La celebración del Día Mundial de la Tortuga se ha convertido en una tradición cada 23 de mayo, fecha clave para tomar conciencia sobre la importancia de estos animales y las serias amenazas que enfrentan. A pesar de su influencia en la cultura, la mitología y los relatos a lo largo de la historia, hoy las tortugas requieren de nuestra ayuda más que nunca debido a los desafíos derivados de las actividades humanas.
Las tortugas han habitado la Tierra desde hace más de 200 millones de años, sobreviviendo a la extinción de los dinosaurios y mostrando una adaptabilidad extraordinaria. No obstante, el contexto actual para estas especies es preocupante: la destrucción de hábitats, el tráfico ilegal, la contaminación y el cambio climático han elevado el nivel de alerta sobre su supervivencia.
¿Por qué se celebra el Día Mundial de la Tortuga?

El Día Mundial de la Tortuga nació en el año 2000 gracias a la organización American Tortoise Rescue, fundada por Susan Tellem y Marshall Thompson con el propósito de salvaguardar tanto a las tortugas terrestres como marinas. La fecha pretende no solo visibilizar los riesgos que enfrentan estos reptiles, sino también educar a la sociedad y fomentar acciones directas para su protección. Hoy, la iniciativa cuenta con el respaldo de cientos de organizaciones y voluntarios en todo el mundo.
Países como México, Perú y diversos estados de Europa, Asia y África protagonizan actividades como campañas escolásticas, limpiezas de ríos y playas, sueltas controladas y talleres para sensibilizar a la población, poniendo de relieve el papel de las tortugas en el equilibrio ecológico.
Diversidad y relevancia ecológica de las tortugas

Actualmente, se reconocen alrededor de 360 especies de tortugas, divididas entre tortugas terrestres, de agua dulce y marinas. Muchas de ellas figuran en la Lista Roja de la UICN como especies en peligro, vulnerables o en estado crítico. La lentitud en su ritmo de vida, antes símbolo de sabiduría, las convierte en víctimas frecuentes de la urbanización y el descuido ambiental.
Las tortugas desempeñan funciones ecológicas esenciales en sus hábitats, ayudando a dispersar semillas, regulando poblaciones de insectos y, en el caso de las especies marinas, contribuyendo a limpiar el fondo del mar y evitar la proliferación de medusas. Su papel en los ecosistemas resulta clave para mantener la biodiversidad en ambientes terrestres y acuáticos.
Principales amenazas para las tortugas

La contaminación, la caza furtiva, la pesca incidental, el consumo de huevos y carne, y la destrucción de hábitats representan los principales peligros para la supervivencia de estas especies. Muchos científicos alertan que si no se cambian las acciones, muchas especies podrían extinguirse en las próximas décadas.
El plástico, en particular, es muy peligroso, ya que puede ser ingerido accidentalmente o causar que las tortugas queden atrapadas. La presión del comercio ilegal y la demanda de mascotas exóticas también contribuyen a una drástica reducción de sus poblaciones.
Celebración y actividades por el Día Mundial de la Tortuga
El 23 de mayo es una oportunidad para organizar diversos eventos a nivel internacional y local como charlas educativas, limpiezas de playas y ríos, sueltas de ejemplares rehabilitados y talleres para sensibilizar especialmente a los jóvenes. Estas acciones contribuyen a la recuperación de distintas especies y fomentan el respeto y cuidado hacia estos animales en peligro.
En países como México, hogar de muchas especies endémicas y migratorias, se suelen realizar programas de reproducción, patrullaje de nidos y jornadas comunitarias para recolectar residuos en las costas.
Cómo proteger a las tortugas: acciones cotidianas
La protección de las tortugas se logra no solo con campañas grandes, sino también con gestos diarios. Eliminar el uso de plásticos de un solo uso, recoger basura en entornos naturales, no adquirir tortugas como mascotas y apoyar a organizaciones dedicadas a su conservación son medidas efectivas.
Reducir, reciclar y reutilizar materiales, separar correctamente los residuos y participar en actividades de voluntariado ayudan a marcar una diferencia significativa en la supervivencia de estos reptiles milenarios.
Su conservación depende en gran medida de nuestra implicación, y cada pequeño gesto puede contribuir a que estas especies tan antiguas sigan formando parte de nuestro entorno durante muchos siglos más.
