- Las tuzas son roedores subterráneos endémicos de América que juegan un papel clave en la salud del suelo y los ecosistemas.
- Aunque pueden causar daños en jardines y cultivos, existen métodos de manejo selectivos y respetuosos, evitando venenos y mitos sobre su peligrosidad.
- En México, varias especies de tuza están amenazadas y cuentan con protección legal, destacando el caso emblemático de Pachuca y su patrimonio biocultural.
- La conservación de las tuzas exige educación ambiental, control responsable de mascotas y planificación urbana que respete su hábitat.
Las tuzas son uno de esos animales discretos, subterráneos y llenos de mitos que casi nunca vemos, pero que influyen muchísimo en el paisaje, los jardines y la vida de muchas ciudades y campos. Para algunas personas son una plaga que estropea el césped; para otras, un símbolo cultural que merece respeto y protección.
Si has encontrado montículos de tierra fresca en tu jardín, si has oído hablar de las tuzas de Pachuca o simplemente te pica la curiosidad por saber qué hacen estos roedores bajo el suelo, aquí vas a encontrar una explicación amplia: qué son, cómo viven, qué problemas causan, por qué son tan importantes para el medioambiente y cómo se están protegiendo, especialmente en México.
Qué son las tuzas: origen del nombre y clasificación

Las tuzas, conocidas también como taltuzas o ratas de abazones, son roedores de la familia Geomyidae. Pertenecen al grupo de los castorimorfos y, aunque a veces se las confunde con los topos por su aspecto y su vida subterránea, no están emparentadas con ellos. Son animales propios del continente americano.
El término tuza procede del náhuatl “tozan”, lo que ya nos indica la larga relación entre estos animales y los pueblos originarios de México. En otros idiomas reciben nombres ligados a sus grandes bolsas en las mejillas: en inglés se llaman pocket gophers precisamente por esos abazones externos que utilizan como auténticas mochilas de transporte de comida.
La familia Geomyidae incluye una serie de géneros vivos y fósiles. Entre los géneros actuales se encuentran Cratogeomys, Geomys, Orthogeomys, Pappogeomys, Zygogeomys y Thomomys, agrupados principalmente en las tribus Geomyini y Thomomyini dentro de la subfamilia Geomyinae. A nivel paleontológico, se conocen géneros extintos como Diplolophus, Lignimus, Schizodontomys, Pleurolicus, Tenudomys, Ziamys, Entoptichus, Gregorymys, Dikkomys, Parapliosaccomys, Pliosaccomys y Progeomys, así como la subfamilia extinta Entoptychinae.
En cuanto a su distribución, las tuzas se encuentran en Canadá, Estados Unidos, México, América Central y parte de Colombia. Dentro de México habitan seis especies distintas, varias de ellas catalogadas en situación de amenaza o peligro de extinción, lo que ha motivado una protección legal específica.
Aspecto físico y adaptación a la vida subterránea

Las tuzas tienen un cuerpo compacto, preparado para cavar y moverse bajo tierra. Suelen medir entre 12 y 30 centímetros de longitud y pesar alrededor de 100 gramos, aunque en algunas especies excepcionales se han registrado individuos cercanos al kilo de peso. Como suele ocurrir en muchos mamíferos, los machos superan claramente en tamaño a las hembras y pueden llegar a casi duplicar su peso.
El pelaje suele ser marrón o de tonos muy similares al color del suelo donde viven, lo que les sirve de camuflaje cuando asoman al exterior. Además, cuentan con una cola corta y peluda que utilizan como órgano táctil: les ayuda a orientarse en los túneles cuando se desplazan marcha atrás, algo que hacen con bastante frecuencia.
La característica más llamativa de las tuzas son sus grandes abazones externos, unas bolsas de piel situadas a los lados de la boca que se prolongan hasta la zona de los hombros. Estas bolsas, que se pueden voltear hacia fuera, sirven para transportar alimento (raíces, bulbos, tubérculos) desde la superficie hasta las cámaras de almacenamiento de la madriguera, sin necesidad de tragarlo ni sostenerlo con las patas.
A pesar de su vida subterránea, sus ojos son pequeños pero funcionales, y cuentan con fuertes incisivos que asoman hacia fuera incluso cuando cierran la boca. Gracias a estos dientes pueden excavar, cortar raíces y defenderse en caso de sentirse acorraladas. Esos incisivos, largos y afilados, son capaces de provocar mordeduras serias si el animal se siente amenazado.
