- Investigadores de la Universidad de Granada crean una córnea artificial a partir de escamas de peces comunes como la carpa o la gallineta.
- El biomaterial es transparente, resistente y altamente biocompatible, con resultados positivos en laboratorio y en animales.
- El implante pretende reducir la dependencia de donantes humanos y de las listas de espera para trasplantes de córnea.
- El proyecto revaloriza residuos de la pesca, encaja en la economía circular y cuenta con financiación del Instituto de Salud Carlos III.

La respuesta a la falta de córneas para trasplantes podría estar, literalmente, en el mar. Investigadores de la Universidad de Granada han demostrado que las escamas de peces, un residuo que normalmente acaba en la basura, pueden transformarse en un sustituto viable de la córnea humana. El avance sitúa a España en una posición destacada en el campo de la medicina regenerativa ocular.
Este nuevo modelo de córnea artificial elaborada con escamas de pescado se ha probado ya en laboratorio y en animales de experimentación, con resultados que los investigadores califican de muy prometedores. Aunque todavía queda recorrido antes de llegar a los hospitales, el trabajo abre una vía alternativa para muchos pacientes que dependen hoy casi exclusivamente de la donación de órganos.
Un problema de visión… y de dependencia de donantes
La córnea es la parte transparente que recubre la parte anterior del ojo y permite el paso de la luz hacia el interior, contribuyendo a enfocar correctamente las imágenes sobre la retina. Sin embargo, se trata de un tejido sin vasos sanguíneos, algo que le da transparencia pero complica enormemente su capacidad de reparación cuando sufre traumatismos, infecciones o enfermedades degenerativas.
Debido a esta limitada capacidad de regeneración, las patologías corneales graves suelen requerir un trasplante: se retira la córnea dañada y se sustituye por otra sana procedente de una persona fallecida. En España, miles de pacientes recuperan visión cada año gracias a este procedimiento, pero el sistema sigue condicionado por las listas de espera y la necesidad de contar con suficientes donantes.
Los especialistas llevan tiempo advirtiendo de que, por muy buenos que sean los resultados del trasplante convencional, no es una solución infinita. Cada nuevo caso de enfermedad corneal grave vuelve a poner sobre la mesa la misma pregunta: qué hacer cuando la demanda de tejido supera a la disponibilidad real de donaciones, dentro y fuera de nuestro país.
En este contexto, el desarrollo de nuevos biomateriales que imiten la córnea humana y no dependan de donantes se ha convertido en una prioridad en oftalmología, tanto en Europa como a nivel internacional. Es aquí donde encaja el trabajo que se está llevando a cabo en Granada, apostando por una solución tan poco habitual como las escamas de pez.

De la pescadería al laboratorio: cómo nace una córnea artificial
El proyecto está liderado por el Grupo de Ingeniería Tisular del Departamento de Histología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada, en colaboración con el Instituto de Investigación Biosanitaria ibs.Granada. El equipo ha trabajado con escamas de distintas especies de peces de consumo habitual, como carpas, sargos, salmones o gallinetas del Mediterráneo.
Según explican los investigadores, estas escamas presentan características histológicas y un contenido en proteínas muy similares al tejido de la córnea humana. Además, combinan rigidez suficiente para mantener la forma del ojo con una cierta flexibilidad que facilita su implantación quirúrgica, algo esencial para que el paciente pueda tolerar bien el injerto.
El proceso no consiste solo en “pegar” una escama al ojo, ni mucho menos. Las escamas son sometidas a un complejo tratamiento de desmineralización y descelularización, en el que se elimina el calcio y se retiran las células propias del pez. De esta forma, se reduce el riesgo de rechazo y se acondiciona la superficie para que las células corneales del paciente puedan crecer sobre el nuevo soporte.
Una vez procesado, el material resultante es un biotejido transparente, resistente y biocompatible, capaz de soportar las tensiones que se producen de manera natural en el globo ocular. Los ensayos realizados hasta la fecha indican que el implante no es tóxico y que se integra correctamente en el tejido ocular de los animales en los que se ha probado.
