- Las aves marinas son esenciales para la salud de islas, costas y arrecifes, pero sufren amenazas graves como capturas accidentales, depredadores invasores y contaminación.
- Proyectos como MARAVES, la restauración de islas y la erradicación de invasores están reduciendo el bycatch y facilitando el regreso de colonias que reactivan suelos y ecosistemas marinos.
- La ciencia ciudadana con herramientas como la app ICAO permite monitorizar aves orilladas, detectar episodios de mortalidad masiva y afinar las medidas de conservación.

Las aves marinas están en el punto de mira de la conservación porque muchas de sus poblaciones se encuentran en declive acelerado y dependen tanto del buen estado del océano como de la salud de las costas e islas donde crían. A la vez, estos animales prestan servicios ecológicos impresionantes: fertilizan suelos muertos con su guano, refuerzan arrecifes de coral y mantienen vivo el vínculo entre mar y tierra. Protegerlas significa, en realidad, proteger ecosistemas enteros.
En los últimos años se han impulsado proyectos muy distintos pero complementarios para mantener a las aves marinas a salvo: desde colaborar con la flota pesquera para reducir las capturas accidentales, hasta erradicar depredadores invasores en islas y movilizar a miles de ciudadanos para registrar aves orilladas en las playas con ayuda de apps de ciencia ciudadana. Todo ello está permitiendo tanto frenar amenazas como acelerar la recuperación de colonias que llevaban décadas desaparecidas.
Por qué las aves marinas son tan vulnerables y tan importantes
Las aves marinas figuran entre los grupos de aves más amenazados del planeta, en buena parte porque concentran sus ciclos vitales en zonas muy concretas: islas, acantilados y áreas costeras donde anidan de forma colonial, y áreas de alimentación marinas donde se solapan con la actividad pesquera y el tráfico marítimo. Pequeños cambios en estos puntos clave pueden tener efectos desproporcionados sobre poblaciones enteras.
En el ámbito del Mediterráneo español, la ONG SEO/BirdLife lleva años advirtiendo de que las capturas accidentales en artes de pesca (el conocido bycatch) suponen una de las principales amenazas para muchas especies de pardelas, albatros, petreles y otras aves marinas. Estas interacciones no solo causan mortalidad directa, sino que también ocasionan desperfectos en las artes y pérdidas económicas a los pescadores, lo que abre una ventana clara a soluciones colaborativas.
Más allá del Mediterráneo, el papel ecológico de estas aves va mucho más allá de su propia supervivencia. En archipiélagos del Pacífico, islas mexicanas, las Malvinas, Alcatrazes frente a la costa de São Paulo o sistemas insulares como Fernando de Noronha y el Atolón de Rocas, el regreso de colonias de aves marinas está transformando por completo paisajes que se describían como suelos desnudos o degradados.
En estos lugares, el constante ir y venir de aves que se alimentan en alta mar y descansan o crían en tierra genera un aporte continuo de guano rico en nitrógeno, fósforo y otros micronutrientes como calcio o magnesio. Ese “NPK natural” reactiva suelos empobrecidos, dispara la actividad del microbioma del suelo, mejora la retención de agua y permite el retorno gradual de la vegetación nativa, con efectos en cascada sobre la fauna terrestre y marina.
El impacto no se queda en tierra. Parte de los nutrientes del guano es arrastrada por la lluvia y la escorrentía hacia el mar, enriqueciendo las aguas costeras y favoreciendo el crecimiento de arrecifes de coral y el aumento de la biomasa de peces. En contextos de estrés climático y presión humana, los arrecifes que reciben este refuerzo de nutrientes vía colonias de aves marinas parecen mostrar una mayor capacidad de recuperación y resiliencia.
Proyecto MARAVES: pesca y conservación remando en la misma dirección
En el Mediterráneo español, el proyecto MARAVES de SEO/BirdLife ha dado un salto cualitativo en el conocimiento y la mitigación de las capturas accidentales de aves marinas, apostando por un enfoque muy práctico: trabajar codo con codo con el sector pesquero, tanto profesional como recreativo. El objetivo central ha sido entender mejor cuándo, cómo y por qué se producen estas capturas y poner en marcha medidas para reducirlas al mínimo.
