- La tuberculosis bovina es una zoonosis crónica del complejo Mycobacterium tuberculosis con gran impacto económico y sanitario, presente en múltiples especies domésticas y silvestres.
- Su control se basa en un marco normativo sólido (ley nacional, reglamentos de la UE y estándares de la OMSA) y en programas de erradicación apoyados en diagnóstico sistemático, sacrificio de positivos y bioseguridad.
- Reservorios silvestres y otras especies domésticas convierten la tuberculosis en una enfermedad multi-huésped, lo que exige estrategias coordinadas One Health y manejo específico de fauna y rebaños.
- Manuales oficiales, laboratorios de referencia y formación reglada de veterinarios garantizan la correcta aplicación de pruebas como la intradermotuberculinización, el interferón gamma y las técnicas de laboratorio para confirmar y vigilar la enfermedad.
La tuberculosis bovina y, en general, la tuberculosis mamífera, son mucho más que un problema de vacas enfermas: afectan a la economía ganadera, a la salud pública y a la fauna silvestre, y obligan a desplegar programas de control muy estrictos en España, en la Unión Europea y a escala internacional. Se trata de una enfermedad compleja, lenta y cara de gestionar, pero absolutamente prioritaria para las administraciones.
A lo largo de las últimas décadas se han diseñado estrategias de erradicación muy ambiciosas basadas en el diagnóstico, el sacrificio de animales positivos, la vigilancia intensiva y el control de los movimientos. Todo ello se integra en un entramado normativo y técnico que va desde reglamentos europeos hasta manuales muy detallados sobre cómo pinchar una tuberculina o cómo enviar una muestra al laboratorio. En las siguientes líneas se desgrana, con todo lujo de detalles, qué es la enfermedad, cómo se transmite, qué implicaciones tiene en personas y animales y cómo se organiza su lucha en España y en el resto del mundo.
Marco normativo y enfoque general de lucha frente a la tuberculosis bovina
El combate contra las enfermedades causadas por el complejo Mycobacterium tuberculosis (CMT) se apoya en un marco legal muy amplio que actúa a varios niveles: autonómico, estatal, de la Unión Europea y también internacional. Este andamiaje jurídico es el que permite que los programas de control y erradicación se apliquen de forma homogénea y con base científica.
Dentro de la Unión Europea, la columna vertebral de la normativa es el Reglamento (UE) 2016/429 del Parlamento Europeo y del Consejo, la conocida como «Legislación sobre sanidad animal», que desde 2021 ordena de forma integral las enfermedades transmisibles de los animales e incluye en su Anexo II la infección por el complejo Mycobacterium tuberculosis, modificada y actualizada por el Reglamento Delegado (UE) 2018/1629 para ajustar la lista de enfermedades.
Este reglamento se completa con el Reglamento Delegado (UE) 2020/689, que concreta las normas de vigilancia, los programas de erradicación y el estatus de libre de enfermedad para las enfermedades listadas, entre ellas la infección por el CMT. A ello se suma el Reglamento Delegado (UE) 2020/688, que fija los requisitos zoosanitarios de los desplazamientos de animales terrestres y huevos para incubar dentro de la UE, pieza clave para que los movimientos de bovinos no diseminen la tuberculosis.
A nivel higiénico-sanitario sigue vigente el llamado «paquete de higiene», integrado por los Reglamentos (CE) 852/2004, 853/2004 y 882/2004 (este último sustituido por el Reglamento 625/2017). Estos textos regulan la higiene de los alimentos en general, la de los productos de origen animal y los controles oficiales para comprobar que se cumple la legislación de piensos, alimentos, sanidad y bienestar animal, incluyendo la vigilancia de la tuberculosis en mataderos.
