Hallazgo de un tiburón foca en la playa de Luarca que asombra a Asturias

Última actualización: 18 enero 2026
  • Una hembra de tiburón foca apareció varada en la playa de Luarca (Asturias), lejos de su hábitat profundo.
  • La necropsia reveló 12 huevos con embriones en desarrollo, clave para entender su reproducción ovovivípara.
  • Los indicios apuntan a un anzuelo de pesca como origen de la herida interna que debilitó al animal.
  • El ejemplar y su material biológico se conservarán y expondrán en el Parque de la Vida de Luarca.

tiburon foca en Asturias

La aparición de un tiburón foca en la playa de Luarca, en la costa occidental de Asturias, ha roto la rutina de un arenal acostumbrado más a surfistas y paseantes que a visitantes de las profundidades marinas. El cuerpo de este animal, procedente de aguas abisales, se convirtió en pocas horas en el centro de atención de vecinos, curiosos y, sobre todo, de especialistas en fauna marina.

Se trata de una hembra de tiburón foca (Centroscymnus coelolepis) de 1,45 metros de longitud y unos 18 kilos de peso, una especie que normalmente vive en completa oscuridad a centenares, e incluso miles, de metros bajo la superficie. Su llegada a la orilla asturiana ha sido descrita por los expertos como un hecho poco habitual, cargado de interés científico y con un trasfondo que apunta directamente a la interacción humana con el medio marino.

Un visitante de las profundidades en la costa asturiana

tiburón foca en Asturias en la costa

El ejemplar fue localizado varado en la playa de Luarca a finales de la semana pasada, con un aspecto externo relativamente bien conservado y sin grandes lesiones visibles en la piel. A simple vista, muchos rasgos pasaban desapercibidos para quien no conociera esta especie: cuerpo robusto, tonalidad oscura y una textura cutánea áspera, similar a un papel de lija, típica de muchos tiburones de aguas profundas.

La noticia se extendió con rapidez porque el tiburón foca es un animal muy poco frecuente en superficie. Según ha explicado Luis Laria, director de la Coordinadora para el Estudio y Protección de las Especies Marinas (Cepesma), se trata de una especie asociada a fondos oceánicos alejados de la costa, donde la presión es enorme y la luz prácticamente inexistente. Ver uno de estos ejemplares tan cerca de la línea de playa es un escenario que apenas se da de vez en cuando.

Este tiburón se mueve habitualmente a profundidades de entre 400 y 1.600 metros, aunque hay registros de individuos todavía más profundos, por encima de los 3.500 metros, e incluso se menciona su presencia cercana a los 4.000 metros. En esas cotas, cada centímetro cuadrado del animal soporta presiones descomunales que resultarían imposibles de imaginar en la superficie, lo que obliga a una anatomía muy específica para poder sobrevivir.

Curiosamente, cuando las hembras están en fase de reproducción tienden a situarse en capas de agua algo menos hondas, alrededor de los 400 metros, en busca de condiciones ambientales más estables para el desarrollo de las crías. Precisamente, el ejemplar hallado en Asturias se encontraba en una fase muy avanzada de gestación, un detalle que ha multiplicado el interés por el caso.

Además de su procedencia abisal, otro factor que ha llamado la atención de la comunidad científica es que sus medidas superan ligeramente la media conocida para la especie. Con 1,45 metros, se sitúa unos 15 centímetros por encima de lo que suele describirse en los registros habituales, lo que ofrece una referencia adicional sobre la variabilidad de tamaño en estos tiburones de aguas profundas.

Una necropsia reveladora: 12 huevos y una hembra en plena gestación

necropsia tiburon foca en Asturias

Tras el hallazgo, el cuerpo del animal fue trasladado por el equipo de Cepesma, liderado por Luis Laria y otros investigadores, para realizar una necropsia completa. El objetivo era doble: aclarar las causas de la muerte y aprovechar la oportunidad para estudiar en detalle una especie de la que se dispone de muy poca información directa, precisamente por su vida discreta en las profundidades.