Durante dieciocho meses, una docena de pescadores profesionales de Catalunya y Baleares ha colaborado estrechamente con el equipo marino de SEO/BirdLife. Estos pescadores han rellenado cuadernos de seguimiento detallando el bycatch, aportando datos que serían imposibles de recoger únicamente con observadores científicos. Al mismo tiempo, han compartido su experiencia para diseñar y probar medidas de mitigación adaptadas a la realidad del palangre de fondo y otras artes.
Entre las soluciones ensayadas destaca la llamada “línea espantapájaros”, una cuerda de unos 50 metros equipada con cintas de colores y boyas que se coloca paralela al palangre durante la largada. Este sistema visual disuade a las aves de lanzarse a por los anzuelos en superficie, reduciendo así el riesgo de quedar enganchadas. Su uso ya había demostrado eficacia en otras pesquerías, por lo que el proyecto centró buena parte de sus pruebas en adaptarla al contexto mediterráneo.
Las experiencias piloto realizadas en colaboración con la Confraria de Pescadors de Blanes arrojaron resultados prometedores: la línea espantapájaros se mostró manejable, bien aceptada por el sector y con potencial para rebajar significativamente las capturas accidentales. Además, se llevaron a cabo ensayos sobre distintas configuraciones de pesos en el palangre de fondo para acelerar la velocidad de hundimiento de los anzuelos, reduciendo así la “ventana de riesgo” en superficie donde más aves tienden a interaccionar.
En paralelo al trabajo con la flota profesional, MARAVES ha introducido una novedad relevante respecto a proyectos previos como ZEPAMED y ZEPAMAR: la implicación activa del sector de la pesca recreativa. De la mano de la entidad Scientific Angler, que promueve una pesca más sostenible, se organizaron jornadas divulgativas y salidas al mar donde técnicos de SEO/BirdLife acercaron el fascinante mundo de las aves marinas a pescadores aficionados.
Para facilitar este acercamiento se elaboró un folleto específico que explica la relación entre aves marinas y pesca recreativa, muestra las especies más habituales en el Mediterráneo y subraya los beneficios de velar por su conservación. Además, se animó a los participantes a involucrarse en plataformas de ciencia ciudadana como la app Bycatch, que permite notificar de forma anónima capturas accidentales, y eBird, la gran base de datos global de observaciones ornitológicas.
El proyecto también ha impulsado el seguimiento avanzado de pardelas mediante emisores GPS con sensores de profundidad y aceleración, además de anillas de lectura a distancia. Estos dispositivos proporcionan una radiografía muy fina de la ecología de alimentación de estas aves: profundidades de buceo, zonas de máxima actividad, horarios y rutas, algo clave para evaluar con más precisión el riesgo de interacción con distintas artes de pesca.
Gracias a décadas de trabajo acumulado en la relación aves marinas-pesca, y a los avances de proyectos como MARAVES, SEO/BirdLife se ha consolidado como interlocutor de referencia para administraciones que deben diseñar y aplicar planes nacionales y autonómicos de reducción de capturas accidentales. El proyecto ha contado con el apoyo del Programa Pleamar de la Fundación Biodiversidad, cofinanciado por la Unión Europea a través del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA).
El increíble efecto del guano: de suelos muertos a islas rebosantes de vida
En islas de todos los océanos se está observando un fenómeno esperanzador: el regreso de colonias de aves marinas a lugares de los que habían desaparecido durante décadas, con una transformación ambiental sorprendente en muy pocos años. Cuando estas aves recuperan antiguas áreas de cría, reactivan un “circuito de nutrientes” que conecta mar y tierra a un ritmo que difícilmente se logra con intervenciones humanas puntuales.
Las colonias no se recuperan poco a poco, individuo a individuo, sino en forma de “paquetes”: grupos de aves coloniales que vuelven a ocupar de manera masiva una isla o un islote, estableciendo zonas de posadero, lugares de nidificación y un ruido constante de vocalizaciones durante la temporada reproductora. Este comportamiento, que incluye una fuerte fidelidad al lugar de nacimiento, hace que el retorno sea muy visible y concentrado en el espacio y el tiempo.
