- El perro Boro, desaparecido tras el accidente ferroviario de Adamuz, ha sido localizado y rescatado con vida.
- Más de 200 personas entre bomberos forestales, Guardia Civil, PACMA y voluntariado han participado en un dispositivo complejo en terreno escarpado.
- Su dueña Ana y su hermana, embarazada y en la UCI, convirtieron la búsqueda del animal en un símbolo de apego a las mascotas en plena tragedia.
- El caso abre debate sobre el rescate de animales de compañía en grandes emergencias y el papel de la solidaridad ciudadana.

La historia de Boro, el perro desaparecido del tren de Adamuz, se ha convertido en uno de los relatos más humanos surgidos de la tragedia ferroviaria en Córdoba. En mitad del shock por el descarrilamiento y el elevado número de víctimas, la búsqueda de este mestizo de schnauzer y perro de agua ha mantenido en vilo a miles de personas dentro y fuera de Andalucía.
Tras varios días de rastreos, bulos, avistamientos fallidos y una intensa campaña en medios y redes sociales, el animal ha sido finalmente localizado y devuelto a su familia. El reencuentro, captado por las cámaras del dispositivo de emergencias, ha supuesto un pequeño alivio para quienes seguían minuto a minuto la suerte del perro, especialmente para su dueña y su entorno más cercano.
Del descarrilamiento al inicio de la búsqueda de Boro
El siniestro ferroviario se produjo un domingo 18 de enero a la altura de Adamuz (Córdoba), cuando dos trenes -un Iryo que cubría el trayecto Málaga-Madrid y un Alvia- descarrilaron, causando más de 40 fallecidos y más de un centenar de heridos. Entre los 527 pasajeros que viajaban en ambos convoyes se encontraban Ana y su hermana, dos jóvenes malagueñas que trabajan en Madrid, junto a su perro Boro, considerado un miembro más de la familia.
Las dos hermanas viajaban en el vagón 7 del tren de Iryo tras pasar el fin de semana con la familia en Málaga. El impacto y las escenas posteriores, descritas por Ana como una auténtica “película de terror”, estuvieron marcados por los gritos, el caos y la labor contrarreloj de los equipos de rescate. Los bomberos lograron sacar a ambas con vida: la hermana de Ana, embarazada de cinco meses, fue evacuada grave y permanece en la UCI, mientras Ana sufrió lesiones pero pudo mantenerse en pie.
En esos minutos de desconcierto, Boro salió del tren y huyó campo a través, asustado por el ruido y la confusión. Ana relató que llegó a verlo junto a ella en la zona del siniestro, pero que el animal echó a correr y ella tuvo que elegir entre seguirlo o permanecer al lado de su hermana herida. “No podía dejarla sola”, explicaba, todavía en shock.

El llamamiento desesperado de la familia y la movilización ciudadana
Pocas horas después del accidente, ya en contacto con los medios, Ana aprovechó las cámaras para pedir ayuda. Entre lágrimas, en programas de televisión como El programa de Ana Rosa y en declaraciones a distintos diarios, suplicó colaboración para localizar a su perro, al que definió como “uno más de la familia” y del que destacaba que era muy asustadizo y de tamaño mediano.
La joven, malagueña de origen y residente en Madrid, se desplazó cojeando y con la pierna escayolada hasta Adamuz para organizar in situ la búsqueda de Boro. Recorrió comercios y bares de la localidad repartiendo carteles con su fotografía, en los que podía leerse: “Se busca a Boro. Perdido en el accidente de Adamuz. Cualquier información es útil”. Esos folletos, junto con publicaciones en redes sociales, empezaron a multiplicarse por toda España.
Mientras tanto, las redes se llenaron de mensajes pidiendo que se ayudara a localizar al perro. Desde la protectora de animales de Adamuz y la protectora de Málaga difundieron su descripción: mestizo de schnauzer y perro de agua, de color oscuro, mayor, con carácter nervioso y una placa identificativa azul que, según se supo después, podría haberse perdido durante la huida.
La movilización ciudadana fue a más: voluntarios de distintas provincias se desplazaron hasta la zona para sumarse a las batidas. Se crearon grupos de WhatsApp para coordinar turnos y recorridos, y el Partido Animalista PACMA centralizó parte de la información para evitar que el gentío asustara aún más al animal. En paralelo, comenzaron a circular bulos: en un primer momento se difundió que el perro ya había sido encontrado y acogido por una familia del pueblo, extremo que luego fue desmentido.
