las aves es un gesto que a priori parece inofensivo pero que conlleva graves riesgos para el entorno urbano. El consistorio de la capital del Turia ha decidido tomar cartas en el asunto ante una situación que empieza a desbordar la capacidad de limpieza y mantenimiento de la ciudad, recordando que estas prácticas están lejos de ser una ayuda para los animales y se convierten en un foco de insalubridad.

La administración local ha puesto en marcha una potente iniciativa de concienciación ciudadana que, bajo el lema de ‘No alimentes el problema’, pretende informar a residentes y turistas sobre el impacto negativo de esta conducta. El objetivo no es otro que buscar la implicación directa de la gente para frenar un crecimiento poblacional que afecta tanto a la convivencia vecinal como al estado de conservación del valioso patrimonio arquitectónico valenciano.

Palomas
Related article:
Ciudades en jaque por la superpoblación de palomas

Importe de las sanciones y base legal

Cartel informativo sobre prohibición de alimentar aves

Para aquellos que decidan ignorar estas recomendaciones, la normativa vigente se ha vuelto notablemente estricta, estableciendo un régimen sancionador que puede suponer un desembolso de hasta 3.000 euros en los casos más flagrantes. La nueva ordenanza de limpieza tipifica estas acciones como conductas insalubres, con multas que parten de un mínimo de 750 euros, dejando claro que el ayuntamiento ya no pasará por alto estos comportamientos en la vía pública.

Desde la Concejalía de Bienestar Animal se insiste en que no se trata de una medida meramente recaudatoria, sino de una herramienta necesaria para proteger la salud pública y el equilibrio de la avifauna. Se busca erradicar la creación de focos de alimentación incontrolados que, además de atraer a las palomas, suelen derivar en la aparición de otras plagas mucho más indeseadas en los barrios más vulnerables de la ciudad.

El censo actual y los objetivos de equilibrio

Paloma urbana en Valencia

Los datos técnicos revelan que la capital valenciana cuenta actualmente con un registro de 32.197 ejemplares, una cifra que, aunque ha experimentado un descenso cercano al 10% recientemente, todavía se sitúa por encima de lo que los expertos consideran razonable. Actualmente, la densidad es de 11 individuos por hectárea, mientras que el umbral de equilibrio óptimo para garantizar una convivencia sana se ha fijado en 10,2 ejemplares.

Este ligero exceso de población es el que motiva la intensificación de las medidas de control, ya que tras varios años de crecimiento sostenido, se ha logrado finalmente un cambio de tendencia positivo. El consistorio defiende que sus estrategias están funcionando, pero advierte que cualquier relajación por parte de la ciudadanía en el cumplimiento de las normas podría revertir estos avances conseguidos con tanto esfuerzo técnico y económico.

Estrategias de control ético y puntos calientes

Especialista controlando la población de aves

La gestión municipal no se limita únicamente a las multas, sino que se apoya en un plan integral que incluye el reparto controlado de pienso esterilizante y la instalación de palomares ecológicos. Estas estructuras permiten un seguimiento sanitario exhaustivo y un control de la natalidad mucho más eficaz y ético, evitando métodos drásticos y priorizando siempre el bienestar de los animales dentro de un entorno supervisado.

Existen determinadas zonas de la ciudad, calificadas como puntos críticos, donde la vigilancia se ha intensificado notablemente por la gran afluencia de aves. Barrios como Nazaret, Patraix y el Distrito Marítimo, así como las inmediaciones de mercados municipales y polideportivos, son los lugares donde se están concentrando los mayores esfuerzos de limpieza y retirada de nidos para evitar que se conviertan en focos de cría descontrolada.

Consecuencias para el mobiliario y la salud urbana

Daños en monumentos por excrementos de aves

Uno de los grandes problemas derivados de la sobrepoblación es el deterioro que sufren los edificios y monumentos debido a la naturaleza corrosiva de los excrementos. Las fachadas, canalones y el mobiliario urbano requieren de labores de mantenimiento mucho más frecuentes, lo que supone un coste añadido para las arcas públicas que repercute en el bolsillo de todos los contribuyentes valencianos.

Además del daño material, la acumulación de estas aves en espacios públicos puede provocar el desplazamiento de otras especies autóctonas, como ocurre con la disminución de las golondrinas en entornos urbanos, alterando el ecosistema local de forma preocupante. Por ello, la colaboración vecinal es fundamental, instando a los ciudadanos a que notifiquen cualquier concentración excesiva de aves para que los servicios de control de plagas puedan actuar de forma rápida y efectiva antes de que el problema se enquiste.

La responsabilidad compartida entre la administración y los habitantes se presenta como la única vía real para mantener una ciudad limpia, saludable y respetuosa con su propia biodiversidad. Evitar el suministro de comida de forma particular ayuda a que los sistemas de control municipal funcionen correctamente y garantiza que la población de estas aves se mantenga en unos niveles que no supongan una amenaza para la integridad del patrimonio ni para la tranquilidad de los barrios.