- Gastón, tiburón toro nacido en la costa de Sudáfrica, lleva 20 años en el Aquarium Finisterrae de A Coruña.
- Llegó en 2006 desde el Oceanópolis de Brest tras problemas de convivencia con otros tiburones.
- Superó una compleja adaptación a las aguas atlánticas y hoy es el gran reclamo de la sala Nautilus.
- El equipo del acuario trabaja en encontrarle una pareja compatible para intentar que tenga descendencia.
Desde hace dos décadas, un tiburón toro llamado Gastón se ha convertido en uno de los vecinos más singulares de A Coruña. Quien haya pasado alguna vez por la Casa de los Peces difícilmente se habrá ido sin asomarse a la enorme cristalera de la sala Nautilus para buscar su silueta dando vueltas en el gran tanque atlántico.
Lo que para muchos visitantes es solo una parada obligatoria en el recorrido del museo, para el equipo del Aquarium Finisterrae resume años de trabajo silencioso: 20 años cuidando al mismo animal, vigilando su salud día y noche y adaptando las instalaciones para que este escualo originario del otro lado del mundo lleve una vida lo más estable posible en plena costa gallega.
De las frías aguas de Sudáfrica a la costa gallega
La historia de Gastón arranca lejos de A Coruña, en las aguas frías de la costa sudafricana. Allí fue capturado cuando tenía unos tres años, con unos 1,80 metros de longitud y 50 kilos de peso, todavía muy lejos del tamaño que luce hoy en la sala Nautilus.
Su primer destino no fue Galicia, sino el acuario Oceanópolis de Brest, en la Bretaña francesa. En ese centro compartió tanque durante varios años con otros tiburones toro, un macho y una hembra de su misma especie, en un ambiente que poco a poco se fue volviendo complicado por las peleas.
Las disputas territoriales entre los animales, con mordiscos y cortes en la piel, acabaron por convencer al equipo de Brest de que había que buscar una salida para el ejemplar sudafricano. Fue entonces cuando se abrió la puerta a su llegada a Galicia, dentro de un intercambio entre acuarios europeos que permitiría aliviar la tensión en el tanque francés y, al mismo tiempo, sumar una pieza clave al proyecto científico coruñés.

El viaje a A Coruña y una adaptación a contrarreloj
El 24 de febrero de 2006, tras una compleja operación logística, Gastón llegó por fin a la ciudad herculina. Para entonces ya había crecido notablemente: medía unos 3 metros y rondaba los 120 kilos, un tamaño que exigía un transporte delicado y muy controlado.
Su desembarco en el Aquarium Finisterrae no supuso una incorporación inmediata al gran tanque. El tiburón procedía de un medio tropical, con temperaturas más suaves, y era necesario evitar un choque térmico con las aguas atlánticas que llenan la sala Nautilus. Por eso pasó primero varias semanas en cuarentena, aislado en un espacio tranquilo, con poca luz y sin ruidos bruscos.
Durante ese periodo de adaptación, el equipo técnico fue ajustando poco a poco la temperatura del agua y controlando cómo respondía Gastón a su nuevo entorno. Uno de los indicadores más claros del éxito del proceso fue su peso: en ese tiempo, el tiburón ganó en torno a 20 kilos adicionales, una señal de que estaba comiendo bien y asimilando sin problemas los cambios.
Solo cuando los biólogos y veterinarios tuvieron claro que el animal estaba totalmente aclimatado, se dio el paso definitivo: incorporarlo a la sala Nautilus, el gran tanque panorámico donde hoy comparte espacio con otras especies de tiburones de menor tamaño y grandes peces atlánticos.

Una vida bajo vigilancia constante
Detrás de la imagen de tranquilidad que transmite Gastón cuando se posa en el fondo del tanque hay turnos de vigilancia las 24 horas. El equipo del acuario reconoce que, con el paso de los años, cada vez está más pendiente de cualquier cambio en su comportamiento, especialmente ahora que el animal se acerca a una edad avanzada para su especie.
Según explica Antonio Vilar, biólogo y conservador del Aquarium Finisterrae, Gastón pertenece a una especie cuya esperanza de vida en cautividad ronda los 40 años. Con cerca de tres décadas a sus espaldas, está en una fase que obliga a extremar los cuidados y a reaccionar rápido ante cualquier señal de alarma.
Una de las peculiaridades de este tiburón toro es que puede dejar de nadar y descansar apoyado en el fondo. A diferencia de muchos otros tiburones, no necesita moverse constantemente para oxigenar sus branquias: es capaz de tragar aire y almacenarlo en el estómago, usándolo como si fuera una vejiga natatoria que le permite mantenerse estable en la columna de agua sin esfuerzo.
Esta capacidad, que a nivel biológico resulta fascinante, genera más de un sobresalto en el personal del acuario. Cuando el animal decide descansar y se queda quieto demasiado tiempo, no es raro que salten las alarmas hasta comprobar que todo está en orden y que se trata simplemente de uno de esos descansos prolongados que su fisiología le permite.

