El salmón vuelve a Alameda Creek tras siete décadas de ausencia

Última actualización: 4 diciembre 2025
  • Adultos de salmón Chinook han regresado a Alameda Creek por primera vez en unos 70 años
  • La eliminación de presas y un gasoducto, junto con nuevas escaleras de peces, ha abierto de nuevo la ruta migratoria
  • La presencia de Chinook y trucha arco iris actúa como indicador de recuperación del ecosistema y de su red alimentaria
  • El proyecto, impulsado por entidades públicas y organizaciones conservacionistas, se considera un hito para la restauración de cuencas urbanas

salmón en Alameda Creek

Por primera vez en unas siete décadas, se han avistado ejemplares adultos de salmón Chinook remontando Alameda Creek hasta el fondo del Niles Canyon, en el área de Sunol (East Bay, California). Los peces han conseguido salvar cerca de 26 metros de desnivel para alcanzar de nuevo un tramo del arroyo del que habían desaparecido por completo desde mediados del siglo XX.

Este regreso supone un momento simbólico para los esfuerzos de restauración de las cuencas urbanas, un trabajo que en Alameda Creek se lleva impulsando desde hace más de dos décadas. Para los grupos conservacionistas, ver a estos salmones en un curso de agua tan transformado por la actividad humana confirma que las actuaciones de recuperación empiezan a dar frutos.

Un hito histórico en la migración del salmón Chinook

El Chinook, una de las especies de salmón más emblemáticas del Pacífico, había dejado de registrarse en Alameda Creek desde los años cincuenta, según datos de organizaciones especializadas en la conservación fluvial. Durante todo ese tiempo, la presencia de adultos en época de reproducción era prácticamente inexistente en esta cuenca.

El nuevo episodio de migración se ha documentado en la parte baja del Niles Canyon, donde voluntarios de la organización Alameda Creek Alliance llevan años vigilando el cauce. A partir de principios de noviembre, estos equipos han contabilizado casi una docena de salmones adultos subiendo por el arroyo, una cifra modesta pero muy significativa tras un silencio tan prolongado.

Los avistamientos se han producido tras un episodio de lluvias intensas asociado a un río atmosférico que incrementó considerablemente el caudal. Estas crecidas han facilitado que los peces encontraran las nuevas estructuras de paso y pudieran avanzar hacia los tramos superiores, tal y como esperaban los técnicos implicados en la restauración.

Para las entidades conservacionistas, el hecho de que los Chinook hayan elegido de nuevo Alameda Creek indica que el sistema fluvial empieza a ser funcional como corredor migratorio. Aunque la población que está llegando es todavía pequeña y en buena parte de origen de criadero, el movimiento se interpreta como una señal de que el arroyo vuelve a ser atractivo para el desove.

restauración de hábitat para el salmón

Presas, canalizaciones y una cuenca desconectada durante décadas

La desaparición del salmón de Alameda Creek está ligada a casi un siglo de infraestructuras que bloquearon su ruta natural. El primer gran obstáculo llegó en 1925, con la construcción del embalse de Calaveras cerca del monte Hamilton, en el condado de Santa Clara. Esa presa fue la primera de varias barreras que cortaron el flujo de peces entre el océano y las zonas de desove del interior.

En los años posteriores se levantaron al menos dos grandes represas adicionales que terminaron de aislar la parte alta de la cuenca. A esto se sumó la transformación de los tramos inferiores de Alameda Creek, especialmente en la zona de Fremont, donde el Cuerpo de Ingenieros del Ejército canalizó el arroyo con infraestructuras de control de inundaciones.

Ese encauzamiento convirtió al arroyo en una especie de pasillo de hormigón, menos apto para el tránsito de peces bajo presión migratorios. Las obras redujeron la complejidad del hábitat, alteraron los flujos naturales y complicaron la localización de rutas de subida por parte de los salmones, que dependen de señales físicas y químicas del agua para orientarse.