En Brasil se han documentado regresos significativos en archipiélagos como Alcatrazes, frente a São Paulo, así como en sistemas oceánicos de alto valor ecológico como Fernando de Noronha y el Atolón de Rocas. Los protagonistas de esta vuelta son grupos típicos de aves marinas coloniales: piqueros (incluido el piquero pardo o marrón y, en otros contextos, el de patas rojas), fragatas, petreles, albatros, pardelas y charranes conocidos localmente como “trinta-réis”.
Lo decisivo no es solo la lista de especies, sino su forma de vida. Estas aves suelen ser muy fieles a sus zonas de cría y tienden a regresar a los mismos enclaves cuando las condiciones vuelven a ser seguras. Utilizan las islas como plataformas de descanso, lugares de cortejo y crianza, y desde ahí continúan sus viajes de alimentación mar adentro, cerrando así el ciclo de transporte de nutrientes.
En islas que durante años se describían como “desiertos de aves” o “suelos muertos”, la acumulación diaria de guano genera un cambio de nivel en cuatro frentes: aporte de nutrientes esenciales (nitrógeno, fósforo y micronutrientes), reactivación del microbioma del suelo, mejora de las propiedades físicas y químicas del sustrato (pH, retención de agua) y establecimiento de un ciclo auto-reforzado donde más aves significan más fertilidad, más vegetación y mayor estabilidad de la colonia.
El resultado es que superficies que parecían meros pedregales empiezan a comportarse como suelo vivo, con mayor humedad y actividad biológica. Esto crea las condiciones mínimas para que se inicie la sucesión vegetal: primero plantas pioneras capaces de aprovechar la fertilización intensa, después matorrales y, en algunos casos, formaciones vegetales más complejas que consolidan el terreno, reducen la erosión y generan nuevos hábitats para invertebrados, reptiles y otras aves.
El efecto del guano no termina en el límite de la línea de costa. La lluvia arrastra parte de esos nutrientes a las aguas adyacentes, alimentando fitoplancton y algas, lo que se traduce en más alimento para invertebrados marinos, peces y, en última instancia, para los propios depredadores tope de la cadena. En zonas de arrecife, se han observado aumentos en el crecimiento de los corales y en la biomasa de peces asociados, lo que implica que las colonias de aves marinas actúan como una suerte de “infraestructura ecológica” que refuerza dos ecosistemas a la vez.
Amenazas históricas: depredadores invasores, pérdida de hábitat y presión humana
Si muchas de estas islas se quedaron sin aves marinas durante tanto tiempo no fue por casualidad. La principal causa señalada en numerosos estudios es la presencia de depredadores invasores introducidos por el ser humano: ratas, gatos y cerdos que llegaron a bordo de barcos, fueron liberados deliberadamente o escaparon de recintos de cría.
Estas especies exóticas encuentran en las islas un banquete fácil: huevos, pollos y adultos de aves marinas que han evolucionado sin mamíferos depredadores y carecen de estrategias defensivas adecuadas. El resultado ha sido, en muchas ocasiones, el colapso total de colonias que llevaban siglos ocupando las mismas rocas, con la consiguiente ruptura del ciclo de nutrientes y la degradación progresiva de los ecosistemas insulares.
Otro factor clave ha sido la transformación del hábitat, desde la eliminación de vegetación nativa para instalar cultivos o pastos, hasta la urbanización costera y la construcción de infraestructuras. Estos cambios a menudo destruyen o alteran microhábitats esenciales para la nidificación, reducen la cobertura que protege a los nidos y facilitan aún más la acción de depredadores oportunistas.
Históricamente, también ha influido de manera notable la explotación directa de las aves marinas y sus recursos: caza de adultos, recolección sistemática de huevos para alimentación humana y extracción masiva de guano como fertilizante agrícola. En algunos archipiélagos, estas prácticas vaciaron en pocas temporadas colonias que parecían inagotables.
A todo ello se suman las presiones que operan fuera de las islas: pesquerías que compiten por el mismo recurso trófico, capturas accidentales en artes de pesca, contaminación por plásticos e hidrocarburos, y las alteraciones derivadas del cambio climático, como el aumento de la temperatura del agua o la modificación de corrientes oceánicas. Incluso cuando un lugar vuelve a presentar un aspecto aparentemente adecuado, las poblaciones pueden tardar en recuperarse si el entorno marino sigue sometido a fuertes presiones.
