Desafíos y compromiso de la profesión veterinaria

Última actualización: 17 enero 2026
  • La profesión veterinaria afronta una fuerte presión normativa y sanitaria, con especial impacto del Real Decreto 666 y el sistema PRESVET.
  • Se refuerza la figura del veterinario de explotación y el enfoque de Una Sola Salud, con más responsabilidades en bioseguridad y planes sanitarios integrales.
  • La sobrecarga burocrática, la conciliación y el relevo generacional son retos clave para los veterinarios de campo y de pequeños animales.
  • El futuro del sector exige coordinación entre administraciones, veterinarios y ganaderos para proteger la salud pública y la sostenibilidad del sistema productivo.

desafíos y compromiso veterinario

La profesión veterinaria vive un momento de máxima exigencia: nuevas normas, amenazas sanitarias globales, presión burocrática y un debate social intenso sobre cómo producimos y consumimos alimentos de origen animal. Todo ello mientras el sector intenta mantener su compromiso con la salud animal, la salud pública y la sostenibilidad económica de las granjas y clínicas.

Al mismo tiempo, la veterinaria se reivindica como pieza clave del bienestar social. Colegios profesionales, asociaciones científicas y veterinarios de campo están dando un paso al frente: protestan cuando una norma resulta inasumible, negocian con las administraciones, explican su trabajo a la ciudadanía y afrontan un reto mayúsculo: asegurar el relevo generacional para que, dentro de unos años, todavía haya profesionales dispuestos a seguir en primera línea.

Un año de máxima tensión normativa y movilización profesional

En los últimos tiempos, la profesión veterinaria ha tenido que lidiar con cambios legislativos de gran calado, especialmente en torno al uso de medicamentos y a la gestión de las explotaciones ganaderas. La entrada en vigor del Real Decreto 666 y la activación del sistema PRESVET en animales de compañía han generado una preocupación enorme entre clínicos y veterinarios de producción, que ven cómo su trabajo se complica a nivel burocrático y se cuestiona su criterio profesional.

Ante esta situación, los colegios profesionales han decidido plantar cara. Un ejemplo claro es la creación de un Comité de Crisis para coordinar la respuesta del colectivo, así como la organización y apoyo a manifestaciones frente al Ministerio de Agricultura, el Congreso de los Diputados y las Delegaciones de Gobierno. Estas acciones han marcado un antes y un después en la visibilidad de las reivindicaciones veterinarias, lanzando un mensaje nítido: el sector está unido, organizado y dispuesto a defender su papel en la sociedad.

Al mismo tiempo, se ha intensificado el diálogo institucional con los poderes públicos. Durante el último año se han celebrado numerosas reuniones con grupos parlamentarios, con la Asamblea de Madrid y con responsables de los ministerios de Agricultura y Sanidad. Estas conversaciones, basadas en argumentos técnicos y en un amplio conocimiento de la realidad del sector, buscan adaptar la normativa a la práctica diaria, evitar cargas imposibles y garantizar que la regulación proteja tanto la salud pública como la viabilidad de la profesión.

Este clima de presión normativa se da además en un contexto marcado por amenazas sanitarias de alto impacto. Enfermedades como la gripe aviar, la peste porcina africana o la dermatosis nodular contagiosa bovina han vuelto a situar a los veterinarios en la primera línea de la prevención, vigilancia y control. La gestión de estos riesgos ha evidenciado, una vez más, que sin veterinarios bien formados y respaldados, la bioseguridad, la producción de alimentos y la salud pública se resienten.

Por todo ello, muchos responsables colegiales han querido expresar un reconocimiento explícito a la labor diaria de veterinarios y veterinarias: a su profesionalidad, a su implicación y al esfuerzo colectivo demostrado en un periodo especialmente complicado. Se habla de un año de lucha, cohesión y visibilidad inédita para la profesión, que demuestra la fuerza de la unidad, aunque también deja claro que queda mucho por hacer para consolidar logros y mejorar condiciones.

Reuniones con Sanidad: retos de la clínica de pequeños animales

En este contexto de cambios, la veterinaria de pequeños animales se ha sentado a negociar directamente con el Ministerio de Sanidad. Representantes de AVEPA (Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales) mantuvieron una reunión institucional con la ministra de Sanidad y el secretario de Estado, para abordar los problemas más urgentes de la clínica de compañía.

Durante este encuentro se trataron temas clave como la aplicación del Real Decreto 666 y sus recientes modificaciones, que están generando serias dificultades en la práctica diaria. Se analizó cómo las nuevas fórmulas de prescripción, cesión y dispensación de medicamentos afectan a las clínicas, y se subrayó la importancia de reconocer explícitamente el carácter sanitario de la profesión veterinaria y de los centros donde ejerce, algo que todavía no está del todo interiorizado en muchas administraciones.

