Las serpientes invasoras arrinconan a la lagartija pitiusa en Ibiza

Última actualización: 16 mayo 2026
  • La culebra de herradura invasora ocupa ya alrededor del 90% de Ibiza.
  • La lagartija pitiusa sufre una caída drástica y se ha extinguido en varios islotes.
  • Las serpientes nadan entre islotes y colonizan nuevos territorios con rapidez.
  • La desaparición de la lagartija provoca una cascada de impactos ecológicos en las Pitiusas.

serpientes invasoras en Ibiza

En las Pitiusas se está viviendo una situación cada vez más preocupante: la invasión de la culebra de herradura está arrasando con la lagartija pitiusa, un reptil endémico de Ibiza, Formentera y sus islotes que hasta hace poco era omnipresente en muros de piedra, campos y costas. Lo que empezó hace unos veinte años como la llegada discreta de unas cuantas serpientes ocultas en olivos ornamentales se ha convertido hoy en un problema ecológico de primera magnitud.

La investigación liderada por el Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF), publicada en la revista Ecology, confirma que la culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis) ocupa ya casi todo el territorio de Ibiza y se ha adentrado también en Formentera. Esta expansión fulgurante ha desencadenado una drástica reducción de la lagartija pitiusa (Podarcis pityusensis), hasta el punto de que los científicos no descartan su desaparición total en la isla de Eivissa si no se frena la invasión.

Una invasión silenciosa que ya cubre el 90% de Ibiza

culebra de herradura invasora en Ibiza

Las primeras referencias sólidas a la presencia de la culebra de herradura en Ibiza se sitúan alrededor de 2003, vinculadas a la importación de olivos ornamentales. En aquel momento, los ofidios se concentraban en zonas muy concretas y el problema pasó relativamente desapercibido. Sin embargo, los estudios del CREAF señalan que, entre 2010 y 2015, la especie entró en una fase de expansión prácticamente imparable.

A comienzos de esa década, las estimaciones situaban la ocupación de la serpiente por debajo del 5% de la superficie de la isla. En cuestión de pocos años, el avance fue espectacular: alrededor de 2016 ya se calculaba que las culebras estaban presentes en cerca del 40% del territorio ibicenco, y los datos más recientes indican que en 2025 superaban ampliamente el 90%. Los investigadores comparan esta dinámica con la de un incendio forestal: el frente de invasión va avanzando a medida que se agota el alimento, en este caso las lagartijas y otros pequeños vertebrados.

La serpiente de herradura es una especie autóctona de la Península Ibérica y el norte de África, pero su introducción artificial en un ecosistema insular tan frágil como el de las Pitiusas la convierte en invasora. En Ibiza se ha encontrado con abundancia de presas, ausencia de depredadores naturales significativos y un clima favorable, un cóctel perfecto para que la población crezca sin control. Tanto es así que se han capturado ejemplares que alcanzan los dos metros de longitud, tamaños muy superiores a los habituales en la península, algo que los expertos atribuyen a la gran disponibilidad de alimento.

Ante el avance del ofidio, las administraciones han intentado reaccionar con diversas medidas. El anterior Govern balear limitó la entrada de olivos, algarrobos y encinas en determinados periodos del año para reducir el riesgo de introducir más serpientes escondidas en los cepellones. Aunque la normativa se considera un paso en la buena dirección, algunas voces científicas apuntan que habría sido más eficaz si se hubiera aprobado varios años antes, cuando la expansión aún estaba en una fase inicial.

Una especie única en el mundo, al borde del colapso

La lagartija pitiusa es mucho más que un reptil típico de los muros de piedra seca y los pinares costeros. Se trata de una especie endémica de Ibiza, Formentera y casi cuarenta islotes circundantes, que ha desarrollado a lo largo de miles de años un abanico sorprendente de coloraciones. Las distintas poblaciones presentan tonalidades verdes, marrones, grises, azules o negras, con combinaciones y patrones que cambian de un islote a otro, hasta el punto de que se considera una de las especies con mayor variación cromática de todo el mundo.

Antes de la llegada masiva de las serpientes, se describían alrededor de cuarenta subpoblaciones o formas locales de lagartija pitiusa en el conjunto de las Pitiusas. Cada una de ellas representaba una historia evolutiva diferente, fruto del aislamiento geográfico y de la adaptación a hábitats muy concretos. La comunidad científica llevaba años interesándose por este mosaico de micro-endemismos, que convertía a las islas en un laboratorio natural para estudiar la evolución y la genética de poblaciones.

