- Investigadores y divulgadores piden más protección para los tiburones ante la sobrepesca y el cambio climático.
- Proyectos como Belas (IIM-CSIC) rastrean su comportamiento con BRUVs y telemetría acústica.
- En España hay más de 45 especies y el riesgo para bañistas es muy bajo, con pocos incidentes confirmados.
- La cultura popular comienza a romper estereotipos, también en el cine, con visiones menos demonizadoras.
La imagen del tiburón como villano absoluto se resquebraja a medida que la comunidad científica aporta datos y experiencias sobre su comportamiento. Expertos del mundo del buceo y la biología marina coinciden en que el miedo se sostiene más en el cine que en la realidad y que la prioridad pasa por proteger a estas especies clave para el equilibrio marino.
Desde Canarias hasta Galicia, y con foco también en el Mediterráneo, surgen iniciativas que buscan comprender mejor su ecología y afinar las medidas de gestión. Testimonios de campo, campañas de investigación y cifras oficiales dibujan un escenario donde la convivencia es posible y la conservación, urgente.
Del susto al respeto: experiencias que desmontan prejuicios
El buceador y divulgador Karlos Simón recuerda que su primer encuentro cercano le cambió la mirada: donde esperaba una amenaza, observó animales huidizos que reaccionaban con calma a la presencia humana. Relata inmersiones con tiburones nodriza junto a un pecio y cómo la serenidad del guía le ayudó a entender que no todo es riesgo cuando se actúa con conocimiento y prudencia.
Con el tiempo decidió ir más allá y se propuso demostrar que, con protocolos rigurosos, la convivencia bajo el agua es posible durante largos periodos. Llegó a pasar horas con tiburones tigre, una experiencia que, explica, le convenció de que la clave está en leer el comportamiento del animal y respetar su espacio.
De aquel aprendizaje nace una labor divulgativa para combatir fobias, explicar qué desencadena acercamientos y por qué los ataques son excepcionales. Su objetivo profesional es trasladar que “no son tan malos como los pintan” y que el conocimiento reduce el miedo irracional.
Estas vivencias, compartidas en entrevistas y charlas, buscan romper el círculo de la desinformación. Menos mito y más evidencia es, para él, la forma de ganar aliados para la conservación.

Investigación y protección: un frente común contra las amenazas
El biólogo marino Carlos Sarria, cofundador de la ONG Condrik Tenerife, reclama reforzar la vigilancia ambiental y cerrar brechas legales que permiten capturas fuera de nuestras aguas. Señala la sobrepesca, la degradación del hábitat y la contaminación como los grandes peligros que empujan a muchas especies al límite.
En campañas recientes, Sarria ha llegado a descender en submarino a 300 metros para observar fauna en profundidad. El trabajo con cebos, cámaras y muestreos biológicos está aportando datos inéditos sobre tiburones que rara vez se ven vivos a esas cotas, más allá de descartes pesqueros.
El investigador subraya que “la lista roja” de la UICN no es ley y que hacen falta datos sólidos para afinar regulaciones que funcionen. Defiende una pesca sostenible, con reservas efectivas, que sostenga economía local sin comprometer poblaciones de elasmobranquios en declive.
Además del impacto pesquero directo y accidental, advierte de efectos del cambio climático, como el calentamiento y la acidificación de los océanos, que alteran patrones de distribución y comportamiento. Pide más fondos para investigación y trámites menos farragosos para impulsar proyectos científicos y de divulgación.
En España, especies como el cazón o la tintorera llegan con frecuencia a lonja y menú. Un negocio de cientos de millones de euros convive con la urgencia de proteger un grupo taxonómico que, según entidades ecologistas, figura entre los más amenazados del planeta.

Belas: la ría de Vigo como laboratorio vivo
El proyecto Belas, liderado por el Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC), estudia en alta resolución el comportamiento individual y social de elasmobranquios en un ecosistema costero emblemático. BRUVs, telemetría acústica, análisis genéticos y hormonales se combinan para entender cómo se mueven y cómo interactúan.
Desde finales de 2023 el equipo ha marcado 215 ejemplares de siete familias, con atención a tres protagonistas: raya undulada, cazón pequeño y raya águila. La metodología es mínima en estrés: inmersión, captura manual y un pequeño transmisor que emite una señal única.
Una red de 31 receptores distribuidos por la ría registra sus idas y venidas, revelando diferencias individuales y patrones por especie. Los primeros lotes de datos indican que algunos animales recorren grandes distancias mientras otros se mantienen más fieles a zonas concretas.
Belas cuenta con apoyos de la Universidad de Lancaster, el Instituto de Investigación Marina de Noruega y Cibio Biopolis (Portugal), y financiación del Ministerio de Ciencia. Cofradías y actores locales colaboran para que la ciencia obtenga información útil de cara a la gestión.
El equipo estará en el agua hasta 2026 para completar series temporales robustas. La meta es traducir ciencia en medidas de conservación más eficaces y adaptativas en un contexto de cambio global.
Tiburones en España: especies, avistamientos y riesgo real
En aguas españolas nadan más de 45 especies, la mayoría lejos de la costa y sin interés por el ser humano. La primavera y el verano, con agua más templada y alimento disponible, pueden acercar a ciertos tiburones a zonas litorales.
La tintorera (Prionace glauca) es de las más habituales en avistamientos, junto a la pintarroja (Scyliorhinus canicula) y el cazón (Galeorhinus galeus). En Baleares han aumentado los encuentros, y cuando un ejemplar se aproxima demasiado a una playa se suele cerrar el baño hasta que se aleja.
Los datos históricos confirman que los incidentes son excepcionales. Solo se han verificado tres ataques en España (Tarifa, 1986; Arenas de Valencia, 1993; Golfo de Vizcaya, 2013), ninguno mortal, y algunas mordeduras leves de tintorera en la Comunidad Valenciana.
Más que una amenaza, su presencia indica que el ecosistema mantiene funciones esenciales. Los tiburones regulan cadenas tróficas, modulan la conducta de sus presas y pueden aumentar la resiliencia del medio ante perturbaciones.
Del cine de terror al relato de coexistencia
La cultura popular también empieza a girar el timón. El estreno de la película Dangerous Animals propone un enfoque en el que el “animal peligroso” es el humano, no el tiburón. Su director, Sean Byrne, vuelve tras una década atraído por una historia que cruza el género marino con el thriller criminal.
La producción apostó por incluir tiburones reales en la mayor parte de las escenas, reservando los efectos digitales para tomas puntuales sobre la superficie. El objetivo es que el animal se vea como es: con marcas, cicatrices y comportamiento natural, lejos de la caricatura del monstruo implacable.
El cine, igual que la divulgación, tiene capacidad para reducir la brecha entre percepción y evidencia. Cambiar el relato ayuda a que el debate social acompañe a la ciencia y a la gestión pesquera en un mismo sentido.
Con más datos en la mano, experiencias de campo que bajan el volumen del miedo y proyectos que rastrean sus movimientos en tiempo real, crece el consenso en torno a proteger a los tiburones: regular mejor la pesca, reforzar la vigilancia y apoyar la investigación y la divulgación para que la sociedad entienda por qué su futuro también es el nuestro.
