- Rachel Bloor se despertó de madrugada con una pitón de unos 2,5 metros enroscada sobre su pecho y estómago.
- La mujer mantuvo la calma, puso a salvo a sus perros y consiguió guiar al animal hacia la ventana por la que habría entrado.
- La pitón alfombra, especie no venenosa muy común en Queensland, llegó probablemente a la vivienda por las persianas.
- Expertos en serpientes recuerdan que, ante un avistamiento, la recomendación es no manipular al animal y llamar a profesionales.
En Brisbane, al noreste de Australia, una noche aparentemente tranquila terminó convirtiéndose en una escena digna de película cuando una mujer se despertó con una pitón de unos 2,5 metros enroscada sobre su pecho. Lo que muchos habrían vivido como una auténtica pesadilla, ella lo afrontó con una calma que ha llamado la atención de los medios y de los expertos en fauna silvestre.
La protagonista de este inusual episodio es Rachel Bloor, vecina de la ciudad de Brisbane, acostumbrada desde niña a convivir con serpientes en entornos rurales. Esa familiaridad con estos animales fue clave para que, pese al susto, lograra salir ilesa y evitar daños al animal, en plena temporada de alta actividad de serpientes en Queensland.
El momento en que descubre que no era su perro
Todo ocurrió a última hora del lunes, ya bien entrada la noche, cuando Bloor empezó a notar un peso anómalo sobre el pecho y el abdomen mientras dormía. Medio adormilada, estiró la mano convencida de que se trataba de uno de sus perros, que a menudo se suben a la cama.
En lugar de pelaje, sus dedos toparon con una superficie lisa, fría y deslizante. Intrigada y cada vez más despierta, pidió a su pareja que encendiera la lámpara de la mesita de noche. Fue entonces cuando, según ha relatado a medios como la BBC y la ABC australiana, su compañero le dijo con toda la serenidad posible: “Cariño, no te muevas. Tienes una pitón de unos dos metros y medio encima”.
La primera reacción de Rachel fue soltar unos cuantos improperios, pero casi de inmediato centró su atención en otra preocupación: sus dos perros, un dálmata y un labradoodle. Temiendo que alguno de ellos se lanzara contra la serpiente y se produjera una “carnicería”, ordenó a su pareja que los sacara del dormitorio y los dejara a salvo en otra habitación.
Con los animales domésticos fuera de peligro y su marido, según ha contado ella misma, más nervioso que la propia afectada, la mujer se quedó sola en la cama con la pitón enroscada sobre su cuerpo, intentando pensar con rapidez cómo librarse del inesperado “visita” sin provocar un ataque.
Maniobra lenta y sin brusquedades para liberarse
Consciente de que un movimiento brusco podía alterar al reptil, Bloor optó por deslizarse lentamente por debajo de las sábanas. En declaraciones a la prensa, ha explicado que en su cabeza solo rondaba una idea: “¿De verdad está pasando esto? Es todo muy surrealista”.
La estrategia fue ir cambiando de posición y salir de la cama de lado, casi arrastrándose, manteniendo el máximo contacto posible de la sábana con la serpiente para no sobresaltarla. Pese a la tensión del momento, la mujer asegura que intentó no perder la calma, convencida de que “si tú estás tranquilo, ellas también lo están”.
Una vez consiguió separarse del animal y ponerse de pie, llegó la siguiente fase: lograr que la pitón abandonara la habitación. En lugar de intentar agarrarla de cualquier manera, optó por guiarla hacia el mismo punto por el que sospecha que había entrado: las persianas de la ventana del dormitorio, que dan acceso al exterior.
Rachel ha contado que la serpiente era tan grande que, aunque estaba acurrucada sobre su torso, parte de la cola aún asomaba por la persiana. Con movimientos suaves, comenzó a empujarla hacia la abertura y, cuando tuvo que sujetarla, notó que el animal no parecía especialmente alterado, “solo se tambaleaba un poco en la mano”.