Al abrir la cavidad abdominal, los especialistas se toparon con un hallazgo que definieron como “espectacular” desde el punto de vista científico: la hembra albergaba en su interior 12 huevos de unos siete centímetros de diámetro cada uno, con embriones claramente visibles en desarrollo. En algunos relatos del examen se menciona incluso la presencia de huevos más pequeños y menos desarrollados, un indicador de que el proceso reproductivo estaba muy activo.

El tiburón foca es ovovivíparo, es decir, produce huevos pero estos permanecen dentro del cuerpo de la madre hasta que los embriones alcanzan un estado de desarrollo avanzado. Los huevos eclosionan en el interior y las crías abandonan el organismo materno ya como pequeños tiburones formados, preparados para valerse por sí mismos en un entorno tan exigente como el océano profundo.

En el caso de la hembra de Luarca, los doce huevos con embriones en formación habrían sido potencialmente viables si el animal hubiera completado su ciclo de gestación. En conjunto, el peso de este material reproductivo rondaba los dos kilos, lo que supone más de una décima parte del peso total del ejemplar, una inversión energética considerable para una especie de crecimiento lento y baja tasa reproductiva.

Para los biólogos marinos, encontrar una hembra en este estado es extraordinariamente inusual. La profundidad a la que suele desplazarse, unida a la dificultad de capturar ejemplares vivos y observar su comportamiento en libertad, ha limitado mucho el conocimiento sobre cómo se reproducen y cuántas crías pueden llegar a sacar adelante en cada ciclo.

Adaptaciones extremas para vivir en la oscuridad

El estudio detallado del cuerpo ha permitido describir varias adaptaciones anatómicas clave del tiburón foca a las grandes profundidades. Una de las más llamativas es su vientre plano, una forma que le facilita reposar directamente sobre el fondo marino sin necesidad de mantenerse en movimiento constante, algo poco frecuente en otras especies de tiburón.

Esta capacidad de permanecer prácticamente inmóvil se ve reforzada por la presencia de espiráculos situados en la parte superior de la cabeza. A través de estos orificios, el animal puede hacer entrar el agua directamente hacia las branquias para respirar, sin tener que nadar con la boca abierta. De este modo, evita remover sedimentos del fondo y puede pasar largos ratos en reposo sobre el lecho oceánico.

Su cuerpo robusto y de tonalidad oscura también responde a la vida en un entorno de oscuridad completa. El color apagado ayuda a camuflarse en la penumbra de las profundidades, mientras que la musculatura compacta y la piel extremadamente rugosa le protegen en condiciones de gran presión y baja temperatura.

Otro rasgo destacado es el tamaño de su hígado. En el ejemplar analizado en Asturias, este órgano representaba aproximadamente el 27,8 % del peso total del animal, una proporción muy elevada. El hígado está cargado de escualeno y otros compuestos grasos de baja densidad, que actúan como sistema de flotabilidad natural y reserva energética, funciones esenciales en aguas donde el alimento no abunda.

Históricamente, esta característica convirtió al tiburón foca en objeto de interés comercial, ya que de su hígado se obtenía aceite mediante fermentación, además de destinar cierta parte de su carne al consumo humano. Esa explotación, prolongada durante décadas, contribuyó a reducir drásticamente sus poblaciones, especialmente en zonas como el Cantábrico.

La pista del anzuelo: qué mató al tiburón de Luarca

Durante la necropsia, además de analizar los órganos internos y el estado de los huevos, el equipo científico examinó con detalle el sistema digestivo del tiburón. Fue entonces cuando hallaron la clave que explicaría el varamiento y la muerte del animal: una rasgadura sangrante compatible con la acción de un anzuelo.

En el interior del esófago se identificó un corte de unos 3,5 centímetros de longitud, acompañado de restos de sangre tanto en la cavidad bucal como en el estómago. Para los investigadores, estas lesiones encajan con lo que cabría esperar de una captura accidental con artes de pesca, probablemente mediante palangre de fondo empleado en aguas profundas.

La hipótesis más aceptada es que el tiburón habría engullido un anzuelo cebado, quedando enganchado de forma repentina. Al percatarse del tirón, el animal se habría revolcado con fuerza para intentar liberarse, consiguiendo finalmente soltar el aparejo, pero a costa de una fuerte rasgadura interna en la zona del esófago.