La dieta de un gigante tranquilo
Pese a su aspecto imponente, con boca abierta y dientes puntiagudos siempre visibles, Gastón no devora tanta comida como muchos visitantes imaginan. Según detalla Vilar, el tiburón come unas tres veces por semana y, en cada toma, no suele superar el kilo de pescado.
Su menú está formado principalmente por merluza, caballa, lubina y calamar, normalmente presentados en piezas enteras o troncos que pueda engullir de una sola vez. Como es típico en su especie, engancha la presa y la traga directamente, sin grandes alardes, en un hábito alimentario muy distinto al que se suele asociar con la imagen cinematográfica de los tiburones.
Junto a la veterinaria del centro, el equipo técnico ajusta esta dieta según la época del año y la temperatura del agua, añadiendo vitaminas y suplementos cuando es necesario. El objetivo es mantener al animal en su mejor forma posible, evitando tanto excesos de peso como carencias nutricionales que puedan comprometer su salud.
Para quienes trabajan a diario con él, parte del encanto está en observar pequeños cambios en su comportamiento, desde la forma en que acepta el alimento hasta la manera en que se relaciona con el resto de habitantes del tanque. Aunque Gastón es la estrella, muchos de los cuidadores reconocen que también sienten debilidad por otras especies más discretas, como las sardinas o los invertebrados que completan el ecosistema del Nautilus.

Una figura clave para la divulgación científica
En estas dos décadas, Gastón ha pasado de ser un nuevo inquilino a convertirse en uno de los grandes símbolos del Aquarium Finisterrae. Cada año, miles de visitantes —especialmente grupos escolares— se detienen ante la gran cristalera de la sala Nautilus con la misma pregunta: «¿Dónde está Gastón?».
La alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, ha subrayado en varias ocasiones el papel del animal como reclamo del centro: “no hay joven de A Coruña que no lo conozca”, ha llegado a afirmar, recordando el vínculo emocional que se ha creado entre el tiburón y la ciudadanía.
El Aquarium Finisterrae forma parte de la red de museos científicos de A Coruña, junto a la Casa de las Ciencias y la Casa del Hombre, y desde su apertura ha apostado por una divulgación cercana sobre el medio marino. La presencia de un animal tan llamativo como el tiburón toro permite explicar, de forma muy visual, conceptos de biología, comportamiento animal y conservación de los océanos.
Para muchos niños y niñas de la ciudad, el primer contacto real con un gran depredador marino no llega a través de un documental, sino de una visita escolar en la que un educador les señala a Gastón y les cuenta su viaje desde Sudáfrica hasta la costa gallega. Esa experiencia, repetida durante veinte años, ha hecho que el tiburón se convierta en un personaje casi familiar para varias generaciones de coruñeses.

El reto pendiente: encontrarle pareja
Aunque Gastón lleva años instalado en la sala Nautilus, el equipo del acuario tiene una espinita clavada: lograr que deje descendencia. La reproducción de tiburones en cautividad no es sencilla y, en el caso del tiburón toro, el proceso de apareamiento añade dificultades adicionales.
Vilar explica que los machos de esta especie cuentan con pterigopodios, unos órganos reproductores que utilizan durante la cópula. El cortejo es bastante agresivo: el macho agarra a la hembra con la boca, la muerde para sujetarla y, mediante uno de esos pterigopodios, la fecunda. No es un proceso delicado precisamente, y eso implica riesgos para ambos animales.
En el pasado, Gastón llegó a compartir tanque con una hembra, conocida como Hermosa, pero la relación no funcionó y el intento de formar pareja terminó sin éxito. A día de hoy, el equipo del Aquarium Finisterrae sigue valorando opciones para incorporar una hembra compatible, con la vista puesta en la posibilidad de que en A Coruña llegue a nacer algún día un «Gastonciño».
Además de la dimensión emotiva, lograr una reproducción exitosa en la sala Nautilus tendría un componente científico relevante, ya que permitiría avanzar en el conocimiento del comportamiento reproductor del tiburón toro en cautividad y, a la larga, podría contribuir a programas de conservación coordinados entre distintos acuarios europeos.

Veinte años como vecino ilustre de A Coruña
Cuando uno repasa la historia reciente del Aquarium Finisterrae, hay un momento que siempre aparece señalado: la llegada de Gastón en 2006, pocos años después de la apertura de la Casa de los Peces. Desde entonces, el tiburón se ha consolidado como el pez más grande y uno de los más veteranos del recinto.
En estos veinte años, el centro ha ido sumando ejemplares y renovando contenidos, pero la figura del tiburón toro se ha mantenido como un hilo conductor entre generaciones. Padres que visitaron el acuario de pequeños regresan ahora con sus hijos y se encuentran con el mismo animal que ya les impresionó cuando eran escolares.
El hecho de que Gastón continúe nadando en la sala Nautilus después de dos décadas habla tanto de la resistencia de la especie como del trabajo constante del equipo humano que lo rodea: biólogos, acuaristas, veterinarios y personal de mantenimiento que, a menudo lejos del foco mediático, se encargan de que el funcionamiento diario del acuario no falle.
Hoy, cuando se recuerda que el tiburón Gastón lleva 20 años en A Coruña, no solo se celebra la trayectoria de un animal singular. También se pone en valor el papel de un equipamiento científico que ha acercado el océano a la ciudad y ha contribuido a que miles de personas miren el mar con otros ojos, con la sensación de que, detrás de cada visita al Nautilus, hay una historia larga y cuidada que merece ser contada una y otra vez.