Avistan cinco ajolotes del altiplano en el Lago Tláhuac-Xico

Última actualización: 11 mayo 2026
  • Hallan cinco ajolotes del altiplano en vida silvestre en el Lago Tláhuac-Xico
  • El área fue declarada Área Natural Protegida en enero de 2024 y es uno de los últimos humedales del centro de México
  • La especie Ambystoma velasci está bajo categoría de protección especial por la fuerte reducción de sus poblaciones
  • Conanp, comunidad local y academia refuerzan el monitoreo y las acciones de conservación en la zona

Ajolotes del altiplano en Lago Tláhuac-Xico

La aparición de cinco ajolotes del altiplano en completo estado silvestre en el Lago Tláhuac-Xico, en la zona limítrofe entre la Ciudad de México y el Estado de México, se ha convertido en una noticia especialmente relevante para quienes siguen de cerca la conservación de anfibios. El hallazgo confirma que esta especie, muy castigada por la degradación ambiental, todavía mantiene poblaciones funcionales en uno de los últimos humedales de la Cuenca de México.

Este avistamiento se produce en un contexto en el que el ajolote del altiplano (Ambystoma velasci) figura como especie amenazada y sujeta a protección especial en la normativa mexicana, debido al retroceso acusado de sus poblaciones. La detección de varios ejemplares en libertad, dentro de un área recientemente protegida, aporta datos valiosos sobre su capacidad de resistencia y sobre la eficacia de las medidas de conservación que se están impulsando.

Un anfibio emblemático y en seria regresión

El ajolote del altiplano pertenece al grupo de los ajolotes endémicos de México, un conjunto de anfibios neoténicos que, a diferencia de otras especies, suelen conservar rasgos larvarios a lo largo de su vida. Aunque el ajolote más conocido mundialmente es el de Xochimilco (Ambystoma mexicanum), el que ahora centra la atención, Ambystoma velasci, ocupa de forma natural lagos, lagunas y cuerpos de agua fríos o templados de las zonas altas del centro del país.

En las últimas décadas, las poblaciones de esta especie han sufrido un declive muy marcado por la pérdida y fragmentación de su hábitat. La transformación de humedales en zonas agrícolas o urbanas, la sobreexplotación de acuíferos y la canalización de cursos de agua han ido reduciendo tanto la superficie disponible como la calidad de los ecosistemas donde el ajolote del altiplano podía reproducirse y alimentarse.

Otro factor determinante en su situación actual es la contaminación de los cuerpos de agua. Efluentes urbanos, residuos agrícolas, vertidos industriales y presencia de nutrientes en exceso provocan una alteración severa de la calidad del agua, lo que incrementa la mortalidad de huevos y larvas y limita el desarrollo normal de los adultos. En anfibios, particularmente sensibles a los cambios ambientales, este deterioro se traduce rápidamente en descensos poblacionales.

A ello se suma la introducción de especies exóticas invasoras, como peces depredadores y otras especies acuáticas que compiten por el alimento o que se alimentan directamente de huevos, larvas y juveniles de ajolote. Esta presión añadida reduce aún más las posibilidades de supervivencia en hábitats ya de por sí muy fragmentados y degradados.

En México, la especie está catalogada dentro de la categoría de «Sujeta a Protección Especial (Pr)» según la NOM-059-SEMARNAT-2010, lo que implica que, aunque no se la considere todavía en peligro crítico, presenta factores de riesgo claros que exigen medidas activas para evitar que avance hacia estados de amenaza más graves. Más información sobre la situación legal y operativos se puede consultar en la situación crítica del ajolote mexicano.

El hallazgo: cinco ejemplares en vida libre

Hallazgo de ajolotes en humedal protegido

El reciente avistamiento se produjo durante las labores rutinarias de monitoreo biológico en el Lago Tláhuac-Xico, enmarcadas en los esfuerzos de conservación que coordina la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). Estas tareas cuentan con el apoyo de brigadas comunitarias locales y se refuerzan mediante programas federales dirigidos a la protección de ecosistemas y especies prioritarias.

