- El festival del pueblo de Lai Yen se celebra en la laguna Kinh Thien Dai durante el primer mes lunar, con una multitud llegada de todo Hoai Duc y alrededores.
- El juego central consiste en atrapar patos en equipos de tres personas, con rondas de 8 minutos y premios económicos que pueden llegar hasta los 5 millones de VND.
- La competición combina habilidad para nadar, trabajo en equipo y estrategia para acorralar a los patos, y simboliza oraciones por buenas cosechas, agua abundante y prosperidad.
- Se trata de una tradición centenaria transmitida de generación en generación, que refuerza la identidad comunitaria y sigue atrayendo cada año a más jóvenes y visitantes.

En el corazón del distrito de Hoai Duc, en Hanói, el pequeño pueblo de Lai Yen se transforma cada primer mes lunar en un auténtico hervidero de gente y colores. Miles de vecinos y visitantes se congregan alrededor del estanque Kinh Thien Dai para seguir muy de cerca el tradicional festival del pueblo de Lai Yen para atrapar patos, una costumbre que se ha mantenido viva durante generaciones.
Más allá de la anécdota y del componente festivo, esta cita encierra una profunda carga simbólica y comunitaria. El popular juego de captura de patos combina espíritu deportivo, creencias agrarias y cohesión social, convirtiéndose en una de las celebraciones folclóricas más singulares del delta del norte de Vietnam y en un claro ejemplo de cómo una tradición local puede seguir teniendo tirón en pleno siglo XXI.
Un estanque convertido en epicentro del festival
Cada año, en torno al duodécimo día del primer mes lunar, la laguna Kinh Thien Dai, situada frente a la casa comunal de Lai Yen, se convierte en el escenario principal del evento. A las 14:00 horas, cuando arranca el juego, la orilla del estanque ya está completamente abarrotada: no queda un hueco libre alrededor del agua, y quienes llegan tarde se ven obligados incluso a subirse a tejados cercanos para poder seguir la competición.
Desde primera hora de la mañana, los lugareños preparan el entorno y reciben a los turistas que llegan desde otros rincones de Hanói e incluso desde más lejos. El murmullo del público, los puestos improvisados y los gritos de los vendedores configuran un ambiente típico de las grandes fiestas de primavera, en el que la vida del pueblo parece girar por completo en torno al estanque comunitario.
Los patos que participan en el juego son animales sanos y robustos, criados por los propios vecinos. Los residentes donan voluntariamente entre 20 y 30 patos cada edición, que se guardan en corrales cercanos hasta el momento de soltarlos al agua. Esta aportación vecinal es clave para que la tradición siga adelante año tras año sin perder su carácter colectivo.
Cuando se acerca la hora señalada, el bullicio sube de intensidad. Las barandillas que rodean la laguna se llenan de niños que se sientan a ras de suelo para no perder detalle, mientras los adultos se amontonan detrás. Los vítores, risas y gritos de ánimo resuenan en todo el perímetro del estanque, anticipando la emoción de las carreras bajo el agua.
Reglas del juego: rondas breves, tensión máxima
El juego de atrapar patos en Lai Yen está regulado por unas normas sencillas pero exigentes. Cada equipo está formado por tres jóvenes, que deben entrar al estanque cuando los organizadores dan la señal. Las rondas duran 8 minutos, un tiempo que puede parecer corto pero que se hace largo cuando hay que perseguir a un pato escurridizo en aguas profundas.
En cada turno, los encargados del festival sueltan uno o varios patos en el centro de la laguna. A continuación, tres participantes se lanzan al agua de manera simultánea para tratar de capturarlos. Para poder competir, los jóvenes tienen que dominar la natación y soportar bien el esfuerzo físico, ya que el juego exige bucear, cambiar de dirección constantemente y reaccionar con rapidez a los movimientos del animal.
Una de las claves del espectáculo es el tamaño del estanque. El Kinh Thien Dai es lo suficientemente grande como para que los patos puedan sumergirse, desaparecer unos segundos y reaparecer lejos de los jugadores, lo que genera escenas de persecución dignas de una película. Los participantes se ven obligados a calcular por intuición hacia dónde saldrá el pato tras cada inmersión, y no es raro que el público estalle en carcajadas cuando el animal consigue escaparse en el último segundo.
