- Identificado como Protolamna ricaurtei, un lamniforme del Cretácico Inferior de 6,65 m.
- Conserva 107 vértebras articuladas y raros tejidos blandos como piel, cartílago y músculo.
- Hallado en 1993 en Villa de Leyva y estudiado por SGC y la Universidad Nacional durante más de 7 años.
- El estudio cuestiona la relación tradicional entre tamaño corporal y dientes en tiburones fósiles.

Hace más de cien millones de años, un mar templado cubría el actual altiplano cundiboyacense y en esas aguas se movía un gran depredador. Hoy, esa historia emerge con fuerza tras el hallazgo en Villa de Leyva del que se considera el fósil de tiburón más completo del mundo, un ejemplar excepcional que pone a Colombia en primera línea de la paleontología.
La pieza, encontrada por el campesino Arquímedes Moreno en 1993 en la loma La Catalina (vereda Cañuela), fue custodiada por la comunidad hasta su llegada a la Fundación Santa Teresa de Ávila en 2015 y, en 2018, a la Universidad Nacional de Colombia en calidad de préstamo. Tras más de siete años de trabajo del Servicio Geológico Colombiano (SGC) y la universidad, los resultados se publican en la revista Cretaceous Research.
Un gigante de casi siete metros y una preservación inédita
El ejemplar ha sido identificado como Protolamna ricaurtei, un tiburón lamniforme del Cretácico Inferior emparentado lejanamente con el gran blanco. Las estimaciones apuntan a una longitud de aproximadamente 6,65 metros, lo que lo sitúa entre los mayores depredadores marinos de su época.
Lo que más llama la atención es el estado de conservación: se documentaron 107 vértebras articuladas, numerosos dentículos (escamas), dientes, cartílago y hasta restos de piel y músculo. En tiburones esto es rarísimo, porque su esqueleto cartilaginoso apenas fosiliza y, por lo común, solo quedan los dientes.
Los rasgos anatómicos sugieren que no era un sprinter, pero sí un nadador activo; su cuerpo robusto y su tamaño lo convertían en un cazador formidable en los mares cálidos del Cretácico. Este perfil encaja con un lamniforme de gran talla habituado a emboscar presas de buen porte.
El equipo evaluó además la relación entre talla corporal y dimensiones dentales, y el resultado obliga a revisar supuestos previos: sus dientes son relativamente pequeños para el tamaño del animal, algo que cuestiona fórmulas clásicas usadas para inferir longitudes a partir de piezas dentales en tiburones fósiles.
De hallazgo vecinal a patrimonio científico
La historia comenzó de forma humilde: el descubrimiento en 1993 se atribuyó inicialmente a un reptil marino, como suele ocurrir en la zona, rica en ictiosaurios y plesiosaurios. Sin embargo, al estudiar las vértebras se constató que se trataba de un tiburón lamniforme excepcionalmente preservado.
Tras décadas de cuidado comunitario, hoy el fósil se conserva y exhibe en la Fundación Santa Teresa de Ávila, en el Museo Ciudad de Dios de Villa de Leyva (Boyacá), donde se presenta como uno de los ejemplares de tiburón mejor preservados a nivel global.
El proyecto estuvo liderado por investigadores del SGC y la Universidad Nacional, entre ellos María Páramo-Fonseca y Cristian Benavides-Cabra, quienes describen una preparación minuciosa que se prolongó durante siete años y medio y que fue revelando información pieza a pieza.
La investigación, publicada en la revista Cretaceous Research, consolida la enorme riqueza paleontológica de Colombia y refuerza a Villa de Leyva como un laboratorio natural de talla mundial, territorio que ya ha dado a conocer fósiles emblemáticos de reptiles marinos y tortugas del Cretácico.
Claves sobre los mares cretácicos y la evolución de los tiburones
El contexto geológico sitúa el hallazgo en el Cretácico Inferior (entre 145 y 100 millones de años). En ese tiempo, el altiplano cundiboyacense estaba sumergido bajo un mar interno y aún no se habían levantado las cordilleras, un escenario cálido y diverso en fauna marina.
Según el Servicio Geológico Colombiano, este ejemplar constituye el registro más completo y, a la vez, de los más antiguos para un tiburón lamniforme gigante, aportando datos inéditos sobre la anatomía y la ecología de estos depredadores en etapas tempranas de su evolución.
El estudio empleó técnicas de análisis de microestructuras y caracterización de materiales preservados —incluida microscopía— para confirmar la naturaleza de los tejidos blandos y reconstruir aspectos funcionales del animal. Gracias a ello, se afina la interpretación de su locomoción, dieta y dinámica de crecimiento.
Además de su valor científico, el fósil subraya la importancia del patrimonio geológico del país y abre la puerta a impulsar proyectos educativos y de turismo científico en Villa de Leyva, conectando el conocimiento del pasado con las comunidades actuales.
Este descubrimiento, surgido de la colaboración entre comunidad, academia y sector público, reordena piezas clave sobre la historia de los tiburones y sitúa a Colombia como referente internacional gracias a un ejemplar único por su tamaño, antigüedad y asombroso estado de conservación.


