Brucelosis: prevención en animales y personas

Última actualización: 2 febrero 2026
  • La brucelosis es una zoonosis causada por bacterias del género Brucella que afecta a numerosos animales y puede transmitirse al ser humano, sobre todo por leche cruda y contacto con secreciones.
  • En el ganado provoca abortos, infertilidad y pérdidas económicas, mientras que en personas cursa con fiebre ondulante, cansancio y posibles complicaciones crónicas si no se trata adecuadamente.
  • La prevención se basa en la vigilancia y el control en animales (vacunación, diagnóstico y sacrificio sanitario), la pasteurización de la leche y la protección laboral de quienes trabajan con ganado o muestras biológicas.
  • Organismos internacionales y autoridades nacionales coordinan planes de control y erradicación, combinando medidas de sanidad animal y salud pública bajo el enfoque de “Una sola salud”.

Prevención de la brucelosis en animales y personas

La brucelosis es una de esas enfermedades que, aunque a veces pasa desapercibida, tiene un impacto enorme tanto en la salud humana como en la producción ganadera. Se trata de una infección bacteriana que circula entre distintos animales y que puede saltar a las personas, causando problemas que van desde una fiebre aparentemente banal hasta cuadros crónicos incapacitantes. En muchos entornos rurales y productivos, convivimos con ella sin ser del todo conscientes del riesgo.

Además de su relevancia para la salud pública, la brucelosis supone un quebradero de cabeza económico para ganaderos y sistemas sanitarios. Abortos, infertilidad, pérdida de crías y menor rendimiento productivo en bovinos, ovinos, caprinos o porcinos se traducen en pérdidas económicas importantes, mientras que en humanos exige tratamientos largos y un control riguroso. Por eso, conocer bien cómo se transmite, cómo se previene y cómo se maneja es clave para reducir su presencia tanto en animales como en personas.

¿Qué es la brucelosis y qué especies afecta?

La brucelosis es una enfermedad infecciosa producida por bacterias del género Brucella, capaces de provocar cuadros clínicos en numerosos hospedadores. En el ganado bovino el agente principal es Brucella abortus, en ovinos y caprinos domina Brucella melitensis y en porcinos Brucella suis, aunque estas bacterias pueden saltar de una especie a otra y también infectar al ser humano.

En el mundo animal, esta infección no se limita al ganado de explotación; también se ha descrito en equinos, camélidos, perros y diversos rumiantes silvestres, así como en ciertos mamíferos marinos. Esta amplia gama de hospedadores explica por qué su control requiere una visión global y coordinada entre sanidad animal y salud pública.

La característica clínica más destacada en hembras de producción es la afectación del aparato reproductor. Son típicos los abortos, la falta de preñez, la mortalidad neonatal y la debilidad de las crías, a lo que se suma la posible retención de placenta. En machos, no es raro observar orquitis, epididimitis e incluso artritis, aunque a veces los signos pasan casi desapercibidos.

Desde el punto de vista normativo, las brucelosis del ganado bovino, ovino, caprino y porcino figuran en el Código Sanitario para los Animales Terrestres de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA). Son enfermedades de declaración obligatoria y su notificación a la autoridad competente es un requisito legal, lo que permite establecer programas de control, erradicación y vigilancia a gran escala.

En el contexto europeo, la legislación comunitaria (como el Reglamento de Ejecución (UE) 2018/1882) clasifica la brucelosis dentro de enfermedades de alto impacto. Se han definido categorías de riesgo para distintas especies de Artiodáctilos, lo que orienta qué medidas de prevención y control deben aplicarse en cada caso según el nivel de amenaza para la sanidad animal y la salud pública.

Brucelosis y transmisión entre animales y humanos

Cómo se transmite la brucelosis entre animales y hacia las personas

En los animales domésticos, la vía de contagio predominante es el momento del parto o del aborto de una hembra infectada. En los fluidos del parto, los fetos y las membranas fetales se concentran grandes cantidades de Brucella, capaces de mantenerse viables durante meses en el entorno, especialmente si el ambiente es frío y húmedo.