La irrupción de la culebra de herradura ha dado la vuelta a este escenario. Los datos recopilados por el CREAF en los últimos seis años indican que la lagartija pitiusa ha sufrido una reducción drástica en las últimas dos décadas. Donde antes era habitual ver decenas de ejemplares en pocos metros, ahora resulta difícil encontrar alguno. En el Parc Natural de ses Salines, por ejemplo, grupos ecologistas estiman descensos de hasta el 70% en algunas zonas.

Los investigadores destacan que la especie no estaba preparada para enfrentarse a un depredador terrestre de este tipo. La lagartija pitiusa evolucionó en un entorno sin serpientes, lo que explica su comportamiento confiado y la falta de estrategias efectivas para evitar a las culebras. Esta vulnerabilidad se traduce en una tasa de depredación muy elevada: cuando la serpiente coloniza una nueva zona, puede tardar menos de tres años en eliminar prácticamente toda la población local de lagartijas.

Además del impacto directo sobre la especie, los científicos advierten de que la pérdida de poblaciones con coloraciones únicas implica una desaparición evolutiva irrecuperable. Si una de estas formas locales se extingue en un islote, no existe en ningún otro lugar del planeta, por lo que ese linaje se pierde para siempre. De ahí que se considere que lo que está ocurriendo en las Pitiusas no es solo un problema local, sino también una pérdida de patrimonio natural a escala global.

Colonización a nado de islotes y extinción relámpago

Uno de los aspectos más sorprendentes del trabajo del CREAF es la constatación de que las culebras de herradura son capaces de nadar entre islotes para colonizar nuevos territorios. Durante años se pensó que el mar actuaría como una barrera natural que mantendría a salvo las pequeñas islas que rodean Ibiza y Formentera. Sin embargo, la acumulación de vídeos, fotografías y testimonios de pescadores y vecinos ha demostrado que estos ofidios cruzan tramos de mar abierto por sus propios medios.

En un principio, cuando se empezaron a detectar serpientes en determinados islotes, se sospechó que podían haber llegado de forma accidental, quizá transportadas en embarcaciones o con materiales. Pero las sucesivas observaciones de cuelbras nadando en superficie a cierta distancia de la costa, junto con los datos de trampeo y censos, acabaron por confirmar que no se trataba de casos aislados. Los investigadores subrayan que este comportamiento migratorio activo apenas se ha documentado en otras especies de serpientes a nivel mundial.

Las consecuencias de esta capacidad de dispersión han sido devastadoras para las lagartijas de los islotes. El estudio documenta la extinción de las poblaciones de lagartija pitiusa en una decena de pequeñas islas, entre las que destacan Santa Eulària y s’Ora. En espacios tan reducidos, con recursos limitados y sin posibilidad de refugio efectivo, bastan unas pocas serpientes para acabar con toda la población local en cuestión de meses.

El caso del islote de Santa Eulària ilustra bien la rapidez del proceso. Entre 2023 y 2025 se instalaron doce trampas para serpientes, en las que se capturaron 58 culebras de herradura. Paralelamente, se compararon las observaciones de lagartijas en los mismos transectos utilizados en un censo previo de 2016. Ese año se habían registrado 72 ejemplares; en 2023 solamente se observaron tres y, en 2025, ya no se detectó ninguno. Los investigadores hablan de extinción local confirmada.

Ante esta situación, el equipo científico y las administraciones han puesto en marcha algunas acciones de emergencia. Una de las medidas más llamativas ha sido el especialmente singulares, trasladando ejemplares a instalaciones como el Zoo de Barcelona, en coordinación con la Conselleria de Medio Natural. El objetivo es mantener núcleos reproductores en cautividad para, llegado el caso, poder plantear reintroducciones en el futuro si las condiciones lo permiten.

Impactos ecológicos en cadena sobre los ecosistemas pitiusos

La desaparición de la lagartija pitiusa va mucho más allá de la pérdida de una especie emblemática. Los científicos recuerdan que este reptil desempeña funciones clave en el funcionamiento de los ecosistemas insulares. Entre sus roles principales se encuentran la polinización de numerosas flores, la dispersión de semillas y el control de poblaciones de insectos, lo que ayuda a evitar plagas en cultivos y vegetación natural.

Al alimentarse de insectos y otros invertebrados, la lagartija contribuye a mantener el equilibrio entre distintas comunidades de artrópodos. Su declive abre la puerta a desajustes en estas redes tróficas, con posibles aumentos de determinadas especies de insectos que podrían transformarse en plaga. A la vez, la reducción de polinizadores vertebrados puede afectar a la reproducción de algunas plantas, alterando la composición de la flora local con el paso del tiempo.