Otro punto candente fue el de las resistencias antimicrobianas y el uso responsable de medicamentos veterinarios. En un contexto de regulación muy cambiante y cada vez más exigente en materia de seguridad y salud pública, se planteó la necesidad de encontrar un equilibrio entre el control del uso de antibióticos y la preservación del criterio clínico de los veterinarios, que son quienes están frente al animal enfermo y conocen su situación real.

La reunión se desarrolló en un ambiente de colaboración y confianza mutua. Ambas partes coincidieron en la necesidad de reforzar los canales de comunicación y de trabajar en una línea de futuro constructiva que facilite el ejercicio de la profesión. AVEPA valoró esta primera toma de contacto como un paso importante para poner en valor el papel de los clínicos de pequeños animales en la salud y el bienestar de la sociedad, y se comprometió a seguir colaborando con las instituciones para asegurar que el marco regulador sea realista y eficaz.

Una sola salud, veterinario de explotación y nuevo marco normativo

Más allá de las clínicas urbanas, la sanidad animal en explotaciones ganaderas está siendo redefinida en profundidad por la normativa europea y su transposición al ordenamiento español. El principio de «más vale prevenir que curar» y el enfoque de «Una Sola Salud» (One Health) están en el corazón del Reglamento (UE) 2016/429 de Sanidad Animal, que otorga a los operadores responsabilidades claras en bioseguridad, uso prudente de antimicrobianos y prevención y control de enfermedades.

Una de las grandes novedades es la consolidación de la figura del veterinario de explotación. Aunque ya aparecía en la Ley 8/2003 de Sanidad Animal, no se había desarrollado de forma detallada hasta ahora. Con la transposición del Reglamento europeo mediante varios reales decretos que regulan la ordenación zootécnica, sanitaria y de bienestar de las explotaciones porcinas intensivas, avícolas y bovinas, así como normas específicas sobre uso racional de antimicrobianos, esta figura adquiere un papel central y claramente definido.

El nuevo marco normativo asigna al veterinario de explotación la elaboración y supervisión del Plan Sanitario Integral de cada unidad productiva. Esto implica tener una visión global de la granja, asesorar al titular en múltiples materias (sanidad, bienestar, bioseguridad, uso de medicamentos), y realizar visitas zoosanitarias periódicas para evaluar la situación sanitaria, detectar riesgos y proponer medidas correctoras antes de que los problemas se agraven.

Paralelamente, la normativa establece obligaciones claras para los titulares de explotaciones ganaderas. Deben garantizar el cumplimiento de todos los requisitos sanitarios, higiénicos, de bioseguridad, de bienestar y de uso responsable de antimicrobianos. Además, no solo están obligados a designar un veterinario de explotación, sino a asegurar que la granja esté sometida a un programa de visitas zoosanitarias adaptado al riesgo, según la especie, categoría y situación epidemiológica de la región.

Las visitas zoosanitarias tienen el objetivo de prevenir problemas mediante la detección temprana y la aplicación de medidas correctoras, siempre con el veterinario de explotación como referente técnico. El Reglamento de Sanidad Animal insiste también en que los veterinarios deben desempeñar un papel activo en la concienciación sobre la relación entre sanidad animal, bienestar animal y salud humana, encajando de lleno en la filosofía de Una Sola Salud.

Con la entrada en vigor del Real Decreto 364/2023, que detalla el contenido del Plan Sanitario Integral, las funciones del veterinario de explotación y lo relativo a las visitas zoosanitarias, se han introducido cambios transversales en la normativa de ordenación ganadera. Comunidades autónomas como Andalucía están tramitando ya normas propias para regular el procedimiento de designación de veterinarios de explotación en sus unidades productivas, lo que añade una capa adicional de gestión y coordinación entre administraciones, veterinarios y ganaderos.

Debate intenso sobre el Real Decreto 666/2023 y el sistema PRESVET

Si hay una norma que ha levantado ampollas en el sector, esa es el Real Decreto 666/2023, ligado también a la aplicación práctica del Reglamento (UE) 2019/6 y al uso del sistema de registro de prescripciones PRESVET. Este marco legal persigue un objetivo loable: reducir las resistencias antimicrobianas a escala global, un problema que afecta principalmente a la medicina humana, pero que tiene una conexión directa con el uso de antibióticos en animales.

Desde una visión más comprensiva, algunos veterinarios recuerdan que sin datos no se puede mejorar. El decreto y la base de datos PRESVET tratan de recopilar información detallada sobre el uso de antimicrobianos para poder analizar tendencias, identificar abusos y diseñar políticas eficaces. En esta lectura, se insiste en que el fin último es proteger la salud pública, y que reducir el consumo de antibióticos es una necesidad inaplazable.