En el transcurso de estas actividades, los investigadores Juan Daniel Aguilar Montes y Carlos Omar Becerra Soria, vinculados a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) según distintas comunicaciones oficiales, lograron identificar cinco ajolotes del altiplano en libertad dentro de uno de los cuerpos de agua del área protegida. La observación se realizó en condiciones de campo, sin manipular a los animales, lo que refuerza la idea de que se trata de una población silvestre establecida.

Para la Conanp, el registro tiene un valor especial porque demuestra que la especie sigue presente en un humedal clave, pese a los problemas ambientales acumulados en la región. La autoridad ambiental subraya que no se trata solo de una curiosidad biológica, sino de un indicador de que, con gestión adecuada, estas áreas aún pueden albergar fauna nativa en condiciones viables.

El hallazgo no es un hecho aislado, sino el resultado de un seguimiento continuado en el tiempo que incluye recorridos periódicos, registros fotográficos y toma de datos ambientales. Gracias a este trabajo sistemático es posible detectar la presencia de fauna discreta, como los ajolotes, que raramente se dejan ver de forma casual.

De acuerdo con los comunicados de la Comisión, se mantendrá la colaboración estrecha con el sector académico para ampliar la búsqueda de la especie en otros cuerpos de agua dentro del Área Natural Protegida. La idea es localizar más núcleos de población, conocer su tamaño y evaluar su estado de salud, información imprescindible para diseñar planes de recuperación realistas.

Lago Tláhuac-Xico: un humedal estratégico para la biodiversidad

El Lago Tláhuac-Xico fue declarado Área de Protección de Recursos Naturales el 8 de enero de 2024 y abarca 3.545,41 hectáreas entre la demarcación de Tláhuac, en la Ciudad de México, y el municipio de Valle de Chalco Solidaridad, en el Estado de México. Se trata de uno de los últimos humedales significativos que sobreviven en el centro del país, en una región históricamente dominada por cuerpos de agua que han ido desapareciendo o transformándose.

Este espacio conserva aún vegetación acuática y subacuática típica de la antigua Cuenca de México, lo que lo convierte en un refugio clave para multitud de organismos adaptados a condiciones lacustres. Plantas emergentes, comunidades de algas, macroinvertebrados y pequeños peces forman un entramado ecológico que sustenta cadenas tróficas complejas, entre las que el ajolote del altiplano ocupa un lugar destacado como depredador intermedio.

Los humedales como Tláhuac-Xico proporcionan una serie de servicios ecosistémicos esenciales: regulan el ciclo del agua, contribuyen a la recarga de acuíferos, actúan como filtros naturales frente a ciertos contaminantes y ofrecen protección frente a inundaciones. Además, son zonas de alta productividad biológica, lo que se traduce en una gran diversidad de especies de flora y fauna.

En este contexto, la presencia confirmada del ajolote del altiplano ayuda a valorar el estado de conservación del humedal. Un anfibio tan sensible a la contaminación y a los cambios en la calidad del agua funciona como un auténtico bioindicador: su presencia, ausencia o abundancia puede dar pistas muy claras sobre la salud general del ecosistema.

Para las comunidades locales, el área protegida también representa una oportunidad para impulsar actividades compatibles con la conservación, desde el turismo de naturaleza responsable hasta proyectos de educación ambiental. Integrar las necesidades sociales con la gestión ecológica suele ser uno de los elementos que marcan la diferencia en la viabilidad a largo plazo de estos espacios.

Monitoreo, ciencia y participación comunitaria

La Conanp, junto a brigadas comunitarias y con apoyo de programas federales como el Programa para la Protección y Restauración de Ecosistemas y Especies Prioritarias (PROREST), ha puesto en marcha un esquema de monitoreo permanente en el Lago Tláhuac-Xico. Este dispositivo se centra en registrar la diversidad biológica presente, con especial atención a especies que figuran como prioritarias por su grado de amenaza o por su relevancia ecológica.