Sin acceso a los tramos de desove, las poblaciones de Chinook originarias de Alameda Creek terminaron desapareciendo por completo. Las últimas referencias fiables a salmones en esta cuenca datan de mediados del siglo pasado, lo que llevó a considerar el sistema prácticamente perdido para esta especie.

Este escenario, frecuente en numerosos ríos urbanos de América del Norte y también de Europa, ha alimentado la idea de que las pérdidas en conservación suelen ser irreversibles. Sin embargo, el caso actual de Alameda Creek muestra que, con intervenciones planificadas y constantes, parte de la funcionalidad ecológica puede recuperarse incluso tras un periodo largo de impacto humano.

Obras de restauración y eliminación de barreras

El retorno del salmón no se explica solo por las lluvias: llega después de un proceso prolongado de desmantelamiento de obstáculos y mejora del hábitat. Desde 1997, la entidad Alameda Creek Alliance impulsa campañas para retirar presas obsoletas, instalar escaleras para peces y coordinar actuaciones con administraciones y empresas.

Uno de los hitos más recientes ha sido la finalización de un proyecto valorado en unos 15 millones de dólares, desarrollado por la compañía energética PG&E junto con la organización CalTrout. Esta intervención ha permitido retirar un gasoducto que funcionaba como la última gran barrera física a la migración río arriba en un tramo clave del arroyo.

Con la eliminación de esa infraestructura, se ha abierto un corredor continuo desde la bahía hasta zonas aptas para el desove, algo esencial para que el ciclo de vida del salmón pueda completarse, como analizan trabajos sobre la actualidad de los peces. Además, la instalación de escaleras y pasos específicos facilita que los peces superen desniveles importantes sin agotarse en exceso.

El equipo de CalTrout en el Área de la Bahía ha recalcado que la temporada de migración acaba de empezar y que lo observado hasta ahora podría ser solo el primer indicio del potencial de la cuenca. A medida que avancen las lluvias, se espera que aumente el número de ejemplares intentando remontar Alameda Creek.

Estas medidas de restauración se enmarcan en una tendencia que también se ve en Europa, donde numerosos países están retirando presas antiguas para favorecer el regreso de especies migratorias como el salmón atlántico o la anguila. Aunque el contexto geográfico es distinto, la lógica ecológica es similar: sin conectividad longitudinal, los grandes peces migradores simplemente no pueden cumplir su ciclo vital.

salmón saltando en un arroyo restaurado

Salmones de criadero y búsqueda de nuevas cuencas

Una pregunta clave en este renacer de Alameda Creek es de dónde proceden los Chinook que están llegando, dado que las poblaciones autóctonas desaparecieron hace décadas. Tanto técnicos como responsables de organizaciones coinciden en que la mayoría de los ejemplares actuales proviene de criaderos de la región.

El salmón criado en instalaciones de acuicultura y liberado posteriormente no mantiene el mismo vínculo con una cuenca concreta que el salmón salvaje. En lugar de regresar de forma precisa al río de origen, muchos de estos individuos buscan nuevas vías fluviales cuando alcanzan la madurez reproductora, lo que abre la puerta a colonizaciones de cauces que llevaban tiempo sin salmones.

Cuando los juveniles son liberados en zonas como la bahía de San Pablo o el Delta del Sacramento, algunos terminan explorando diferentes ríos del entorno al regresar desde el océano. En la práctica, estos peces se comportan como «huérfanos» que adoptan la cuenca en la que finalmente consiguen desovar con éxito.

En los últimos años, se han observado salmones de criadero en distintas cuencas de la Bahía de San Francisco, pero Alameda Creek había quedado al margen, probablemente por las barreras físicas y la falta de hábitat adecuado. La reciente llegada de Chinook indica que esos factores limitantes están empezando a mitigarse.

Este fenómeno tiene implicaciones también para la gestión en otros territorios, incluidos ríos europeos donde se utilizan repoblaciones para reforzar poblaciones de peces migradores. La experiencia de Alameda Creek recuerda que la mera suelta de ejemplares no es suficiente si el sistema fluvial no es permeable y no ofrece zonas de cría de calidad.