A menudo se las confunde con los topos por su costumbre de levantar montículos de tierra, pero las tuzas son roedores, mientras que muchos de los animales llamados topos pertenecen a grupos distintos (como los talpidos). Además, los montículos de las tuzas tienen forma de semicírculo o media luna con la entrada tapada hacia un lado, mientras que los de los topos suelen ser más redondeados y con un orificio central visible.
Hábitat, madrigueras y alimentación
Las tuzas pasan casi toda su vida bajo tierra, en una red de túneles y cámaras que ellas mismas excavan. Son auténticas ingenieras del subsuelo: una sola madriguera puede tener entre 50 y 100 metros de galerías interconectadas, distribuidas a diferentes profundidades para aprovechar la humedad y la disponibilidad de alimento.
Estos sistemas de túneles suelen localizarse en huertas, jardines, pastizales, campos de cultivo y bordes de caminos. Pueden prosperar en suelos duros y pedregosos o en terrenos más húmedos, siempre que haya oferta de vegetación subterránea. Una señal infalible de su presencia son los montículos de tierra fresca de unos 20 centímetros de diámetro que van apareciendo sobre el terreno, a veces varios al día si la tuza está muy activa.
En cuanto a la dieta, son roedores estrictamente herbívoros, especializados en raíces, bulbos y tubérculos. Tienen una especial predilección por plantas cultivadas como patatas, zanahorias y otros vegetales de raíz, pero también consumen muchas especies silvestres. A menudo cortan la planta desde abajo y tiran de ella hacia el interior del túnel.
Las mejillas-bolsa les permiten transportar grandes cantidades de alimento hasta sus cámaras de almacenamiento sin exponerse demasiado en la superficie. De este modo, pueden acumular reservas para épocas de menor disponibilidad de comida o condiciones adversas.
Desde el punto de vista humano, esta forma de alimentarse puede suponer un problema en jardines, huertos y campos agrícolas, porque dañan cultivos, arrancan arbustos jóvenes o afecten a árboles al roer sus raíces. Por eso en algunas regiones se las ha considerado históricamente una plaga agrícola, aunque hoy se intenta avanzar hacia enfoques más equilibrados que reconozcan también sus funciones ecológicas.
Comportamiento, territorialidad y reproducción
Las tuzas son animales solitarios y muy territoriales. Cada individuo suele ocupar su propio sistema de túneles y defiende con firmeza la zona frente a otras tuzas del mismo sexo. Los límites del territorio dependen de la disponibilidad de recursos: en áreas ricas en alimento puede ser más reducido, mientras que en suelos pobres el animal necesita abarcar más superficie.
Fuera de la época de cría, lo normal es que cada tuza viva por su cuenta, aunque se han observado casos en los que machos y hembras comparten algunas cámaras de anidación o sectores fronterizos sin agresión directa. Aun así, no forman colonias sociales complejas como otros roedores; más bien son vecinas con contacto puntual.
Cuando se sienten amenazadas, su primera reacción suele ser huir y sellar rápidamente los túneles para bloquear la entrada. Sin embargo, si no tienen escapatoria pueden enfrentarse con agresividad, llegando a morder a otros animales, incluidos perros, gatos e incluso personas. Sus incisivos, muy desarrollados, pueden causar heridas profundas si se las manipula sin precaución.
La reproducción varía según la especie y las condiciones locales. En algunas zonas las tuzas tienen una o varias temporadas de cría al año, mientras que en otras pueden reproducirse prácticamente durante todo el año si el clima y la comida lo permiten. Cada camada suele estar formada por 2 a 5 crías, aunque en ciertas especies se han registrado camadas algo más numerosas.
Las crías nacen ciegas, sin pelo y completamente dependientes de la madre. Permanecen en la madriguera hasta que son destetadas, alrededor de los 40 días de vida. A partir de ese momento, se dispersan para buscar su propio territorio, proceso en el que muchas no sobreviven por depredación, enfermedades o falta de sitios adecuados para establecerse.
Cómo detectar tuzas y diferenciarlas de otros animales del jardín
En la práctica diaria, la señal más útil para detectar la presencia de tuzas son los montículos de tierra fresca sobre el césped o los parterres. Rara vez se ve al animal en superficie, así que la clave es fijarse en la forma del montón y en dónde se encuentra la entrada al túnel.