A la vista de este contexto, muchos expertos cuestionan cómo debería organizarse la protección en torno a las islas. Gana peso la idea de establecer zonas de protección más estrictas alrededor de colonias de aves marinas, no solo para salvaguardar los nidos en tierra, sino también para asegurar el efecto positivo que generan sobre suelos y arrecifes de coral mediante el flujo continuo de nutrientes.
Cómo se recuperan las colonias: erradicación, atracción social y traslocación
La buena noticia es que la recuperación de aves marinas no depende únicamente de la suerte. En numerosos archipiélagos se están aplicando estrategias activas de restauración que combinan medidas de manejo directo, técnicas de “ingeniería social” para aves y, en casos concretos, traslado físico de pollos desde colonias sanas.
El primer paso ineludible es la erradicación de depredadores invasores como ratas y gatos. Sin eliminar esta amenaza, cualquier intento de recolonización está condenado a fracasar a medio plazo. Los programas de control y erradicación suelen ser costosos y técnicamente complejos, pero han demostrado un enorme retorno ecológico cuando se planifican bien y se mantiene la vigilancia para evitar reinvasiones.
Una vez que la isla es de nuevo segura, surge un problema curioso: las aves coloniales tienden a evitar lugares excesivamente silenciosos y vacíos. Para superar este “miedo al vacío”, se recurre a la llamada atracción social, una batería de técnicas pensadas para simular la presencia de una colonia activa y así animar a las aves a instalarse.
Estas técnicas incluyen la colocación de señuelos (réplicas de aves colocadas como si estuvieran descansando o incubando), la instalación de sistemas de sonido que reproducen el bullicio de una colonia real y, en algunos proyectos, el uso de espejos u olores que refuerzan la sensación de actividad. Cuando alrededor hay todavía colonias cercanas, estos estímulos pueden bastar para atraer a los primeros colonizadores, que con el tiempo irán tirando del resto de la población.
Sin embargo, en islas donde las colonias desaparecieron hace mucho y ya no quedan fuentes cercanas de dispersión, entra en juego la traslocación de pollos. La idea es trasladar crías desde colonias saludables a la nueva isla unas semanas antes de que sean capaces de volar. Allí reciben alimentación asistida hasta independizarse y fijan ese lugar como referencia geográfica.
Cuando alcanzan la madurez y regresan al área donde emprendieron su primer vuelo, se convierten en el núcleo fundacional de una nueva colonia. Esta técnica, combinada con la atracción social y la protección del hábitat, está detrás de varios de los casos de recuperación más espectaculares documentados en el Pacífico, México, las Malvinas y distintas islas del Atlántico Sur y del litoral brasileño.
Perspectiva brasileña: Alcatrazes, Santa Catarina y el papel de las islas
En Brasil, las islas y archipiélagos oceánicos juegan un papel estratégico en la reproducción, descanso y alimentación de numerosas aves marinas. Lugares como Alcatrazes (São Paulo), Fernando de Noronha y el Atolón de Rocas concentran una biodiversidad altísima y son especialmente sensibles a cualquier cambio, desde la introducción de especies invasoras hasta el turismo descontrolado.
En el litoral de Santa Catarina se están desarrollando programas de rehabilitación y liberación de aves marinas, vinculados a instituciones como la Universidad del Valle de Itajaí (Univali) y a iniciativas como el Proyecto Albatros. Estos programas recuperan aves heridas o debilitadas y las devuelven al mar en condiciones adecuadas, reduciendo la mortalidad asociada a eventos climáticos extremos, contaminación o interacción con la pesca.
Alcatrazes se menciona como un ejemplo claro de cómo la protección adecuada puede favorecer el regreso de especies emblemáticas. Allí se han registrado nuevamente colonias de piquero pardo y charranes “trinta-réis”, lo que indica una mejora en la seguridad del entorno y en la disponibilidad de recursos. En Fernando de Noronha y el Atolón de Rocas, los sistemas de monitoreo permiten seguir de cerca la situación de las colonias y reaccionar con rapidez ante posibles amenazas.
El reto, en cualquier caso, pasa por mantener el delicado equilibrio entre conservación y uso humano. Cualquier alteración significativa en estas islas se refleja de inmediato en las poblaciones de aves marinas, y a su vez en el aporte de guano, la fertilidad del suelo y la salud de los arrecifes cercanos. Por eso, las decisiones de gestión deben considerar no solo la biodiversidad insular, sino también la conectividad ecológica con el océano circundante.