Especies indicadoras y recuperación de la red alimentaria

El salmón Chinook y la trucha arco iris (steelhead), catalogada como especie amenazada en la región, se consideran especies indicadoras del estado ecológico de los ríos. Su presencia o ausencia ofrece pistas claras sobre la calidad del agua, la conectividad del hábitat y el equilibrio general del ecosistema.

La vuelta del salmón a Alameda Creek sugiere que, con el tiempo, podrían regresar también otros vertebrados ligados a ecosistemas fluviales sanos, como nutrias, castores o incluso grandes carnívoros en zonas más amplias de la región. Además, aves rapaces como las águilas calvas, ya presentes en el entorno, se benefician directamente de la disponibilidad de peces.

Cuando los salmones completan el desove, sus cuerpos quedan en el cauce y en las orillas, donde se descomponen y liberan nutrientes. Este proceso enriquece no solo el agua, sino también los suelos ribereños, y alimenta una extensa cadena de organismos, desde invertebrados y pequeños peces hasta mamíferos y aves.

En Alameda Creek ya se han documentado especies sensibles como la salamandra tigre de California y tortugas acuáticas autóctonas, que se benefician de un entorno más diverso y productivo. La presencia simultánea de estos anfibios, reptiles y peces migradores apunta a una mejora global de las condiciones del hábitat.

La recuperación de la red alimentaria en ríos urbanos tiene paralelismos claros con proyectos europeos de restauración, por ejemplo en cuencas atlánticas donde se trabaja para el retorno del salmón europeo. En ambos casos, el objetivo es que la fauna vuelva a ocupar su lugar en sistemas que durante años se consideraron demasiado degradados.

Un cambio de ánimo en la conservación fluvial

Para quienes llevan décadas implicados en la defensa de Alameda Creek, ver de nuevo salmones en el cauce tiene un componente muy personal. Algunos responsables de organizaciones señalan que las derrotas en conservación suelen sentirse como definitivas, mientras que los avances son a menudo frágiles y requieren mantenimiento constante.

En este caso, el regreso del Chinook se interpreta como una victoria colectiva fruto de la colaboración entre asociaciones locales, administraciones, entidades científicas y empresas que han participado en las obras de adaptación. Nadie habla de un éxito definitivo, pero sí de un paso importante que demuestra que la restauración de ríos urbanos puede funcionar.

La reacción del vecindario y de los visitantes que logran ver a los salmones nadando o saltando en las nuevas escaleras para peces está siendo muy intensa. Según relatan algunos de los implicados, observar a estos animales en directo ayuda a comprender mejor la ecología del arroyo y el papel que desempeñan los ríos como corredores de vida, más allá de su función puramente hidráulica.

Este tipo de experiencias puede favorecer también un cambio en la percepción social de las infraestructuras, impulsando más proyectos de retirada de barreras innecesarias y de renaturalización de cauces. En Europa se está viendo una tendencia parecida, con un número creciente de presas desmontadas en países como España, Francia o Suecia para dar más espacio a los ríos.

La historia reciente de Alameda Creek se está utilizando ya como referencia para otros programas de restauración, tanto en Norteamérica como en regiones que afrontan retos similares de urbanización intensa junto a cursos de agua. Aunque cada cuenca tiene sus particularidades, el mensaje de fondo es claro: con planificación, inversión y paciencia, los peces migradores pueden volver donde parecían haber sido expulsados para siempre.

El retorno del salmón Chinook a Alameda Creek marca un punto de inflexión en un arroyo que durante décadas simbolizó la desconexión entre los ríos y el mar; ahora, gracias a la eliminación de presas, la retirada de barreras como el antiguo gasoducto y el trabajo coordinado de múltiples actores, este tramo fluvial vuelve a ofrecer un camino viable para los grandes peces migradores y se convierte en un ejemplo práctico de cómo la restauración de cuencas, tanto en América como en Europa, puede reactivar ecosistemas enteros y abrir nuevas oportunidades para la biodiversidad en paisajes profundamente humanizados.

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