La idea original de aprovechar este recurso partió de la catedrática de Histología Ingrid Garzón, que vio en las escamas un candidato ideal para la ingeniería tisular. Junto al catedrático Miguel Alaminos y otros equipos del Hospital Universitario Clínico San Cecilio y del Parque Tecnológico de la Salud de Granada, han ido perfilando un modelo de córnea artificial que busca ser lo más biomimético posible.
Resultados positivos en laboratorio y en animales
El análisis detallado de las escamas ha demostrado su utilidad potencial para la reparación y regeneración de la córnea. En las pruebas in vitro, las células corneales han mostrado una buena capacidad para adherirse y crecer sobre el biomaterial procedente de pez, manteniendo su funcionalidad.
En una segunda fase, el equipo ha llevado a cabo ensayos en animales de experimentación, con implantes que han permitido reparar la estructura ocular sin signos de toxicidad ni rechazo significativo. Según los responsables del estudio, estos modelos animales aportan evidencias sólidas de que el tejido derivado de escamas puede comportarse de forma similar a la córnea humana.
Aun así, los investigadores insisten en que queda un “largo recorrido” antes de su uso en pacientes. El material deberá superar diferentes etapas: primero la validación completa en laboratorio, después más estudios in vivo con criterios reguladores estrictos y, finalmente, ensayos clínicos en humanos en entornos controlados, como las denominadas salas blancas.
Esta no es la primera vez que la Universidad de Granada trabaja con córneas artificiales. El propio grupo de Ingeniería Tisular participó en ensayos clínicos previos con otros modelos de córnea creada en laboratorio, que tardaron alrededor de diez a doce años en dar el salto desde la fase experimental hasta la aplicación clínica. Esa experiencia previa, señalan, puede acelerar en parte los tiempos, aunque la normativa europea obliga a realizar numerosos ensayos antes de llegar al paciente.
Los primeros resultados, sin embargo, apuntan a que este nuevo modelo basado en escamas de pez es especialmente compatible con el tejido humano, lo que podría traducirse en mejores resultados clínicos cuando se den las condiciones para implantarlo en personas con patologías graves de la superficie ocular.
Una alternativa a las listas de espera y a la escasez de donantes
Uno de los aspectos más relevantes de este avance es su potencial para reducir la dependencia de las donaciones de córnea. Aunque España figura de forma constante entre los países líderes en donación y trasplantes, la realidad es que muchos pacientes siguen enfrentándose a tiempos de espera y a la incertidumbre de disponer de un tejido compatible a tiempo.
Cada año, miles de personas en nuestro país logran recuperar parcial o totalmente la visión gracias a un trasplante de córnea, y las cifras de donación han mejorado en los últimos años. Sin embargo, los expertos recuerdan que cualquier solución que no requiera tejido humano donado ayuda a aliviar la presión sobre el sistema y a ofrecer alternativas a quienes no pueden acceder a un injerto en el plazo deseado.
El catedrático Miguel Alaminos ha insistido en que, aunque el trasplante convencional ofrece buenos resultados, es “necesario desarrollar nuevos métodos eficaces de regeneración que no dependan de la donación de órganos, siempre limitada por las listas de espera”. La córnea artificial con escamas de peces se perfila justamente como una de esas vías complementarias.
La idea de “fabricar” córneas en el laboratorio a partir de materiales naturales permite imaginar un futuro en el que la disponibilidad de implantes no esté condicionada a la muerte de un donante. Si la tecnología logra consolidarse y superar las fases regulatorias, podría convertirse en una opción terapéutica más para los servicios de oftalmología de hospitales españoles y europeos.
Para los pacientes, esto podría traducirse en más oportunidades de mantener o recuperar la visión, sobre todo en casos complejos o en territorios donde el acceso a trasplantes resulte más limitado. Aun así, los investigadores piden prudencia y recalcan que no se trata de sustituir de golpe al trasplante tradicional, sino de sumar una pieza más al abanico de tratamientos posibles.