Esa herida habría provocado una hemorragia interna progresiva, debilitando de forma paulatina al animal. Desorientado y sin fuerzas suficientes para regresar a las grandes profundidades donde suele vivir, el tiburón habría ido ascendiendo hacia aguas más someras hasta terminar a merced de las corrientes que lo llevaron a las proximidades de la costa de Luarca.

Los expertos señalan que, a pesar de no apreciarse daños graves en el exterior del cuerpo, el sangrado interno era incompatible con la supervivencia, más aún en una hembra en plena gestación que ya soportaba un importante gasto energético. No se encontraron indicios de enfermedades evidentes ni de malformaciones que pudieran haber contribuido de forma decisiva al desenlace.

Un caso que reabre el debate sobre la pesca de aguas profundas

El episodio del tiburón foca de Luarca ha servido para volver a poner sobre la mesa el impacto de la actividad pesquera sobre especies de aguas profundas, muchas de ellas aún poco conocidas y con ciclos vitales muy delicados. La captura accidental mediante palangre y otros artes de fondo se considera una de las principales amenazas para estos animales.

En el pasado, el tiburón foca llegó a explotarse comercialmente en el mar Cantábrico, sobre todo para la obtención de aceite del hígado, aprovechando su alto contenido en compuestos grasos valorados por sus propiedades. Esa presión pesquera, unida a su crecimiento lento y a la baja frecuencia con la que se reproducen, redujo notoriamente sus poblaciones.

Hoy en día, la pesca dirigida a esta especie está prohibida en aguas europeas precisamente por esa vulnerabilidad. Sin embargo, los expertos advierten de que los ejemplares siguen enfrentándose a riesgos derivados de capturas no intencionadas, como demuestra el caso de la hembra asturiana.

Desde Cepesma y otros colectivos científicos se insiste en la necesidad de monitorizar mejor las capturas incidentales y en revisar las prácticas de pesca de profundidad, no solo por el tiburón foca, sino por todo un conjunto de especies abisales que desempeñan un papel importante en el equilibrio de los ecosistemas marinos.

El hallazgo también ha tenido un componente divulgativo. Luis Laria ha aprovechado el caso para explicar en medios y redes sociales cómo funciona la presión oceánica, qué supone vivir a miles de metros bajo el agua y por qué animales aparentemente lejanos de la vida cotidiana están estrechamente vinculados a decisiones humanas que se toman en la superficie.

De las profundidades al Parque de la Vida en Luarca

Tras completarse la necropsia y los análisis más urgentes, el cuerpo del tiburón y el material biológico asociado han pasado a un proceso de conservación. El plan es que el ejemplar, junto con su hígado y los 12 huevos encontrados, pueda mostrarse en el Parque de la Vida de Luarca, un espacio dedicado a la divulgación científica y a la educación ambiental.

La exposición permitirá que el público pueda contemplar de cerca una especie casi invisible para la mayoría, así como comprender mejor las adaptaciones que permiten a estos tiburones sobrevivir donde prácticamente nada más prospera. Para muchos visitantes, será la primera vez que puedan observar un animal procedente de profundidades de hasta varios miles de metros.

Además del valor expositivo, los restos de la hembra servirán como material de estudio para investigadores que quieran profundizar en cuestiones como su fisiología, su distribución o las variaciones en su biología reproductiva. La presencia de embriones en distintas fases de desarrollo ofrece una oportunidad particularmente valiosa para seguir avanzando en estas líneas de investigación.

Con este caso, Asturias se suma a la corta lista de lugares donde se han podido examinar en detalle ejemplares de tiburón foca en avanzado estado de gestación. Esa información se integrará en bases de datos y trabajos científicos que tratan de arrojar luz sobre la fauna abisal del Atlántico nororiental y del Cantábrico, zonas en las que la presión pesquera y los cambios ambientales ya están dejando huella.

El cuerpo del tiburón foca encontrado en Luarca se ha convertido así en un símbolo de lo frágil que puede ser el equilibrio entre el mundo humano y el mar profundo: un animal diseñado para soportar presiones inimaginables ha terminado sucumbiendo probablemente a un simple anzuelo. Su historia, sin embargo, permitirá conocer mejor a su especie, revisar prácticas pesqueras y recordar que, incluso en las costas más familiares, el océano esconde aún muchos secretos por desvelar.

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