Ecuador devuelve 158 tortugas gigantes a la isla Floreana en Galápagos

Última actualización: 22 febrero 2026
  • Se liberan 158 tortugas gigantes en Floreana, 180 años después de la desaparición de su linaje autóctono
  • Los ejemplares proceden de un programa de cría con alta carga genética de la antigua tortuga de Floreana
  • El proyecto busca restaurar el ecosistema de la isla con fuerte participación de la comunidad local
  • Las tortugas son clave para dispersar semillas, regenerar la vegetación y recuperar la funcionalidad ecológica

Tortugas gigantes reintroducidas en Galápagos

La isla Floreana, una de las trece islas grandes del archipiélago de Galápagos, vuelve a ver caminar tortugas gigantes por su territorio después de casi dos siglos. Las autoridades de Ecuador y varias organizaciones científicas han liberado 158 tortugas criadas en cautividad como parte de un amplio programa para recuperar el linaje que desapareció de la isla en el siglo XIX.

Con esta suelta masiva, los descendientes genéticamente más próximos a la tortuga gigante de Floreana (Chelonoidis niger niger) regresan a su hábitat, marcando el inicio formal del Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana. No se trata exactamente de la misma especie original, ya declarada extinta, pero sí de animales con una carga genética muy elevada de esos antiguos ejemplares.

Un linaje que vuelve a casa tras 180 años

Reintroducción de tortugas gigantes en Floreana

La tortuga de Floreana se consideraba extinta desde mediados del siglo XIX, en buena parte por la presión humana y las prácticas de la caza de ballenas, que incluían capturar tortugas y trasladarlas como provisión de alimento en largos viajes. Durante décadas se asumió que su linaje se había perdido para siempre.

Sin embargo, estudios genéticos realizados a partir de los años 2000 revelaron un hallazgo inesperado: algunas tortugas que vivían en el volcán Wolf, en el norte de la isla Isabela, albergaban ascendencia de Floreana. Eran, en la práctica, los últimos descendientes vivos de aquella población que se creía irrecuperable.

Este descubrimiento abrió la puerta a un programa de cría selectiva impulsado por la Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG) y varias instituciones colaboradoras. El objetivo era formar una población de tortugas con una combinación genética lo más similar posible a la especie original de la isla.

Tras años de trabajo en centros de crianza y manejo controlado, se obtuvo un grupo de juveniles y subadultos aptos para ser reintroducidos. Los 158 ejemplares liberados ahora son el resultado de este proceso largo y complejo, que combina genética, biología de la conservación y planificación a muy largo plazo.

Cómo se ha desarrollado el programa de reintroducción

Programa de conservación de tortugas gigantes

El programa se ha apoyado en la coordinación entre el Ministerio del Ambiente de Ecuador, la DPNG y entidades como la Fundación Charles Darwin, la Fundación Jocotoco, Island Conservation y Galápagos Conservancy. Cada una ha aportado recursos, personal especializado y apoyo técnico para hacer viable la reintroducción.

Las tortugas fueron criadas en condiciones controladas, con un seguimiento continuo de su crecimiento y de su salud, priorizando individuos con una alta proporción de genes procedentes de Floreana. De este modo se pretendía reconstruir, en la medida de lo posible, el antiguo linaje perdido hace 180 años.

Antes de soltarlas en la isla, cada tortuga pasó por revisiones sanitarias exhaustivas para descartar enfermedades y minimizar el riesgo de introducir patógenos en el ecosistema. También se verificó su estado físico y su capacidad para adaptarse a un entorno natural, menos predecible que las instalaciones de cría.

El traslado hasta los puntos elegidos para la liberación no fue sencillo: el operativo implicó recorridos por zonas de difícil acceso, con equipos que cargaron a los animales a través de terrenos rocosos y vegetación densa. Este esfuerzo logístico es clave para situar a las tortugas en áreas con recursos adecuados y menor riesgo de amenazas iniciales.

La liberación en campo es solo el comienzo. El plan contempla un monitoreo ecológico continuado, con seguimiento por parte de guardaparques y científicos para evaluar la supervivencia, los desplazamientos y el comportamiento de estos reptiles en su nuevo hogar.

Un proyecto de restauración ecológica a gran escala

Restauración ecológica en Galápagos

La iniciativa de Floreana se integra en uno de los mayores retos asumidos por el Parque Nacional Galápagos: recuperar la funcionalidad ecológica de la isla. No se trata solo de traer de vuelta a las tortugas, sino de impulsar una restauración integral de ecosistemas alterados por siglos de actividad humana y por la introducción de especies invasoras.