En las últimas ediciones, el tiempo de cada ronda se ha reducido respecto a décadas anteriores: antiguamente las pruebas podían alargarse hasta los 15 minutos, mientras que ahora se concentran en estos ochos minutos de máxima adrenalina. El cambio hace que la competición sea más dinámica y mantiene al público en tensión de principio a fin.
Los organizadores se encargan de supervisar que los equipos respeten las reglas básicas del juego: no se permiten objetos que puedan dañar a los animales, ni maniobras peligrosas entre jugadores. La idea es preservar el carácter lúdico y deportivo de la prueba, evitando incidentes que puedan empañar el ambiente festivo.
Estrategia, coordinación y técnica bajo el agua
Capturar un pato en un estanque profundo no es tarea sencilla, y la experiencia demuestra que no basta con lanzarse al agua sin más. Los participantes más veteranos insisten en que la clave está en la coordinación entre los tres miembros del equipo y en saber leer el comportamiento del animal. Suelen intentar guiarlo hacia una esquina del estanque, cerrando poco a poco las posibles vías de escape.
Para ello, los jóvenes se reparten el espacio, nadan en formación y tratan de anticipar hacia dónde se dirigirá el pato en cada giro. En muchas ocasiones, el animal aprovecha cualquier resquicio para sumergirse y salir por un lateral inesperado, dejando a los jugadores descolocados. Esta dinámica genera escenas de persecuciones frenéticas bajo el agua, con los participantes entrando y saliendo de la superficie entre los aplausos del público.
Jugadores como Nguyen Quang Tien explican que, en una de sus participaciones, necesitó casi siete minutos de esfuerzo continuo para lograr hacerse con un pato valorado en 3,3 millones de dong vietnamitas. Relata que lo más complicado fue precisamente el momento final: cuando estaba a punto de alcanzarlo, el pato desaparecía en el agua y volvía a emerger unos metros más allá, obligándole a empezar de nuevo la persecución.
Otros, como el joven Vu Tien Quyet, se han convertido casi en leyendas locales del festival. Con apenas 22 años, ha conseguido encadenar varias victorias en temporadas consecutivas, llegando a hacerse en una edición con un premio cercano a los 4 millones de VND tras una rápida captura de apenas tres minutos. Su experiencia demuestra que, con práctica y buena lectura del entorno, es posible dominar un juego que, a simple vista, parece caótico.
También hay historias de debutantes que sorprenden al público. Tuan Anh, de 21 años, participó por primera vez y, a pesar de no contar con la misma experiencia que otros competidores, supo adaptarse al ritmo del juego y atrapar un pato a la primera, llevándose un premio de 200.000 VND entre los entusiastas vítores de los espectadores. Casos como el suyo animan a muchos jóvenes a probar suerte en ediciones posteriores.
Premios en metálico y suerte para todo el año
Uno de los incentivos que más contribuye a la emoción del festival es el sistema de premios. Cada vez que un jugador o un equipo consigue atrapar un pato, los organizadores entregan una recompensa económica que puede ir desde los 200.000 dong hasta los 5 millones de VND, dependiendo del patrocinio aportado por los residentes y por mecenas locales. Cuanto más especial o valorado sea el pato, mayor suele ser la gratificación.
Además de la recompensa en efectivo, los ganadores pueden llevarse el pato capturado a casa. Para muchas familias, compartir ese animal en una comida posterior simboliza compartir la buena fortuna obtenida en el estanque, de modo que la victoria se convierte en una celebración que va más allá del ámbito del juego. No es raro que los equipos posen orgullosos con sus patos al final de cada ronda, rodeados de amigos y familiares.
Según las creencias de los habitantes de Lai Yen, participar en la competición de caza de patos es una forma de pedir agua abundante, cosechas prósperas y descendencia sana y talentosa. Se considera que la suerte de quienes atrapan un pato se extenderá a lo largo del año, tanto en el campo como en la vida familiar. Esta dimensión simbólica explica por qué algunas familias acumulan varias generaciones de participación en el juego.
Hay vecinos que cuentan que sus abuelos ya se lanzaban al Kinh Thien Dai cuando eran jóvenes, y que ahora son sus hijos y nietos quienes mantienen viva la tradición. En algunos casos, tres generaciones de la misma familia han competido en este mismo estanque, reforzando la idea de que el festival es un hilo conductor entre pasado y presente en la comunidad de Lai Yen.
Con el paso del tiempo, el volumen de premios ha aumentado gracias al crecimiento económico y al mayor patrocinio local, lo que también ha contribuido a que el festival gane visibilidad fuera de la comuna. Sin embargo, los vecinos insisten en que, pese al dinero en juego, el corazón de la celebración sigue siendo la diversión colectiva y el deseo compartido de prosperidad, más que la mera competencia.
