- Un estudio de ADN ambiental confirma ocho especies de tiburones y rayas en aguas de Ibiza y Formentera.
- Cuatro de las especies detectadas figuran como vulnerables o en peligro en la Lista Roja de la UICN.
- Las campañas de muestreo en 2024 y 2025 revelan áreas clave como Sant Josep, Formentera y Tagomago.
- El proyecto seguirá en 2026 con marcaje satelital de rayas para conocer sus movimientos y hábitats.
La presencia de tiburones y rayas en Ibiza y Formentera ha dejado de basarse únicamente en avistamientos puntuales. Una investigación científica basada en el análisis de ADN ambiental ha confirmado la existencia de ocho especies distintas de elasmobranquios en las aguas pitiusas, aportando una fotografía mucho más precisa de la biodiversidad marina que alberga este rincón del Mediterráneo balear.
El estudio, desarrollado en diferentes puntos del litoral de Ibiza, Formentera y el entorno de Tagomago, revela además que la mitad de las especies identificadas se encuentran en situación de vulnerabilidad o peligro según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Estos resultados sitúan a las Pitiusas en el mapa europeo de la investigación marina aplicada a la conservación.
Un estudio pionero con ADN ambiental en las Pitiusas

La investigación se apoya en la técnica del ADN ambiental (eDNA), una herramienta que permite detectar qué especies habitan una zona a partir del material genético que dejan en el agua: escamas, mucus, restos de piel u otras partículas biológicas. Gracias a esta metodología, los científicos pueden confirmar la presencia de fauna marina sin necesidad de capturas, ni observaciones directas, algo especialmente valioso en animales esquivos o de baja densidad de población.
El proyecto ha sido impulsado de forma conjunta por GEN-GOB, la Universidad de Oviedo, IbizaPreservation, WWF y SOLDECOCOS, con la colaboración del Ayuntamiento de Sant Josep de sa Talaia. Según explican sus responsables, se trata de una de las primeras iniciativas de este tipo centradas específicamente en el seguimiento de tiburones y rayas en el ámbito balear, con una clara vocación de servir de base a futuras medidas de gestión.
La primera campaña de muestreo se llevó a cabo en diciembre de 2024, en el marco de una campaña oceanográfica desde embarcación. Técnicos del GEN-GOB y personal investigador de la Universidad de Oviedo recogieron muestras de agua marina en distintos enclaves de las Pitiusas, tanto en zonas costeras como en áreas con cierto grado de protección ambiental.
Estas muestras fueron filtradas in situ y, posteriormente, sometidas a un análisis genético detallado en laboratorio. Los resultados iniciales animaron a completar la información con una segunda campaña en verano, de manera que se pudieran comparar dos momentos del año con condiciones oceanográficas muy distintas.
Así, en verano de 2025 se realizó una nueva ronda de recogida de agua en puntos similares, repitiendo el protocolo de filtrado y análisis genético. Esta doble campaña, invierno-verano, ha permitido obtener una imagen más completa y estacionalmente contrastada de las especies presentes en las aguas de Ibiza y Formentera, algo muy relevante en un contexto de cambio climático y modificación de patrones de distribución de la fauna marina.
Ocho especies confirmadas y cuatro en riesgo

El análisis de ADN ambiental ha permitido identificar ocho especies diferentes de elasmobranquios (tiburones y rayas), incluyendo distintos tipos de tiburones en el entorno marino de las Pitiusas. Entre ellas sobresalen, por su relevancia para la conservación, la manta raya (Mobula mobular) y el cazón (Galeorhinus galeus), dos especies consideradas emblemáticas por los expertos participantes en el proyecto.
La manta raya del Mediterráneo figura como especie «En Peligro» en la Lista Roja de la UICN para esta cuenca, lo que significa que su supervivencia a medio plazo se encuentra seriamente comprometida. El cazón, por su parte, está clasificado como «Vulnerable» en el mismo listado, lo que indica un riesgo significativo de disminución de sus poblaciones si no se aplican medidas de protección adecuadas.
Además de estas dos especies, el estudio ha confirmado la presencia de diversas rayas y pequeños tiburones repartidos por varios puntos de muestreo. En la zona de Sant Josep se han detectado, entre otras, la raya común (Raja clavata), la categoría Raja clavata/asterias (raya común o estrellada), la raya torpedo (Torpedo marmorata), así como el ya mencionado cazón y la pintarroja bocanegra (Galeus melastomus).
