Tiburones martillo: especies, biología, hábitat y amenazas

Última actualización: 8 mayo 2026
  • Los tiburones martillo forman una familia diversa de once especies, con morfología cefálica única y gran rango de tamaños.
  • Su cabeza en forma de martillo potencia olfato, visión y electrorecepción, convirtiéndolos en depredadores muy eficientes.
  • Son vivíparos placentarios, con camadas numerosas pero ciclos reproductivos lentos, lo que los hace vulnerables a la sobrepesca.
  • La pesca por sus aletas ha causado caídas poblacionales superiores al 80 %, situando a varias especies en peligro de extinción.

tiburones martillo

Los tiburones martillo son de esos animales que, en cuanto los ves, se te quedan grabados para siempre. Su cabeza en forma de T, sus ojos en los extremos y ese movimiento ondulante al nadar hacen que parezcan sacados de una película de ciencia ficción, pero son muy reales y llevan millones de años dominando los mares tropicales y templados del planeta.

Aunque mucha gente solo ha oído hablar del “tiburón martillo” como si fuera una única especie, en realidad hablamos de toda una familia de tiburones, con tamaños, comportamientos y hábitats muy variados: desde pequeños ejemplares de menos de un metro hasta el imponente tiburón martillo gigante, que puede superar los 6 metros de longitud y acercarse a la media tonelada de peso. Vamos a desgranar con calma todo lo que se sabe de ellos: su anatomía, cómo cazan, dónde viven, cómo se reproducen y por qué hoy están en serio peligro.

Taxonomía y clasificación de los tiburones martillo

Los tiburones martillo pertenecen a la familia Sphyrnidae, dentro del orden Carcharhiniformes, el gran grupo de tiburones conocidos como tiburones réquiem. Son peces cartilaginosos (clase Chondrichthyes), concretamente elasmobranquios, igual que otros escualos y las rayas. Dentro de Sphyrnidae hay dos géneros válidos: Eusphyra y Sphyrna, siendo este último el que agrupa la inmensa mayoría de especies conocidas.

En total se reconocen actualmente unas once especies de tiburones martillo repartidas por los océanos cálidos y subtropicales. Entre las más importantes destacan el tiburón martillo gigante (Sphyrna mokarran), el tiburón martillo festoneado (Sphyrna lewini), el tiburón martillo liso (Sphyrna zygaena), el tiburón martillo de ojo pequeño (Sphyrna tudes), el tiburón martillo coronado (Sphyrna corona) o el tiburón pala (Sphyrna tiburo), también conocido como tiburón cabeza de pala.

Los estudios genéticos y fósiles indican que el grupo se originó probablemente entre el Cretácico y el Paleoceno, aunque los fósiles inequívocos de la familia aparecen a partir del Eoceno. Como en otros tiburones, los restos más frecuentes en el registro fósil son los dientes, ya que el esqueleto cartilaginoso se fosiliza muy mal. Su pariente más próximo entre los grupos actuales serían los tiburones réquiem (familia Carcharhinidae).

Curiosamente, el tiburón martillo planeador (Eusphyra blochii) parece ser la especie más “básica” dentro del árbol evolutivo del grupo, la llamada forma basal. Este tiburón tiene el cefalofoide más alargado de todos, lo que sugiere que en el pasado pudieron existir especies con cabezas aún más extremas.

tiburón martillo en el océano

Morfología: una cabeza en forma de martillo única en la naturaleza

Si hay algo que define a esta familia es la cabeza aplanada y ensanchada, llamada cefalofoide, que adopta esa característica silueta de martillo o T. Los ojos y los orificios nasales se sitúan en los extremos de esa expansión lateral, algo que prácticamente no vemos en ningún otro animal marino.

La forma exacta del “martillo” varía mucho según la especie: en el tiburón martillo gigante es una T casi rectilínea y muy ancha; en el tiburón martillo festoneado los bordes son redondeados y presentan una hendidura central; en el martillo liso la cabeza es más suave y sin muescas; y en el tiburón pala el ensanchamiento es mucho más discreto, tanto que se considera la especie con menor aspecto de martillo de todo el grupo.

El cuerpo de los tiburones martillo es muy hidrodinámico, alargado y musculoso, con una primera aleta dorsal grande, generalmente en forma de hoz, y una aleta caudal fuertemente asimétrica, con un lóbulo superior mucho más desarrollado que el inferior. Carecen de espiráculos visibles y presentan cinco hendiduras branquiales a cada lado, como la mayoría de los tiburones.