En el plano nacional, la normativa básica la marca la Ley 8/2003 de sanidad animal, que recoge las obligaciones de declaración y las medidas frente a las enfermedades animales graves. Junto a ella, el Real Decreto 2611/1996 organiza los Programas Nacionales de Erradicación de Enfermedades de los Animales, entre ellos el de tuberculosis bovina, y el Real Decreto 1440/2001 introduce aspectos adicionales de control y calificación sanitaria de las explotaciones.
En este contexto normativo se desarrolla la estrategia de erradicación de la tuberculosis bovina, que combina herramientas científicas, reglamentos y documentos técnicos, tanto de la UE como de España, siempre apoyados por grupos de expertos. A escala comunitaria destaca el Subgrupo de Tuberculosis Bovina de la Task Force de la DG SANTE, que ha elaborado documentos de referencia como el «Working Document on Eradication of Bovine Tuberculosis in the EU» o el «Report of the Tuberculosis Task Force Sub-group», utilizados como guía técnica para los programas nacionales cofinanciados por la Unión Europea.
Qué es la tuberculosis mamífera y su importancia en bovinos
La denominada tuberculosis mamífera (TB) es una enfermedad bacteriana crónica provocada por miembros del complejo Mycobacterium tuberculosis, principalmente Mycobacterium bovis, pero también M. caprae y, con menor frecuencia, M. tuberculosis. Aunque el ganado bovino es el protagonista principal, no es ni mucho menos la única especie implicada.
En el bovino la enfermedad cursa como un proceso crónico debilitante, con adelgazamiento progresivo, neumonía, tos y deterioro general que puede terminar en la muerte. Además de las vacas, otros animales domésticos y numerosas especies de fauna silvestre pueden verse afectados, lo que complica mucho los intentos de erradicación. En humanos, la infección por M. bovis genera tuberculosis zoonótica, clínicamente muy parecida a la tuberculosis clásica causada por M. tuberculosis.
El término tuberculosis viene de los «tubérculos», pequeños nódulos que se desarrollan en ganglios linfáticos y otros órganos de los animales y personas afectadas. Estos granulomas son la huella típica de la infección, visibles sobre todo en la inspección de canales en matadero. A pesar del gran impacto sanitario y económico, la vacunación en animales apenas se ha aplicado porque interfiere con las pruebas diagnósticas rutinarias, lo que dificulta mucho la vigilancia oficial.
En la práctica, el control se basa casi por completo en pruebas de detección, sacrificio de positivos y bioseguridad en las explotaciones. Muchos países de renta alta han logrado controlar e incluso eliminar la enfermedad en su cabaña bovina, pero la persistencia del patógeno en reservorios de fauna salvaje (tejones en Reino Unido, ciervos de cola blanca en ciertas zonas de Estados Unidos, zarigüeyas en Nueva Zelanda, entre otros) hace que la erradicación completa sea muy complicada.
El agente M. bovis se ha aislado en una lista enorme de mamíferos silvestres y domésticos: búfalos africanos y asiáticos, bisontes, ovejas, cabras, caballos, camélidos, cerdos y jabalíes, ciervos y antílopes, enfermedades de perros, zorros, mustélidos, roedores, primates, llamas, kudús, orixes, rinocerontes, grandes felinos como leones, tigres o leopardos, y un largo etcétera. Esta capacidad de saltar entre especies hace que la enfermedad sea un problema multi-huésped por definición.
La tuberculosis mamífera se incluye en la lista de enfermedades de notificación obligatoria de la OMSA (antigua OIE). Por ello, todos los países deben reportar los casos a la Organización Mundial de Sanidad Animal, siguiendo las recomendaciones del Código Sanitario para los Animales Terrestres y del Manual de Pruebas de Diagnóstico y Vacunas para los Animales Terrestres, donde se recogen las normas técnicas para gestionar el riesgo sanitario en animales y en personas.
Distribución geográfica de la tuberculosis mamífera
La tuberculosis mamífera presenta una distribución prácticamente mundial. Hay pocos países que jamás hayan detectado la infección y, aunque muchas naciones de altos ingresos han logrado una fuerte reducción o eliminación en el ganado bovino, siguen existiendo áreas problemáticas, sobre todo donde hay reservorios silvestres.
