Biodiversidad del karst: vida entre rocas, cuevas y acuíferos

Última actualización: 28 marzo 2026
  • El karst se forma por la disolución de rocas solubles como calizas y yesos, generando paisajes superficiales y subterráneos muy diversos.
  • Suelos, microclima y acuíferos kársticos crean hábitats únicos para flora y fauna, con muchas especies endémicas y altamente especializadas.
  • Ejemplos como el Bosque dos Grobos y el Karst en Yesos de Sorbas muestran la enorme variación ecológica entre karsts húmedos y áridos.
  • La explotación de recursos y otros impactos humanos amenazan la biodiversidad kárstica, por lo que es clave una gestión y conservación estrictas.

Paisaje kárstico y biodiversidad

La biodiversidad del karst es mucho más que cuevas y rocas curiosas: hablamos de paisajes únicos, suelos muy especiales, aguas subterráneas llenas de vida y una flora y fauna que, en muchos casos, no existen en ningún otro lugar del planeta. Estos sistemas se han ido moldeando durante miles de años por la acción del agua sobre rocas solubles como la caliza o el yeso, dando lugar a un auténtico laberinto tridimensional.

En este tipo de relieves encontramos desde montañas calizas tapizadas de musgos y bosques húmedos, hasta parajes subdesérticos donde apenas llueve y el agua es un tesoro escaso. En todos ellos, el karst marca las reglas del juego: condiciona el suelo, el microclima, el curso del agua y, en consecuencia, las especies que pueden vivir allí. Vamos a recorrer sus principales rasgos geológicos y ecológicos, y a descubrir por qué su biodiversidad es tan particular y tan frágil.

¿Qué es un karst y cómo se forma?

El relieve kárstico es el resultado de la disolución de rocas solubles, sobre todo calizas y yesos, por el agua de lluvia y de escorrentía, tanto en superficie como en profundidad. Este proceso, conocido como karstificación, va excavando lentamente fisuras, conductos y cavidades, y modelando un paisaje lleno de formas muy características.

En un karst actúan al mismo tiempo las aguas superficiales y las subterráneas. El agua de lluvia, ligeramente ácida por el dióxido de carbono atmosférico y del suelo, se infiltra por grietas y fracturas, ampliándolas con el tiempo. De este modo se desarrollan galerías, simas, cuevas y acuíferos subterráneos que funcionan como una auténtica esponja geológica.

En superficie, la disolución y el hundimiento dan lugar a diferentes formas kársticas visibles: dolinas (depresiones en forma de embudo), lapiaces (superficies de roca surcada por acanaladuras), cañones, poljés, ramblas encajadas y complejos sistemas de barrancos. En profundidad, las cavidades pueden rellenarse con espeleotemas tan variados como estalactitas, estalagmitas, columnas o curiosos depósitos minerales.

El karst no se limita a un único tipo de roca: también se desarrolla en yesos, como ocurre en el famoso Karst en Yesos de Sorbas (Almería), donde la erosión del río Aguas ha excavado un intrincado conjunto de cuevas, dolinas, cañones y geodas en materiales muy solubles. Estos yesos, por su propia naturaleza química, generan ambientes especialmente extremos para las plantas y una red hidrogeológica muy compleja.

La diversidad de formas y procesos ha hecho que el karst se estudie desde múltiples disciplinas científicas: geología, geomorfología, hidrogeología, climatología, biología, ecología e incluso arqueología o etnografía. Cada una de ellas aporta una pieza al “rompecabezas kárstico”, ayudando a entender cómo se relacionan la roca, el agua, el clima y la vida.

Formaciones kársticas y bosque

Microclima, subsuelo y karst no tradicional

Uno de los rasgos más llamativos del karst es su microclima subterráneo. En el interior de cuevas y galerías, la temperatura y la humedad tienden a mantenerse muy estables a lo largo del año, con escasas variaciones diarias y estacionales. Esta estabilidad es clave para la vida de muchas especies adaptadas a la oscuridad, así como para la conservación de depósitos minerales y restos arqueológicos.

En el suelo kárstico, la distribución de la humedad, el calor y los nutrientes es muy heterogénea, dando lugar a bolsas de suelo y refugios bajo las rocas que se comportan de forma diferente a los suelos de otros ambientes. Esa heterogeneidad microambiental explica por qué, en un espacio aparentemente homogéneo, encontramos una gran variedad de microhábitats para plantas, invertebrados y microorganismos.

