Los perros ya eran muy diversos desde su origen

Última actualización: 18 noviembre 2025
  • Los primeros perros mostraban una gran variedad de formas mucho antes de las razas modernas.
  • El análisis de 643 cráneos con técnicas 3D sitúa la morfología canina doméstica en el Holoceno inicial.
  • La diversidad temprana alcanzaba cerca de la mitad de la actual y duplicaba a la de los lobos del Pleistoceno.
  • Estudios genómicos en Eurasia confirman que perros y humanos migraron y se mezclaron juntos.

Perros antiguos y diversidad morfológica

Una nueva oleada de investigaciones pone en cuestión la idea de que la variedad canina sea un fenómeno moderno: los perros de la Prehistoria ya eran muy diversos en formas y tamaños. Publicados en la revista Science, estos trabajos combinan morfología 3D y ADN antiguo para reconstruir cómo y cuándo apareció esa amplitud de rasgos.

El foco europeo es especialmente relevante: equipos de Francia, España y el Reino Unido han contribuido de manera decisiva a demostrar que, mucho antes de los clubes caninos del siglo XIX, la diversidad morfológica estaba en marcha. Desde Montpellier a Murcia y Barcelona, las instituciones europeas han sumado datos arqueológicos y análisis comparativos de referencia.

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La diversidad no nació en la era victoriana

Durante décadas se asumió que el auge de los clubes de crianza y estándares de raza en la época victoriana aceleró y prácticamente “creó” la enorme variedad de perros actuales. Ese impulso existió y formalizó la cría selectiva, pero el nuevo panorama señala que la película empezó antes: los primeros perros ya presentaban variación apreciable, aunque sin los extremos modernos (como los hocicos ultracortos de ciertas razas braquicéfalas).

La Federación Cinológica Internacional reconoce hoy cientos de razas en todo el mundo, un mosaico que suele vincularse a los últimos dos siglos. Sin embargo, la evidencia arqueológica y biométrica indica que la base de esa diversidad es mucho más antigua, asentada cuando los perros empezaron a convivir con los humanos al final de la última glaciación.

Cómo se investigó: 643 cráneos y morfometría 3D

El equipo internacional escaneó 643 cráneos de cánidos procedentes de yacimientos de todo el planeta y de ejemplares modernos, abarcando alrededor de 50.000 años. La morfometría tridimensional permitió medir diferencias sutiles de forma y tamaño, separando con precisión lobos, perros antiguos y perros actuales.

En esa matriz comparativa emergen varios hitos: los ejemplares del Pleistoceno tardío con dudas de clasificación resultan ser “morfologicamente lobos”, mientras que los del Holoceno inicial ya se solapan claramente con los perros modernos. El cráneo más antiguo con rasgos inequívocamente domésticos se sitúa en el norte de Rusia y ronda los 11.000 años, asociado a enterramientos humanos del yacimiento de Veretje.

Los autores cuantifican, además, la amplitud de la variación: los primeros perros duplicaban la diversidad de los cánidos del Pleistoceno, si bien alcanzaban aproximadamente la mitad del rango morfológico de los perros contemporáneos. Es decir, el abanico se abrió pronto y luego se amplificó con la cría dirigida.

Desde España, el área de Anatomía y Embriología de la Universidad de Murcia destaca que esta evidencia no invalida el papel moderno de la cría selectiva, sino que lo reubica: la variación preexistente fue considerable y, a partir del siglo XIX, se intensificó y ordenó en estándares, consolidando cientos de razas.

Qué dicen los expertos en España y Europa

Investigadoras de la Universitat Autònoma de Barcelona subrayan que en los inicios de la domesticación no se buscaba un “tipo ideal”, sino que las poblaciones humanas moldearon a los perros al ritmo de sus entornos, dietas y tareas: caza, pastoreo, vigilancia o tiro en climas extremos.

Desde el Institut Català d’Arqueologia Clàssica se apunta a una combinación de factores ambientales y humanos que explicaría la variabilidad craneal documentada en la Prehistoria. Más tarde, ya en periodos históricos como el romano, la selección antrópica consciente habría tenido mayor peso para ajustar a los perros a necesidades concretas.

El grupo de la Universidad de Exeter confirma que los rasgos más extremos de algunas razas actuales no aparecen en los restos antiguos. Aun así, recalcan que en el Holoceno temprano se detecta una sorprendente amplitud de formas, con cráneos más compactos, hocicos algo más cortos o estructuras intermedias respecto a los lobos, reflejando una domesticación en curso.

Todo ello encaja con el papel de Europa en la historia de la cría y también con hallazgos arqueológicos del continente: enterramientos conjuntos de humanos y perros, diversidad de tamaños y usos, y una transición desde la convivencia funcional hacia programas de cría más sistemáticos con el paso de los milenios.

ADN y caminos compartidos por Eurasia

Un segundo trabajo en Science, centrado en genomas antiguos, revela que los perros se desplazaron con los humanos a través de Eurasia durante el Holoceno. Al comparar linajes caninos y ancestrías humanas, emergen asociaciones claras entre grupos del este de Asia y del Ártico con perros afines, y entre poblaciones occidentales y linajes caninos euroasiáticos occidentales.

La señal genética respalda episodios de difusión tecnológica y cultural: cuando ciertas comunidades de la estepa llevaron conocimientos a grandes distancias, sus perros viajaron con ellas. Estos movimientos, documentados por muestras de ADN de distintas épocas, apuntan a que los perros fueron parte integral de las redes de migración y comercio.

Lo que aún falta por resolver

La domesticación del perro sigue teniendo preguntas abiertas: no hay consenso definitivo sobre el lugar, el momento exacto ni el número de eventos de origen. La morfología doméstica aparece clara hace unos 11.000 años, pero el proceso seguramente se inició antes, durante el Pleistoceno tardío, con la convergencia de presiones ecológicas y humanas en múltiples regiones.

Con métodos de morfometría 3D, dataciones y genómica, la investigación europea y española está refinando el relato: los perros de la Antigüedad ya mostraban una variabilidad notable y acompañaron a las personas en sus movimientos, y solo posteriormente la cría intensiva consolidó los rasgos extremos. Para entender la riqueza canina actual, conviene mirar atrás: la diversidad empezó mucho antes de los pedigríes y los anillos de exposición.