- Identificada en la cordillera del Cóndor, la rana de cristal Nymphargus dajomesae honra a la halterófila olímpica Neisi Dajomes.
- La especie presenta piel verde rugosa por encima y una membrana blanca translúcida en el vientre que deja entrever órganos internos.
- El hallazgo en la Reserva Biológica El Quimi revela que más del 85 % de los anfibios observados allí eran desconocidos para la ciencia.
- La zona, amenazada por agricultura y minería, se perfila como un "mundo perdido" de diversidad anfibia que requiere más protección.
Una nueva especie de rana de cristal descubierta en el sur de Ecuador se ha convertido en un símbolo inesperado de encuentro entre ciencia y deporte. El pequeño anfibio ha sido bautizado como Nymphargus dajomesae en honor a Neisi Dajomes, halterófila que hizo historia al convertirse en la primera mujer ecuatoriana en lograr una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos.
El hallazgo, descrito en detalle por un equipo de investigadores ecuatorianos en la revista PLOS One, se produjo en la Reserva Biológica El Quimi, en la cordillera del Cóndor, una de las áreas de mayor riqueza biológica de la región andino-amazónica. Más allá del gesto simbólico hacia la deportista, la descripción de esta rana pone el foco en un paisaje de bosques húmedos prácticamente inexplorado y bajo presión por actividades humanas.
Una rana de cristal con nombre de campeona olímpica
El nuevo anfibio pertenece a la familia de las ranas de cristal (Centrolenidae), conocidas por su llamativa piel translúcida. El equipo que la describió está formado por los científicos Santiago Ron y Mylena Masache, de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, y Diego Cisneros-Heredia, de la Universidad San Francisco de Quito e investigador asociado al Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio).
En zoología es relativamente habitual dedicar nuevas especies a personas relevantes, pero en este caso el gesto adquiere un matiz especial: la rana lleva el apellido de Neisi Dajomes, campeona olímpica en Tokio 2020 y figura clave del deporte latinoamericano. Para los investigadores, vincular el nombre de la atleta a este anfibio sirve para subrayar el papel de las mujeres que abren camino tanto en la ciencia como en el deporte.
“Esta especie se convierte en un símbolo de cómo la ciencia y la sociedad pueden reconocer y celebrar a las mujeres que dan forma al futuro”, ha señalado Cisneros-Heredia, destacando tanto el liderazgo de una joven investigadora en el proyecto como el referente que supone Dajomes para las nuevas generaciones.
La designación científica, Nymphargus dajomesae, sigue las normas internacionales de nomenclatura biológica: el nombre del género va seguido de un epíteto que, en este caso, adapta el apellido de la deportista al latín. De esta forma, la halterófila pasa a figurar también en los catálogos científicos, más allá de los registros deportivos.
Este cruce entre deporte de élite y biodiversidad no es frecuente, pero encaja en una tendencia creciente de utilizar nombres de figuras públicas para visibilizar especies amenazadas o ecosistemas frágiles. La historia de la rana de Dajomes ilustra cómo un logro olímpico puede terminar asociado, de forma permanente, a un rincón remoto de la Amazonía andina.
Un «mundo perdido» de anfibios en la cordillera del Cóndor
Los primeros ejemplares de Nymphargus dajomesae fueron localizados entre 2017 y 2018 durante expediciones científicas a la Reserva Biológica El Quimi, en la provincia de Morona Santiago, al sureste de Ecuador y muy cerca de la frontera con Perú. Esta zona forma parte de la cordillera del Cóndor, un macizo montañoso considerado uno de los ecosistemas más diversos y menos estudiados de la región.
Las campañas de campo revelaron un dato que llamó poderosamente la atención del equipo: más del 85 % de los anfibios observados en el área no estaban descritos para la ciencia hasta ese momento. Con esa cifra sobre la mesa, los investigadores comenzaron a referirse a El Quimi como un auténtico “mundo perdido” de diversidad anfibia, un lugar donde cada noche de muestreo puede sacar a la luz especies nuevas.
El entorno donde vive la rana de Dajomes se caracteriza por bosques nubosos, fuertes pendientes y una humedad constante, condiciones ideales para las ranas de cristal y otros anfibios de pequeño tamaño. Estos animales suelen ocupar la vegetación que crece junto a ríos y arroyos de montaña, donde depositan sus huevos y completan su ciclo de vida.