Tras unos instantes que a ella y a su pareja se les hicieron larguísimos, la pitón acabó deslizándose hacia el exterior y desapareciendo en el jardín de la vivienda. Ni los perros ni los dueños sufrieron heridas, y la serpiente también salió indemne del percance.
Una pitón alfombra, común pero imponente
Los expertos han identificado al animal como una pitón alfombra, una especie no venenosa muy extendida en las zonas costeras de Queensland.
Según organizaciones especializadas como Snake Rescue Sunshine Coast, las pitones alfombra se encuentran entre las serpientes más habituales de la región y, de hecho, son relativamente populares como mascotas precisamente por carecer de veneno. No obstante, los especialistas recuerdan que pueden alcanzar longitudes considerables y resultar peligrosas si se manipulan de forma inadecuada, especialmente para personas sin experiencia.
En el caso de Bloor, su reacción serena no fue casualidad: la australiana ha explicado que creció rodeada de serpientes en entornos rurales, lo que le ha permitido desarrollar cierta tolerancia a su presencia. Aun así, reconoce que el susto fue importante, especialmente al darse cuenta de que el animal había estado acurrucado sobre su pecho durante quién sabe cuánto tiempo.
Paradójicamente, Rachel ha comentado que hay criaturas que le imponen mucho más respeto que una gran pitón. Ha contado con humor que, si en lugar de una serpiente hubiese encontrado un sapo de caña, una plaga muy extendida y controvertida en Australia, probablemente la historia habría terminado con ella mucho más asustada.
Según los testimonios que ha ofrecido a distintos medios, tanto ella como su marido no desarrollaron miedo duradero tras el incidente, en parte porque llevan toda la vida conviviendo con la fauna local. Aun así, reconocen que no es precisamente la forma ideal de comenzar la semana.
Un episodio que refleja la alta actividad de serpientes en Queensland
Más allá de la anécdota, el caso de esta mujer que se despertó con una pitón alfombra en el pecho se enmarca en un contexto de fuerte actividad de serpientes en el estado de Queensland.
Según el cazador de serpientes Kurt Whyte, con base en Ipswich, la región vive un momento delicado del año: la temporada de cría ha terminado y los huevos comienzan a eclosionar, lo que se traduce en un mayor número de ejemplares en movimiento en busca de alimento y refugio. El clima cálido actual también favorece que se vean con más frecuencia tomando el sol en jardines, caminos o tejados.
Whyte matiza, no obstante, que no necesariamente hay más serpientes que antes. A su juicio, el aumento de los avistamientos se explica sobre todo por el crecimiento urbano y la expansión de nuevas áreas residenciales que están ocupando antiguas zonas de matorral y hábitats naturales. En resumen, la gente se está aproximando cada vez más al territorio de estos animales.
Los patios traseros, los bordes de vallas y pequeños huecos en las estructuras de las casas se convierten en refugios ideales para las serpientes. Puertas de garaje mal selladas, rendijas en los marcos de las ventanas o persianas con espacio suficiente pueden servir como puntos de entrada, tal y como se sospecha que ocurrió en el domicilio de Bloor.
En este contexto, no resulta extraño que una pitón termine colándose hasta un dormitorio y acurrucándose en una cama, algo que, aunque suene extremo, los profesionales del sector consideran posible en regiones donde la convivencia con la fauna salvaje es habitual.
Por qué no se debe manipular una serpiente sin experiencia
Tras casos tan llamativos como el de Brisbane, los especialistas insisten en un mensaje básico: no intentar mover ni capturar serpientes por cuenta propia. Tanto Kurt Whyte como la cazadora de serpientes Tiarnah Kingaby coinciden en que la mayoría de incidentes graves se producen cuando alguien decide intervenir sin los conocimientos adecuados.
Kingaby, con más de seis años de experiencia en la zona de Logan, explica que se ha disparado el número de mordeduras asociadas a intentos fallidos de manipulación. Según su estimación, en torno a un 90 % de los casos recientes que atienden están vinculados a personas que han tratado de espantar, cazar o capturar al animal por sus propios medios.