Además del karst clásico en calizas o yesos masivos, se han descrito formas de karst no tradicional asociadas a otros tipos de rocas o a condiciones específicas, que amplían el concepto más allá del típico paisaje de montaña calcárea. Estos medios suelen albergar comunidades biológicas particularizadas y muy especializadas, que responden a gradientes de humedad, pH o salinidad muy precisos.

Los depósitos y mineralizaciones ligados al karst son otro aspecto relevante: rellenos de cuevas, concreciones y geodas pueden albergar minerales singulares y registros paleoambientales de gran valor científico. En sectores yesíferos como Sorbas, los grandes cristales, maclas en punta de flecha, estalactitas con bandeja o geodas de yeso constituyen auténticas rarezas geológicas a escala mundial.

Todos estos factores —microclima, heterogeneidad del suelo, sistemas de conductos y depósitos minerales— influyen directamente en la concentración y la distribución de la biodiversidad del karst, tanto en superficie como en profundidad, condicionando qué especies pueden establecerse y cómo evolucionan.

Fauna del karst: adaptaciones extremas y endemismos

Fauna asociada a ecosistemas kársticos

La fauna en los sistemas kársticos presenta conductas y adaptaciones muy particulares. En lugares como el Karst en Yesos de Sorbas o las zonas calizas de Almería, la escasez de agua superficial y de suelo fértil limita la productividad primaria, de modo que las comunidades animales son muy diversas pero poco abundantes: hay muchas especies diferentes, pero con poblaciones reducidas.

En el suelo kárstico de ambientes cálidos, organismos como las lombrices de tierra se comportan de forma distinta a las de otros suelos. Suelen refugiarse bajo las rocas o en pequeñas cavidades llenas de suelo dentro del endokarst (el karst interno), donde la temperatura y la humedad son más favorables. Solo aparecen en superficie en las primeras horas del día, cuando todavía no se alcanzan temperaturas extremas.

Otros invertebrados, como los caracoles terrestres, muestran también estrategias de supervivencia muy especializadas y, con frecuencia, dan lugar a especies endémicas, es decir, exclusivas de un área kárstica concreta. Cambian sus patrones de actividad, su tolerancia a la desecación y, en algunos casos, su propia morfología con respecto a parientes que viven en suelos no kársticos.

En las zonas áridas y subdesérticas, la herpetofauna destaca por su capacidad de resistir condiciones duras. En karsts como el de Sorbas se encuentran culebras de herradura, culebra de escalera y culebra bastarda, además de lagartijas colilarga, ibérica y cenicienta, así como el galápago leproso en puntos de agua. Estos reptiles aprovechan oquedades, grietas y cavidades para refugiarse del calor y de los depredadores.

Los mamíferos depredadores, como zorros, comadrejas, ginetas, tejones, garduñas o meloncillos, están presentes aunque cada vez con menor frecuencia en algunos enclaves muy transformados. Muchos usan las laderas rocosas, las cavidades y los barrancos como zonas de descanso y reproducción, y se benefician de la elevada diversidad de pequeños vertebrados e invertebrados que habitan en el entorno.

La avifauna asociada al karst es igualmente rica. En escarpes calizos y cañones aparecen aves rupícolas y rapaces como el avión roquero, el abejaruco, la abubilla, la collalba negra, la curruca tomillera, el cernícalo vulgar, el halcón peregrino, el búho real o el águila perdicera. Muchos de estos pájaros utilizan cortados, cuevas y paredes verticales para anidar, mientras se alimentan de insectos, pequeños vertebrados o presas de mayor tamaño.

En algunos karsts mediterráneos se ha descrito incluso la presencia de tortuga mora en poblaciones autóctonas, un hecho excepcional a escala europea. La combinación de clima, relieve rocoso y vegetación abierta ha permitido mantener allí una de las pocas poblaciones naturales no introducidas de esta especie en el continente.

Dentro de las cuevas y fisuras profundas, la fauna cavernícola alcanza su máximo grado de especialización. Es frecuente encontrar murciélagos de varias especies, que utilizan las cavidades como refugio diurno y zonas de cría, y un variado elenco de invertebrados troglobios, como pseudoescorpiones (“falsos escorpiones”), coleópteros, arácnidos y crustáceos adaptados a la oscuridad, con ojos reducidos o ausentes y pigmentación casi inexistente.

