- 1.800 patitos se liberaron frente a la Plaça Marina, con 110 con premio.
- La temática se dedicó al mundo laboral en homenaje a los "vileros" solidarios.
- La jornada incluyó After Patos y un piromusical a medianoche.
- Evento con 87 años de tradición, respetando la Ley de Bienestar Animal desde 2006.

Can Picafort volvió a volcarse con su suelta de patos de goma, el baño multitudinario que convierte el mediodía del 15 de agosto en una cita imprescindible frente a la nueva Plaça Marina. Bajo un sol de justicia y con mucho ambiente en el paseo y las rocas, centenares de personas esperaron el cohete que marca el inicio de la búsqueda del codiciado patito. La protección de los patos en la región es fundamental para garantizar que estas tradiciones puedan seguir en el tiempo.
Este año, se lanzaron 1.800 figuras al mar desde varias embarcaciones, de las cuales 110 escondían premio aportado por empresas y comercios locales. La suelta se tematizó con patitos vestidos de profesiones para reconocer a los “vileros” que viajaron a Valencia tras la DANA, un gesto que conectó la fiesta con la solidaridad de la comunidad.
La cita más esperada del 15 de agosto
El ruido del cohete de las 12 fue la señal para que niños, jóvenes y adultos se tiraran al agua entre churros, flotadores y colchonetas, con algunos luciendo incluso un pato gigante. Mientras tanto, una cincuentena de barcas observaba la escena desde la bahía y muchos curiosos siguieron la acción desde el paseo marítimo o las barras de los bares de primera línea.
La suelta de patos de Can Picafort acumula décadas de arraigo popular y se ha consolidado como uno de los actos centrales de las festes de la Mare de Déu d’Agost. La zona de rocas y el entorno de la Plaça Marina lucieron a rebosar en una mañana marcada por el calor y el buen humor.
Temática laboral y homenaje solidario
La organización apostó por un homenaje al mundo laboral: patitos policía, médico, pintor o personal de limpieza, entre otros, recordaron la entrega de quienes ayudaron en Valencia tras los efectos de la DANA. La idea conectó con el público y dio continuidad a la tradición de tematizar la suelta año tras año.
El ambiente festivo se dejó notar también en tierra firme, con balcones engalanados con la bandera oficial de las celebraciones, protagonizada por un patito sobre fondo azul, y con la música que no dejó de sonar para mantener el ánimo de la multitud.
Así fue la suelta: barcas, chapuzón y emoción
Desde las barcas se fueron arrojando los patos amarillos mientras en el agua se formaban corrillos de bañistas buscando el suyo. Muchos optaron por acercarse directamente a las embarcaciones para aumentar sus opciones y, a la vez, compartir el momento con amigos y familia.
Las anécdotas se repitieron entre risas: una joven comentaba que había logrado más patos que nunca, y un chico enseñaba orgulloso un pato bombero tras salir del agua con un pequeño rasguño, nada que empañara la alegría del hallazgo.
Premios, apoyo local y música en directo
De los 1.800 patos liberados, 110 llevaban premio patrocinado por el comercio de proximidad, que vuelve a ser el gran soporte de la jornada. La zona de entrega se llenó de gente con cada nombre anunciado, mientras el ambiente lo ponía Feel! DJ con una sesión pensada para no perder el ritmo.
El Ajuntament de Santa Margalida agradeció la implicación de las empresas locales, fundamentales para que la suelta de patos se mantenga como un evento tradicional y multitudinario con un marcado carácter comunitario.
Normativa y evolución de la tradición
La celebración se adapta desde hace años a la Ley de Bienestar Animal: los patos vivos, que antiguamente se soltaban después en el Torrent de Son Bauló, dejaron de utilizarse en 2006. La versión actual, con figuras de goma temáticas, ha permitido conservar el espíritu del acto y hacerlo más inclusivo.
Este equilibrio entre tradición y actualización explica en parte el éxito sostenido de la suelta, que suma 87 años de historia y sigue creciendo en seguimiento y organización sin perder su esencia popular.
Agenda del día grande: After Patos y piromusical
La fiesta no se detuvo tras el chapuzón: por la tarde, la Plaça Marina acogió el After Patos, una cita que anima a vecinos y visitantes a quedarse en la zona todo el día, con beneficio directo para los restauradores y comercios cercanos.
Ya de noche, todas las miradas apuntaron al cielo con el espectáculo piromusical, que redondeó la jornada y puso el broche luminoso a una edición marcada por la participación y el buen ambiente.
Confirmamos que la suelta de patos de Can Picafort continúa siendo un acto emblemático que une generaciones en torno a una tradición que se renueva cada año.