La recomendación de estos profesionales es clara: ante la presencia de una serpiente en casa, en el jardín o en una zona urbana, lo más prudente es mantener la distancia, evitar movimientos bruscos y contactar con un servicio acreditado de rescate de reptiles. Muchos de ellos cuentan con teléfonos de atención casi permanente y protocolos establecidos para retirar al animal con seguridad.
Este consejo se aplica también al hallazgo de nidos o huevos de serpiente. En la medida de lo posible, lo ideal es no manipularlos y recurrir a un especialista que pueda trasladarlos a una incubadora controlada y, posteriormente, liberar a las crías en un entorno adecuado y seguro tanto para ellas como para las personas.
La historia de Bloor es, en cierto modo, una excepción: su experiencia previa con serpientes y su marcada sangre fría facilitaron que pudiera conducir ella misma al animal hacia el exterior. Sin embargo, incluso los expertos subrayan que lo más razonable para la mayoría de ciudadanos es optar por la vía profesional y no correr riesgos innecesarios.
Otro caso reciente: huevos, maquinaria y una pitón herida
La intensidad de esta temporada de serpientes en Queensland también queda reflejada en sucesos como el vivido por los dueños de The Llama Farm, una explotación situada en Ipswich. Allí, mientras cortaban hierba alta y espesa con maquinaria pesada, se toparon de manera accidental con una pitón alfombra que estaba incubando sus huevos.
Según han relatado los propietarios, Shane Hancock y Darren Degen, la serpiente salió de entre la maleza retorciéndose, provocando un susto considerable. No era para menos: el último encuentro que esperaban en pleno trabajo con el cortacésped era con un reptil de gran tamaño saliendo de repente de la hierba.
Pronto se dieron cuenta de que las cuchillas de la máquina habían alcanzado al animal, provocándole heridas de gravedad. Junto a ella encontraron lo que describen como un “tazón” de huevos expuestos en un pequeño muro de contención de arenisca, aunque por fortuna los huevos no habían sido dañados por el impacto de la maquinaria.
Conscientes de la situación, se pusieron en contacto con un grupo de rescate de reptiles, que acudió al lugar con varios cazadores profesionales, entre ellos la propia Tiarnah Kingaby. Tras la inspección inicial, la especialista confirmó que los 16 huevos hallados presentaban buen aspecto y que no temía por su “supervivencia continua”, siempre que se gestionara bien la incubación.
Los huevos fueron recogidos para ser incubados de forma controlada y, una vez nazcan las crías, la intención de los propietarios es liberarlas en la misma granja, en la medida en que aseguran que intentan coexistir con la vida silvestre que les rodea. Lamentablemente, la madre sufrió lesiones tan graves que tuvo que ser sacrificada, un desenlace que los dueños describen como devastador.
Este episodio pone de relieve hasta qué punto el contacto entre actividades humanas y fauna salvaje puede tener consecuencias dramáticas, incluso cuando no existe mala intención. Terrenos agrícolas, obras, urbanizaciones y maquinaria pesada se cruzan cada vez más a menudo con el ciclo vital de especies como la pitón alfombra.
Mientras en un caso una mujer se despierta con una serpiente acurrucada sobre el pecho y logra solucionarlo sin daños, en otro un simple trabajo de mantenimiento del terreno termina con una hembra sacrificada y una puesta de huevos rescatada a contrarreloj.
Entre el sorprendente despertar de Rachel Bloor y los hallazgos de huevos en explotaciones como la de Ipswich se dibuja una realidad en la que la vida urbana, agrícola y la fauna salvaje están cada vez más entremezcladas. Historias como estas recuerdan que convivir con animales como las pitones exige prudencia, respeto y la intervención de profesionales cuando sea necesario, porque un simple descuido o una reacción impulsiva pueden marcar la diferencia entre un susto controlado y una tragedia para personas y animales.