En cuanto a la dentición, los dientes de la mandíbula superior e inferior son bastante parecidos entre sí: relativamente pequeños a medianos, con una única cúspide central estrecha y sin cúspides secundarias. Puede haber o no crestas y surcos basales. En la parte superior suelen tener entre 25 y 37 dientes por hemimandíbula y en la inferior entre 24 y 37, con varias hileras de recambio por detrás, listas para reemplazar los dientes que se desgastan o se pierden.

Internamente, el cráneo de los tiburones martillo presenta adaptaciones muy particulares. No tienen las típicas crestas supraorbitarias primarias de otros tiburones, sino unas crestas supraorbitarias secundarias resultantes de la fusión de determinados huesos (preorbitarios y postorbitarios), una característica única en el grupo. Las vértebras muestran fuertes calcificaciones en forma de cuña que parecen ayudar en la ejecución de giros bruscos durante la natación.

El color del cuerpo va desde tonos grises a pardos, a veces con matices verdosos, y suele aclararse hacia el vientre, que es blanco. Presentan la clásica contracoloración de los tiburones: vistos desde arriba se confunden con el fondo marino oscuro, y desde abajo se camuflan con el brillo de la superficie, un camuflaje perfecto para sorprender a sus presas.

Tamaños: del tiburón pala al gigantesco Sphyrna mokarran

Dentro de la familia Sphyrnidae hay un rango de tamaños enorme. La especie más grande es el tiburón martillo gigante (Sphyrna mokarran), con una longitud media en torno a 4-4,6 metros y registros máximos entre 5,5 y 6,1 metros, acercándose a los 500 kg de peso. Se conocen ejemplares históricos, como uno capturado frente a Florida en 1906, que superaba los 680 kg.

En el extremo opuesto aparece el tiburón martillo coronado (Sphyrna corona), que apenas ronda los 90 cm de longitud máxima. El tiburón pala o cabeza de pala (Sphyrna tiburo) llega a unos 1,5 metros y unos 11 kg, siendo una de las especies más pequeñas y por eso es relativamente habitual en acuarios públicos.

El tamaño medio de muchos tiburones martillo adultos se sitúa alrededor de los 2-3 metros de longitud. En el caso concreto del tiburón martillo gigante, los machos alcanzan la madurez sexual entre 2,3 y 2,7 metros, llegando al menos a los 3,4 m, mientras que las hembras maduran entre 2,5 y 3 m, pero pueden crecer hasta los 4,8-5,5 m.

Otra especie interesante por su tamaño es la llamada cornuda común o martillo festoneado, muy habitual en grandes bancos. Las hembras suelen superar ligeramente los tres metros, mientras que los machos raramente pasan de los 2,9 m. Estos tiburones forman las típicas “paredes” de martillos que muchos buceadores sueñan con ver.

En cuanto a la coloración, la mayoría presentan un dorso pardo o grisáceo, a veces con tonos azulados cuando se observan a cierta distancia en mar abierto. Los juveniles de algunas especies pueden mostrar bordes más oscuros en las aletas o patrones manchados discretos. El tiburón de ojo pequeño (Sphyrna tudes) destaca por sus tonos amarillentos o anaranjados, debidos a una dieta rica en carotenoides (sobre todo camarones y huevas de peces).

gran tiburón martillo

Sentidos y “superpoderes” del cefalofoide

La forma de martillo de la cabeza no es un capricho estético: aporta ventajas sensoriales e hidrodinámicas muy claras. Al ensanchar la cabeza, los distintos órganos sensoriales se distribuyen sobre una superficie mayor, lo que mejora su precisión y alcance.

Las fosas nasales, situadas en la parte inferior de la cabeza y muy separadas entre sí, permiten un olfato finísimo. Se estima que algunos tiburones pueden detectar una parte de sangre en cien millones de partes de agua. En el gran tiburón martillo, los lóbulos olfativos del encéfalo están especialmente desarrollados, lo que explicaría su capacidad para localizar fuentes de olor a distancias enormes, del orden de kilómetros.

Los ojos, colocados en los extremos del cefalofoide, otorgan un campo de visión extraordinario. Gracias a esa disposición, se ha comprobado que tienen una cobertura visual cercana a los 360° en el plano vertical, es decir, pueden ver al mismo tiempo por encima y por debajo de su cuerpo, además de mejorar la visión estereoscópica y la percepción de la profundidad.

La línea lateral, el sistema sensorial que permite a los peces detectar las ondas de presión y vibraciones del agua, se extiende por los flancos hasta llegar a la región cefálica. En los martillo, esta estructura se prolonga por la cabeza aplanada, lo que se traduce en una detección más eficiente de movimientos cercanos, algo crucial para localizar presas bajo la arena o en aguas turbias.

