El rinoceronte ártico era pequeño, delgado y sin cuerno

Última actualización: 30 octubre 2025
  • Un fósil casi completo del Alto Ártico revela un rinoceronte sin cuerno, de complexión esbelta.
  • La especie, Epiatheracerium itjilik, vivió en el Mioceno temprano y se publicó en una revista de alto impacto.
  • El análisis sugiere dispersión entre Europa y Norteamérica a través del Puente Terrestre del Atlántico Norte.
  • El yacimiento del cráter Haughton conservó el 75% del esqueleto en estado excepcional.

Rinoceronte ártico sin cuerno

Un equipo de investigación ha documentado en el Alto Ártico canadiense los restos de un rinoceronte extinto que, lejos de la imagen clásica, era pequeño, delgado y carente de cuerno. El ejemplar habitó esta región hace unos 23 millones de años, en el Mioceno temprano, y supone el registro más septentrional conocido para este grupo de mamíferos.

El esqueleto, hallado en la isla Devon (Nunavut) dentro del cráter Haughton, está adscrito a la especie Epiatheracerium itjilik y se ha descrito en una publicación científica de referencia en ecología y evolución. La investigación recalca vínculos con linajes europeos y ofrece pistas clave sobre rutas de dispersión entre continentes.

Hallazgo y contexto geológico

Fósiles de rinoceronte ártico

El cráter Haughton, de 23 kilómetros de diámetro, se formó por el impacto de un meteorito y, posteriormente, al llenarse de agua, generó un lago que favoreció la preservación de fauna y flora. Este entorno, hoy dominado por el permafrost, fue en el pasado un bosque templado, según indican las evidencias de plantas fósiles recuperadas en el yacimiento.

El ejemplar de rinoceronte ártico se encuentra en un estado de conservación excepcional: se ha recuperado aproximadamente el 75% del esqueleto y los huesos están preservados en tres dimensiones, con reemplazo mineral parcial. Parte de los restos ya había sido recolectada en 1986 por la pionera de la paleontología ártica Mary Dawson, del Museo de Historia Natural Carnegie.

Las condiciones de congelación y descongelación típicas del permafrost afloraron numerosos fragmentos a la superficie, pero aun así la integridad del fósil permite interpretaciones anatómicas finas y un encaje robusto en el árbol evolutivo del grupo.

Aspecto y tamaño: un rinoceronte atípico

Los rinocerótidos del pasado mostraron una gran variedad de formas, desde animales masivos de porte hipopótamo hasta especies relativamente pequeñas y sin cuernos. Epiatheracerium itjilik encaja en este segundo perfil: un cuerpo esbelto, proporciones moderadas y ausencia de cuerno.

El tamaño sería comparable al de algunos rinocerontes actuales, aunque con una constitución más ligera. Los investigadores estiman que el individuo analizado era de adultez temprana a media, basándose en el desgaste de la dentición posterior, un criterio común en paleontología de mamíferos.

La anatomía recuperada respalda su asignación como rinocerótido sin cuerno, un rasgo que no solo lo distingue de varias especies modernas, sino que ayuda a reconstruir la cronología de la pérdida o adquisición de cuernos en distintas líneas evolutivas.

Rutas de dispersión y conexión con Europa

El equipo comparó a Epiatheracerium itjilik con 57 grupos de rinocerótidos, casi todos extintos, y mapeó su distribución en cinco grandes regiones continentales. El análisis sostiene que hubo intercambios faunísticos entre Europa y Norteamérica a través de Groenlandia, utilizando el denominado Puente Terrestre del Atlántico Norte.

Hasta ahora se proponía que ese corredor habría funcionado sobre todo en épocas muy antiguas (en torno a 56 millones de años), pero los nuevos datos apuntan a dispersiones más recientes durante el Mioceno, en línea con la edad del fósil ártico. Para Europa, esto refuerza la idea de una fauna de rinocerótidos dinámica, con idas y venidas que conectaban ambos lados del Atlántico Norte.

Este resultado no solo encaja con registros europeos previamente conocidos, sino que obliga a refinar los modelos paleogeográficos y climáticos que explican cómo las barreras y puentes terrestres condicionaron la expansión de los mamíferos.

Quiénes firman el estudio y por qué importa

La investigación está liderada por el Museo Canadiense de la Naturaleza, con la paleobióloga Danielle Fraser al frente, y cuenta con la participación de especialistas como Marisa Gilbert. Su trabajo amplía el linaje de los rinocerontes, una familia con más de 40 millones de años de historia y presencia histórica en Europa y Norteamérica, pese a que hoy queden solo cinco especies en África y Asia.

Para la comunidad científica europea, el hallazgo proporciona un marco renovado para reinterpretar colecciones y yacimientos del Mioceno, reforzando la conexión biogeográfica con América del Norte. La combinación de un fósil tan completo y un análisis comparativo extenso ofrece evidencias sólidas para reubicar fechas y rutas de dispersión en este grupo de grandes herbívoros.

Con un registro que supera las cincuenta especies fósiles de rinocerontes y un contexto geológico muy bien caracterizado en el cráter Haughton, el caso de Epiatheracerium itjilik añade una pieza importante al puzle de la evolución de los mamíferos en latitudes extremas.

La combinación de un esqueleto excepcionalmente preservado, la propuesta de una migración miocena a través de Groenlandia y su parentesco con linajes europeos hace de este rinoceronte ártico un hallazgo clave para entender cómo cambiaron los ecosistemas y las rutas faunísticas cuando el clima templado alcanzaba incluso el Alto Ártico.

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