Otros animales del mismo rebaño o de explotaciones cercanas pueden infectarse al ingerir material contaminado o al contactar con zonas del pasto, camas o instalaciones sucias con estos restos. Las bacterias colonizan preferentemente el aparato reproductor y las ubres, por lo que la leche de los animales enfermos también se convierte en una importante fuente de diseminación dentro de la propia explotación y hacia el ser humano si se consume cruda.

La brucelosis no se queda solo en el ganado doméstico. En fauna silvestre se ha descrito en especies como el cerdo salvaje, el bisonte, el alce o la liebre europea, que pueden actuar como reservorios y reintroducir el agente en zonas donde la enfermedad está controlada en bovinos, ovinos o caprinos. De igual forma, se han identificado brucelas en mamíferos marinos, lo que amplía aún más el mapa epidemiológico.

En el caso de las personas, hay varias vías de entrada. La más habitual en la población general es el consumo de productos lácteos crudos o mal higienizados. Beber leche sin pasteurizar o comer quesos frescos elaborados con leche cruda de cabra u oveja infectadas se considera el principal desencadenante de brotes en zonas endémicas.

El contagio también puede ocurrir a través de la piel y de las mucosas. Quienes manipulan animales, vísceras, sangre, fetos abortados o secreciones uterinas sin protección adecuada tienen un riesgo muy superior. Veterinarios, ganaderos, personal de matadero, carniceros, cazadores y técnicos de laboratorio encabezan la lista de colectivos ocupacionales expuestos.

En ambientes de laboratorio, la brucelosis es famosa por ser una de las infecciones que más fácilmente se transmiten. La manipulación de cultivos bacterianos o muestras con altos niveles de Brucella puede generar aerosoles que, si no se trabaja en condiciones de bioseguridad apropiadas, se inhalan y originan casos entre el personal técnico. Por eso son imprescindibles las cabinas de seguridad biológica y los protocolos estrictos.

En cambio, la transmisión de persona a persona es muy poco común. Se han descrito casos aislados por lactancia, transfusiones o contacto muy estrecho, pero no constituye la vía relevante desde el punto de vista de la salud pública. El foco real está en el binomio animal-alimento-persona.

Impacto en la salud pública y en la producción ganadera

La brucelosis se considera una de las zoonosis más extendidas a nivel mundial y un auténtico reto para los sistemas sanitarios, sobre todo en áreas donde la enfermedad es endémica. La expansión de la ganadería intensiva, la urbanización y las deficiencias en higiene ganadera y alimentaria favorecen que el problema siga muy vigente en muchos países.

En salud humana, esta infección se conoce también como fiebre de Malta o fiebre ondulante, nombres que reflejan su curso clínico tan característico. La fiebre aparece y desaparece en oleadas, acompañada de dolor de cabeza, sudoración intensa, cansancio, escalofríos, pérdida de peso y malestar generalizado. Estos síntomas se pueden parecer a una gripe persistente, lo que hace que, a menudo, el diagnóstico se retrase.

Aunque muchos cuadros son relativamente leves, la brucelosis puede volverse crónica si no se trata de forma adecuada. Los pacientes pueden evolucionar hacia problemas articulares severos (artritis), inflamación del endocardio (endocarditis), fatiga crónica, alteraciones del ánimo como depresión e inflamación del hígado o del bazo. Estas complicaciones prolongan el tiempo de baja laboral y empeoran la calidad de vida.

La mortalidad por brucelosis es baja, estimándose en menos del 2 % de los casos cuando se dispone de tratamiento antibiótico. Sin embargo, el coste sanitario indirecto es alto por la duración de los tratamientos y el seguimiento posterior, que en ocasiones se prolonga durante meses. La recuperación puede requerir desde unas pocas semanas hasta un periodo prolongado, dependiendo de la gravedad y de si existen complicaciones.

En los animales de producción, la brucelosis supone una merma considerable del rendimiento. Abortos, infertilidad, partos de crías débiles, mortalidad neonatal y retención de placenta implican una reducción clara del número de terneros, corderos, cabritos o lechones disponibles para venta, reposición o producción de leche y carne.