Por último, el famoso “sexto sentido” de los tiburones se basa en las ampollas de Lorenzini, pequeños órganos electrorreceptores conectados con el exterior por diminutos poros, sobre todo en la cabeza. Están rellenos de un gel conductor y conectados a terminaciones nerviosas capaces de captar campos eléctricos generados por otros animales, incluso enterrados. En los tiburones martillo, al tener tanta superficie cefálica, el número y distribución de estas ampollas es muy amplio, lo que les da una capacidad sobresaliente para encontrar presas camufladas. Más curiosidades sobre estos sentidos pueden consultarse en curiosidades de los tiburones.

Además de la parte sensorial, el propio diseño de la cabeza actúa como una especie de “alerón” hidrodinámico, que ayuda a compensar el empuje descendente del cuerpo durante la natación y mejora la maniobrabilidad. Estudios recientes indican que, aunque la forma del cefalofoide ayuda, la estructura particular de sus vértebras es clave para que puedan girar con tanta rapidez sin perder estabilidad.

Distribución y hábitats: de arrecifes tropicales al Mediterráneo

Los tiburones martillo se encuentran sobre todo en aguas tropicales y subtropicales alrededor del mundo, preferentemente en zonas costeras, plataformas continentales e insulares, y áreas cercanas a arrecifes de coral. Son típicos de mares cálidos, aunque algunas especies, como el martillo liso, se aventuran también en aguas templadas.

El tiburón martillo gigante (Sphyrna mokarran) está distribuido prácticamente por todos los océanos cálidos. Aparece en el Atlántico occidental (desde Florida y el golfo de México hasta Brasil), el Atlántico oriental (incluyendo parte del Índico sudoccidental), el Pacífico occidental (Mar de China, Australia) y el Pacífico oriental (desde el sur de California hasta Ecuador, entre otros lugares). Suele moverse entre la superficie y profundidades de hasta unos 80 metros, aunque puede bajar algo más.

Una zona especialmente importante para esta especie es el mar de Cortés (Golfo de California), considerado área de apareamiento y donde se reúnen en gran número. También se han identificado zonas de cría en manglares costeros del sur de Belice, que actúan como guarderías naturales para los juveniles.

El tiburón pala (Sphyrna tiburo) se distribuye a lo largo de costas tropicales de América, tanto en el Atlántico como en el Pacífico, mientras que el tiburón martillo alado ocupa el mar Rojo y buena parte del Índico occidental hasta el norte de Australia. El tiburón martillo común se encuentra en el Atlántico oriental, incluyendo aguas europeas y del noroeste de África.

En el mar Mediterráneo también se han registrado distintas especies de martillo, sobre todo en el sector occidental: avistamientos frente a las costas de España, Marruecos y Argelia, y en Italia, en el mar de Liguria y alrededor de Sicilia (principalmente Sphyrna mokarran y Sphyrna zygaena). No son tan frecuentes como en zonas tropicales, pero su presencia está documentada en estudios sobre tiburones del Mediterráneo.

En general, los ejemplares juveniles tienden a usar aguas más someras, bahías, estuarios o zonas de manglar, donde encuentran refugio frente a predadores mayores. Algunas especies, como el tiburón de ojo pequeño, están especialmente adaptadas a aguas turbias y fangosas, con una reducción relativa del tamaño del ojo.

grupo de tiburones martillo

Comportamiento, vida social y encuentros con buceadores

Al contrario que muchos tiburones solitarios, varias especies de tiburones martillo muestran una vida social bastante desarrollada. Se han observado enormes cardúmenes de cientos de individuos —a veces más de 500— en zonas como el mar de Cortés, Costa Rica, Colombia, Hawái, el mar Rojo, Sudáfrica, Australia, el mar de China Oriental e incluso en el Mediterráneo (Estrecho de Mesina y Estrecho de Sicilia).

Estas agregaciones masivas podrían tener varias funciones: defensa frente a depredadores, protección de los ejemplares más pequeños, intercambio social o fines reproductivos, aunque las causas exactas aún no están del todo claras. Lo que sí se sabe es que suelen segregarse por sexo y edad, formándose grupos mayoritariamente de hembras o de individuos juveniles.

El gran tiburón martillo, en cambio, suele ser más bien solitario y nocturno. Otros tiburones prefieren evitarlo, porque no duda en comerse ejemplares de su propia especie más pequeños. Aunque por lo general no muestra una agresividad descontrolada hacia los humanos, realiza pasadas cercanas cuando bucea gente en su entorno, por lo que conviene mantener siempre la calma y respetar su espacio.