En este tipo de hábitats, la combinación de dificultad de acceso, clima exigente y relieve complejo hace que muchas zonas se mantengan científicamente casi vírgenes. Para la comunidad investigadora europea, acostumbrada a ecosistemas mucho más muestreados, resulta llamativo que aún existan regiones con tantos vacíos de información básica sobre su fauna.
Las observaciones reunidas en El Quimi refuerzan la idea de que el sureste de Ecuador y el noreste de Perú conforman un corredor de altísima diversidad, comparable en relevancia para los anfibios a áreas emblemáticas de biodiversidad tropical. Con todo, se trata de un territorio sometido a presiones crecientes, donde el avance de explotaciones mineras y agrícolas convive con esfuerzos de conservación.
Características físicas y comportamiento de Nymphargus dajomesae
Como buena representante de las ranas de cristal, Nymphargus dajomesae presenta una combinación muy llamativa de opacidad y transparencia. La parte dorsal del cuerpo muestra un color verde uniforme, con una superficie rugosa o granulada que le ayuda a mimetizarse con las hojas donde se posa. Esta textura quebrada difumina su silueta para posibles depredadores.
La región ventral, en cambio, está cubierta por una membrana blanca salpicada de células especializadas que reflejan la luz. Esta película pálida recubre órganos clave como el corazón, el esófago, el estómago y los riñones. Las membranas internas restantes conservan la transparencia característica del grupo, de modo que, bajo la iluminación adecuada, es posible distinguir parte de la anatomía interna.
Se trata de una rana de pequeño tamaño, generalmente de menos de 3 centímetros, ligera y muy discreta. Como otras especies emparentadas, suele desarrollar su actividad principalmente por la noche, cuando la humedad es más alta y el riesgo de desecación es menor. Durante el día, tiende a permanecer inmóvil sobre la vegetación, confiando en su camuflaje.
Los ejemplares descritos fueron encontrados en la vegetación cercana a cursos de agua de montaña, en zonas de bosque muy húmedo. Esta preferencia por lugares próximos a ríos y arroyos es típica de las ranas de cristal, ya que sus puestas suelen quedar adheridas a hojas que cuelgan sobre el agua, lo que permite que los renacuajos caigan directamente al cauce al eclosionar.
En términos de clasificación, la especie se integra en el género Nymphargus, el más diverso dentro de la familia Centrolenidae. Este grupo reúne más de cuarenta especies distribuidas a lo largo de los Andes tropicales, desde Colombia hasta Bolivia, en altitudes que superan con frecuencia los 1000 metros. En Ecuador, se han registrado 21 especies de Nymphargus, de las cuales al menos 11 son endémicas del país.
Un linaje antiguo y todavía poco comprendido
El equipo de investigación comparó el ADN de Nymphargus dajomesae con el de otras especies próximas dentro de la familia Centrolenidae, lo que permitió situar a la nueva rana en el árbol evolutivo del grupo. Los análisis genéticos sugieren que este linaje se originó probablemente durante el Plioceno, hace alrededor de 4,5 millones de años.
Ese origen tan antiguo implica que la rana de Dajomes ha sido testigo, a escala evolutiva, de importantes cambios geológicos y climáticos en los Andes y la Amazonía. El levantamiento de las montañas, las variaciones de temperatura y humedad y la fragmentación de los bosques habrían ido modelando, con el paso del tiempo, su distribución y características.
Aunque la familia de las ranas de cristal ha sido objeto de numerosos estudios morfológicos y moleculares, todavía existen líneas evolutivas poco claras. Algunas especies continúan sin describirse formalmente y otras siguen confundidas con taxones cercanos. No es raro que ejemplares guardados en colecciones de museos desde hace décadas resulten ser especies nuevas al ser analizados con técnicas modernas.
El caso de Nymphargus dajomesae encaja en esa dinámica: una especie que habitaba discretamente en bosques remotos, pasando inadvertida hasta que un muestreo sistemático permitió identificar sus rasgos distintivos. Para la comunidad científica europea, donde buena parte de la herpetofauna está descrita desde hace tiempo, este tipo de hallazgos recuerda que el conocimiento global de la biodiversidad sigue siendo incompleto.