De residuo pesquero a recurso sanitario de alto valor
Una de las claves más llamativas del proyecto es su enfoque de economía circular y aprovechamiento de residuos. Las escamas de pescado representan hasta el 70 % de los desechos generados por la industria pesquera y suponen un problema ambiental, al contribuir a la contaminación del suelo y del agua si no se gestionan adecuadamente.
El equipo de la Universidad de Granada propone transformar este desecho en un biomaterial de alto valor añadido para la medicina. De esta manera, se consigue un doble beneficio: por un lado, se obtienen implantes potencialmente útiles para tratar enfermedades graves de la córnea y, por otro, se revaloriza un subproducto de una actividad económica clave en muchas provincias costeras.
La catedrática Ingrid Garzón destaca que las escamas son un recurso “accesible, fácil de obtener y de bajo coste económico”, algo que puede ayudar a potenciar el sector pesquero en áreas afectadas por restricciones y cambios regulatorios. El hecho de que buena parte del material proceda de especies típicas de la Costa de Granada, como las gallinetas o los sargos, refuerza además el vínculo entre investigación y territorio.
Desde la perspectiva de la sostenibilidad, se trata de un modelo en el que la innovación biomédica se alinea con prácticas más responsables en el uso de recursos naturales. Lo que antes era un residuo sin valor pasa a convertirse en una pieza clave dentro de la medicina regenerativa moderna, con potencial impacto social, económico y sanitario.
Los investigadores subrayan que este enfoque no solo podría beneficiar a Granada o a España, sino que encaja en las estrategias europeas que promueven la bioeconomía y la reutilización de subproductos industriales, especialmente en sectores como la pesca y la acuicultura.
Apoyo institucional y próximos pasos del proyecto
El desarrollo de esta córnea artificial ha sido posible gracias al trabajo conjunto de varios equipos y al respaldo de diferentes instituciones. La investigación se lleva a cabo en los laboratorios de Ingeniería Tisular del Departamento de Histología de la Universidad de Granada, con la participación del Hospital Universitario Clínico San Cecilio y del Parque Tecnológico de la Salud (PTS) de Granada.
El proyecto cuenta con financiación del Instituto de Salud Carlos III, organismo dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España, en el marco de iniciativas que apoyan la investigación biomédica traslacional. Este tipo de respaldo económico y regulatorio es clave para que los resultados de laboratorio puedan, con el tiempo, convertirse en soluciones disponibles en el sistema sanitario.
En la presentación pública de los avances han participado, además de los investigadores principales Miguel Alaminos e Ingrid Garzón, el decano de la Facultad de Medicina, Juan José Jiménez Moleón, y el gerente del Hospital Clínico San Cecilio, Manuel Reyes. Todos ellos han coincidido en subrayar el liderazgo de Granada en el campo de la ingeniería de tejidos y la importancia de mantener la inversión en este tipo de proyectos a largo plazo.
Los siguientes pasos pasan por profundizar en la validación del biomaterial, completando las fases in vitro, ampliando los estudios in vivo y preparando las condiciones para ensayos en salas blancas bajo estrictos estándares de calidad. De forma paralela, el equipo trabaja en ajustar el proceso de fabricación para que sea reproducible y compatible con las exigencias regulatorias europeas para productos sanitarios avanzados.
El objetivo declarado es que este modelo de córnea artificial pueda llegar a considerarse, en un futuro, un “medicamento sostenible”: una solución terapéutica que no solo mejore la visión de los pacientes, sino que también aproveche de forma responsable los recursos naturales y reduzca el impacto ambiental asociado a la gestión de residuos.
En conjunto, el desarrollo de córneas artificiales a partir de escamas de peces sitúa a la Universidad de Granada y a sus socios en la primera línea de la investigación en medicina regenerativa ocular, ofreciendo una vía realista para afrontar la escasez de donantes, apoyar al sector pesquero y avanzar hacia un modelo sanitario más sostenible sin perder de vista la seguridad y la evidencia científica que exige su implantación en la práctica clínica.