Un clímax espectacular: todos los patos al agua
Si el desarrollo de las rondas ya es intenso, el momento más esperado llega al final de la jornada. Cuando las pruebas individuales terminan, los organizadores suelen liberar en el estanque todos los patos que aún quedan sin capturar, dando paso a una carrera multitudinaria que se convierte en el gran espectáculo del día.
En ese instante, decenas de jóvenes se lanzan al unísono a las aguas del Kinh Thien Dai. El estanque se llena de chapoteos, gritos y risas, mientras los patos tratan de escapar en todas direcciones. El público responde con una larga ovación y redobla los ánimos, creando un ambiente que muchos vecinos describen como el verdadero punto álgido del festival.
En esta fase final, la competición se vuelve todavía más imprevisible: con tantos jugadores y patos en movimiento, es prácticamente imposible seguir cada captura al detalle. Lo importante ya no es tanto quién gana qué premio, sino disfrutar del caos organizado que se genera en el agua y de la sensación de fiesta compartida entre todos los presentes.
Las imágenes de esta última carrera, con el estanque completamente cubierto de cabezas asomando y patos surcando la superficie, se han convertido en una estampa clásica de las celebraciones de primavera en Lai Yen. Para muchos visitantes, es el momento que mejor resume el espíritu del festival: diversión, camaradería y tradición popular en un mismo escenario.
Una vez termina la prueba, las orillas se van despejando poco a poco. Los equipos posan con sus capturas y algunas familias se apresuran a regresar a casa para preparar la cena. Sin embargo, el eco de los gritos, la música y las risas permanece aún un buen rato en el ambiente, como recordatorio de un día que marca simbólicamente el arranque del nuevo año lunar en la comuna.
Un legado cultural que se mantiene vivo
El juego de atrapar patos en Lai Yen no es un simple divertimento de temporada. Los ancianos del pueblo recuerdan que esta práctica se lleva celebrando desde hace siglos, y que ha pasado de padres a hijos como parte inseparable de los festivales de primavera de la comuna. A pesar de los cambios sociales y económicos, la comunidad ha sabido proteger esta tradición y adaptarla a los tiempos actuales sin perder su esencia.
La competición cumple varias funciones a la vez. Por un lado, ofrece a los jóvenes un espacio donde demostrar fuerza física, agilidad y valentía. Por otro, refuerza los lazos entre vecinos, ya que la preparación del festival implica la participación de gran parte de la comunidad: desde quienes donan los patos hasta quienes organizan las rondas, gestionan los premios o se encargan de mantener el orden en las orillas.
Asimismo, el festival funciona como un escaparate de la cultura local para quienes llegan desde fuera. Turistas nacionales y extranjeros que se acercan a la laguna Kinh Thien Dai descubren una manifestación viva de folclore rural, muy distinta a los eventos más comercializados de las grandes ciudades. La autenticidad del ambiente, con sus improvisaciones y su fuerte componente comunitario, es uno de los elementos que más sorprenden a los recién llegados.
La prensa vietnamita suele hacerse eco del festival año tras año, destacando tanto el carácter pintoresco del juego como su trasfondo simbólico ligado a la agricultura y al agua. Para las autoridades locales, preservar este tipo de celebraciones supone proteger una parte importante del patrimonio inmaterial de la región, a la vez que se fomenta un turismo más respetuoso y centrado en la cultura.
En un contexto global en el que muchas tradiciones rurales han ido desapareciendo, el caso de Lai Yen muestra cómo una comunidad puede mantener vivas sus costumbres si las siente como propias y significativas. El festival de atrapar patos sigue siendo, hoy en día, un momento clave en el calendario del pueblo, esperado con ilusión tanto por quienes compiten en el agua como por quienes se limitan a mirar y animar desde la orilla.
Con sus carreras bajo el agua, sus premios en metálico y su simbología ligada a la buena fortuna, la fiesta del pueblo de Lai Yen para atrapar patos se mantiene como un ejemplo palpable de cómo la tradición y la vida cotidiana pueden ir de la mano. Año tras año, el estanque Kinh Thien Dai reúne a generaciones distintas en torno a un mismo juego, reforzando la identidad de la comunidad y renovando, entre chapoteos y carcajadas, el deseo colectivo de prosperidad y unión.