- Identificada la especie Microeledone galapagensis a profundidades extremas de casi 1.800 metros.
- El cefalópodo posee un tamaño similar al de una pelota de golf y carece de saco de tinta por su vida en el abismo.
- Se utilizó tecnología de rayos X en 3D para estudiar su anatomía interna sin necesidad de realizar una disección.
- Su coloración inversa funciona como un escudo óptico para ocultar a presas brillantes de otros depredadores.
Las profundidades marinas siempre nos guardan alguna sorpresa que nos deja con la boca abierta, y esta vez el escenario ha sido el archipiélago de las Galápagos. Un equipo internacional de investigadores ha sacado a la luz los detalles de una nueva especie de cefalópodo que, pese a su reducido tamaño, está dando mucho de qué hablar en los círculos científicos de todo el mundo por sus peculiares rasgos biológicos.
Se trata de un diminuto pulpo de color azul intenso que fue avistado por primera vez a unos 1.800 metros bajo la superficie del océano. Lo más curioso del asunto es que, aunque el encuentro original se produjo hace ya unos años, ha sido ahora cuando la ciencia ha podido confirmar oficialmente que estamos ante un animal totalmente desconocido hasta la fecha, bautizado formalmente como Microeledone galapagensis, una joya biológica que no llega a superar el tamaño de una pelota de golf.
El hallazgo del E/V Nautilus en el abismo

Todo comenzó gracias a la labor del buque de exploración E/V Nautilus, que realizaba una misión en las inmediaciones de la Isla Darwin. Durante el rastreo del fondo oceánico, un vehículo operado de forma remota captó el movimiento de esta criatura sobre un monte submarino, lo que supuso una colaboración fructífera entre la Fundación Charles Darwin y el Parque Nacional Galápagos. Al verlo en las pantallas, los propios operarios no pudieron evitar compararlo con un pequeño peluche debido a su aspecto redondeado y sus ojos desproporcionadamente grandes.
No fue una tarea de un día para otro, ya que la logística para trasladar un ejemplar tan delicado desde el Pacífico hasta el Field Museum de Chicago se las trae. Una vez allí, la experta Janet Voight se encargó de liderar las investigaciones para determinar en qué parte del árbol genealógico encajaba este pequeño animal. Lo que en principio parecía un pulpo común de profundidad, acabó revelando una serie de estructuras anatómicas singulares que obligaron a revisar lo que se sabía sobre su familia biológica.
Ciencia de vanguardia para un único ejemplar

Uno de los grandes dilemas a los que se enfrentó el equipo fue cómo estudiar el interior del pulpo sin destrozarlo, ya que solo contaban con un espécimen intacto. Para no tener que tirar de bisturí y perder información valiosa para siempre, se decantaron por utilizar una revolucionaria técnica de microtomografía computarizada. Este método permitió a los científicos de la Universidad de Bonn y del museo estadounidense crear un modelo digital en tres dimensiones con una precisión milimétrica.
Gracias a estos rayos X de alta resolución, se pudieron observar detalles de sus órganos internos y de su boca sin mover un solo tentáculo del animal real. Este proceso digital confirmó que el ejemplar era una hembra adulta que ya portaba huevos en su interior, lo que demuestra que su reducido tamaño no es síntoma de juventud, sino una característica intrínseca de la especie. Este fenómeno, donde se mantienen rasgos juveniles en la etapa adulta, es una estrategia evolutiva muy interesante en entornos donde los recursos escasean.
Una fisionomía adaptada a la oscuridad total

Al analizar su cuerpo, los expertos notaron que este pulpo tiene unos brazos bastante cortos en comparación con otros parientes. Además, cuenta con una sola fila de ventosas, lo cual es un detalle técnico que lo diferencia de muchas otras familias de cefalópodos. Pero quizás lo que más llama la atención de su adaptación al abismo es la ausencia total de saco de tinta, un órgano que le resultaría completamente inútil en un entorno donde no hay ni un ápice de luz solar para generar confusión visual.
La piel de este animal es notablemente lisa en la parte dorsal, y su coloración ha sido descrita como un patrón de contrasombreado inverso. Mientras que su espalda es pálida, su vientre y la parte interna de sus brazos presentan tonos púrpuras y azulados muy intensos. Este diseño no es por capricho; los biólogos sospechan que sirve para bloquear la luz de presas bioluminiscentes que el pulpo ingiere, evitando así que el brillo de su cena delate su posición ante depredadores más grandes que patrullan las profundidades.
Conexiones evolutivas y el escudo óptico

El descubrimiento ha servido también para tender puentes biológicos a miles de kilómetros de distancia. Resulta que el pariente más cercano de este animal vive en las costas de Nueva Caledonia, cerca de Australia. Esto sugiere que ambas especies comparten un ancestro común que habitaba zonas intermedias del océano, lo que da pistas sobre cómo se han distribuido estos animales por las cuencas marinas a lo largo de millones de años. Es asombroso pensar cómo criaturas tan diminutas pueden contarnos historias tan grandes sobre la evolución del planeta.
Además, el hecho de que se hayan localizado otros individuos similares en exploraciones posteriores indica que no es un ejemplar aislado, sino que existe una población establecida en diferentes zonas del Pacífico. Esto refuerza la idea de que los montes submarinos de las Galápagos funcionan como auténticas islas de biodiversidad, no solo en la superficie con sus famosas tortugas, sino también en las llanuras abisales que todavía no hemos terminado de mapear.
La identificación de este pequeño pulpo azul pone de relieve que las cuencas oceánicas más profundas todavía albergan tesoros biológicos que desafían nuestra comprensión actual. A medida que la tecnología nos permite bajar más metros y observar con mayor nitidez, es muy probable que el conocimiento sobre la fauna abisal siga creciendo, recordándonos que compartimos el mundo con seres fascinantes que apenas estamos empezando a conocer de forma oficial.