África y algunas zonas de Asia concentran la mayor carga de enfermedad, favorecida por limitaciones en los recursos sanitarios y por sistemas productivos donde la convivencia estrecha entre ganado y personas es habitual. En Europa y América, pese a los avanzados programas de control, persisten focos endémicos, muchas veces asociados a poblaciones de fauna cinegética o a zonas donde el movimiento de animales es intenso.
Incluso en los países oficialmente libres puede mantenerse la infección en bolsas muy localizadas, ya sea en rebaños concretos o en fauna salvaje. Esto obliga a mantener una vigilancia sostenida durante años, con controles en matadero, pruebas sistemáticas y sistemas de trazabilidad muy afinados para detectar pronto cualquier reintroducción.
Formas de transmisión y propagación
La tuberculosis mamífera es una enfermedad contagiosa con transmisión directa e indirecta. La vía respiratoria es la más importante dentro de los rebaños bovinos: los animales infectados expulsan gotas respiratorias y aerosoles con micobacterias al toser, que son inhalados por otros bovinos en establos o pastos.
Además de la ruta aérea, la infección por vía digestiva también juega un papel relevante. Los terneros pueden enfermar al consumir calostro o leche procedente de vacas infectadas, y la ingestión de agua, alimentos o materiales contaminados con secreciones de animales enfermos (heces, orina, secreciones vaginales, semen) puede ser fuente de contagio para otras especies de la explotación.
Las personas se contagian fundamentalmente de la misma manera que los animales: inhalación de aerosoles infecciosos o ingestión de productos contaminados. El consumo de leche cruda, quesos y lácteos sin pasteurizar elaborados a partir de vacas infectadas, así como carne cruda o poco hecha de animales tuberculosos, constituye un riesgo significativo en áreas rurales donde los controles higiénicos son escasos.
Existe también peligro en el contacto directo con tejidos infectados, muy relevante para ganaderos, veterinarios, matarifes y carniceros que manipulan canales o vísceras sin la protección adecuada. Dado que la progresión de la enfermedad es lenta, un bovino infectado puede excretar bacterias y diseminar la infección durante meses o años antes de mostrar signos clínicos evidentes.
Por todo ello, el movimiento de animales domésticos aparentemente sanos pero infectados se considera hoy una de las principales vías de diseminación de la tuberculosis bovina dentro y entre países. De ahí los estrictos requisitos de pruebas negativas antes de autorizar traslados de ganado, especialmente entre regiones con distinto estatus sanitario.
Signos clínicos en los animales
La presentación de la tuberculosis mamífera en bovinos y otras especies suele ser subaguda o crónica, con una gran variabilidad en la velocidad de progresión. Algunos animales pueden deteriorarse en cuestión de meses, mientras que otros permanecen largos periodos sin síntomas llamativos, e incluso pueden albergar la bacteria en estado de latencia sin llegar a enfermar.
Entre los signos clínicos más habituales destacan la pérdida progresiva de peso, la disminución del apetito, el pelo hirsuto, un estado de debilidad general y fiebre intermitente que a menudo pasa desapercibida. Los problemas respiratorios son frecuentes: disnea, intolerancia al ejercicio, tos seca y episodios de neumonía leve pero recurrente.
En casos más avanzados pueden observarse diarrea persistente, agrandamiento de ganglios linfáticos superficiales (sobre todo los que drenan las zonas afectadas) y, dependiendo de los órganos comprometidos, signos digestivos, reproductivos o neurológicos. Sin embargo, el carácter insidioso de la enfermedad hace que muchos animales parezcan clínicamente normales hasta fases muy tardías.
La inespecificidad de estos signos implica que un veterinario no pueda confirmar la tuberculosis solo con la exploración. Para llegar a un diagnóstico fiable son imprescindibles las pruebas específicas de laboratorio y las técnicas oficiales de campo, motivo por el cual los programas de erradicación se apoyan en calendarios de diagnóstico sistemático, incluso en ausencia total de síntomas.
