El tiburón ballena en Papúa occidental: el estudio que destapa cicatrices por actividad humana

Última actualización: 31 agosto 2025
  • Investigación de 13 años en Papúa occidental: 268 tiburones ballena identificados por foto-ID
  • Cerca del 80% de las lesiones se atribuyen a interacciones con bagans y embarcaciones
  • Predominan machos jóvenes; los avistamientos se concentran junto a plataformas de pesca
  • Medidas propuestas: modificar bagans, regular el turismo y reforzar la vigilancia

tiburón ballena en el océano

Un amplio trabajo de seguimiento en el Bird’s Head Seascape, en Papúa occidental (Indonesia), ha puesto cifra a un problema conocido pero poco cuantificado: los tiburones ballena presentan cicatrices o heridas asociadas a la actividad humana, según publica la revista Frontiers in Marine Science (ver estudio).

Este gigante marino, el pez más grande del planeta, es un filtrador apacible que no supone peligro para las personas. Sin embargo, el estudio confirma que la convivencia con artes de pesca y con el turismo de avistamiento está dejando marcas persistentes en muchos ejemplares.

Qué revela el estudio en Papúa occidental

tiburón ballena en Indonesia

El equipo, liderado por el Instituto Elasmobranch de Indonesia con apoyo de colegas de Australia y Nueva Zelanda, analizó datos recopilados entre 2010 y 2023. Empleó foto-identificación para reconocer individuos por su patrón único de manchas y rayas, y así registró 268 tiburones ballena distintos con fecha, ubicación y estado de cada avistamiento.

La mayor parte de los encuentros se produjo junto a plataformas de pesca tradicionales conocidas como bagans: más del 97% de los avistamientos ocurrió en torno a estas estructuras, donde luces nocturnas concentran peces y atraen a los tiburones ballena en busca de alimento fácil.

En materia de impactos, el análisis indica que una fracción muy significativa de las marcas se debe a la acción humana: alrededor del 80% de las lesiones atribuibles se relaciona con interacciones con artes de pesca o embarcaciones. Las heridas graves (laceraciones profundas, amputaciones o traumatismos) se documentaron en aproximadamente el 17,7% de los individuos, mientras que los daños asociados a hélices o a depredadores naturales fueron mucho menos frecuentes.

De dónde vienen las lesiones y a quién afectan

comportamiento del tiburón ballena

Los bagans son plataformas de madera con redes elevadoras que emplean luces para atraer cardúmenes, como anchoas o sardinas. Al subir las redes, los tiburones ballena acuden por los restos de carnada y pueden sufrir rozaduras, cortes o enredos con cabos y mallas, e incluso golpes contra los bastidores.

El turismo de avistamiento añade otro frente de riesgo cuando no se gestiona bien. Las aproximaciones demasiado cercanas, el tráfico de barcos y ciertas prácticas de alimentación incrementan la probabilidad de colisiones y de contactos que terminan en cicatrices duraderas.

Conviene recordar que el tiburón ballena es un animal de movimiento lento y conducta no agresiva. Se alimenta filtrando agua por una boca que puede superar los dos metros de ancho, con cientos de pequeñísimos dientes que funcionan como un tamiz. Su dieta incluye plancton, peces pequeños y, en ciertas zonas, el material que liberan los corales al reproducirse.

Es una especie pelágica presente en aguas tropicales y cálidas de todo el mundo. Puede acercarse de forma estacional a la costa para alimentarse, pero pasa buena parte del tiempo mar adentro. Su piel, de gran espesor y con un característico dibujo de puntos, y su lento desplazamiento (en torno a 5 km/h) no le libran de los peligros derivados de la actividad humana.

El patrón espacial observado en Papúa occidental se traduce en que los tiburones más jóvenes se exponen más a los bagans y a los barcos, y por tanto acumulan más heridas, mientras que las hembras adultas aparecerían menos por áreas costeras con alta presión humana.

Protección urgente y medidas planteadas

conservación del tiburón ballena

La situación preocupa porque el tiburón ballena figura como En Peligro en la Lista Roja de la UICN. En las últimas décadas se estima una caída poblacional superior al 50% a escala global y de hasta el 63% en el Indo-Pacífico, con una recuperación muy lenta por su madurez sexual tardía, que puede rondar los 30 años.

Los autores del trabajo insisten en que hay soluciones al alcance si se aplican con rigor. Proponen eliminar bordes cortantes en los bagans, ordenar el tráfico marítimo en zonas de presencia habitual, imponer límites de velocidad y regular las distancias de aproximación en actividades turísticas.

Subrayan también que la protección legal debe traducirse en control efectivo sobre plataformas y embarcaciones dentro y fuera de las áreas marinas protegidas. Sin supervisión, las normas quedan en papel mojado y el riesgo de nuevas lesiones se mantiene.

La ciencia ciudadana ha sido clave: gracias a miles de fotografías con fecha y posición aportadas por guardaparques, pescadores, operadores turísticos y visitantes, la base de datos regional permite seguir a los mismos individuos a lo largo de los años y evaluar su salud con mayor precisión.

Para reducir el impacto cotidiano también se recomienda no tocar ni alimentar a los tiburones ballena, gestionar redes y cabos sin puntos de enganche, y reforzar la educación ambiental. Cada 30 de agosto se dedica una jornada mundial a esta especie, una fecha útil para recordar buenas prácticas y promover su conservación durante todo el año.

La investigación en Papúa occidental dibuja un mensaje claro: las cicatrices de origen humano son comunes, pero evitables con cambios sencillos en la pesca, normas sensatas para el turismo y vigilancia real sobre el terreno. Proteger a este gigante inofensivo es tanto una cuestión de gestión como de voluntad colectiva.

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