Los montículos de tuza suelen adoptar una forma de semicírculo o media luna, y el orificio de acceso está tapado y desplazado hacia uno de los lados del montón. Además, estos montículos aparecen de forma relativamente rápida: un solo ejemplar puede generar varios en un mismo día si amplía su red de madrigueras.
Es importante distinguirlos de los montículos de otros animales. En el caso de los topos, las acumulaciones de tierra tienden a ser más redondeadas, casi circulares, con un orificio central visible. En cambio, las ardillas de tierra dejan orificios de entrada sin montículos importantes de tierra y las bocas de los túneles permanecen abiertas.
Reconocer correctamente la presencia de tuzas permite tomar decisiones de manejo más acertadas y evitar confundirlas con otras especies que requieren estrategias distintas o que incluso pueden no estar causando ningún problema significativo.
Manejo de tuzas en jardines y cultivos: métodos eficaces y mitos frecuentes
Cuando las tuzas aparecen en jardines domésticos, campos deportivos o huertos, muchas personas se alarman porque pueden dañar céspedes, riego y plantas ornamentales. En estos casos, los programas técnicos de manejo recomiendan actuar de forma temprana, antes de que el daño sea amplio, pero optando por métodos selectivos y lo más seguros posible para el resto de la fauna, las mascotas y las personas.
Una de las medidas más efectivas es la instalación de barreras subterráneas de malla metálica. Por ejemplo, se puede colocar malla galvanizada de unos 3/4 de pulgada (del tipo que se usa para gallineros) bajo camas elevadas de cultivo o bajo zonas de césped especialmente delicadas. También se pueden enterrar cestas de alambre alrededor de las raíces de árboles y arbustos en el momento de plantarlos, dejando espacio suficiente para que las raíces se desarrollen pero impidiendo el acceso directo de la tuza.
Otro método muy utilizado es la colocación de trampas específicas en los túneles activos. Estas trampas, que no requieren cebo, se instalan bajo tierra, localizando primero la madriguera mediante sondas o varillas. Es crucial seleccionar galerías que muestren actividad reciente, indicada por montículos de tierra fresca, para que las trampas tengan éxito.
Las trampas más habituales son las de tenaza y las de caja. Se suelen colocar por parejas, enfrentadas una a otra dentro del mismo tramo de túnel, y después se cubre el orificio de acceso para que no entre luz ni corrientes de aire que alerten al animal. Es necesario revisarlas con frecuencia, reajustarlas si es necesario y continuar con el control hasta que dejen de aparecer nuevos montículos.
Respecto a los cebos tóxicos, aunque están disponibles en el mercado, las recomendaciones científicas subrayan que pueden suponer un riesgo considerable para la fauna silvestre, las mascotas y los niños, sobre todo en entornos residenciales. Además, ciertos venenos pueden generar problemas de intoxicación secundaria en depredadores que se alimentan de tuzas envenenadas. Por ello se insiste en priorizar métodos físicos y en reducir al mínimo el uso de pesticidas que contaminen suelos y canales.
También circulan muchos métodos y productos cuya eficacia no ha sido demostrada de forma fiable. Entre ellos se incluyen los repelentes comerciales, las plantas supuestamente ahuyentadoras (como la llamada purga para tuzas, el ricino o el ajo), los dispositivos de ultrasonidos, las estacas vibradoras, los molinetes de aire o la fumigación de túneles con cartuchos de gas o humo. Las pruebas de laboratorio y de campo han mostrado que las tuzas pueden sellar rápidamente las galerías, neutralizando los gases, y que los dispositivos de sonido y vibración no consiguen un alejamiento duradero.
Otro mito bastante extendido es confiar en que instalar cajas nido para búhos u otros depredadores vaya a reducir de forma significativa la población de tuzas en un jardín concreto. Aunque muchos depredadores se alimentan de estos roedores, la experiencia indica que su impacto suele ser insuficiente para resolver un problema de daños a escala de parcela, por lo que no se considera un método de control principal.
¿Son peligrosas para las personas y los animales domésticos?
Una de las dudas más frecuentes es si las tuzas suponen un riesgo directo para las personas o para los animales de compañía. La realidad, según experiencias como las recogidas en Pachuca, es que las tuzas mexicanas no representan un peligro relevante para la gente ni para perros y gatos cuando se respeta su espacio y no se las acorrala.
Son animales tímidos que pasan casi todo el tiempo bajo tierra y que prefieren evitar cualquier contacto con humanos y mascotas. Solo si se sienten atrapadas o manipuladas pueden llegar a morder, algo que ocurre también con muchos otros pequeños mamíferos. Por tanto, la recomendación principal es no intentar capturarlas con las manos ni molestarlas.