Diagnóstico: pruebas de campo y de laboratorio
El diagnóstico de tuberculosis mamífera es un proceso escalonado que combina técnicas de cribado en animales vivos con pruebas de confirmación en laboratorio. Los hallazgos clínicos y de necropsia orientan, pero no bastan por sí solos.
La prueba estándar en animales vivos es la intradermotuberculinización (IDTB), también llamada prueba cutánea de tuberculina. Consiste en inyectar por vía intradérmica una dosis controlada de tuberculina mamífera (un extracto proteico purificado obtenido de cultivos de M. bovis) y medir el engrosamiento de la piel 72 horas después. Una reacción de hipersensibilidad retardada en el punto de inoculación indica contacto previo con micobacterias del complejo.
Además de la IDTB, se han desarrollado pruebas in vitro basadas en sangre, como el ensayo de liberación de interferón gamma, que detecta la respuesta inmune celular frente a antígenos de M. bovis. En esta técnica, las células sanguíneas de bovinos previamente sensibilizados liberan interferón gamma cuando se incuban con antígenos específicos, y esa producción se mide en el laboratorio.
La confirmación definitiva de un caso requiere, en la actualidad, el aislamiento del agente y su identificación mediante cultivo bacteriano, un proceso que puede prolongarse más de ocho semanas debido al crecimiento muy lento de las micobacterias. Paralelamente se emplean técnicas de PCR y otras metodologías moleculares para acelerar el diagnóstico en determinados contextos.
La OMSA, a través de su Manual de Pruebas Diagnósticas y Vacunas para Animales Terrestres, describe con detalle los protocolos para elaborar y aplicar tuberculina, los métodos serológicos y celulares y las condiciones de bioseguridad y calidad que deben cumplir los laboratorios de referencia. Esta armonización internacional es clave para que los resultados sean comparables entre países.
Riesgo para la salud pública y tuberculosis zoonótica
En humanos, la gran mayoría de casos de tuberculosis se deben a Mycobacterium tuberculosis, transmitido principalmente por vía aérea entre personas. Sin embargo, una proporción nada despreciable de casos, en algunos países hasta el 10 %, se atribuye a M. bovis y otros miembros del complejo, dando lugar a lo que se conoce como tuberculosis zoonótica.
Clínicamente es muy difícil diferenciar un cuadro causado por M. tuberculosis de otro producido por M. bovis, y el diagnóstico se complica por la tendencia de M. bovis a localizarse fuera del pulmón (formas extrapulmonares) y por su resistencia natural a la pirazinamida, uno de los fármacos habituales en los tratamientos de la TB humana. Esto obliga a ajustar los regímenes terapéuticos cuando se sospecha origen zoonótico.
Cualquier exposición de una persona a un miembro del complejo M. tuberculosis (salvo la cepa vacunal BCG) puede desembocar en una infección zoonótica. Los grupos de mayor riesgo son agricultores, veterinarios, trabajadores de mataderos y carniceros, así como los consumidores de leche cruda y productos lácteos no pasteurizados en regiones con poca regulación o prácticas tradicionales muy arraigadas.
El Código Sanitario para Animales Terrestres y el Manual de Pruebas de la OMSA ofrecen recomendaciones específicas para gestionar los riesgos conjuntos en humanos y animales, incluyendo la coordinación entre servicios veterinarios y sanitarios, la notificación de casos, las medidas de bioseguridad y las estrategias de comunicación de riesgo dirigidas al público general y a los profesionales expuestos.
Hoja de ruta mundial frente a la tuberculosis zoonótica
La tuberculosis humana continúa siendo una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en el mundo, causada sobre todo por M. tuberculosis y transmitida por gotas respiratorias. La tuberculosis zoonótica, menos frecuente pero preocupante, se debe sobre todo a M. bovis y llega a las personas sobre todo a través de alimentos de origen animal contaminados.