Sin embargo, muchos clínicos y veterinarios de producción muestran una posición crítica con varios aspectos concretos de la norma. Uno de los puntos que más irrita es la obligación de ceñirse estrictamente a las condiciones de la ficha técnica de los medicamentos: dosis, vías de administración, indicaciones, especies, etc. Hasta ahora, el criterio y la experiencia del profesional permitían ajustar tratamientos a la realidad del animal y de la granja; con el nuevo marco, cualquier desviación de la ficha técnica puede interpretarse como una infracción.

Esto provoca situaciones paradójicas: hay veterinarios que denuncian que, por no poder modificar dosis o pautas de un antibiótico de categoría inferior, se ven obligados a usar fármacos de categorías superiores, justo lo contrario de lo que se pretende. Se reclama que las farmacéuticas actualicen mucho más rápido las fichas técnicas para alinearlas con el conocimiento científico actual, o que se permita algún grado de flexibilidad supervisada para poder adaptar los tratamientos sin miedo constante a una sanción.

Otro escollo importante es la carga burocrática asociada al decreto y a los sistemas de registro. Muchos profesionales relatan que de las ocho horas que deberían dedicar al trabajo de campo, la mitad se pierde entre formularios, plataformas digitales, claves, libros de tratamientos y registros duplicados. Esta sobrecarga genera estrés, resta tiempo a los animales y a los ganaderos, y da la sensación de que se confía poco en el criterio del veterinario.

Se han propuesto soluciones como simplificar y unificar los sistemas de registro en una sola plataforma, integrando censos, recetas y movimientos de animales; crear usuarios específicos para veterinarios que les permitan gestionar de forma ágil todas las granjas con las que trabajan; o hacer que los libros de tratamientos digitales sean voluntarios pero muy funcionales, de manera que las granjas que quieran ponerse al día puedan hacerlo sin trabas, y las administraciones dispongan de información trazable y útil.

En paralelo, muchos profesionales insisten en que, ante cuadros agudos o situaciones de urgencia, el criterio veterinario debe prevalecer. Si se siguen al pie de la letra protocolos rígidos y burocráticos, se corre el riesgo de perder animales que podrían salvarse con una actuación rápida y bien fundamentada. Para ellos, si la norma no reconoce y protege ese margen de decisión clínica, la profesión queda devaluada y los propios protocolos pierden credibilidad.

Realidad del veterinario de campo: retos diarios y compromiso con la granja

Trabajar como veterinario de campo o de producción es una experiencia tan exigente como gratificante. Estos profesionales contribuyen de forma directa a ofrecer a la sociedad carne y otros productos de origen animal seguros, nutritivos y de calidad, asegurando que el abastecimiento alimentario no se resienta y que las explotaciones rurales sigan siendo un motor económico fundamental, especialmente en zonas despobladas.

Su labor no se limita a curar animales enfermos. El veterinario de campo está al lado del ganadero en el día a día, aconseja en manejo, alimentación, reproducción, bienestar animal y bioseguridad, y participa en la adaptación de las granjas a un modelo cada vez más tecnológico y orientado a la economía circular. No obstante, este trabajo viene acompañado de desafíos importantes que condicionan tanto la vida profesional como la personal.

Uno de los primeros retos es la percepción social de la producción ganadera. Cuando se habla de ganadería porcina o bovina, rara vez se piensa en el veterinario y en sus responsabilidades. Muchos ciudadanos asocian el sector a tópicos como «contaminación», «abuso de antibióticos» o «desperdicio de agua», sin conocer las mejoras que se han implementado en bienestar animal, reducción de emisiones y eficiencia en el uso de recursos.

Esto convierte, muchas veces, al veterinario de campo en un portavoz involuntario del sector cada vez que conversa con alguien ajeno al medio rural. Debe explicar, matizar y desmontar mitos, sin que necesariamente tenga formación específica en comunicación. Esta tarea de pedagogía social es un esfuerzo añadido, pero también una oportunidad para que la profesión muestre su cara más técnica y comprometida con la sostenibilidad.

Otro reto clave es el de las nuevas y futuras normativas. La complejidad legal va en aumento y obliga a los veterinarios a dedicar muchas horas a leer textos, interpretar requisitos y rellenar documentación. Esa burocracia les aleja, literalmente, de los animales. Muchos reconocen que viven con miedo a cometer un error administrativo que pueda derivar en sanciones, aunque el tratamiento aplicado sea el adecuado desde el punto de vista clínico.

Estas tensiones generan un conflicto interno profundo: por un lado, el compromiso ético con el bienestar animal; por otro, el temor a que una decisión terapéutica, correcta desde el punto de vista sanitario, pueda chocar con una interpretación rígida de la norma. La sensación de ser cuestionados por hacer su trabajo, de que su criterio pesa menos que el papel, impacta en la autoestima profesional y en el desgaste emocional.