Curiosamente, el mayor problema en la interacción entre tuzas y animales de compañía va en la dirección opuesta. Perros y gatos, por simple curiosidad o instinto depredador, pueden excavar madrigueras, matar ejemplares o, incluso sin llegar a tocarlos, transmitirles enfermedades zoonóticas.
Entre las zoonosis que pueden pasar de perros y gatos domésticos mal gestionados a la fauna silvestre se encuentran la rabia, la salmonelosis, la triquinosis o distintos tipos de sarna. Estas enfermedades se pueden transmitir a través de saliva, excrementos, parásitos externos o simples paseos por áreas donde viven tuzas, porque los patógenos quedan en el entorno.
Este riesgo ha llevado, por ejemplo, a que en la Unidad Deportiva Municipal de Pachuca se haya restringido el acceso con perros. No se trata de un capricho anti-mascotas, sino de una medida para proteger no solo a las tuzas, sino también a cacomixtles, tlacuaches, ardillas, reptiles y aves que aún habitan el lugar, evitando que se contagien enfermedades que podrían diezmar sus poblaciones.
La tuza en Pachuca: identidad cultural, economía y mito de la plaga
En la ciudad de Pachuca (Hidalgo, México), la tuza ha adquirido un carácter emblemático y profundamente ligado a la identidad local. No es solo un roedor más del paisaje urbano: es un símbolo cultural, un elemento de la memoria colectiva y hasta un icono deportivo de proyección internacional.
Desde hace décadas, las poblaciones humanas de Pachuca han convivido con estos mamíferos subterráneos endémicos, generando una especie de analogía entre las tuzas y los mineros que trabajaban bajo tierra en la época colonial. Igual que los trabajadores descendían a las galerías, las tuzas excavan redes de túneles en el subsuelo, lo que alimentó la imaginación popular y dio lugar a representaciones gráficas y relatos.
Con el tiempo, esta relación se consolidó en múltiples expresiones iconográficas, políticas, sociales y deportivas. El ejemplo más conocido es el equipo de fútbol profesional “Los Tuzos del Pachuca”, cuya imagen y nombre están inspirados en este animal. Más allá del deporte, numerosos negocios, marcas y proyectos han adoptado el término “tuza” o su figura como parte de su identidad, generando un impacto económico notable para la región.
Sin embargo, pese a su valor cultural y económico, la especie de tuza local, identificada como Cratogeomys fumosus, se encuentra actualmente al borde de la extinción en la zona metropolitana de Pachuca. De acuerdo con biólogos y activistas, como Jonatan Job Morales García, esta situación se debe a una combinación de factores: desconocimiento de la población, persecución como si fuese una plaga, depredación y transmisión de enfermedades por parte de perros y gatos, y destrucción progresiva de su hábitat por la expansión urbana.
Muchas personas creen, erróneamente, que las tuzas pueden debilitar los cimientos de las casas o causar daños estructurales graves solo por excavar túneles, lo que lleva a algunas a contratar empresas de “control de plagas” para envenenarlas o eliminarlas. Este tipo de acciones, además de basarse en un mito sin respaldo científico, pueden acarrear consecuencias legales graves en el caso de especies protegidas.
Protección legal y patrimonio biocultural en Pachuca
Ante el riesgo creciente para la tuza de Pachuca, la sociedad civil y las autoridades locales han impulsado medidas específicas de protección. Un paso clave fue el decreto municipal referente a la “Protección, Salvaguardia y Declaración de las Expresiones Culturales Asociadas a la Tuza, como Patrimonio Biocultural Municipal de Pachuca de Soto, Hidalgo”, publicado oficialmente el 21 de marzo de 2023.
Este decreto, elaborado en colaboración con organizaciones como Biofutura A.C. y avalado por el cabildo, reconoce que las tuzas no solo tienen un valor ecológico, sino también cultural e histórico. Por eso, obliga a distintas dependencias municipales a salvaguardar las prácticas y expresiones culturales ligadas a la tuza, a la vez que promueve acciones directas de conservación del animal y su hábitat.
Entre las medidas contempladas se encuentra la responsabilidad de la Secretaría de Cultura de preservar las manifestaciones culturales relacionadas, mientras que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales del municipio debe coordinarse con otras áreas (como Desarrollo Humano y Social) para establecer mecanismos de conservación y posibles áreas naturales protegidas de ámbito municipal.