Por otro lado, la culebra de herradura no se limita a consumir lagartijas. Su dieta incluye también ratones, murciélagos, aves y pequeñas musarañas, lo que añade otra capa de complejidad al problema. El aumento de la población de serpientes puede modificar las dinámicas de estos grupos de vertebrados, dejando sin alimento a ciertos depredadores, como algunas aves rapaces que se nutren de pequeños mamíferos, y cambiando la estructura de las cadenas tróficas.

En ecosistemas insulares tan cerrados como los de Ibiza y Formentera, cualquier alteración de una pieza del engranaje se nota con rapidez. La combinación de un superdepredador recién llegado, sin control natural, y la desaparición de un herbívoro-insectívoro clave es, según los expertos, una receta para una cascada de efectos ecológicos difícil de predecir a largo plazo. Los estudios en marcha tratan precisamente de cuantificar hasta qué punto estos cambios se traducen en variaciones en la vegetación, la presencia de plagas o la estructura general de la comunidad de fauna.

En Formentera, donde la lagartija pitiusa presenta rasgos genéticos y coloraciones propias, ya se han detectado serpientes de herradura. Dado que se trata de una isla de dimensiones mucho menores que Ibiza, se teme que una expansión rápida de la culebra pueda tener efectos aún más fulminantes. Los investigadores advierten de que, sin medidas contundentes, la población de lagartijas podría derrumbarse en pocos años, repitiendo el patrón observado en Eivissa.

Trampeo, control de entrada de árboles y retos de gestión

Frente a una invasión tan avanzada, las autoridades y los grupos científicos han optado por una combinación de estrategias centradas sobre todo en el control de las poblaciones de serpientes y la prevención de nuevas introducciones. En zonas sensibles como el Parc Natural de ses Salines se han colocado decenas de trampas específicas para capturar culebras de herradura. Este último invierno, por ejemplo, se decidió mantener activas las 63 trampas ya instaladas, en lugar de retirarlas, intentando reducir la presión sobre las poblaciones de lagartijas.

El Servicio de Protección de Especies del Govern balear ha extendido estas actuaciones a áreas costeras y algunos islotes, donde se han llevado a cabo prospecciones sistemáticas. En la mayoría de islotes de ses Salines no se han encontrado todavía indicios claros de invasión, aunque sí se capturó una serpiente en el Escull d’en Terra y se han instalado trampas de forma preventiva en otros puntos como el islote d’en Caragoler. La idea es detectar y eliminar cuanto antes cualquier núcleo incipiente.

Al mismo tiempo, se ha reforzado la normativa para , tradicionalmente utilizados en jardinería y que en el pasado pudieron servir de vía de entrada a las serpientes. Esta restricción busca cerrar uno de los caminos más probables de reintroducción de la especie invasora desde la península u otros orígenes. Expertos en biología y conservación señalan que estas medidas son positivas, pero que llegan en un momento en el que la invasión está muy consolidada, lo que dificulta seriamente erradicarla por completo.

El trabajo de campo desarrollado por el CREAF y otros organismos combina múltiples herramientas: trampas para serpientes, comparaciones entre censos actuales y antiguos, análisis de vídeos y fotografías, y recopilación de observaciones validadas de la ciudadanía, pescadores y agentes medioambientales. Esta aproximación integrada permite seguir con bastante precisión el avance de la culebra y el retroceso de las lagartijas en diferentes puntos de la geografía pitiusa.

Aun así, los responsables del estudio insisten en que la magnitud del problema exige un enfoque a medio y largo plazo, con recursos sostenidos y coordinación entre administraciones, centros de investigación y entidades locales. La posibilidad de recuperar a la lagartija pitiusa en determinadas zonas dependerá tanto del éxito en la reducción de las poblaciones de serpientes como de la capacidad para mantener y gestionar las poblaciones en cautividad, garantizando diversidad genética suficiente para futuras reintroducciones.

El escenario que se dibuja en Ibiza y Formentera ilustra cómo la introducción accidental de una especie foránea puede desencadenar una cadena de consecuencias difíciles de revertir en ecosistemas insulares. La culebra de herradura, perfectamente adaptada y sin apenas enemigos naturales, se ha asentado ya en el 90% de la isla de Ibiza, arrinconando a la lagartija pitiusa y poniendo en riesgo un patrimonio natural único. La respuesta científica y administrativa llega con esfuerzos notables, pero con el tiempo en contra y la necesidad de actuar con rapidez para evitar que la pérdida de biodiversidad sea irreversible.

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