La forma zoonótica se asocia sobre todo al consumo de leche, lácteos o carne contaminada con tejidos infectados. Allí donde la pasteurización y las normas de higiene alimentaria se aplican de manera constante, el riesgo para la población general se ha reducido notablemente. Aun así, la enfermedad sigue siendo un importante riesgo ocupacional en el sector ganadero y cárnico.
En 2017, la OMSA, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la FAO y la Unión Internacional contra la Tuberculosis y Enfermedades Respiratorias pusieron en marcha la primera hoja de ruta específica para la tuberculosis zoonótica. Este plan se apoya en el enfoque «One Health» o «Una sola salud», que reconoce la interdependencia entre la salud humana, la salud animal y el medio ambiente.
La hoja de ruta promueve una acción coordinada entre gobiernos, donantes, universidades, ONG y sector privado a nivel político, financiero y técnico. Define diez prioridades estratégicas para abordar simultáneamente la tuberculosis zoonótica en humanos y la tuberculosis bovina en animales, articuladas en tres grandes bloques: generación de evidencia científica sólida, reducción de la transmisión en la interfaz animal-persona y refuerzo de los mecanismos de colaboración intersectorial.
Prevención y control en explotaciones y cadenas alimentarias
Los programas de control y erradicación más extendidos se basan en el binomio detección-sacrificio de animales infectados, complementado con medidas de bioseguridad y manejo. Este enfoque ha funcionado muy bien en muchos países, pero no siempre es viable en contextos de alta prevalencia, donde sacrificar grandes proporciones del censo bovino resulta inasumible económica, logística o culturalmente.
En estas situaciones se adoptan estrategias graduadas, empezando por medidas de detección y segregación de animales de riesgo y avanzando, en fases posteriores, hacia sistemas de prueba y sacrificio más intensivos. En regiones donde la tuberculosis humana es frecuente y hay un contacto muy estrecho entre personas y ganado, también se han descrito casos de transmisión inversa (de humanos a animales) por M. tuberculosis, M. bovis e incluso M. orygis, lo que complica aún más el panorama epidemiológico.
Los programas de erradicación que han tenido éxito suelen compartir un enfoque muy integral que incluye la inspección post mortem de canales para detectar lesiones tuberculosas en pulmones, ganglios, hígado, bazo, intestinos, pleura y peritoneo, visitas de vigilancia intensiva a las explotaciones, pruebas individuales periódicas en bovinos y eliminación sistemática de los animales positivos y de sus contactos.
Este enfoque se completa con legislación local adecuada, controles estrictos al movimiento de animales, identificación individual obligatoria, sistemas de trazabilidad eficientes y programas de educación dirigidos a productores y a la población para fomentar la pasteurización de la leche y la cocción completa de la carne. Los mataderos y carnicerías deben aplicar planes de higiene rigurosos y formar a su personal en prácticas seguras, uso de equipos de protección y gestión de canales sospechosas.
En la esfera de la salud humana, la pasteurización o el tratamiento térmico de la leche procedente de animales potencialmente infectados sigue siendo la medida más eficaz para romper la vía digestiva de transmisión. De manera paralela, se insiste en la vigilancia de la resistencia a los antimicrobianos asociada al tratamiento de la tuberculosis y en la coordinación con los departamentos especializados en resistencia antimicrobiana y productos veterinarios.
El tratamiento antibiótico de animales con tuberculosis se considera muy poco recomendable: requiere dosis elevadas y tratamientos muy prolongados, resulta costoso, interfiere con los objetivos de eliminación de la enfermedad y favorece la posible aparición de resistencias. Por eso, los programas oficiales no contemplan de manera generalizada la terapia antimicrobiana en bovinos infectados.