Además, se plantea la realización de estudios técnicos para declarar zonas específicas como santuarios para las tuzas, dentro de áreas de preservación ecológica. También se ha propuesto la creación de un “Tuzuario In Situ”, es decir, un espacio de conservación en el propio hábitat natural donde se pueda observar a estos animales, difundir información rigurosa sobre ellos y fomentar la concienciación ciudadana.
El decreto establece, de manera clara, que queda prohibido cualquier acto que implique la afectación de los derechos de las tuzas. Dañar, matar o envenenar a estos animales en el municipio no solo supone un atentado contra la biodiversidad, sino que también puede constituir un delito con consecuencias severas.
Normativa mexicana, sanciones y especies amenazadas
Más allá del ámbito municipal, las tuzas están contempladas en la Norma Oficial Mexicana 059-SEMARNAT-2015, que identifica las especies y poblaciones de flora y fauna en riesgo de extinción en el país. En esta normativa, las tuzas endémicas de México aparecen como especies amenazadas, lo que implica que su desaparición podría producirse a corto o medio plazo si no se aplican medidas de conservación.
La NOM-059-SEMARNAT-2015 utiliza el Método de Evaluación de Riesgo de Extinción de Especies Silvestres de México (MER) para clasificar el nivel de amenaza. Dentro de este marco, compartir categoría con otros animales emblemáticos, como el cacomixtle y el tlacuache, subraya la importancia de la tuza en los ecosistemas y la necesidad de protegerla activamente.
Cuando se comete un daño deliberado contra una especie incluida en esta norma (por ejemplo, mediante envenenamientos, capturas ilegales o destrucción intencionada de madrigueras), se puede incurrir en infracciones que van mucho más allá de una simple multa administrativa. La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) tiene la competencia para imponer sanciones que, según la gravedad del caso, pueden dispararse hasta montos muy elevados.
En situaciones especialmente serias, el daño a especies protegidas puede considerarse un delito del orden federal, lo que implica la intervención de la Fiscalía General de la República y del Ministerio Público. Las penas asociadas pueden ir de 3 a 9 años de prisión, además de multas económicas que oscilan desde cantidades moderadas hasta sumas millonarias, dependiendo del nivel de afectación causado.
Esta realidad legal contrasta con la percepción de algunas personas que siguen viendo a las tuzas simplemente como una plaga más del jardín. Desconocer que están protegidas por leyes federales no exime de responsabilidad, por lo que se insiste en la necesidad de informarse antes de emprender cualquier acción de control contra ellas.
Impacto del urbanismo y pérdida de hábitat
Uno de los factores más determinantes en la disminución de las poblaciones de tuzas es la expansión urbana sin planificación ambiental adecuada. En ciudades como Pachuca, el crecimiento de fraccionamientos, obras públicas e infraestructuras ha ido ocupando las áreas donde tradicionalmente vivían estos roedores, sin dejar corredores ecológicos ni zonas verdes suficientes para su supervivencia.
Un ejemplo ilustrativo es la construcción de la Plaza Bicentenario y el Monumento a la Victoria del Viento (La Diosa de los Vientos), inaugurados en 2010. El espacio, ubicado en el camellón del bulevar Felipe Ángeles, a la altura de la colonia Venta Prieta, ocupaba originalmente unos 22.500 metros cuadrados donde habitaba una población considerable de tuzas. En menos de tres meses, ese hábitat fue completamente transformado en una plaza de concreto, eliminando las madrigueras.
Este tipo de proyectos pone de manifiesto la falta de integración entre el diseño urbano y la conservación de la biodiversidad. Se podría imaginar, tal y como reflexionan algunos especialistas, un escenario en el que la escultura y los elementos arquitectónicos convivan con áreas verdes funcionales para la fauna, permitiendo a la ciudadanía disfrutar tanto del arte como de la naturaleza.
En la actualidad, Biofutura A.C. y otras organizaciones han identificado algunas poblaciones remanentes de tuzas en la zona metropolitana de Pachuca, concretamente cerca del fraccionamiento Puerta de Hierro, frente al centro comercial Gran Patio y en la zona de Venta Prieta (incluyendo la Unidad Deportiva Municipal, el Aeropuerto de Pachuca, el Hospital del Niño DIF Hidalgo y las instalaciones del Instituto Hidalguense del Deporte).