Las especies más pequeñas de martillo —por ejemplo las cornudas comunes— suelen ser tímidas y huidizas. Muchos buceadores experimentan la situación de estar en un punto famoso por avistamientos y no ver ni un solo ejemplar… hasta que, de repente, aparece un tiburón martillo de la nada, nadando con aparente pereza, moviendo su gran cabeza en un vaivén lateral y contorsionando el cuerpo de forma sinuosa, seguido en ocasiones por toda una escuela de decenas de animales.

Esta escena, con la pared de martillos cruzando en fila, la coloración pardo-azulada del cuerpo mimetizada con el azul profundo y la silueta del “martillo” recortándose en el agua, es una de las experiencias de buceo más memorables que se pueden vivir. Al mismo tiempo, los tiburones analizan lo que tienen delante y, una vez comprueban que no eres una presa ni una amenaza, se desentienden y continúan su rumbo siguiendo la corriente.

Alimentación: de crustáceos y peces a otros tiburones

Los tiburones martillo son depredadores muy versátiles, con una dieta amplia y oportunista. Sus presas incluyen una gran variedad de invertebrados (cangrejos, langostas, gambas, calamares, pulpos), peces óseos (sábalos, sardinas, bagres marinos, meros, pargos, jureles, roncadores, peces planos, peces cofre) y otros elasmobranquios como rayas y tiburones más pequeños.

Muchas especies parecen mostrar una especial preferencia por las rayas y peces de fondo. Aprovechando sus capacidades eléctricas y táctiles, nadan a baja altura sobre el fondo arenoso, detectando a los animales enterrados. Cuando localizan una raya, pueden utilizar su propia cabeza como “martillo” literal: la presionan contra el sustrato para inmovilizarla y la muerden repetidas veces hasta debilitarla por completo.

En lugares como el atolón de Rangiroa se ha observado al gran tiburón martillo alimentarse de manera oportunista de tiburones grises agotados tras intensas persecuciones durante el apareamiento. En Panamá, dientes fósiles sugieren que en el pasado esta especie llegó a depredar sobre megalodones juveniles, compartiendo ecosistema con el extinto Hemipristis serra.

La familia también ofrece algún caso curioso desde el punto de vista dietético: el tiburón pala (Sphyrna tiburo) puede ingerir grandes cantidades de pastos marinos, que en ciertos momentos constituyen hasta la mitad de su contenido estomacal. Se han encontrado evidencias de que no solo los traga por error, sino que es capaz de digerir parcialmente este material vegetal, lo que lo convierte en uno de los pocos tiburones omnívoros conocidos junto con el tiburón ballena.

En cuanto a la interacción con humanos, los ataques de tiburones martillo son muy escasos. El Archivo Internacional de Ataques de Tiburones recoge solo 17 incidentes no provocados del género Sphyrna desde 1580 hasta hoy, sin muertes confirmadas; por ejemplo, hay documentación sobre un ataque en Isla del Coco. Aun así, las especies grandes como el martillo gigante o el festoneado se consideran potencialmente peligrosas por su tamaño y poder de mordida, por lo que siempre hay que tratarlas con respeto.

Reproducción: viviparidad placentaria y hasta partenogénesis

La reproducción de los tiburones martillo es uno de los aspectos más fascinantes de su biología. Presentan un tipo de reproducción vivípara placentaria, similar en algunos aspectos a la de los mamíferos. Tras la fecundación interna —el macho introduce el esperma en la cloaca de la hembra mediante uno de sus dos pterigopodios—, los embriones se desarrollan primero alimentándose de su saco vitelino.

Cuando se agota esa reserva, el saco vitelino se transforma en una estructura análoga a una placenta, llamada placenta del saco vitelino o pseudoplacenta, a través de la cual la madre suministra nutrientes a las crías hasta el momento del parto. Una vez nacen, los pequeños tiburones son totalmente independientes y no reciben cuidados parentales.

En el caso del tiburón martillo gigante, las camadas suelen ser muy numerosas, con entre 20 y 40 crías. En otros martillos, lo más frecuente son camadas de 12 a 15 individuos, aunque algunas especies de menor tamaño pueden tener de 6 a 9 neonatos de unos 35 cm. Las dimensiones al nacer en las especies grandes rondan los 50-70 cm.