En cuanto a la vacunación en animales, aunque la vacuna BCG se utiliza en humanos, en la especie bovina aún no se ha aplicado de forma rutinaria por la ausencia de vacunas suficientemente seguras y eficaces y, sobre todo, por el riesgo de interferir con la interpretación de las pruebas diagnósticas: un animal vacunado podría dar positivo y ser confundido con un infectado. Las líneas de investigación actuales exploran tanto nuevas vacunas como pruebas diagnósticas capaces de diferenciar entre animales vacunados y realmente infectados.
Para reforzar este marco, la OMSA ha desarrollado directrices específicas para el control del complejo Mycobacterium tuberculosis en el ganado, que proponen alternativas o complementos a la estrategia clásica de prueba y sacrificio (T&S). Estas guías se apoyan en las normas del Código Terrestre y del Manual Terrestre y se han difundido mediante seminarios y materiales formativos orientados a administraciones y al sector ganadero.
Programa Nacional de Tuberculosis Bovina en España
En España, la tuberculosis bovina es una enfermedad de declaración obligatoria desde la Ley de Epizootias de 1952 y, hoy en día, se rige por la Ley 8/2003 de sanidad animal y por normativa específica como el Real Decreto 2611/1996, que regula los Programas Nacionales de Erradicación de Enfermedades de los Animales. La inclusión de la enfermedad en la lista de la OMSA y en la normativa comunitaria subraya su importancia en salud pública y en comercio.
La tuberculosis bovina se considera una enfermedad infectocontagiosa limitante del desarrollo ganadero: genera pérdidas económicas por mortandad y sacrificio de positivos, decomisos en mataderos, caída de la productividad y de la calidad de la leche, y menor valoración de los animales en el mercado. Además, al ser zoonótica, tiene un peso notable en las políticas de salud pública.
El Programa Nacional de Tuberculosis Bovina se ha ido perfeccionando campaña tras campaña, con reducciones progresivas de la prevalencia aunque con fases de estancamiento, especialmente desde principios del siglo XXI. En comunidades como Andalucía se aplica un abanico muy completo de actuaciones que incluyen pruebas diagnósticas desde edades tempranas (IDTB desde seis semanas, interferón gamma desde seis meses), sacrificio obligatorio de reaccionantes positivos con indemnización y, cuando se justifica, vaciado sanitario completo de explotaciones con alto riesgo.
Se aplican asimismo estrictas medidas profilácticas en las granjas con animales positivos, que abarcan instalaciones, pastos, control de movimientos y reposición, e intensificación de pruebas para recuperar lo antes posible una buena calificación sanitaria. Los chequeos previos a cualquier movimiento de animales pretenden proteger a los rebaños oficialmente libres, y se presta atención especial al control de posibles reservorios silvestres y a la supervisión de los equipos de campo que ejecutan las pruebas.
En Andalucía, la ejecución práctica suele recaer en veterinarios autorizados por la administración, ya sean profesionales de Asociaciones de Defensa Sanitaria Ganadera (ADSG) o veterinarios del Directorio oficial. El objetivo a largo plazo es alcanzar un escenario de verdadera erradicación, que se define mediante criterios muy estrictos: una incidencia de explotaciones infectadas por el CMT inferior al 0,1 % durante tres años, más de un 99,8 % de explotaciones y un 99,9 % de animales oficialmente libres en ese periodo, y un programa de vigilancia ante y post mortem de todos los bovinos sacrificados.
Reservorios silvestres y carácter multi-huésped de la enfermedad
La experiencia de los últimos años ha puesto de relieve que la tuberculosis bovina no puede entenderse solo como un problema de vacas. Los reservorios silvestres y otras especies domésticas han frenado la bajada de prevalencia en muchos territorios, incluyendo España, donde tras una fase de reducción clara se ha observado un cierto estancamiento.