La problemática es que muchas de estas poblaciones sobreviven en parches muy reducidos de hábitat, como camellones estrechos o islas de vegetación rodeadas de urbanización. Dado que las tuzas son territoriales y tienen un ciclo reproductivo relativamente limitado, resulta difícil que se expandan a nuevas áreas cuando las antiguas han sido ocupadas por casas, calles o infraestructuras, o cuando se enfrentan a perros, gatos o personas que las eliminan.
Beneficios ambientales de las tuzas y servicios ecosistémicos
Frente a la idea de que son solo una molestia, numerosos estudios y experiencias de campo muestran que las tuzas proporcionan beneficios ambientales esenciales para los ecosistemas donde viven. Su actividad excavadora, lejos de ser solo “dañina”, cumple varias funciones clave.
En primer lugar, al abrir galerías y cámaras, facilitan la infiltración del agua de lluvia en el subsuelo. Esto permite que el agua penetre con más profundidad, alimentando los mantos freáticos y evitando que se quede acumulada en superficie. En zonas urbanas y agrícolas, este efecto ayuda a reducir encharcamientos e inundaciones locales.
Además, el movimiento de tierra que realizan contribuye a oxigenar el suelo y mezclar nutrientes. Al sacar tierra de capas más profundas y depositarla en la superficie, favorecen la renovación del horizonte del suelo y crean microhábitats para semillas y microorganismos. Esa tierra removida, aparentemente “molesta” en un césped perfecto, es en realidad un indicador de que el suelo está vivo y dinámico.
Las tuzas también participan en la dispersión de semillas y la regeneración de la vegetación. Al consumir raíces y partes subterráneas, dejan huecos que pueden ser colonizados por nuevas plantas, y en algunos casos transportan semillas que terminan germinando en otras zonas del sistema de túneles o en los montículos de tierra.
Por último, forman parte de la cadena trófica como presas de numerosos depredadores, entre ellos carnívoros medianos, aves rapaces y serpientes. Al mantener poblaciones estables de roedores, contribuyen a sustentar a estos depredadores y, por tanto, a la estabilidad del conjunto del ecosistema. En muchos contextos se las considera especies clave precisamente por esta función.
Por todo ello, programas como los impulsados por la Secretaría de Medio Ambiente de Hidalgo subrayan que debemos ver a las tuzas como aliadas en el equilibrio ecológico, tanto en zonas naturales como en áreas urbanas, y no como enemigas a erradicar sin matices.
Educación, festivales y futuro de la conservación
Ante los mitos y la falta de empatía hacia estos roedores, se están desarrollando iniciativas de educación ambiental y divulgación para cambiar la percepción social. Un ejemplo destacado es el programa integral sobre la tuza puesto en marcha por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales de Hidalgo, en coordinación con otras instituciones y organizaciones de la sociedad civil.
Este programa incluye charlas de concienciación, talleres y actividades educativas en lugares como el Hospital del Niño DIF Hidalgo, el Instituto Hidalguense del Deporte y la Unidad Deportiva Municipal, donde inicialmente se veía a las tuzas como una plaga. También se han instalado cámaras trampa para recopilar información sobre su comportamiento, distribución y hábitos alimenticios, generando datos científicos que sirvan para definir mejores estrategias de conservación.
Otra iniciativa simbólicamente potente es la creación del Festival de la Tuza en Pachuca, previsto para celebrarse el 4 de octubre, día declarado por el ayuntamiento como fecha municipal para la conservación de la especie. Este festival pretende ser un punto de inflexión en la manera en que la ciudadanía percibe a estos animales, combinando cultura, ciencia y participación social.
Con la continuidad de estos programas, se espera avanzar en la declaración de nuevas áreas protegidas, el desarrollo del Tuzuario In Situ y la promoción de investigaciones científicas que permitan conocer mejor la ecología de las tuzas. Todo ello con la idea de que sigan formando parte de los ciclos de reproducción cultural (iconografía, fiestas, deporte) mientras se garantiza su supervivencia biológica.
Al final, la situación de las tuzas pone sobre la mesa un reto que nos afecta a todos: cómo convivir con la fauna silvestre en un mundo cada vez más urbanizado. Entender qué hacen estos animales bajo nuestros pies, por qué son importantes y qué leyes los protegen es un primer paso para pasar del miedo o la indiferencia al respeto activo. Cuidar de las tuzas significa también cuidar de la salud de los suelos, del agua y de muchos otros seres vivos que comparten territorio con nosotros.