En este esquema, los ajolotes del altiplano se encuentran entre los objetivos de observación más relevantes. Los recorridos periódicos permiten localizar zonas con condiciones favorables de hábitat, detectar posibles focos de contaminación y analizar la presencia de especies exóticas que puedan suponer riesgos adicionales.

La implicación de las comunidades locales en estas labores resulta clave. Las brigadas comunitarias participan tanto en la observación directa como en la identificación de problemas, por ejemplo, vertidos ilegales, cambios en el uso del suelo o actividades humanas que puedan alterar el equilibrio del humedal. Su conocimiento del territorio y su presencia continua facilitan una vigilancia que sería difícil de mantener solo con personal técnico.

Por parte del sector académico, la participación de instituciones como la UNAM y la UAM permite aportar metodologías científicas de muestreo y análisis, desde técnicas de monitoreo visual hasta estudios de genética de poblaciones o análisis de calidad del agua. Esta combinación de saber local y conocimiento científico incrementa las probabilidades de éxito de las acciones de conservación.

La información generada en el marco de este monitoreo sirve, además, para diseñar estrategias concretas de manejo: delimitación de zonas críticas, establecimiento de periodos de restricción para ciertas actividades, mejora de la infraestructura de saneamiento o restauración de áreas degradadas, entre otras medidas posibles.

Retos actuales y proyección para la conservación del ajolote del altiplano

A pesar de la buena noticia que supone encontrar cinco ejemplares en vida libre, el escenario general para el ajolote del altiplano sigue marcado por desafíos ambientales importantes. La expansión urbana en el entorno de la Ciudad de México y del Estado de México, la presión agrícola y la demanda creciente de agua ejercen una presión constante sobre los humedales remanentes.

Uno de los retos inmediatos pasa por contener y reducir las fuentes de contaminación que afectan a los cuerpos de agua del Lago Tláhuac-Xico. Esto implica mejorar el tratamiento de aguas residuales, controlar descargas no autorizadas y promover prácticas agrícolas con menor uso de fertilizantes y plaguicidas que puedan terminar en el humedal. En este sentido, resultan útiles las recomendaciones sobre conservación del agua dulce.

En paralelo, es necesario abordar la cuestión de las especies invasoras en los sistemas acuáticos. El control de peces y otros organismos introducidos que depredan sobre huevos y larvas de ajolote o que alteran las cadenas tróficas constituye un componente delicado de la gestión, que debe planificarse con rigor técnico para evitar efectos indeseados sobre el conjunto del ecosistema.

Las autoridades ambientales insisten en continuar con la búsqueda de la especie en diferentes cuerpos de agua dentro del área protegida. Localizar nuevos núcleos poblacionales permitiría contar con una red de sitios de reproducción relativamente conectados, algo esencial para asegurar el intercambio genético y reducir el riesgo de extinciones locales por eventos puntuales.

A medio y largo plazo, el enfoque pasa por consolidar el Lago Tláhuac-Xico como un referente de conservación de humedales y de fauna endémica en la región central de México. Si las medidas de protección se mantienen y se refuerzan, este espacio podría convertirse en un modelo exportable de cómo integrar protección legal, participación social y ciencia aplicada a la conservación de especies tan sensibles como los ajolotes.

El avistamiento de estos cinco ajolotes del altiplano en el Lago Tláhuac-Xico pone sobre la mesa tanto la fragilidad de los humedales del centro de México como la capacidad de recuperación que aún conservan cuando se aplican medidas de protección adecuadas; el trabajo conjunto de instituciones, científicos y comunidades está permitiendo documentar la presencia de una especie emblemática, ajustar las estrategias de manejo y mantener viva la posibilidad de que estos anfibios sigan formando parte del paisaje de la Cuenca de México durante las próximas generaciones.

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