Desde las protectoras y las coordinadoras del dispositivo se insistía en actuar con calma: pedían que, en caso de ver a un perro que pudiera ser Boro, se hiciera una fotografía y se anotara la ubicación exacta, sin intentar atraparlo para no obligarlo a huir más lejos. La consigna era clara: no montar grandes batidas espontáneas que pudieran ponerlo en peligro.

Permisos, operativos y primeros avistamientos
Con el paso de las horas, la búsqueda de Boro empezó a entrar en una fase más organizada. PACMA solicitó formalmente al Ministerio del Interior y a la Guardia Civil permiso para que un equipo especializado en rescate de animales pudiera acceder al área del siniestro, un perímetro restringido por tratarse de una zona bajo investigación judicial y de alto riesgo.
La autorización llegó y, escoltados por la Guardia Civil, tres rescatistas con experiencia en este tipo de intervenciones accedieron a la zona. Su objetivo era localizar al perro utilizando métodos controlados -como cámaras de fototrampeo y rastreo discreto-, sin interferir en las labores de emergencias ni poner en riesgo a nadie. Javier Luna, presidente de PACMA, advirtió de que se trataba de un “entorno de alto riesgo tanto para el animal como para la seguridad general”.
Paralelamente, el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil y efectivos de distintos cuerpos de seguridad comenzaron también a vigilar los alrededores de las vías, preguntando a agricultores y trabajadores de fincas cercanas si habían visto al perro. Fue uno de esos agentes del Seprona quien logró un primer avistamiento claro: detectó a Boro en una finca del término municipal, trató de acercarse y el animal, totalmente aterrado, salió corriendo de nuevo.
Ese avistamiento resultó clave: permitió acotar un perímetro de búsqueda concreto para la jornada siguiente. Aun así, la frustración era evidente: la familia y los voluntarios sabían que el perro seguía vivo, pero cada intento fallido incrementaba la ansiedad del entorno de Ana, que insistía en que no se quedaría tranquila hasta que su compañero de cuatro patas regresara con ellas.
Durante esos días, las actualizaciones sobre la situación de Boro se convirtieron en una especie de parte paralelo a la crisis ferroviaria. Medios de comunicación y redes sociales recogían tanto los avances de la investigación del accidente como las noticias -ciertas o no- sobre el paradero del animal. Incluso se publicó una actualización específica en la mañana del 20 de enero aclarando que Boro seguía vivo pero aún no había sido rescatado, ante la proliferación de informaciones contradictorias.

El operativo definitivo del Infoca y el rescate
La operación dio un vuelco cuando los bomberos forestales del Plan Infoca, dependiente de la Agencia de Emergencias de Andalucía, se incorporaron de forma decisiva al dispositivo. Conocedores del terreno, acostumbrados a trabajar en zonas escarpadas y de difícil acceso, ayudaron a diseñar un rastreo sistemático a partir del último punto donde había sido visto el perro.
Rubén Flores, jefe de grupo del Infoca, explicó después que el avistamiento de la tarde anterior fue determinante. A partir de las 9:00 horas del día siguiente, se fijó un perímetro de búsqueda más concreto y se desplegaron equipos en distintos sectores. Las condiciones meteorológicas fueron relativamente favorables, lo que permitió avanzar más rápido de lo previsto.
Pasadas las 11:00 horas, un contingente de bomberos forestales localizó finalmente a Boro a varios kilómetros de las vías, en una zona de campo abierta pero rodeada de terreno irregular. Esta vez, con un planteamiento más pausado y coordinado, lograron acercarse sin espantarlo y pudieron asegurarlo. “Parecía que nos estaba esperando”, confesó Flores, visiblemente emocionado, en declaraciones posteriores a TVE.
El propio Infoca difundió en la red social X varias imágenes del momento, en las que se veía al perro junto a los bomberos forestales, así como instantes después del reencuentro con la familia. El Servicio de Extinción de Incendios Forestales de Andalucía compartió también el abrazo entre Boro y Ana, mezcla de schnauzer y perro de agua, después de horas de incertidumbre y nerviosismo.
El dispositivo, según detalló la familia a través de su portavoz, Ana Granados, llegó a movilizar a alrededor de 200 personas entre efectivos del Infoca, agentes de distintos cuerpos, rescatistas de PACMA y voluntarios llegados desde múltiples puntos de España. El operativo estaba inicialmente planificado para mantenerse activo hasta el domingo, pero la rápida localización del perro permitió cerrarlo antes de lo previsto.