Los acuíferos subterráneos y cenotes del karst albergan comunidades acuáticas muy singulares. La fauna de estas aguas subterráneas difiere notablemente de la de lagos y lagunas superficiales, e incluye numerosos endemismos altamente especializados: peces ciegos, crustáceos estigóbios, insectos acuáticos adaptados a corrientes internas y microorganismos que aprovechan recursos químicos en lugar de la luz solar.

Flora y vegetación: del bosque húmedo al desierto de yesos

La vegetación de los paisajes kársticos es un buen ejemplo de cómo el tipo de roca y el agua disponible condicionan qué especies pueden establecerse. En muchos sectores de karst calcáreo con clima húmedo se desarrollan bosques densos, mientras que en karsts yesíferos áridos apenas hay suelo y el ambiente resulta tóxico para la mayoría de las plantas.

En el Paraje Natural del Karst en Yesos de Sorbas, la flora se caracteriza por una riqueza notable de endemismos botánicos. Los suelos yesíferos, químicos y físicamente difíciles, actúan como un filtro severo: muchas plantas no soportan las altas concentraciones de sulfatos ni la inestabilidad del sustrato, pero un grupo de especies ha logrado adaptarse y prosperar en estas condiciones tan duras.

En este ámbito se distinguen tres grandes tipos de vegetación: por un lado, la estepa árida y subdesértica, con matorrales dispersos y especies muy tolerantes a la sequía; por otro, las comunidades vegetales vinculadas directamente a los yesares, donde crecen plantas yesófilas altamente especializadas; y, finalmente, la vegetación ligada a los remansos y meandros del río Aguas, con una franja de ribera mucho más húmeda y exuberante.

Las especies vegetales más valiosas y escasas tienden a localizarse cerca de antiguas y actuales explotaciones de yeso, lo que agrava su vulnerabilidad. Entre las joyas botánicas se encuentran endemismos como el garbancillo de yeso, la jarilla de Sorbas, el romerillo de Turre o el narciso de Sorbas, todos ellos muy restringidos geográficamente y adaptados a un estrecho rango de condiciones edáficas.

En contraste, en karsts calcáreos húmedos como el Bosque dos Grobos, en la Reserva de la Biosfera de Ancares (Lugo, Galicia), la vegetación es densa y verde. Allí, la roca caliza forma un auténtico laberinto de bloques cubiertos de musgos y líquenes, entre los que se desarrollan castaños centenarios, robles y helechos de un verdor intenso. La interacción entre roca, humedad y sombra genera un ambiente casi mágico, muy diferente del paisaje árido y blanquecino de los yesares.

Los musgos y líquenes que tapizan las rocas calizas del Bosque dos Grobos conforman un microecosistema muy sensible a cambios de humedad y de calidad del aire. Estos tapices vegetales retienen agua, favorecen la formación de suelo fino y ofrecen refugios a multitud de invertebrados, semillas y microorganismos, potenciando la biodiversidad del entorno.

Ejemplos emblemáticos de biodiversidad kárstica

El Bosque dos Grobos es un ejemplo perfecto de cómo un karst en clima atlántico puede combinar una gran riqueza ecológica y un enorme atractivo paisajístico. Situado en las montañas de Ancares, se accede a él mediante una ruta de ascenso por Cela, que serpentea entre bosques de castaños y robles, ofreciendo panorámicas espectaculares de la reserva.

La base de este paisaje es el sustrato calizo, cuya disolución por aguas de lluvia a lo largo de miles de años ha ido creando cuevas, pasadizos y formaciones rocosas laberínticas. Las rocas, cubiertas de musgo, dejan huecos y resquicios donde prosperan helechos, pequeñas herbáceas, líquenes y una multitud de invertebrados, conformando un ecosistema complejo y muy dinámico.

La Reserva de la Biosfera de Ancares, declarada por la UNESCO en 2006, alberga una gran variedad de ecosistemas de montaña: bosques caducifolios, pastizales, turberas y zonas rocosas, que se entremezclan con los paisajes kársticos. Esta diversidad de hábitats sostiene poblaciones de especies emblemáticas como el lobo ibérico o el oso pardo, así como una flora y fauna de gran interés conservacionista.

En el otro extremo climático y paisajístico, el Karst en Yesos de Sorbas ofrece una imagen de biodiversidad ligada a la aridez. El río Aguas, uno de los cursos de agua continuos más importantes de la provincia de Almería, ha excavado cañones y valles en el yeso, mientras recarga un acuífero subterráneo de comportamiento muy particular, en el que el agua se mueve por una maraña de cavidades y conductos.