Además, los animales que han abortado pueden recuperarse clínicamente y volver a parir, pero siguen eliminando bacterias, en especial por la leche y las secreciones reproductivas. Esto mantiene un ciclo de infección silencioso dentro de los rebaños y obliga a invertir recursos en pruebas diagnósticas, vacunación y sacrificios sanitarios. A largo plazo, el impacto económico sobre sectores como el bovino lechero, el ovino de carne o el caprino es muy notable.

Signos clínicos y diagnóstico en animales

Desde el punto de vista clínico, la brucelosis en animales suele ser traicionera. Muchas hembras infectadas no muestran síntomas llamativos hasta que abortan, normalmente en el último tercio de la gestación. Ese aborto, en ocasiones masivo si varios animales enferman a la vez, es la primera señal clara para el ganadero de que algo va mal en la explotación.

En machos, los signos frecuentes incluyen inflamación de los testículos (orquitis), epididimitis y, en algunos casos, artritis. Estos problemas pueden traducirse en infertilidad, disminución de la calidad seminal y cojera, lo que afecta tanto a sementales naturales como a animales destinados a reproducción asistida.

En equinos, la brucelosis puede manifestarse como lo que se conoce como cruz fistulosa, una inflamación crónica en la región del cuello o el lomo. Las yeguas infectadas pueden abortar o dar a luz potros débiles y con pocas probabilidades de supervivencia, lo que también genera pérdidas en ganaderías de caballos.

Aunque el cuadro clínico puede hacer sospechar la enfermedad, la confirmación siempre exige pruebas específicas. Las técnicas serológicas de cribado permiten detectar anticuerpos frente a Brucella en sangre o en leche, mientras que los laboratorios de referencia realizan el aislamiento e identificación bacteriana siguiendo los protocolos recogidos en el Manual de Normas para las Pruebas de Diagnóstico y las Vacunas para Animales Terrestres de la OMSA.

Dentro de la red oficial, cada país designa laboratorios nacionales de referencia. En España, el Laboratorio de Sanidad Animal de Santa Fe (Granada) actúa como centro de referencia para la brucelosis, encargándose de confirmar diagnósticos complejos, apoyar la vigilancia y coordinar aspectos técnicos con organismos internacionales.

Personas y colectivos con mayor riesgo de brucelosis

La brucelosis está distribuida por todo el mundo y afecta a hombres y mujeres de cualquier edad. En la población general, el patrón típico de contagio se asocia al consumo de leche cruda o quesos frescos elaborados con leche sin pasteurizar, sobre todo de origen ovino o caprino. En muchas regiones mediterráneas y rurales, donde el consumo de productos artesanales es habitual, este riesgo se multiplica.

Sin embargo, hay grupos que presentan un riesgo claramente superior debido a su actividad profesional. Ganaderos, veterinarios, trabajadores de mataderos, carniceros, cazadores y personal que manipula canales o vísceras están expuestos al entrar en contacto con sangre, secreciones uterinas, fetos abortados o placentas de animales enfermos.

En los laboratorios de microbiología y sanidad animal, la brucelosis figura como una de las infecciones más fácilmente adquiribles por el personal. La manipulación de cultivos vivos y muestras con gran carga bacteriana exige medidas de bioseguridad estrictas, cabinas de seguridad y formación continua para evitar la inhalación de aerosoles o la inoculación accidental.

Por otro lado, en algunas zonas rurales, la falta de información o de acceso a servicios veterinarios dificulta la adopción de medidas preventivas. La falta de uso de equipos de protección, la manipulación de restos de abortos sin guantes y el consumo de leche sin tratar por costumbre mantienen la cadena de transmisión en contextos donde la enfermedad ya es endémica.

Distribución geográfica de la brucelosis

La carga de brucelosis no se reparte de forma uniforme en el planeta. Las tasas más elevadas se concentran en Oriente Medio, la cuenca mediterránea, el África subsahariana, amplias zonas de China e India, así como en países de América Latina como Perú y México. En estos lugares, la combinación de sistemas productivos tradicionales, consumo de leche cruda y limitaciones en los programas de control favorecen la persistencia de la enfermedad.