En Formentera, las muestras de agua han revelado la presencia de la raya látigo común (Dasyatis pastinaca) y de la propia manta raya (Mobula mobular). En el entorno de Tagomago se ha identificado la raya águila común (Myliobatis aquila), una especie de gran interés por su papel ecológico en los fondos marinos y por su estatus de conservación.
En total, cuatro de las ocho especies registradas se encuentran incluidas en la Lista Roja de la UICN para el Mediterráneo. El cazón, la raya látigo y la raya águila común aparecen catalogadas como «Vulnerables», mientras que la manta raya está considerada «En Peligro». Para el equipo investigador, este dato refuerza la necesidad de tratar las aguas de Ibiza y Formentera como un enclave prioritario para la protección de elasmobranquios en el contexto europeo.
Áreas clave: Sant Josep, Formentera y Tagomago

La distribución de las especies detectadas no es homogénea a lo largo del litoral pitiuso. Según los datos divulgados por las entidades participantes, la zona de Sant Josep de sa Talaia se ha revelado como uno de los puntos más ricos en diversidad de tiburones y rayas, concentrando varios de los registros obtenidos mediante ADN ambiental.
En este sector se han identificado tanto rayas costeras, ligadas a fondos de arena y roca, como pequeños tiburones de aguas relativamente profundas. La combinación de hábitats, junto con la existencia de áreas marinas protegidas y zonas con menor presión humana directa, podría explicar en parte la concentración de especies observada en este municipio ibicenco.
En Formentera, los análisis apuntan a la presencia de especies como la raya látigo común y la ya citada manta raya, lo que sugiere que los fondos que rodean la isla podrían desempeñar un papel relevante como área de paso o alimentación para estos animales. La detección de Mobula mobular en estas aguas encaja con el incremento de avistamientos que diversos colectivos venían registrando en los últimos años.
El entorno de Tagomago, por su parte, ha aportado registros de raya águila común, una especie asociada a fondos donde abundan invertebrados de los que se alimenta. Su presencia refuerza la idea de que las Pitiusas funcionan como un mosaico de hábitats capaces de sostener diferentes tipos de elasmobranquios, desde grandes mantas hasta tiburones de menor tamaño.
Según ha señalado el coordinador del Área Marina del GEN-GOB, Xisco Sobrado, los resultados confirmados por el ADN ambiental demuestran que Ibiza y Formentera albergan una diversidad de especies de elasmobranquios que merece ser protegida. Este conocimiento, subraya, es fundamental para orientar decisiones de gestión, ampliación de zonas protegidas o ajustes en determinadas actividades humanas que puedan afectar a estos animales.
Una herramienta clave para la conservación marina
Para la bióloga marina Laura Miralles, experta en genética y conservación marina de la Universidad de Oviedo, el valor de este trabajo va más allá del listado de especies detectadas. La especialista incide en que el ADN ambiental permite saber con precisión dónde están las especies y por qué utilizan determinadas áreas, algo imprescindible a la hora de diseñar políticas de conservación eficaces en el Mediterráneo.
El método se basa en la idea de que cualquier organismo que habita en el medio marino deja restos genéticos a su paso. En el caso de los peces, tiburones y rayas, se trata de escamas, mucus u otros fragmentos biológicos microscópicos que quedan suspendidos en el agua. Al recoger y filtrar esas muestras, es posible capturar el ADN presente y, posteriormente, identificar las especies mediante técnicas genéticas, sin perturbar directamente a los animales.
Este enfoque resulta especialmente útil cuando se trata de especies escasas, elusivas o sometidas a presión pesquera, cuya observación directa resulta difícil y poco representativa. Al no requerir capturas ni marcajes físico-invasivos en esta primera fase, el ADN ambiental se considera una técnica respetuosa con los ecosistemas, que además permite cubrir grandes áreas con un coste relativamente ajustado.
La investigación también aporta pistas sobre posibles cambios en los patrones de distribución de tiburones y rayas asociados al calentamiento del mar. En los últimos años, diversos colectivos locales y usuarios del mar habían reportado un incremento notable de avistamientos de rayas y mantas en aguas cercanas a la costa de las Pitiusas. Aunque el estudio no entra a fondo en el análisis de causas, Miralles apunta que el aumento de la temperatura del agua podría estar favoreciendo desplazamientos hacia nuevas áreas, algo que otros trabajos en el Mediterráneo ya han comenzado a documentar.