Este acuífero funciona como un sistema hidrogeológico tipo esponja, capaz de captar humedad ambiental y de regular el flujo del río y de numerosos manantiales kársticos. En un entorno subdesértico, estos puntos de agua son esenciales para la fauna y la flora, y sostienen comunidades de ribera y fauna acuática que contrastan fuertemente con el secarral circundante.

Los estudios científicos han puesto de relieve que el conjunto de cavidades en yeso de Sorbas es uno de los más importantes de Europa, con gran variedad de formaciones superficiales y subterráneas: estalactitas y estalagmitas de formas caprichosas (bolas, anillos, abetos, coraloides, palmeras, “cerebros”, estalagmitas huecas), dolinas, pozos, sifones, lapiaces y microlapiaces, cañones, columnas, caos de bloques, túmulos y grandes cristales de yeso en maclas puntiagudas.

En este mismo espacio coinciden valores geológicos, biológicos y culturales: viejos cortijos y barrios abandonados, antiguos hornos de yeso, terrazas de cultivo, molinos tradicionales y yacimientos prehistóricos que testimonian una larga relación entre las comunidades humanas y el karst. Todo ello ha llevado a que el paraje sea reconocido como Lugar de Interés Comunitario (LIC) y considerado un enclave con enorme potencial para el turismo de naturaleza y de aventura.

Amenazas, conservación y uso público del karst

A pesar de sus valores naturales y culturales, muchos sistemas kársticos sufren presiones intensas por parte de actividades humanas. En el caso del Karst en Yesos de Sorbas, Ecologistas en Acción de Almería ha denunciado que las explotaciones de yeso están provocando la desaparición de una auténtica “obra de arte de la naturaleza”, vendida al peso de su valor mineral.

Estas canteras generan impactos acumulativos: por un lado, alteran el acuífero y su nivel freático, modificando la dinámica del río Aguas y de los manantiales kársticos, con pérdida de caudal en un contexto ya de por sí muy seco; por otro, destruyen directamente hábitats de flora endémica y zonas de refugio de fauna, tanto superficial como cavernícola.

Entre las especies más afectadas se encuentran las plantas yesófilas únicas en el mundo, como el garbancillo de yeso, la jarilla de Sorbas, el romerillo de Turre o el narciso de Sorbas, cuyo rango de distribución es muy reducido. También se ven perjudicadas aves rupícolas protegidas (águila perdicera, halcón peregrino, búho real, avión roquero, abejaruco, collalba negra, curruca tomillera, tarabilla común, diversas aves acuáticas), reptiles, galápagos, tortuga mora autóctona, numerosos murciélagos y fauna cavernícola como pseudoescorpiones y otros invertebrados.

Las organizaciones conservacionistas sostienen que existen alternativas para la extracción de yeso en otros enclaves menos sensibles, donde la riqueza en biodiversidad, geodiversidad, paisajes y etnodiversidad no sea tan sobresaliente. Reclaman la paralización y traslado de las canteras más conflictivas y una gestión del paraje que priorice la conservación y el desarrollo de un turismo de naturaleza responsable.

En paralelo, espacios como la Reserva de la Biosfera de Ancares apuestan por el uso público ordenado y la educación ambiental. Iniciativas como las rutas de senderismo y Nordic Walking por el Bosque dos Grobos, diseñadas con recorridos circulares que parten y regresan a este enclave, permiten compatibilizar la visita con la protección, siempre que se respeten los senderos, se minimice el impacto sobre la vegetación y la fauna, y se impliquen las comunidades locales.

La combinación de protección legal, planificación de usos del suelo, participación ciudadana y actividades de divulgación resulta fundamental para asegurar que la biodiversidad del karst y sus paisajes singulares puedan mantenerse a largo plazo, al tiempo que se aprovechan sus posibilidades para un turismo de calidad y un desarrollo rural más sostenible.

En conjunto, los sistemas kársticos representan un mosaico de formas geológicas espectaculares, microclimas peculiares, ecosistemas llenos de especies especializadas y un patrimonio cultural profundo. Desde los bosques húmedos de roca caliza cubiertos de musgo, como el Bosque dos Grobos, hasta los yesares subdesérticos de Sorbas con su flora exclusiva y su compleja red de cuevas, el karst concentra una biodiversidad tan frágil como valiosa, cuya conservación exige entender bien el papel del agua, la roca y las actividades humanas en el funcionamiento de estos paisajes únicos.

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