La conciliación personal y familiar tampoco es sencilla. Aunque el sector porcino y otras áreas de producción ofrecen hoy condiciones laborales más atractivas que hace unos años, trabajar con animales implica estar disponible ante urgencias, festivos incluidos. La responsabilidad de ser el referente sanitario de una explotación dificulta desconectar y dedicar tiempo de calidad a uno mismo o a la familia, a pesar de que cada vez haya más equipos compartiendo guardias y turnos mejor organizados.

En el día a día, no todo es tensión: la mayor parte de las jornadas suelen transcurrir con relativa calma, permitiendo conversar con los ganaderos, revisar instalaciones con detalle y detectar mejoras de manejo. No obstante, cuando se desencadena una crisis sanitaria, el veterinario debe tomar decisiones rápidas que pueden implicar cambios drásticos en la granja: reducción de censos, modificaciones del plan reproductivo, inversiones inesperadas en bioseguridad… Todo ello con un fuerte impacto económico y emocional para el ganadero, que confía en el criterio técnico del profesional.

Formación, relevo generacional y capital humano en la ganadería

Uno de los problemas que más preocupa a medio y largo plazo es el relevo generacional y la empleabilidad veterinaria en la veterinaria de producción. Muchos profesionales de campo señalan que los recién graduados muestran poco interés por los grandes animales, ya sea por desconocimiento del entorno rural o porque su idea inicial de la profesión está más ligada a los animales de compañía.

Los propios veterinarios de campo tratan de motivar y acompañar a los jóvenes, ofreciéndoles prácticas tuteladas, enseñándoles el trabajo diario y demostrando que se trata de un empleo bien remunerado, con gran impacto en salud pública y con posibilidades de desarrollar una vida digna en el medio rural. Sin embargo, advierten de que, si no se diseñan políticas específicas que acerquen el mundo rural a los estudiantes, habrá serios problemas para cubrir las necesidades de las explotaciones en los próximos años.

La Administración podría jugar un papel decisivo implantando modelos de formación mixta similares al sistema MIR en Medicina: programas en los que los recién titulados trabajen bajo supervisión, con parte del salario financiado públicamente, de forma que el coste de su formación práctica no recaiga íntegramente sobre las empresas o clínicas. Esto reduciría la doble frustración actual: jóvenes con poca experiencia a los que se les ofrecen salarios modestos, y empresas que deben invertir tiempo y dinero en formarles sin garantías de continuidad.

También se pone el foco en las condiciones laborales y salariales. Si se pretende que más gente elija la veterinaria de producción, hay que ofrecer horarios razonables, guardias bien organizadas, retribuciones acordes con la responsabilidad asumida y un entorno de trabajo donde se valore a las nuevas incorporaciones, especialmente a las mujeres que están entrando con fuerza en este ámbito y que, en algunas zonas, todavía se topan con reticencias culturales en explotaciones donde nunca habían trabajado mujeres.

A esto se suma un problema estructural: la falta de relevo en los propios ganaderos. La edad media en el sector primario ronda los 61 años, lo que significa que muchas explotaciones se enfrentan a la jubilación de sus titulares sin que haya descendencia o personas interesadas en continuar con el proyecto. En no pocos casos, la granja acaba vendiéndose o cerrando, reduciendo aún más el tejido productivo y las oportunidades para los veterinarios.

Encontrar personal cualificado y comprometido para trabajar en granja tampoco es sencillo. Muchas personas llegan en busca de un empleo sin conocer el sector, aunque con el tiempo y una buena formación descubren que también puede ser su vocación. Aquí el veterinario adquiere un rol adicional como formador del equipo humano: debe enseñar a reconocer signos tempranos de enfermedad, a manejar correctamente la reproducción, a aplicar protocolos diarios y a reaccionar con rapidez ante incidencias.

La calidad del capital humano marca una diferencia brutal en la productividad y en el bienestar animal. Un equipo motivado, formado y valorado reduce errores, mejora la detección precoz de problemas y facilita la implantación de cualquier plan sanitario integral. Por eso, muchos veterinarios consideran que una parte esencial de su compromiso está en invertir tiempo en las personas, no solo en los animales.

Todo este contexto dibuja una profesión sometida a presiones normativas, retos sociales, sobrecarga burocrática y crisis de relevo generacional, pero también capaz de organizarse, dialogar con las instituciones y reinventarse para seguir siendo un pilar de la salud animal, la seguridad alimentaria y el equilibrio entre el mundo rural y urbano. El grado de implicación, la capacidad de adaptación y la defensa firme del criterio profesional serán determinantes para que la veterinaria mantenga su papel esencial en una sociedad cada vez más exigente y, a la vez, más dependiente de un sistema productivo sólido y responsable.

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