En los últimos años se ha observado un aumento llamativo de casos en ciertos países de Asia Central y Sudoriental. Los cambios en los sistemas de producción, el comercio transfronterizo de animales y la insuficiente cobertura vacunal se consideran factores clave detrás de esta tendencia ascendente.

Por el contrario, varias naciones han logrado el estatus de libres de brucelosis en su ganado doméstico. Se considera que buena parte de Europa occidental y septentrional, así como Canadá, Japón, Australia y Nueva Zelanda, están prácticamente libres del agente infeccioso, gracias a programas de erradicación basados en diagnóstico sistemático, sacrificio sanitario y estrictos controles de movimiento animal.

Prevención y control en animales: vigilancia, vacunación y manejo

La piedra angular para proteger a las personas frente a la brucelosis es combatir la infección en los animales. Si se reduce o elimina la circulación de Brucella en el ganado, se corta de raíz la principal vía de transmisión hacia el ser humano, lo que justifica las inversiones públicas y privadas en programas de control.

La vigilancia sanitaria es esencial para detectar focos y monitorizar la evolución de la enfermedad. Se utilizan de forma sistemática pruebas serológicas en sangre y análisis de leche, como la prueba del anillo en leche, que permiten identificar rebaños positivos y establecer medidas en consecuencia. Estas actividades se combinan con muestreos específicos en animales destinados a comercio o a movimientos entre explotaciones.

En regiones donde la brucelosis es endémica, la vacunación de los animales es una práctica habitual para reducir la incidencia. Existen vacunas vivas atenuadas para bovinos, ovinos y caprinos, cuya elaboración y uso se detallan en los manuales técnicos de la OMSA. Su empleo, realizado bajo supervisión veterinaria, disminuye significativamente el número de animales susceptibles y, por tanto, el número de abortos y nuevos contagios.

Cuando la prevalencia desciende y se está cerca de la eliminación, las estrategias cambian. Se incrementan los programas de diagnóstico y sacrificio sanitario de animales positivos, con el fin de erradicar por completo la enfermedad en una región o país. Estos programas requieren compensaciones económicas adecuadas para los productores, de modo que colaboren activamente en la identificación y eliminación de focos.

En el ámbito normativo y de gestión, algunos países han establecido herramientas específicas para acelerar estos procesos. Por ejemplo, se han desarrollado sistemas de determinación obligatoria del estatus sanitario de las explotaciones (DOES) y planes nacionales de control y erradicación de brucelosis bovina, que incluyen requisitos de muestreo, certificación, saneamiento de rebaños y seguimiento continuo.

Además de la vacunación y el sacrificio, el manejo higiénico de los animales infectados y de los restos de abortos es crucial. La correcta recogida, eliminación y desinfección de fetos, placentas y áreas contaminadas reduce drásticamente la cantidad de bacterias en el entorno, disminuyendo el riesgo de contagio para otros animales y para las personas que trabajan en la explotación.

Prevención en humanos: seguridad alimentaria y protección laboral

En aquellos países donde no es posible, a corto plazo, eliminar la brucelosis del ganado, la protección de la población humana se basa en varios pilares. La seguridad alimentaria, la higiene ocupacional y la información a la ciudadanía se convierten en las principales herramientas para reducir nuevos casos.

La medida estrella en el ámbito del consumo es la pasteurización de la leche. Calentar la leche a una temperatura y tiempo suficientes destruye las Brucella presentes y permite utilizarla con seguridad tanto para consumo directo como para la elaboración de quesos, yogures y otros derivados. Las campañas de salud pública insisten en evitar los lácteos crudos y en comprobar el etiquetado de los productos.

En entornos laborales, las personas que trabajan con animales o productos de origen animal deben extremar las precauciones. El uso de guantes resistentes, gafas protectoras, ropa y calzado adecuados, además de una buena higiene de manos, reduce de forma notable el riesgo de infección por contacto con sangre, secreciones o tejidos contaminados.

Las explotaciones ganaderas deben contar con protocolos claros para el manejo de abortos y partos. La manipulación de fetos, placentas y restos biológicos ha de realizarse con equipos de protección y siguiendo pautas estrictas de desinfección y eliminación, evitando que estos materiales queden expuestos en el campo o accesibles a fauna silvestre y perros.