Desde IbizaPreservation insisten en que mejorar el conocimiento sobre tiburones y rayas, especies clave para el equilibrio de los ecosistemas marinos, es un paso necesario para poder garantizar una gestión más responsable del litoral. La fundación destaca que iniciativas como esta permiten situar a Ibiza y Formentera como referencia en Europa en investigación marina aplicada a la conservación, siempre que los resultados se integren en la planificación ambiental y se mantenga una colaboración fluida con las administraciones públicas.
Colaboración entre ciencia, entidades locales y administraciones
Uno de los rasgos más destacados del proyecto es la estrecha cooperación entre entidades científicas, organizaciones locales y administraciones. GEN-GOB, la Universidad de Oviedo, IbizaPreservation, WWF y SOLDECOCOS han trabajado de forma coordinada, contando además con el respaldo institucional del Ayuntamiento de Sant Josep de sa Talaia, que ha facilitado la realización de las campañas y la presentación pública de los resultados.
La puesta en común de recursos humanos, conocimiento técnico y financiación ha hecho posible abordar dos campañas de muestreo separadas en el tiempo, algo poco habitual en proyectos de corta duración. Esta continuidad ha permitido comparar los datos obtenidos en invierno y verano, ofreciendo una visión más sólida de la presencia de especies y de su posible variación estacional.
Los resultados se han presentado en un acto abierto al público en las oficinas municipales de Sant Jordi, donde tanto Laura Miralles como Xisco Sobrado han detallado la metodología empleada y han respondido a las preguntas de asistentes y medios de comunicación. Este tipo de actividades pretende acercar la investigación a la ciudadanía y reforzar la idea de que la conservación marina no es solo un asunto científico, sino una responsabilidad compartida.
Representantes de IbizaPreservation, como su directora Inma Saranova, han remarcado durante la presentación que la colaboración entre entidades científicas y actores locales es esencial para avanzar hacia una gestión más sostenible de los mares. La participación de organizaciones de ámbito internacional como WWF, junto con colectivos con fuerte implantación en las islas, subraya además la relevancia que las Pitiusas están adquiriendo en el contexto de la conservación marina mediterránea.
El acceso público al estudio y a sus principales conclusiones se plantea como un elemento más del proyecto, con el objetivo de que otros equipos de investigación, administraciones y agentes del sector pesquero y turístico puedan utilizar esta información como base para nuevas iniciativas, ya sea de seguimiento científico, ordenación del uso del litoral o sensibilización ambiental.
Próximos pasos: marcaje satelital y seguimiento de movimientos
Lejos de quedarse en una instantánea puntual de la biodiversidad marina de Ibiza y Formentera, el proyecto tiene ya definida una nueva fase de trabajo para 2026. Esta etapa estará centrada en el marcaje satelital de rayas mediante dispositivos multiparamétricos de última generación, que permitirán seguir durante unos 200 días diversos aspectos de su vida en el mar.
Estos equipos de seguimiento registrarán datos sobre movimientos, profundidad, temperatura y luminosidad de los hábitats ocupados por las rayas marcadas. La información obtenida ayudará a comprender mejor sus rutas migratorias, sus posibles áreas de reproducción, sus zonas de alimentación y la conectividad entre poblaciones dentro del archipiélago balear.
La combinación de ADN ambiental y marcaje satelital promete ofrecer una visión mucho más completa de la ecología de estas especies en el Mediterráneo occidental. Mientras que el eDNA aporta datos muy fiables sobre dónde están las especies en un momento dado, el seguimiento vía satélite permitirá saber cómo se mueven a lo largo del tiempo y qué características tienen los espacios que utilizan con mayor frecuencia.
Para los responsables del estudio, esta información será clave a la hora de delimitar áreas marinas protegidas más efectivas, ajustar la regulación de determinadas actividades y priorizar zonas en las que la presencia de especies vulnerables o en peligro resulte especialmente significativa. En definitiva, se trata de pasar de la mera constatación de la presencia de tiburones y rayas a un conocimiento operativo capaz de guiar decisiones de gestión a escala local y regional.
Con el impulso de esta nueva fase y la implicación de entidades científicas, organizaciones ambientales y administraciones de las Pitiusas, las aguas de Ibiza y Formentera se consolidan como un laboratorio natural para el estudio y la protección de tiburones y rayas en Europa. Lo que hace apenas unos años eran avistamientos esporádicos hoy se traduce en una base de datos sólida, métodos no invasivos y una hoja de ruta clara para proteger un patrimonio marino tan valioso como frágil.