Según la directora del Parque, Lorena Sánchez, el proyecto se apoya en estudios rigurosos y en una visión de largo plazo. La idea es que, con el tiempo, las tortugas vuelvan a desempeñar su papel como grandes herbívoros que modifican el paisaje y contribuyen a la recuperación de la vegetación propia de Floreana.

El plan de restauración incluye medidas paralelas, como la erradicación o control de especies invasoras que afectan tanto a la flora como a la fauna nativas. Sin reducir esas presiones, la recuperación del hábitat sería mucho más frágil y las posibilidades de que las tortugas prosperen a largo plazo disminuirían.

La Dirección del Parque Nacional Galápagos y la Agencia de Regulación y Control de la Bioseguridad y Cuarentena para Galápagos (ABG) trabajan de forma coordinada para reforzar la bioseguridad, impedir nuevas introducciones de especies exóticas y proteger los avances logrados con la reintroducción.

En paralelo, la Fundación Charles Darwin aporta investigación científica aplicada, desde el seguimiento de la dinámica poblacional de las tortugas hasta el estudio de los cambios en la estructura de la vegetación y la respuesta de otras especies de la isla.

El papel clave de la comunidad de Floreana

Comunidad local en proyecto de conservación

Floreana es una isla habitada por unas 160 personas, y su implicación ha sido decisiva para que el proyecto avance. Lejos de ser una iniciativa impuesta desde fuera, la reintroducción de las tortugas se ha trabajado a través de un enfoque comunitario que integra conservación y medios de vida locales.

La representante comunitaria Verónica Mora ha subrayado que el regreso de las tortugas demuestra lo que puede lograrse cuando la comunidad lidera el proceso y se suma el apoyo de múltiples socios con un mismo objetivo. Talleres, reuniones participativas y espacios de diálogo han sido habituales durante las distintas fases del programa.

Los habitantes de la isla han tomado parte en talleres de planificación, en acciones de bioseguridad y en tareas de monitoreo ecológico. Esta participación práctica no solo fortalece el proyecto, sino que ayuda a que la población local se apropie de la iniciativa y la perciba como una oportunidad de futuro, también desde el punto de vista socioeconómico.

Entre los resultados colaterales del trabajo de campo destaca el redescubrimiento del pachay (Laterallus spilonota), un ave rara que no se había vuelto a registrar en Floreana desde la primera visita de Charles Darwin al archipiélago. Este hallazgo apunta a que, con las condiciones adecuadas, otras especies poco visibles pueden también recuperarse.

Para España y el resto de Europa, donde existe un creciente interés por el turismo responsable y la biodiversidad, Floreana se perfila como un ejemplo de conservación insular en el que se intenta equilibrar actividad humana, protección de especies emblemáticas y restauración de ecosistemas frágiles.

Por qué las tortugas gigantes son tan importantes para Galápagos

Al desplazarse por la isla, las tortugas consumen plantas y frutos, y a través de sus heces distribuyen las semillas a lo largo del territorio. Este proceso de dispersión a gran escala contribuye a mantener la diversidad vegetal y favorece la expansión de especies nativas en zonas degradadas o empobrecidas.

Su peso y su forma de moverse también afectan a la estructura del suelo y de la vegetación baja. Al abrir claros y pisar la maleza, generan espacios donde otras plantas pueden germinar, lo que aumenta la heterogeneidad del hábitat y beneficia a un mayor número de organismos.

En ecosistemas insulares como Galápagos, donde las cadenas tróficas son más simples y hay menos grandes vertebrados, la desaparición de una especie con tanto peso ecológico como la tortuga gigante se traduce en cambios profundos en el paisaje. De ahí el énfasis de las autoridades en devolver a Floreana a uno de sus principales ingenieros del ecosistema.

Para la comunidad científica internacional y para entidades europeas dedicadas a la conservación, este tipo de proyectos sirve como laboratorio a cielo abierto, ofreciendo datos valiosos sobre cómo la reintroducción de grandes herbívoros puede acelerar la restauración de hábitats degradados, algo muy relevante también en iniciativas de rewilding en Europa.

Todo este esfuerzo conjunto entre el Gobierno de Ecuador, organizaciones de conservación y la población de Floreana está permitiendo que una isla donde las tortugas gigantes habían desaparecido hace casi 180 años vuelva a contar con cientos de ejemplares caminando libremente. La combinación de ciencia, participación social y gestión a largo plazo convierte a este proyecto en una referencia internacional sobre cómo recuperar linajes perdidos y, al mismo tiempo, devolver la funcionalidad ecológica a un ecosistema tan singular como el de Galápagos.

Murió Gramma, la tortuga de Galápagos del zoológico de San Diego
Artículo relacionado:
Murió Gramma, la tortuga de Galápagos del zoológico de San Diego