Un reencuentro cargado de emoción y un simbolismo inesperado
El momento en que Boro volvió a los brazos de Ana y de su familia fue descrito por quienes lo presenciaron como uno de los pocos instantes de alivio en una semana marcada por el dolor. Rubén Flores admitió que el rescate había sido “emocionante” y que durante esos días habían vivido muy de cerca la angustia de la familia: “Hemos trabajado codo con codo con ellos y hemos sentido su desesperación”, reconoció.
Ana Granados, en representación de los allegados del animal, se refirió a la búsqueda como “muy difícil, por la extensión y la dureza del terreno”. Señaló que el caso de Boro debería servir como precedente de cara a futuras tragedias, al demostrarse que es posible coordinar un esfuerzo específico para rescatar animales de compañía sin restar recursos a las víctimas humanas. “Para nosotros es familia y es tan importante buscarlo como localizar a las personas víctimas del accidente”, subrayó.
La noticia del rescate fue recibida con alivio también por responsables institucionales. El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, celebró públicamente la buena noticia en sus redes sociales, recordando que, si bien las personas son la prioridad, los animales “juegan un papel precioso en nuestro día a día”. El caso se convirtió en un ejemplo visible del vínculo emocional entre familias y mascotas en el contexto de una gran emergencia.
En el ámbito local, el alcalde de Córdoba, José María Bellido, había destacado ya la ola de solidaridad que recorrió la provincia tras el accidente. En un balance sobre el operativo de emergencias, hizo referencia al impacto emocional de la tragedia y a la respuesta de la ciudadanía, que incluyó tanto la atención a las víctimas como el apoyo a una familia que, además de enfrentarse a la hospitalización de una de sus integrantes, no renunció a recuperar a su perro.
Una historia paralela en plena tragedia ferroviaria
Mientras avanzaba la investigación de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios para determinar las causas del descarrilamiento, la situación de Boro se fue instalando como una especie de relato paralelo. Medios nacionales y locales dedicaban espacio tanto a los datos sobre fallecidos y heridos como a la última hora de la búsqueda del animal, que llegó a ser calificado como “el perro que se convirtió en símbolo”.
No faltaron, sin embargo, las voces críticas. En redes sociales se abrió un debate sobre la conveniencia de centrar tanta atención mediática en un animal cuando todavía se trabajaba en la identificación de víctimas y en la asistencia a decenas de heridos. Frente a estas posturas, otras muchas personas defendían que preocuparse por el perro no restaba importancia a la tragedia humana, sino que añadía un componente de empatía y humanidad en un contexto especialmente duro.
El propio desarrollo de la búsqueda obligó a combatir desinformaciones y rumores. Desde cuentas oficiales y protectoras se insistió en la necesidad de seguir solo los canales verificados para conocer el estado de Boro, después de que circularan mensajes falsos asegurando que ya estaba a salvo. Estas aclaraciones fueron constantes hasta que la familia, las protectoras y los servicios de emergencias confirmaron públicamente el rescate.
En paralelo, se reforzó también la atención psicológica a vecinos y afectados en la zona. La Diputación de Córdoba, a través de su delegación de Derechos Sociales, subrayó la importancia de diferenciar entre reacciones normales de duelo y aquellas que pueden derivar en problemas más graves, recordando que la población local había mostrado una gran solidaridad desde el primer momento y necesitaba también cuidarse.
Aunque la dimensión principal de la tragedia sigue siendo el elevado número de vidas perdidas y el impacto en las familias de las víctimas, la peripecia de Boro ha quedado fijada como un capítulo singular en la crónica de lo ocurrido en Adamuz. Ha evidenciado, además, cómo en momentos extremos las historias individuales -incluidas las de los animales de compañía- pueden canalizar parte de la angustia colectiva y ofrecer, de vez en cuando, un pequeño respiro.
La odisea de Boro, desde el momento en que salió despavorido del vagón 7 hasta su captura por los bomberos forestales y el abrazo final con su familia, resume buena parte de las emociones desatadas tras el accidente: miedo, incertidumbre, impotencia, pero también coordinación entre administraciones, trabajo de los profesionales de emergencias, implicación de colectivos animalistas y una gran dosis de solidaridad ciudadana. En medio de una de las peores crisis ferroviarias recientes en España, el regreso de este perro a casa se ha convertido en uno de los pocos relatos con final feliz.