El periodo de gestación es relativamente largo, entre 8 y 16 meses según la especie, y las hembras de gran tiburón martillo solo se reproducen aproximadamente cada dos años. Esta baja frecuencia, unida a la mortalidad pesquera, hace que sus poblaciones se recuperen muy lentamente. En algunas especies, además, la hembra puede almacenar esperma durante varios meses tras el apareamiento para ajustar el momento del parto a la época más favorable.

Un hallazgo especialmente llamativo se produjo con el tiburón pala (Sphyrna tiburo): una hembra dio a luz en un zoológico de Nebraska sin contacto con machos durante años. El análisis genético descartó la presencia de esperma almacenado, y se concluyó que el nacimiento se debió a partenogénesis automíctica, es decir, el óvulo se fusionó con un cuerpo polar produciendo un embrión viable sin fecundación externa. Fue la primera vez que se documentó este tipo de reproducción asexual en un tiburón martillo.

Durante el cortejo, los machos de muchas especies muerden con fuerza a las hembras para forzar el apareamiento, lo que deja frecuentemente marcas visibles en la piel de las hembras adultas. Después del nacimiento, las crías se desplazan hacia bahías cálidas y poco profundas, donde pasan sus primeros años a salvo de los grandes depredadores oceánicos.

Relación con el ser humano, conservación y cultura

Por desgracia, la relación entre los tiburones martillo y los humanos es hoy en día muy desequilibrada. Aunque no somos su presa natural, la especie que más daño hace al otro en esta relación es, con mucha diferencia, la nuestra. La pesca dirigida e incidental ha provocado desplomes espectaculares en muchas poblaciones.

Sus aletas se consideran un producto de alta calidad en el comercio internacional de aletas de tiburón, especialmente en algunos países asiáticos, donde se utilizan para elaborar la conocida sopa de aleta. El problema es que la práctica habitual de muchos pesqueros consiste en cortar las aletas y devolver al animal todavía vivo al mar, donde muere irremediablemente: es lo que se conoce como aleteo (finning).

Aunque la carne de tiburón martillo se consume ocasionalmente en lugares como Trinidad y Tobago, Venezuela, Kenia o Japón, en la mayoría de casos el cuerpo se descarta y solo se aprovechan las aletas. Según datos de la FAO, las capturas declaradas de tiburones martillo pasaron de apenas 75 toneladas en 1990 a más de 6300 toneladas en 2010, sin contar el importante volumen de pesca no reportada.

Los estudios muestran descensos brutales: se calcula que las poblaciones de martillos han sufrido una reducción de al menos el 80 % desde 1980 en muchas zonas. En el océano Índico se estima una caída del 79 % entre 1978 y 2003, y en el Atlántico noroccidental y el golfo de México, de alrededor del 90 % desde mediados de los 80. La Lista Roja de la UICN clasifica al tiburón martillo gigante y al martillo festoneado como especies en peligro, y al martillo de ojo grande como vulnerable.

En los últimos años se han dado pasos importantes a nivel de gestión. En 2013, todas las especies de tiburones martillo fueron incluidas en el Apéndice II de la CITES, de modo que su comercio internacional requiere permisos y controles. Algunos países han ido más allá: España prohibió la pesca de tiburones martillo en 2010, y Perú ha establecido cuotas concretas para especies como el martillo liso.

Este grupo también tiene un papel destacado en varias culturas. En el estrecho de Torres, por ejemplo, el tiburón martillo —conocido como beizam— es un tótem familiar habitual y aparece representado en objetos ceremoniales, como los elaborados tocados dari usados en danzas tradicionales. Se asocia con la ley y el orden, y artistas como Ken Thaiday Sr. han popularizado su imagen en obras escultóricas.

En la tradición hawaiana, los tiburones son considerados aumakua, espíritus protectores ancestrales. El tiburón martillo (mano kihikihi) no se ve como un depredador de hombres, sino como uno de los tiburones más respetados del océano. Muchas familias creen que ciertos miembros fallecidos se reencarnan en tiburón martillo, y que su presencia cerca de la costa indica que los dioses vigilan a la comunidad y que el mar se mantiene limpio y en equilibrio.

A día de hoy, los tiburones martillo representan un depredador tope perfectamente adaptado a su entorno, con capacidades sensoriales excepcionales, una biología reproductiva compleja y un comportamiento social más rico de lo que se pensaba. Lejos de ser monstruos marinos, son piezas clave en la salud de los ecosistemas oceánicos y un patrimonio natural y cultural que, si queremos seguir viendo en los arrecifes y en mar abierto, depende de que logremos frenar la sobrepesca y el comercio de sus aletas antes de que sus siluetas inconfundibles desaparezcan de nuestros mares.

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