- La Junta inscribe la perdiz con reclamo como Bien de Interés Cultural en el CGPHA
- Reconocimiento como Actividad de Interés Etnológico con obligaciones de protección
- Informe de la Universidad de Sevilla: léxico propio, saberes tradicionales y 47 entrevistas
- Amplio respaldo institucional y reacciones encontradas, con críticas de PACMA
Andalucía ha dado luz verde a la declaración de la caza de la perdiz con reclamo como Bien de Interés Cultural, un paso que sitúa a la comunidad a la vanguardia en la protección de esta modalidad cinegética tradicional. El acuerdo, adoptado por el Consejo de Gobierno, incorpora la práctica al Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz bajo la figura de Actividad de Interés Etnológico.
La decisión culmina tres años de trabajo impulsado por la Federación Andaluza de Caza, con el apoyo de la Fundación Artemisan y el aval técnico de la Universidad de Sevilla, y llega tras recibir un respaldo institucional amplio por parte de centenares de municipios y varias diputaciones provinciales. Andalucía se convierte así en la primera autonomía en reconocer oficialmente esta modalidad como patrimonio cultural.
Qué implica la protección como BIC
La inscripción en el CGPHA dota a la modalidad de protección jurídica y obligaciones de conservación, transmisión y difusión. En la práctica, cualquier cambio normativo deberá considerar su condición patrimonial, y la Administración queda vinculada a promover su conocimiento como manifestación viva de la cultura popular, especialmente en el medio rural.
El reconocimiento llega por su valor inmaterial: saberes transmitidos de generación en generación, códigos de conducta propios, una simbología compartida y un léxico específico que forman parte del acervo de los practicantes. También pondera la artesanía asociada —jaulas, útiles y pertrechos— en la que participan oficios tradicionales como herrería y carpintería.
Argumentos técnicos y etnográficos
El expediente se apoya en un estudio del Departamento de Antropología de la Universidad de Sevilla que acredita que la modalidad cumple los requisitos para su catalogación. La investigación, de carácter cualitativo, combinó cuadernos de campo, fichas patrimoniales, asistencia a jornadas y eventos, y realizó 47 entrevistas en profundidad a reclamistas de toda la geografía andaluza.
Entre los elementos valorados destacan la oralidad y un vocabulario propio creado por los aficionados, el conocimiento del entorno y del comportamiento de la perdiz, así como las cosmovisiones de los cuquilleros sobre el medio. El informe subraya, además, la sociabilidad y el asociacionismo de un colectivo con más de 30.000 practicantes en Andalucía.
Estas características reafirman que la perdiz con reclamo trasciende lo cinegético y se integra en el patrimonio etnológico de los pueblos andaluces, donde conviven tradición, técnica y comunidad.
Cómo se practica esta modalidad
La actividad se desarrolla en cotos, donde el macho de perdiz enjaulado, adiestrado por el reclamista, provoca la respuesta de ejemplares silvestres. La elección de la plaza, la distancia y la orientación del puesto son decisiones clave basadas en un conocimiento fino del ecosistema, la orografía y las querencias de las aves.
No se limita a los días de lance. La modalidad articula su práctica en torno a un doble eje de espacio y tiempo: la casa del cazador y el campo como escenarios, y una dedicación anual que abarca la veda, los cuidados de los perdigones y la preparación de la temporada, además del periodo de celo en el que se permite el uso del reclamo.
Trayectoria histórica y arraigo
La perdiz con reclamo hunde sus raíces en la Edad Media, con referencias que se extienden por todo el área mediterránea. La introducción de la pólvora transformó los métodos de captura, pero la esencia de la técnica permanece cercana a la descrita por autores clásicos.
Incluso existen testimonios que apuntan a su presencia al menos desde época romana, lo que evidencia la continuidad de una práctica que ha ido adaptándose sin perder su carácter identitario.
Apoyos y camino hasta la declaración
El proyecto arrancó en 2022 de la mano de la Federación Andaluza de Caza, con la colaboración de la Fundación Artemisan y el respaldo académico de la Universidad de Sevilla. A nivel institucional reunió el apoyo de numerosos ayuntamientos y de diversas diputaciones provinciales —entre ellas Granada, Jaén, Sevilla, Almería, Cádiz, Córdoba y Huelva—, evidenciando la raigambre social de la modalidad.
En provincias como Almería, el respaldo fue especialmente visible, con múltiples plenos municipales aprobando mociones a favor. Desde la FAC se ha insistido en el papel de los cazadores federados que, con sus cuotas, han contribuido a financiar el proceso que hoy cristaliza en la protección cultural.
Reacciones y próximos pasos
La declaración ha sido recibida con satisfacción en el ámbito cinegético, que la interpreta como un blindaje frente a vaivenes normativos y una oportunidad para difundir sus valores culturales. Al mismo tiempo, colectivos animalistas como PACMA han mostrado su rechazo, argumentando que el uso de un macho enjaulado supone estrés para el animal y cuestionando que esta práctica deba ampararse bajo la etiqueta de patrimonio.
En paralelo, la FAC prepara un acto público de celebración previo al comienzo de la temporada, y la Junta de Andalucía asume el compromiso de promoción y tutela derivado de su condición de BIC, en línea con lo acordado en el Pacto Andaluz por la Caza.
Con este reconocimiento, la perdiz con reclamo queda situada en un marco de protección cultural y continuidad que refuerza su transmisión a futuras generaciones, a la vez que abre un espacio de debate sereno sobre su práctica, su relación con el territorio y su papel en la identidad rural andaluza.