La ciencia ciudadana y las aves orilladas: el programa ICAO
Mientras algunas colonias se recuperan, otros indicadores nos recuerdan la fragilidad de las aves marinas. A inicios de 2024, y especialmente durante la primera semana de febrero, se detectó una mortandad inusual de araos comunes en toda la fachada atlántica y cantábrica de la península ibérica. Esta especie se reproduce principalmente en las Islas Británicas, Irlanda, Islandia y Escandinavia, y utiliza las costas ibéricas como zona de invernada.
Los primeros análisis apuntan a que muchas de las aves que aparecieron en la costa presentaban una condición física muy pobre, llegando extremadamente debilitadas o ya muertas. Para poder evaluar correctamente la magnitud y las causas de episodios así, SEO/BirdLife y su Grupo de Trabajo de Aves Marinas (GTAM) impulsan la Campaña de Inspección Costera de Aves Orilladas (ICAO), basada en la participación ciudadana.
ICAO consiste en realizar recorridos a pie por las playas, registrando todos los ejemplares de fauna marina (aves, mamíferos y tortugas) que aparecen varados en la orilla. La herramienta central del programa es la app ICAO, disponible en Google Play y App Store y desarrollada en el marco de los proyectos LIFE Intemares y LIFE Seabil. La aplicación, operativa en España, Portugal y Francia en sus respectivos idiomas, graba la ruta recorrida y permite subir fotografías y datos básicos de cada animal encontrado.
Con más de un millar de usuarios registrados, la app ha permitido recopilar información sobre más de 2.000 aves orilladas entre 2021 y 2023, con una media aproximada de 0,65 aves por kilómetro recorrido. Entre las especies más frecuentes destacan frailecillos, alcas, alcatraces, gaviotas, araos y cormoranes. Estos datos ayudan a entender la mortalidad “de fondo” que sufren las aves marinas y a contextualizar episodios puntuales de mortalidad masiva.
Durante el invierno, es relativamente habitual que temporales fuertes debiliten a las aves, que mueren en el mar y aparecen arrastradas por las mareas. Sin embargo, la información obtenida a través de ICAO y otras fuentes durante el invierno 2022/2023 permitió documentar un episodio especialmente grave, que afectó sobre todo al frailecillo atlántico. Se registraron más de 2.000 individuos muertos, principalmente en el Cantábrico, Galicia y las islas Canarias.
Contar con estos registros no solo sirve para describir eventos “naturales”; también permite detectar señales de problemas asociados a actividades humanas, como vertidos de petróleo, contaminación plástica o capturas accidentales en determinadas zonas o periodos. La llamada “mortalidad de fondo” es una referencia imprescindible para identificar cuándo un aumento de aves orilladas está fuera de lo normal y puede indicar un impacto específico, como sucedió recientemente con el episodio de liberación masiva de pellets plásticos en la costa gallega.
Los recorridos de ICAO se pueden realizar en cualquier momento del año, aunque en situaciones de alerta se pide un esfuerzo adicional durante periodos concretos. Al encontrar un ave orillada, ya sea viva y en mal estado o muerta, se recomienda no manipularla y avisar al 112 o al centro de recuperación de fauna silvestre más cercano para que valore la actuación adecuada. La información recogida se traduce, después, en mejores diagnósticos de amenazas y en medidas más ajustadas a la realidad del mar.
En paralelo, SEO/BirdLife sigue insistiendo en la importancia del apoyo social continuado a través de socios y socias que respaldan la defensa de las aves y la naturaleza. Estos apoyos permiten mantener programas de seguimiento, campañas de ciencia ciudadana y proyectos de conservación que, como MARAVES o ICAO, requieren estabilidad y recursos en el tiempo.
Todo este conjunto de experiencias muestra que mantener a las aves marinas a salvo es mucho más que evitar su desaparición: significa asegurar el flujo de nutrientes entre océano y tierra, regenerar islas degradadas, reforzar arrecifes de coral y disponer de sistemas de alerta temprana frente a impactos en el medio marino. La combinación de ciencia, colaboración con pescadores, restauración de islas y participación ciudadana está cambiando el panorama a una velocidad que, hace pocos años, habría parecido impensable.