La descripción detallada de la nueva rana, combinando análisis de ADN, estudio de la morfología y observación en su entorno natural, contribuye a afinar las relaciones filogenéticas dentro del género Nymphargus. Cada especie incorporada con datos sólidos ayuda a ajustar el puzle evolutivo del grupo y facilita futuras revisiones taxonómicas.
Amenazas humanas y conservación de un santuario anfibio
Uno de los aspectos que más preocupa al equipo investigador es la proximidad de las poblaciones de Nymphargus dajomesae a zonas agrícolas y mineras. El primer ejemplar descrito fue localizado a pocos kilómetros de una explotación minera a gran escala, en un contexto donde la transformación del paisaje está ya generando cambios notables en la fauna local.
Los científicos han documentado que la actividad minera en la cordillera del Cóndor ha reducido las poblaciones de anfibios de la zona, un grupo especialmente sensible a la alteración de cursos de agua, la contaminación y la pérdida de bosques. Aunque todavía no se ha determinado formalmente si la nueva rana está amenazada o en peligro de extinción, el riesgo potencial es evidente.
En paralelo, la expansión de la frontera agrícola hacia áreas de bosque húmedo supone otra presión añadida. La apertura de claros, la construcción de pistas y la introducción de agroquímicos afectan directamente a los hábitats de las ranas de cristal, que dependen de una humedad constante y de aguas relativamente limpias.
Los autores del estudio subrayan que la región del sureste de Ecuador y el noreste de Perú necesita una atención prioritaria en materia de conservación. La concentración de especies endémicas y todavía desconocidas convierte a este territorio en un punto caliente de biodiversidad cuyo deterioro podría acarrear pérdidas irreversibles antes incluso de documentar muchas de sus formas de vida.
En este contexto, el descubrimiento de la rana dedicada a Neisi Dajomes se interpreta como una oportunidad para reforzar los argumentos a favor de la protección de la cordillera del Cóndor. El hecho de que un anfibio recién descrito esté ya potencialmente expuesto a amenazas demuestra la urgencia de compaginar desarrollo económico con salvaguarda de los ecosistemas.
De Tokio a la selva: el impacto simbólico para la ciencia y la sociedad
Más allá de los datos biológicos, la historia de Nymphargus dajomesae tiene una fuerte carga simbólica. El nombre de una atleta que levantó el oro en Tokio 2020 queda asociado a una pequeña rana que salta entre hojas mojadas en la Amazonía andina, uniendo dos mundos que rara vez se rozan.
Neisi Dajomes, que se convirtió en la primera mujer ecuatoriana en ganar una medalla olímpica de oro, se ha consolidado como referente de superación y visibilidad para mujeres deportistas en América Latina y fuera de ella. Para los científicos, trasladar ese referente al campo de la biodiversidad ayuda a conectar el interés del público con temas que a menudo pasan desapercibidos.
El equipo responsable del hallazgo destaca de forma explícita el vínculo entre la figura de la campeona y el empoderamiento femenino en la ciencia. La participación destacada de la zoóloga Mylena Masache en las expediciones y en la descripción de la especie refuerza este mensaje de reconocimiento a las jóvenes investigadoras.
En un momento en que la ciencia busca nuevas formas de llegar a la ciudadanía, historias como la de la rana de Dajomes ofrecen una narrativa accesible para explicar la importancia de la taxonomía, la genética y la conservación. Asociar una especie a una figura conocida facilita que más personas se interesen por lo que ocurre en lugares remotos como El Quimi.
Para el público europeo, acostumbrado a seguir los Juegos Olímpicos y otras grandes citas deportivas, el hecho de que una campeona latinoamericana dé nombre a una especie recién descrita en la Amazonía ayuda a poner en el mapa una región clave para la biodiversidad global. Desde esa perspectiva, este tipo de homenajes trasciende fronteras y se convierte en un puente entre continentes.
En conjunto, la descripción de Nymphargus dajomesae condensa varios mensajes potentes: la existencia de ecosistemas sudamericanos aún poco explorados, la urgencia de protegerlos frente a la minería y la agricultura intensiva, y el valor de reconocer el papel de las mujeres que abren camino tanto en el deporte como en la investigación. La pequeña rana de cristal que lleva el apellido de Dajomes resume, en apenas unos centímetros, la mezcla de fragilidad y resistencia que caracteriza a muchos de los tesoros naturales del planeta.