En laboratorios y centros de investigación, se aplica un nivel de bioseguridad acorde al riesgo. Trabajar con cultivos de Brucella o con muestras sospechosas implica utilizar cabinas de seguridad biológica, mascarillas, sistemas de contención de aerosoles y procedimientos de emergencia ante incidentes. Una buena formación y la supervisión continuada resultan claves para minimizar accidentes.

Tratamiento de la brucelosis humana

Cuando una persona contrae brucelosis, el tratamiento estándar se basa en la combinación de antibióticos durante un periodo relativamente largo. Una pauta habitual consiste en administrar 100 mg de doxiciclina dos veces al día durante 45 días junto con 1 g diario de estreptomicina durante 15 días, lo que aumenta la probabilidad de eliminar la bacteria y prevenir recaídas.

Existe otra opción terapéutica muy utilizada que combina 100 mg de doxiciclina dos veces al día durante 45 días con rifampicina, en dosis de 15 mg por kilo de peso al día (aproximadamente entre 600 y 900 mg), también durante 45 días. La elección de una u otra pauta depende de factores como la situación clínica del paciente, posibles alergias, comorbilidades o disponibilidad de medicamentos.

La experiencia clínica indica que la estreptomicina puede sustituirse por gentamicina en algunos casos, empleando dosis de 5 mg por kilo de peso y día durante 7 a 10 días. No obstante, no se dispone de estudios comparativos definitivos entre estas dos estrategias, por lo que la decisión suele individualizarse y tomarse bajo criterio médico especializado.

En embarazadas, recién nacidos y niños menores de 8 años, el tratamiento óptimo aún no está del todo establecido. En la población pediátrica se han empleado combinaciones de trimetoprima/sulfametoxazol (cotrimoxazol) con un aminoglucósido como estreptomicina o gentamicina, o bien con rifampicina, siempre evaluando cuidadosamente la relación beneficio-riesgo y los posibles efectos secundarios.

Sea cual sea la pauta elegida, es fundamental que el paciente complete todo el ciclo de tratamiento. Interrumpir los antibióticos antes de tiempo favorece la cronificación de la infección y el desarrollo de recaídas, que pueden presentarse semanas o meses después con síntomas similares o complicaciones añadidas. El seguimiento médico posterior ayuda a detectar a tiempo cualquier signo de persistencia de la enfermedad.

Respuesta internacional y coordinación entre salud humana y animal

La lucha contra la brucelosis no se limita a la acción de un solo país o sector. Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la FAO, la OMSA y programas regionales específicos trabajan conjuntamente para proporcionar directrices, apoyo técnico y sistemas de alerta temprana.

La OMS asesora a los Estados Miembros elaborando normas, guías y materiales informativos para el manejo de la brucelosis en personas y animales. Uno de sus objetivos es reforzar la coordinación entre los servicios de salud pública y los de sanidad animal, de forma que la información fluya en ambas direcciones y se puedan diseñar estrategias conjuntas bajo el enfoque “Una sola salud”.

En colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) y el Programa de Control de Zoonosis del Mediterráneo (MZCP), se presta soporte técnico a los países más afectados. El Sistema mundial de alerta anticipada ante las principales enfermedades de los animales (GLEWS) es una de las herramientas utilizadas para detectar y responder con rapidez a brotes que puedan tener repercusiones internacionales.

Gracias a estas iniciativas, muchos países han podido poner en marcha programas de vacunación, campañas de educación sanitaria, normativas de control de movimientos animales y mejoras en los sistemas de diagnóstico. La coordinación internacional resulta esencial, ya que la brucelosis no entiende de fronteras y se desplaza con los animales, los alimentos y las personas.

La brucelosis, en definitiva, es una zoonosis prevenible que exige un enfoque integral y sostenido en el tiempo. El control en los animales mediante vigilancia, vacunación y sacrificio sanitario, la pasteurización de la leche, la protección de los trabajadores expuestos y los tratamientos antibióticos adecuados en humanos son las herramientas clave para reducir su impacto, proteger la salud de las personas y preservar la sanidad y productividad del ganado.