Un ejemplo llamativo son los trabajos realizados en jabalíes de los Puertos de Tortosa-Beceite, donde se habían detectado también casos de tuberculosis en bovinos. En estos estudios se observó una relación alta entre jabalíes seropositivos y la presencia de lesiones tuberculosas, lo que permitió seguir en el tiempo la evolución de la enfermedad en la población silvestre y relacionarla con las intervenciones realizadas en el ganado vacuno de la zona.
Otro caso relevante fue la demostración, en un rebaño mixto, de la transmisión de M. caprae entre cabras y ovejas. Estos hallazgos han servido para derribar la idea bastante extendida de que las ovejas son poco susceptibles a la tuberculosis y no juegan un papel importante en su epidemiología. La realidad es que, en determinadas condiciones, pueden infectarse y contribuir al mantenimiento y difusión del patógeno.
En conjunto, estos estudios confirman que la tuberculosis debe abordarse como una enfermedad compartida entre múltiples especies, que requerirá medidas coordinadas en bovinos, otros rumiantes domésticos y fauna silvestre si se aspira a un escenario realista de erradicación. Esto incluye gestionar poblaciones de jabalí, cabras y otros animales susceptibles, y diseñar estrategias específicas para cada ecosistema y sistema productivo.
Procedimientos oficiales: manuales de diagnóstico y toma de muestras
Para garantizar que el diagnóstico y el control se realizan de manera uniforme en todo el país, se han elaborado manuales de procedimiento muy detallados. Entre ellos destaca el Manual de procedimiento para la realización de las pruebas de intradermotuberculinización y gamma-interferón en el marco del Programa Nacional de Erradicación de la Tuberculosis Bovina 2022-2030.
Este documento explica la base legal europea y nacional, recuerda la clasificación de la infección por CMT en el Reglamento de Ejecución (UE) 2018/1882 (como enfermedad de categorías B+D+E en bovinos, bisontes y búfalos; D+E en otros Artiodactyla; y E en el resto de mamíferos terrestres) y detalla los métodos de diagnóstico contemplados en el Reglamento Delegado (UE) 2020/689 para otorgar y mantener el estatus de libre de enfermedad.
Existe además un manual específico para la toma y envío de muestras para PCR directa y cultivo microbiológico en infecciones por miembros del CMT. En él se establecen los criterios sobre qué muestras recoger, cómo conservarlas, cómo enviarlas al laboratorio de referencia y en qué situaciones se exige necesariamente el aislamiento microbiológico para confirmar un caso sospechoso, por ejemplo en explotaciones situadas en provincias oficialmente libres de CMT.
En paralelo, se publican versiones previas de estos manuales (como las de 2019-2020), donde se insiste en que todos los veterinarios que realizan diagnósticos de campo deben haber superado formaciones regladas teórico-prácticas y pruebas de validación de la técnica de IDTB, trabajando con animales infectados/sensibilizados y no infectados, en línea con lo exigido por el Programa Nacional de Erradicación.
También se han redactado protocolos específicos para el uso de pistolas de inoculación intradérmica, dado que la calidad de la prueba cutánea depende en gran medida de la correcta administración de la tuberculina. Estos textos describen las características técnicas del equipo, su mantenimiento, la forma de calibrar las dosis y los procedimientos de lectura y registro que garantizan resultados fiables.
Al tratarse de una enfermedad prioritaria, el asesoramiento científico del programa de tuberculosis bovina recae en el Laboratorio Nacional de Referencia de Santa Fe (Granada), en colaboración con el Laboratorio de Referencia Europeo para Tuberculosis Bovina (EURL), situado en el Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (VISAVET) de la Universidad Complutense de Madrid. Esta red técnica aporta evidencias, valida métodos y participa en estudios epidemiológicos avanzados.
Todo este entramado normativo, técnico y científico muestra hasta qué punto la tuberculosis bovina se ha convertido en una enfermedad modelo de control integrado, donde legislación, diagnóstico, vigilancia, investigación y bioseguridad se combinan para reducir al mínimo su impacto en el ganado, en la fauna silvestre y en la salud de las personas.